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Amar a Dios...
Amar a Dios, sobre todas las cosas... nos decían de pequeños. Era un mensaje que nos hacía entrar dentro de nosotros y sacar de lo mas profundo algo que se sentía muy lindo.
Siempre hemos creido que nuestra sensación de Dios no estaba en la tierra, sino en el cielo... todo paradigmas, todo eran mensajes para grabarnos en nosotros una conciencia de seres buenos, de que teníamos que ser buenos y parecerlos.
Ese mensaje bien construido, como los mensajes de coca cola, o los mensajes de navidad, todo paz en el mundo para el resto del año poder desahogar nuestras pasiones.
Pero la realidad es otra, amar a Dios se puede hacer en la cola del paro, en un café, sentado frente a una amiga, caminando por un parque, sintiendo la fuerza de otro... amar a Dios se siente desde dentro, porque dentro de nosotros está la semilla de ese amor. Es en un rincón donde nos encontramos que un día sale un calor inmenso, descubrimos que tenemos algo que es nuevo, es muy fuerte y sobre todo es nuestro.
Al principio no lo sabemos, pero cuando poco a poco lo dejamos salir, nos damos cuenta que el amor que es incondicional, ese amor que sale para darlo a todos, incluido uno mismo. Ese amor que te das cuando al levantarte te ves al espejo y sientes que eres tú metido en un traje, que ese aspecto interior es cálido, sincero y sobre todo es tuyo.
Pues es ahí donde observas que tras esos ojos, que tras el fondo de tú hay un ser, un yo auténtico, esa autenticidad que sientes, que vives todos los días, que entregas a los demás sin esperar que te den una palmada, sin necesidad que te acaricien, sin apenas pedir un beso, sin necesitar que te hablen...
Porque en los silencios se escucha a Dios, él habla, muy bajito, no quiere que nadie se entere, simplemente nos habla, es una voz que surge desde el centro del corazón y que se integra dentro del sistema circulatorio, de la respiración, de nuestras emociones, de los pensamientos, de los sentimientos... para después inundar todo nuestro cuerpo de amor, de ese calor intenso que me calienta interiormente, que me hace sentir simplemente feliz, que te da una calma, una paz interna.
Esa paz que tengo cuando me levanto un día 24 de mayo de 2006 y sé que esa estrella que siempre brilla y que parpadea en el horizonte, que todas los días al oscurecer siempre está ahí, siempre iluminando el cielo, siempre dirigiéndome hacia mi camino.
Nunca se apaga, pues mi camino está ahí, esa puerta abierta que un día me hizo sentir que estaba dando el paso definitivo hacia mi libertad, esa libertad que un día sentía que yo mismo me había quitado. No se como lo hice, pero es verdad que cuando te ahogas en el mundo terrenal, que cuando sentimos que no podemos salir de la rueda, que cuando todas las puertas parece que se van cerrando, pues surge un día la necesidad de querer volver a tu origen, a donde un día sentias ese amor, esa calma, esa paz.
Una sonrisa siempre nos hace feliz, una sonrisa hace alegre un momento, una sonrisa hace que la paz tenga sentido en el mundo, una sonrisa hace un gesto de amor, una sonrisa calma la ira, una sonrisa nos sale cuando vemos que la situación es imposible, una sonrisa inunda nuestro corazón, una sonrisa nos desborda la creatividad, una sonrisa al viento hace que muchas veces liberemos todo lo que vamos guardando hacia los demás, una sonrisa hace al hombre libre, libre de todo sentimiento negativo.
La sonrisa de un niño es la mejor medicina que nunca nadie pueda tomar. Cuando el ser diminuto, cuando sus labios se expresan, todo lo que está a su alrededor se detiene. Se para la ira, se detienen los gritos, se para el reloj, los hombres se miran unos a otros y piensan que porqué chillar, el porqué no querer. Porque cuando cerramos el corazón, cuando nos salimos de nosotros mismos, cuando no controlamos nuestros instintos, cuando lanzamos al mundo todo lo peor de nosotros mismos, siempre hay que inventar una sonrisa.
Una sonrisa que pare las guerras, que contenga a los gobiernos a dejar de matar, de esclavizar, de... tantas cosas que no entiende un niño. Y es que desde que salimos del vientre materno, desde que nos topamos con este mundo, no sabemos otra cosa que volver a Dios, volver a nuestro interior, llegar al fondo de nuestro corazón.
Desde aquí Miguel José, hoy puede ser un gran día, hoy puede ser el comienzo de algo que no esperabas, de algo que solo tú sabes que un día lo escribiste, que fue antes de la llegada al mundo de las emociones y sentimientos, al mundo de los deseos y de las pasiones, al mundo en donde las almas se transforman en otra cosa que no es amor, donde nada ni nadie puede hacernos llegar al nirvana, al cielo, a la quinta esencia.
Todavía no ha salido el Sol, todavía no está caliente el corazón, todavía no ilumina nuestro día, este día que será recordado por la fuerza interior que siento desde este momento, que con el ermitaño y con ella, justo debajo de un punto de luz, me observan como con la calma que nunca hubiera tenido, comienza el principio de un fin, es el orden dentro del desorden, es el desapego a algo que ahora mismo no se, pero que siempre llevaré conmigo.
Gracias Dios mio, ese Dios que está dentro de mí. Gracias por que se que estás ahí, que cuando respiro te siento, que cuando como me nutro de ti, que cuando ando me acompañas, que cuando siento ira me empujas para que la saque, que cuando siento compasión estás ahí para relajarme, que cuando amo te sientes muy orgulloso de mí, que cuando te pregunto, te callas, porque sabes que con tu silencio me dices las frases tan maravillosas que yo tengo que escuchar, porque sabes que un día estuve junto a ti, como punto de luz sintiendo la paz y la calma de un lugar donde siempre hemos estado, a donde volvemos cuando el tikun, cuando nuestro propósito de vida hemos realizado.
Gracias al mundo por existir, por ser el marco donde yo puedo expresarme, donde puedo vivir todas mis emociones, todas sin dejar ninguna, por poder respirarlo y amarlo, por poder sentir como las almas que me rodean me hacen un círculo para que me sienta feliz, porque se que siempre estaré ahí para todos ellos, porque siempre los sentiré sea cual sea mi camino, porque un día me encontré con ellas y porque siempre, siempre os llevaré dentro de mí... Os quiero. ON SANTI, soy un ser de paz. |