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Miguel Carbajosa Gómez



Momentos...

 

Desde que el nacimiento se consuma en la salida del feto, esa llegada al mundo, traumática en muchas ocasiones, se produce en el momento en que nos sentimos fuera de nuestro claustro materno. Y con ese llanto inicial que los médicos nos hacen expulsar, es como si esa rabia contenida que hemos sentido al salir de nuestro hogar, de ese lugar en donde nos sentimos tan inmensamente agradables, lo expulsáramos con el llanto, con la forma más natural de sacar una emoción que nos hará perdurar durante mucho tiempo la sensación de haber perdido algo muy íntimo, nuestro lugar de recogimiento, nuestro lugar donde crecimos, donde nos sentimos seguros y en donde nos daban todo el calor y el amor que nunca se pueda conseguir.

Somos ángeles que llegamos a la sensación, que venimos a vivir desde un plano humano la divinidad, es una llegada que queremos sentir, esos sentimientos humanos, mezclados con la divinidad, con la sensación de que somos parte y somos Dios. Esa divinidad nos hace que queramos vivir la experiencia del dolor, del sufrimiento, de sentir amor, amor incondicional, y al bajar a la tierra, al vivir esta experiencia humana podamos concluir quién soy yo.

Es una pregunta muy difícil de contestar. Soy un hombre, un humano dotado de vida para conocer, ver, sentir, sufrir, amar, poder conocer los placeres terrenales, las miserias, todos los sentimientos, miedos, inquietudes, la ira, la rabia, el sentimiento del odio. Todo ello va en el mismo paquete de sobrevivencia, es llegar a un mundo en el que nos podemos entregar a vivir todas las situaciones. Solo es cuestión de programar. Y la verdad es que se nota que se ha programado. La sensación de que vivimos en un mundo en el que todo se puede dar, las diferencias más increíbles pueden suceder en los confines de esta masa de tierra llamada tierra.

Pero lo más importante de saber quién soy yo, se encuentra en mi interior. Dentro de mí hay un sentimiento de no saber nada. Es como si una limpieza a fondo hubiera borrado mi conexión con el universo. Me es muy difícil conectar con mi interior, es imposible que pueda llegar a conectar porque en mi intención de querer hablar conmigo mismo me parece que hay momentos en que una desconexión profunda me lleva a quedarme en blanco, a no saber nada, a no poder decir nada. Mi página se queda en blanco, se queda muy lineal. Y no puedo conectar con nada.

Yo se que hay momentos en el día o en la noche que no se puede evitar soñar, no se puede evitar tener sentimientos. El amor es una energía muy potente y cuando la sientes te conectas con algo que te lleva, que te dirige, que te envuelve, te sobrepasa y luego cuando te encuentras en la realidad, no sabes el tiempo que ha sucedido entre el momento del primer te quiero y el momento en que se ama.

Y por amor entendamos el sentimiento interior que nos sale sin pensar, sin decir nada, sin que podamos comprender por qué decimos las osas, por qué las sentimos, por qué estamos con la persona amada y sentimos esa adrenalina que nos invade, que nos penetra que nos hace sentir el momento como algo sin tiempo, sin lugar, sin espacio. Es volar, volar con un sueño, volar en un sueño, volar para un sueño.

Claro que soñamos, porque el estado donde penetramos es un estado de meditación, de esa meditación activa en donde tus preguntas no tienen respuesta, en donde la respuesta no es percibida, en donde la percepción se incrementa, y en donde el incremento se desata la pasión, esa pasión que nos hace vivir el sueño, sentir el sueño, respirar nuestro sueño, el sueño de amar, el sueño de la persona amada, el sueño de querer, de ese yo quiero y poder oír como un eco, un te quiero más fuerte, más potente, es la vuelta a nosotros, es el retorno de todo el amor que expandimos, de mandamos, que lanzamos al exterior que nos viene devuelto, nos llega incrementado en la potencia del amor, del sentimiento activo, del sentimiento de querer.

Yo soy ese, un ser amado, un ser que ha llegado al mundo para vivir sus experiencias, vivir en un mundo elegido por él, en donde los caminos que consigue ver le pueden hacer sentir que su intuición, que su manera de sentir la vida, de conocerla, de observarla, le pueden ayudar a volver a conectar con su interior, ese interior tan río, ese interior que tanto le embarga.

Sabe que dentro de él hay una persona, una alma que ha venido al mundo a volar, a sentir la naturaleza, a vivirla, a ver los árboles, los prados verdes, las flores, los valles, los ríos, las mariposas, todo el decorado que nos pone la vida, es el momento en que despertamos en una mañana soleada, donde el sol, la estrella más luminosa de nuestro sistema solar, el sol, alimento de todos y de todo, el principio de la vida, nos da la forma, nos da el calor, nos da la materia prima para poder conseguir que nuestra vida, que el sentido de vivir, no ya el sentido práctico, sino el sentido que nosotros necesitamos para vivir, comience de una forma natural, de naturaleza, de forma en que cada semilla, cada punto del principio sea considerado una estrella, de una luz dorada, que fluye desde el silencio de los tiempos para hacernos llegar su mensaje en forma de luz, en forma de destellos, en esa forma de contagiar su luz, de ser un faro en la humanidad, en lo más oscuro del cielo.

Y su luz, la luz de la estrella nos hace caminar rectos, en un sentido directo hacia nuestros pensamientos, pensamientos que se desarrollan a la luz, cuando a un pensamiento le damos luz sentimos que esa iluminación hace del mismo una salida de la sombra, es como cuando s pone una luz en el cuarto oscuro, esa luz ilumina la estancia, una estancia que ha estado tanto tiempo a oscuras que no puede sabe lo que es la luz.

Quien soy yo, soy el águila que luce en lo más alto de la montaña, que está despierto al salir el sol, que siempre está al acecho, que cuando su presa ve, se lanza al vacío, al vacío del valle, se encamina con las alas al viento, viento que le dirige, que le ayuda a encontrar la dirección, que majestuosamente comienza su viaje, ese viaje que le llevará a observar como puede hacerla suya, como puede conseguir que no se le escape, como consigue al fin hacerla suya, cogerla con sus patas, envolverla en él y luego iniciar el viaje de regreso, con la presa ya apresada y con la satisfacción de haber conseguido su objetivo, de poder llevar comida a sus crías y de saciar su propio apetito.

Y el apetito no solo mueve al Águila, no solo le mueve el instinto de supervivencia, no solo le mueve el sentir que tiene que cazar para vivir, también le mueve el sentir que su especie, de la que desciende, hace este movimiento, se lanza al viento, abre las alas y se comienza a dirigir, con el suave roce en sus alas de ese viento cálido, viento que no vuela, viento que dirige al tiempo, tiempo que no cuenta cuando el viento no llega, y al fin en ese viaje por los valles, por las montañas, por el mismo cielo, por donde los humanos no podemos volar, hay cuan gran espectáculo ver el cielo lleno de humanos volando, expandiendo sus ala al viento, y con un leve movimiento cambiar de dirección, sentir el viento mover nuestros cabellos, ver al fondo los mares, valles y ríos, subir las montañas y llegar a su cima con un simple aleteo, con un simple movimiento de esas alas que como ángeles solemos tener, pero que al llegar a la tierra, al llegar a la condición de humanos, no solo las perdamos sino que también perdemos esa capacidad de volar.

Porque al volar, dejamos a los sueños en libertad, libertad que para soñar es como un canto al viento, sube y sube y no se acuerda de bajar, y baja pero por la gravedad. Y cuando sentimos que el viento nos hace sentir esa sensación de amor, de rozar nuestra piel para que no nos sintamos solos, abandonados, como si allí arriba, en la cima de la montaña su hubieran ido los sentimientos, esos sentimientos de que vuelas, de que abres tus alas ala viento, a ese viento que es el vivir, el observar, el conocer, y en definitiva el amar. Y amar es tan lindo, tan como estar en un estado de relajación, d relajación total, de sentimiento pleno, de plena satisfacción.

Pero que quien soy yo. Soy una estrella en el cielo que ilumina un pequeño camino, un pequeño lugar, que con sus destellos parece indicar que estoy ahí, que siento que padezco, que tengo un lugar en el mundo. Un chatito de tiempo y de lugar.

Yo soy el sol, ese sol que tanto ilumina y calienta en el mediodía encima de las cabezas, en todo lo alto del cielo, en el lugar en donde la tierra se encuentra sumergida en sus rayos, en su potente calor, en su máxima expresión.

Yo soy un río, mi vida transcurre entre meandos, dando muchas veces más vueltas de las necesarias y al doblar dejamos tantas cosas, tantos guijarros sueltos que allí quedan y que no se vuelven a mover, o incluso pueden hasta morir enterrados en elcieno, en el lodo de esas curvas de cada lugar.

Yo soy una montaña, una montaña al viento, ese viento que tantas veces nos va acariciando pero que también nos hace daño, su fuerza nos puede ir moldeando todo lo que tenemos, podemos sentir como cuando el viento se enfada, cuando su sonido es aterrador, sabemos que está comenzando a iniciar su limpieza, a pulir las caras de la montaña más rocosa, más arenosa, mas sencilla y más madura. Simple viento puede levantar lo más pesado, lo que es inamovible, lo que no puede ser ni siquiera pensado.

Yo soy muchas cosas, soy el aroma del café a las seis de la mañana, soy el perfume que se aferra al cuello y que no lo abandona hasta que el viento le hace desaparecer, diluirse en la piel, adentrarse en lo más íntimo del ser.

Tantas cosas puedo ser que cuando soy no me doy cuenta de que he sido, porque al ser fui y aunque ahora soy mañana no se si seré.



 

 



  Obras de este autor

· La ensaladilla
· Ese fogón
· Amar a Dios
· Momentos
· Las relaciones en mi nueva era


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