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Las relaciones en mi nueva era
Desde la experiencia de mi vida, puedo comenzar escribiendo sobre la dependencia que te crean las mujeres. En realidad esa dependencia viene de una inseguridad, viene de ese niño interior que se ha sentido abandonado o simplemente que no se ha sentido querido en su infancia.
Es probable que el cariño de una madre no haya sido tal, pues muchas veces la forma de actuar de una persona se rige por la necesidad. Es la necesidad de sentirse querido. De que haya una persona que esté dispuesta a estar pendiente de él. Por eso cuando las personas se separan sucede que no sabemos valernos por nosotros mismos.
Tenemos crisis en la medida en que nos sentimos abandonados. Pero ¿Cuándo surge el abandono?, surge cuando sentimos la necesidad de depender del entorno. Cuando nos encontramos solos, cuando no tenemos llamadas de nadie y cuando vemos el móvil y nadie se acuerda de nosotros, es entonces cuando surge ese abandono.
Es cruel, pero dentro de nosotros mismos tenemos esa necesidad de salir al exterior, de buscar, de querer encontrar y en ese ansia de hacerlo podemos aferrarnos a lo primero que nos llega a nuestro presente. Es una sensación de necesidad que el otro recibe, que siempre podemos encontrar justo a la persona equivocada.
Es esa persona que sabe de nuestra necesidad y se aprovecha de ella. También puede suceder que la persona que aparece pueda ser otra persona de igual forma, es decir, que también esté necesitada, por tanto lo que puede salir de esa relación sería un estado de dependencia mutua que puede todavía hacer más dolorosa la convivencia.
Con toda sinceridad, lo que sucede en el ser humano es que no sabemos lo que podemos encontrar en nuestro interior. Ese lugar al que nos da miedo entrar, al que nos creemos que no hay nada capaz de poder regarnos, de poder alimentarnos, que simplemente es un conjunto de órganos y de flujos que transitan de un lado a otro sin ningún sentido, sin otro menester que cuidar el sentido de la vida.
Pero cuando nos damos cuenta que en nuestro interior transita una maraña de pensamientos, de movimientos internos que crean nuestra red neuronal y que de esos pensamientos surgen nuevos elementos que pueden llevarnos a una estabilidad, a una paz interior, a un momento de sentirnos muy a gusto, podemos sentir que en realidad, toda esa búsqueda que queremos ver en el exterior se produce sin darnos cuenta dentro de nosotros mismos.
Empezamos viendo que cuando nos encontramos bien con nosotros mismos, cuando nos damos cuenta que buscar no tiene sentido, que encontrar en el otro lo que no tenemos nosotros, es cuando no funciona, cuando todo se viene abajo, cuando comienzan las crisis y los estados de ansiedad.
Pues es lo que desaparece cuando nos sentimos bien con nosotros, cuando esa auto confianza nos demuestra que podemos vivir el presente sin necesidad de ataduras, sin necesidad de tener que dejar en el otro el ritmo de nuestra vida, cuando sentimos que podemos ser los dueños de nuestra vida.
Porque es nuestra vida la que comenzamos a gobernar. Ya no necesitamos al otro, sino que el otro está ahí y vemos que realmente se acerca y camina a nuestro lado, no es simplemente que tenga la obligación de caminar junto a ti. Por eso vemos claro la situación, vemos claro lo que hemos vivido, vemos claro que con libertad podemos gobernar nuestro propio momento.
Yo sentía la necesidad de una madre y con el matrimonio lo hice. Fui muy cobarde porque tardé muchos años en darme cuenta de la situación, pero ahora siento que esa cobardía no era sino una manera de querer sentir la experiencia de forma completa. La experiencia es la que nos madura, la que nos hace sentirnos libres y yo tuve que tener ese momento lúcido para ver realmente toda dependencia.
Quizás no sepa aún todo lo vivido con la anterior relación, quizás no tenga asumido todo los momentos que me hacían perder el control sobre mí mismo, quizás todavía esa experiencia no la haya logrado entender, pero lo que si tengo claro es que no me voy a meter en una nueva relación de ese calibre, porque mi dependencia la estoy dejando de lado, poco a poco, y ya no necesito depender.
Y no dependemos en la medida en que amamos. La prueba surge cuando perdemos a esa persona que nos ama y vemos en qué medida nos afecta, vemos realmente si lo que queremos es amar o dejarnos amar. Es pues, ese momento de la ruptura la que nos hace simplemente ver la realidad de nuestro trabajo. Porque el trabajo siempre consiste en nosotros mismos.
Y la prueba surge en el momento menos pensado. Cuando la otra persona nos anuncia su retirada, su falta de amor, su falta de confianza, ese momento que empezamos a sentir de lejanía o simplemente de indiferencia. Yo puedo comprender que hasta ahora no he tenido el sentimiento tan profundo en la otra persona, pues fácilmente dejo de querer, pues fácilmente vuelvo a encontrar, pues fácilmente puedo desenganchar.
Esto puede suceder porque soy una persona que tengo tanto amor, que da tanto amor, que necesita de los demás muchas veces sin darse cuenta, que cuando realmente amas, cuando en realidad me sienta que el amor que doy a una sola persona se termine por la otra parte, será cuando no sabré como actuar.
Pero lo que me importa, que es la base de todo el trabajo interior que estoy llevando a cado de una manera muy intensa y con una espontaneidad manifiesta, es para encontrarme bien conmigo mismo, para sentir que realmente puedo comprender que no necesito a nadie, que nadie tiene que rellenar mi vida, pues es suficiente que la viva yo mismo, que la comparta si quiero, pero no la comparta porque necesito de la otra persona.
Hay un síntoma claro de dependencia cuando sentimos que a la otra persona debemos decirle que la quiero muchas veces. Es esa forma de necesitar confirmar algo que realmente sentimos dentro, como si no lo dijéramos fuera el síntoma de que podemos perder algo. Y en realidad eso también nos hace depender, porque en la dependencia es donde nos podemos sentir inseguros.
Me querrá ella, se sentirá a gusto conmigo, la abre molestado por haber actuado de esta o aquella forma. No somos nosotros mismos, no llegamos a mostrarnos tal y como somos, nos damos cuenta que cuando actuamos, tarde o temprano podemos encontrarnos con que sabemos representar esa obra de teatro que al final se termina, que realmente encontramos el final en la peor representación que hayamos podido hacer a causa de nuestra inseguridad.
Porque inseguridad nos surge cuando no somos íntegros, cuando solamente actuamos hacia el exterior para agradar y para que nos consideren buenos. Pues ser buenos parece que significa perfectos. Y la perfección solo existe en las obras de arte, que en sí mismas tampoco son perfectas.
Pero surge la comedia, surge el momento de representar, ¿el qué? Porque tenemos que estar demostrando al otro algo que no somos, porqué necesitamos que el otro vea de nosotros lo que verdaderamente no somos. Tenemos las mismas necesidades, comemos, meamos, nos tiramos pedetes, nos metemos el dedo en la nariz, nos masturbamos, eructamos, en fin, las necesidades básicas de todo cuerpo están ahí, y eso no son imperfecciones, son simplemente educación el poder compartirlas, el saber que con la pareja no vamos a tener un concurso de pedos, jugar a ver quién es el más guarro.
Es compartir todos esos momentos que están ahí de una forma coherente, de una forma que no nos moleste y que si llegamos a compartirlos más profundamente podemos llegar a una convivencia preciosa. Ver como hace pis el otro mientras tú te lavas los dientes, o simplemente escuchar una canción mientras el otro se asea, es compartir esos momentos íntimos.
¿No lo hacemos cuando estamos gozando de la otra persona?, ¿no tenemos esa intimidad cuando su flujo y el tuyo se mezcla? entonces ¿porqué sentimos que lo demás no ha de ser igual?. Prejuicios o simplemente hipocresía. La verdad es que todo se supera cuando hay verdadera experiencia, cuando sentimos que lo que queremos es amar a la otra persona, cuando queremos compartir su vida sabiendo realmente lo que sentimos y no lo que necesitamos.
Porque el sentimiento es la base de todo el comportamiento en la relación. El corazón bombea nuestra vida, y la realidad es que por ello vivimos todos los días, por ese motivo nuestro cuerpo se encuentra bien, por lo que realmente nos sentimos vivos, pero no sabemos que sinceramente cuando es el corazón el que dirige nuestra mente, cuando vemos que nos regimos por esos impulsos que nos hacen hacer quinientos kilómetros en tres horas, cuando sentimos que un instante es un momento de felicidad.
Sentimos que estamos aprendiendo algo que no sabíamos, algo que nos mueve realmente a querer continuar una relación, algo que nos hace vibrar cuando tenemos un fin de semana para nosotros mismos. Y es ese momento cuando nos encontramos con nosotros mismos, cuando nos vemos al espejo y nos queremos, entonces surge de detrás de nosotros otro rostro.
De esa mujer que está completa, que no necesita nadie para poder vivir, pero que se da cuenta de que hay una parte suya que la quiere compartir contigo. Que no son palabras, sino simplemente hechos. Que se siente realizada sin necesidad de estar una noche contigo, pero que siente que tiene un momento de realidad, que quiere vivir esos momentos junto a otra persona, que no le impide crecer sin perder su identidad.
Ese es el instante de conexión, cuando dos seres completos, cuando dos naranjas completas se unen y son un cincuenta por ciento de esa historia. Que son parte importante en la misma historia. Que ninguno es más, pero que también ninguno es menos. Que la igualdad de la dualidad se convierte en la realidad de una unidad. Que no son dos cuerpos completos sino simplemente un cuerpo vivo. De esa libertad que desprenden en todos los momentos en que se viven.
De ese instante en que ambos se intentan llamar, o de cuando se sienten lejos pero tan cerca que un beso que dejas en el aire le llega al otro al instante, pues es cuando la cercanía de las almas no impide la proximidad de dos cuerpos. El amor es una esencia viva que llega a los confines de todo el universo. El amor es la herramienta que más se utiliza para rellenar los espacios que deja el odio, la ira, la rabia, la tristeza y la soledad.
Y siempre se siente que es un buen sellador, que imprime siempre tantos instantes de saber que nosotros mismos nos podemos nutrir de ellos, de que podemos vivir sin sentir que nadie tenga que querernos, pues el querer es cosa de uno mismo, de que te encuentres bien contigo mismo. Pero también puede suceder que no nos demos cuenta que debemos dejar entrar ese amor para completarnos, para poder vernos completos en toda la vivencia que nos da el andar el camino, de realmente llegar a saber quienes somos, pues siempre llegamos a ser ese ser grandioso que realmente no vemos, pero que disfrutamos todos los días de nuestra vida sin darnos cuenta. |