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Educación y cultura
Hace más de 200 años, en Francia, unos señores imaginaron un mundo en el que todos teníamos los mismos derechos. ¿Por qué estar sometidos a la voluntad de un señor, de un rey? La soberanía recaerá en el pueblo. LIBERTAD IGUALDAD FRATERNIDAD. El mundo, estaba cambiando.
Esta idea se fue extendiendo de una forma u otra, según las circunstancias de cada región, por todo el mundo. Antiguas colonias se independizaban formando países libres. Estados tradicionalmente monárquicos desembocaban, a veces de forma excesivamente violenta, en republicas. Se cometieron injusticias, errores. Pero estas manchas, lejos de cuestionar nuestra racional evolución, lo que nos recordaban es lo que también somos: Envidia; codicia; arrogancia… Las ideas pueden ser buenas o malas. Los humanos, somos humanos.
Republica; democracia; igualdad; libertad… ¿Por qué seguimos debatiendo sobre ideas que tienen más de 200 años? ¡Tan fuerte es su golpe con lo que somos, con nuestras miserias, con nuestros demonios, que no podemos plasmarlas? ¿De verdad somos demócratas? ¿De verdad creemos en la igualdad de derechos, de oportunidades? ¿De verdad aceptamos la libertad de todas las personas?
En el año 2.006 las mujeres no tienen los mismos derechos ni las mismas oportunidades que los hombres. Nuestra sociedad no trata como iguales a los homosexuales, a los extranjeros. La libertad de algunos nos da miedo, nos asusta.
¿Que hay detrás de la intolerancia? Cuándo uno no acepta a un homosexual, a una mujer, a un extranjero, a un negro o un gitano, ¿por qué es? Cuando no aceptamos a alguien con traje y corbata, o con el pelo largo, o sin pelo. O a los gordos, o a los barbudos, o a los del otro equipo, ¿por qué es? Cuando ya no aceptamos formas, ni colores, ni olores, ni miradas, ni sonrisas, ¿por qué es?
“Mal educado”, en castellano, tiene distintos, aunque parecidos, significados. Decir, incorrectamente educado, será más gráfico. Cuando alguien insulta; cuando alguien pega; cuando alguien mata; cuando alguien no escucha, es por haber sido incorrectamente educado. Por supuesto que hay personas con una visión amplia, universal. Personas abiertas, tolerantes, libres. Pero son así por su casa, su grupo, o por lo que han conocido, vivido. Son así, a pesar del sistema, no gracias a él.
La educación lo es todo. Los colegios, las escuelas, las universidades, es como va a ser el mundo en veinte años. El resto son parches, remiendos. Detrás de cualquier problema social hay un problema educacional: Somos lo que sabemos; sabemos lo que aprendemos; aprendemos por curiosidad y porque nos enseñan.
El pacto importante, trascendente, no es el antiterrorista, o el que verse sobre cualquier cuestión política. El consenso realmente importante debemos lograrlo sobre la educación, sobre quienes queremos ser. Un terrorista mata por desconocimiento, con otra educación, no mataría.
Vivimos en un mundo complejo. En sociedades enormes enrevesadas, sofisticadas, difíciles de analizar. Estamos permanentemente en obras, porque no solucionamos los problemas. Los ensombrecemos; los tapamos; los trasladamos; los secuenciamos; los posponemos; los enmarañamos; incluso los transformamos, pero no los solucionamos. Ayer leí una encuesta fiable, bien hecha. En ella se le preguntaba a miles de niños de entre 11 y 13 años cual era, a su juicio, el mayor problema que había en el mundo. Lo primero que me sorprendió es que básicamente solo había dos respuestas: El hambre y la guerra. Que simple. Sin embargo, ¿cuanto tiempo llevan ahí?
Conocemos los problemas. ¡Hasta nuestros niños los conocen! Pero no los solucionamos. ¿Por qué?
Cuando uno no hace algo es, o porque no quiere o porque no puede. Supongamos, por ejemplo, que realmente queremos acabar con el hambre y la guerra. ¿Podemos? ¿Sabemos? Si aplicamos la lógica, diremos que no: Si para realizar una acción necesito solamente dos cosas, querer hacerla y poder hacerla, y no la hago, aceptando que quiero, tengo que aceptar que no puedo. Esto lo podemos recoger en la siguiente formula:
AR (Acción Realizada) = EQ (Existencia de Querer) + EP (Existencia de Poder)
Demostrado que queremos, hemos de aceptar que no podemos. O sea, que no sabemos.
¿Por qué no sabemos solucionar nuestros problemas? Pues, aunque parezca mentira, porque no lo son. Son hechos que nos disgustan, que nos preocupan, pero que, por si mismos, no constituyen un problema.
Dos ejemplos: El deporte y la medicina...
La Selección Nacional de fútbol ha jugado un partido horrible. Entrevistado, el seleccionador nos dice: << El problema es que jugamos muy lento. No éramos capaces de combinar y terminábamos pegando pelotazos… >>
Mover el balón con lentitud y acabar pegando pelotazos, por el miedo que nos produce la posibilidad de perderlo, ante la presión del contrario, no es un problema, porque no es una causa. El hecho que denuncia el seleccionador es un efecto, una consecuencia, de una causa, pero no la causa en si. La diferencia es importante, esencial, porque solo podré solucionar el problema en la causa, nunca en el efecto o consecuencia. Si les dices a los jugadores: << Debemos jugar el balón rápido, al primer toque. >> Ellos deberían preguntar: << ¿Y como lo hacemos? >> No se les puede obligar a realizar algo que no depende de ellos mismos. Para solucionar el problema deberé ir hacia atrás. A la causa. ¿Por qué movemos lentamente el balón y terminamos dando pelotazos? Porque lo retenemos: El tiempo que transcurre entre que un jugador recibe el balón de su compañero, lo coge y se lo pasa a otro, es muy alto. Nuestro ritmo de balón es muy bajo. ¿Por qué? Porque el jugador que tiene el balón no confía en dárselo a un compañero rápidamente porque no ve clara la opción. ¿Por qué? Porque esos compañeros no están solos, tienen un contrario cerca que cortaría ese pase o les podría quitar el balón en caso de recibirlo. Por eso, el que lo tiene, tarda en soltar el balón, lo que da tiempo al contrario para presionarle. Entonces se agobia, no ve clara ninguna de las opciones que tiene y, ante la posibilidad de ser él el que lo pierda, pega un pelotazo… La causa de que movamos lentamente el balón no está en el que lo tiene, sino en sus compañeros que no se desmarcan dándole buenas líneas de pase para que este pueda soltar de una forma rápida y segura el balón. Para desmarcarse hay que moverse rápidamente separándose del contrario. Y eso, si que depende de uno mismo, si que lo puedo exigir. Efectos, muchos. Causas, una.
De plantear posibles problemas donde solo hay consecuencias de un problema podríamos poner cientos de ejemplos dentro del mundo del deporte. Hay uno muy típico en el golf, levantar la cabeza en el momento de pegarle a la bola. Tú golpeas mal una bola. Das, lo que vulgarmente llamamos, un “rabazo”, y muchos profesores te dirán: <<Has fallado por haber levantado la cabeza. >> Error. Levantar la cabeza no es una causa, sino un claro efecto producido por: Querer darle demasiado fuerte a la bola; la ansiedad de querer ver enseguida como le he pegado, a donde la he mandado… Para dejar la cabeza y la vista en al bola debemos estar tranquilos, relajados, he intentar jugar con ritmo en lugar de fuerza.
En el mundo de la medicina también podemos encontrar muchos ejemplos. La medicina convencional va claramente dirigida a los efectos y no a las causas. Si usted tiene, por ejemplo, acidez de estomago, y un médico le da bicarbonato sódico, le eliminará ese molesto ardor durante unas horas gracias a la conocida formula, que todos estudiábamos en el colegio, ácido + base = sal + agua, pero no le curará: ni le dirá por qué la tiene, ni evitará que vuelva a tenerla.
La palabra problema conlleva una posible solución. Si no existe una solución, no tienes un problema, si no un hecho que asumir. Las consecuencias, los efectos, son hechos que no tienen solución en si mismos. Las soluciones solo están en las causas.
El hombre no puede evitar las guerras o el hambre porque son efectos. Si queremos solucionar ciertos hechos debemos ir hacia atrás hasta llegar a sus causas. Las guerras las forman la violencia y el odio. Estos se nutren de la envidia; el desconocimiento; las diferencias culturales, económicas y religiosas. Necesitamos pues… Conocernos: cultura; aceptarnos: cultura; comprendernos: cultura; diferenciar los caminos de los fines: cultura; escaparnos del esclavismo del vicio, del poder, del fundamentalismo, del becerro de oro: cultura…
Las causas siempre nos llevan a la cultura, a la educación. Vivimos parcheando consecuencias sin encarar las raíces de los problemas.
La palabra cultura es la apestada, la maltratada, la incomprendida, de nuestra época. Cultura es sinónimo de coñazo, de aburrimiento, de alta sociedad, de minorías. La pintan como la antitesis de pasarlo bien, de la alegría, del cachondeo, como algo cursi, antiguo. Parece que ir a la opera es cultura y que ir al fútbol no lo es.
Cultura es cualquier tipo de música, de baile, cualquier forma o estilo. Cultura es el deporte; salir; viajar; pasear con un amigo; darle un beso a tu pareja; hablar… La cultura no tiene ojos; ni colores; ni horarios; ni calidades. Es dar; respetar; aceptar... Engloba a toda la sabiduría, a todo el conocimiento. Es universal e infinita... Pero, sobre todo, lo más importante, es la autentica responsable de nuestra felicidad. ¡De tu, felicidad! |