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El desafío
Regresan. Y al compás de una danza que bien podría ser el “Vals de los Novios”, bailan y bailan. Parecen suspendidos en el aire denso de la madrugada. Ella se tapa la cara. Es como que trata de ocultarse. Él muestra una sonrisa angelical.
Hablan las vecinas, las que siempre saben, que hubo un desafío entre dos jovencitos de la nueva y próspera ciudad. Uno era peón de estancia. El otro, estudiante. Amigos de la infancia.
Se enamoraron los dos de la misma chica. Una hermosa rubia, hija de un Gerente que fue trasladado desde Rosario. Y como en los cuentos y en las realidades, “Ella” complicó las cosas. Repartía las migajas con que alimentaba frugalmente el ego y las ilusiones de sus pretendientes.
El combate, inevitable, fue utilizando solamente las armas de la seducción. Siempre compitieron, desde chicos. Y siempre se respetaron. Además de cultivar la lealtad.
Hasta que una tarde, la novia del campesino faltó a la cita. Él se fue a buscarla pensando que algo malo le pasaba. Advirtió de inmediato la mujer que se había equivocado al consultar su agenda. Y pálida, aterrorizada, miró al estudiante. Alcanzó a abrazarlo cuando el otro (confundido por las apariencias y por ello convencido que los dos lo engañaban), a puñaladas los puso en el escenario donde ahora bailan, arriba del panteón de una tradicional familia en el centro del cementerio de Arroyito.
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