|
Mi amigo el director del banco
-¿Pero que haces?
-¡Te vas a cagar! ¡Vas a pagar! ¡Pedazo de hijo de puta!
-¡Pero que dices! ¡Te has vuelto loco! ¡Si somos amigos!
-¡Amigos de que! ¡Tú no tienes amigos! ¡Solo tienes intereses! ¡Putos intereses! ¡Solo te tienes a ti! ¡Una puta mierda!
-¡Bueno, está bien! ¡Soy un hijo de puta, y una puta mierda! ¡Pero guarda el arma! ¡Por Dios! ¡Piensa un poco! ¡Estas en mi despacho con una pistola en la mano!
-¡No solo con una pistola en la mano! ¡Cómo puedes ver le estoy poniendo un silenciador! ¡Te juro por mi vida que te dejare frito si no haces lo que te digo!
-¡Estas loco! ¿Que pretendes? ¡No pensarás que por haber puesto ese impermeable delante de la cámara está todo resuelto! ¡El banco tiene sistemas de seguridad! ¡Además, te conoce todo el mundo! ¡Esto es una locura! ¿Que quieres, matarme? ¿Dinero? ¡Por qué no me escuchas! ¡Te tranquilizas he intentamos salir de esta locura!
-¡Pero como te atreves a pedirle a alguien que te escuche! ¡Si tú nunca has escuchado a nadie! ¡Si te importamos todos un huevo! ¡Si té quedas ahí sentado haciendo que nos escuchas pero no podrías repetir ni una palabra de lo que te hemos dicho! – Silencio - ¡Después te levantas, nos das una palmada en el hombro, y nos despides diciéndonos que ahora mismo revisaras el caso! ¡Y ese es tu trabajo! ¡Pasar los datos de la hoja al ordenador! ¡Después es la puta maquina la que dice a este DNI sí y a este no! ¡Así de fácil! ¡Los DNI no tienen familias, responsabilidades! ¡Y sobre todo, no dan el coñazo con sus problemas! – Silencio - ¡Y tú tranquilo, delante de tu maquinita! ¡Igual que un crupier en una mesa de “Black Jack”! ¡Hasta aquí te doy, después me planto!
-¡Yo tengo mi vida! ¡Mis responsabilidades! ¡A mí me mandan de arriba! ¿Que quieres que haga?
-¡Vete a tomar por el culo! ¡Que demagogia barata es esa! ¿Que quiero que hagas? ¡Que escuches mis problemas, cojones! ¡Que intentes comprenderme! ¡Que de verdad intentes ayudarme! ¡Que te involucres! – Silencio - ¡Que te alíes conmigo contra esa gente que no es la tuya! ¡Que te importe mi dinero, no el suyo! ¡Se mueren de risa mientras vosotros les llenáis los bolsillos! – Silencio - ¡Tú eres de los nuestros! ¡Quieras o no! ¡Que te ha pasado! – Silencio - ¡Pero bueno! ¡Que más da! ¡Te voy a dar lo que te mereces! ¡Sino, no cambiaras nunca! ¡Me dirás que sí! ¡Pero no lo harás! – Silencio - ¡Desnúdate!
-¿Que?
-¡Que te desnudes, hostia!
Como un rayo saltó detrás de la mesa y le metió la pistola en la boca agarrándole la cabeza con fuerza hacia atrás.
-¡Desnúdate hostia, o te juro que te mato aquí mismo!
El momento había cambiado. Los dos sudaban. El banquero comenzó primero aflojándose la corbata. Después los botones de la camisa. Jadeaba, respiraba mal.
A continuación el otro le levantó agarrándole fuertemente por la cabeza. De un rodillazo en la parte baja de la espalda le dobló las piernas. Este empezó a desabrocharse los pantalones.
Así se fue desnudando: fuertemente sujeto por la cabeza y el cuello y con aquella pistola babeada en la boca.
Cuando terminó de desvestirse le sacó la pistola, pero continuó apuntándole.
- ¡Que pretendes!
-¿Que, que pretendo? ¡Hacerte exactamente lo mismo que tú me has hecho! – Silencio - ¡Darte por el culo!
-¡Estas loco! ¡Eres un demente! ¡Yo no te he hecho nada!
-¿Que no me has hecho nada? ¡Yo te diré que me has hecho! – Silencio. Sudaban. – ¡Hace unos años entre aquí! ¡Había cobrado mi primera nomina y en el trabajo me dijeron que la domiciliara a través de un banco! ¡A ti te conocía del barrio, del colegio, y pensé que sería mejor tratar con alguien que me conociese! ¡Primer error! - Silencio - ¡El tiempo fue pasando sin problemas! ¡Doce años! ¡Yo metía aquí mi dinero y tú me sonreías! ¡Nunca te pedía nada! ¡Un buen día hice mis cálculos! ¡Confié en mi trabajo, en mi dedicación, y decidí establecerme por mi cuenta! ¡Tenía un niño de dos años y otro de siete meses! ¡Hijo de puta! ¡Te pedí diez millones! ¡Al día siguiente me contestaste que apretándome podría comenzar con siete! ¡Yo te dije que no! ¡Que había hecho mis cálculos! ¡Pero a ti que te importaba! ¡Tú insististe en los siete! ¡Me convenciste diciéndome que no me preocupase por aquellos tres millones de diferencia! ¡Que ya los conseguiríamos por otro lado! ¡Que el banco tenía otras opciones! ¡Que en un par de meses revisaríais mi caso! ¡Que no habría ningún problema! << ¡No te preocupes! ¡Te doy mi palabra! >> - Dijiste - ¡Tu palabra! ¡Tu palabra de mierda! ¡La palabra del que no para de darla! ¡Del que la da todos los días! ¡Una frase! ¡Y yo creí que era un compromiso! ¡Segundo error! - Silencio – ¡El resto es reciente! ¡Te cojo! ¡Me esquivas! ¡Te vuelvo a coger! ¡Me vuelves a esquivar…! ¡Mientras, mi negocio se hunde! ¡Por no escucharme! ¡Por no querer seguir conmigo, confiar en mí! ¡O porque lo dice una máquina! ¡O un tipo al que no he visto en mi vida mientras por la otra línea alguien le llama para comer o jugar al golf! - Silencio – ¡Al banco hay que entrar poderoso! ¡Tratarlo de igual a igual! ¡Pedirle, solo, lo que sepas con seguridad que te va a dar! ¡Pero eso nosotros no sabemos hacerlo! ¡Nosotros somos gente de la calle! ¡Gente normal! ¡A nosotros nos dais un paraguas cuando hace sol y nos lo quitáis cuando llueve! – Silencio – ¡Quizá sea este el tercer error! ¡Ser de la calle! ¡Pero no lo creo! – Cambió de tono. – ¡Venga! ¡Ya está bien de tanta cháchara! – Le volvió a sujetar por la cabeza. - ¡Inclínate hacia delante! ¡Apoya los codos contra la mesa! ¡Abre las piernas! – Por dentro le dio unas patadas en los tobillos hacia fuera. - ¡Más! –Chilló-
-¡Pero que vas a hacer! ¡Te juro que cambiaré! ¡Por Dios, dime que es una broma!
-¿Broma? ¡Cuando tengas la polla metida en este culo grande e innoble que tienes, seguro que no te parecerá una broma!
-¡Dios mío estas loco! – Se dispuso a chillar -
-¡Cállate! – Con el brazo le agarró por el cuello y le tapó la boca con la mano. Acercó los labios a su oreja y susurró:
-¡Si vuelves a abrir esa bocaza que sea para chuparme la polla! ¡Si no ten por seguro que será lo último que hagas!
De un bolsillo de la chaqueta sacó una cinta de vídeo y la introdujo en un pequeño video-televisor que había en medio de un mueble rodeado de libros desordenados, folios y carpetas. Después de rebobinarla, le dio al play...
La cara del director no pudo contener su asombro. Era una película porno en la que dos lesbianas se lo chupaban y comían todo.
-¡No pensarías que me iba a empalmar mirándote a ti! – Dijo -
Después sacó la polla y, sin dejar de ver la película, se colocó un preservativo lubrificado.
Con las manos le abrió las nalgas, agarró aquel trozo de carne, ya duro, y se lo metió por el culo.
El banquero gimió. Pronto lloraba en silencio. El otro, por detrás, le hablaba con voz jadeante, salida del estomago, acompasada con el movimiento de la cadera:
-¡No llores como una nenaza! ¡Piensa que te lo mereces! ¡Que té vendrá bien! ¡Lo recordaras cuando hables con la gente! ¡Cuándo vengan a verte al banco confiándote una parte importantísima de sus vidas! – Silencio - ¡No te preocupes! ¡A mí, como a otros, si que me habéis dado por el culo! ¡Me habéis hundido la vida! – Silencio - ¡O sea que no me jodas! ¡Para ti no será más que una mala mañana!
La venganza continuó en silencio hasta que, por el roce y la película, se corrió... Entonces echó el culo hacia atrás, se subió y abotonó los pantalones, y se fue.
El director del banco, desnudo, permaneció por un momento inmóvil. Después, como pudo, se fue vistiendo... Su mente estaba bloqueada. De pie contra la mesa, descolgó el teléfono.
- ¡Matilde! ¡Me voy a casa! |