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Miguel León Burgos



La tortada

 

La cosa empieza así, Miguel y Ana están casados. El jubilado y ella trabajando como enfermera. Como es natural, el que tiene que hacer de amo de casa, es él. Debe de hacer la compra, arreglar la casa, hacer la comida y otros detalles. Todo lo hace muy a gusto, ya que está muy enamorado de su mujer y quiere sobre todo, hacerla muy feliz. Es un buen cocinero y se esmera en preparar platos que le gustan a ella. De todas formas, mientras ella está trabajando, él se preocupa de todos los detalles de casa y siempre piensa en dar alguna sorpresa a su mujer respecto a la comida.
La escena es que Miguel está solo en casa acabando de arreglar cosas y suena el teléfono.
-Ring, ring, ring…
Él coge el teléfono y oye la dulce voz de Ana.
-¿Cómo estas mi amor?¿Va todo bien?
-Todo va estupendamente.
Como un parte de guerra le comenta todo lo que ha hecho, bajar a la calle a Golfito, el perrito, comprar el periódico, supermercado, farmacia, casa de Brigitte, pasar el mocho, hacer la cama.
Ella riéndose dice.
-Vale, vale, debes descansar cariño, no trabajes tanto.
-Sabes que me gusta hacer lo que hago - y mientras habla, hace un guiño al perrito.
-¿Sabes que te quiero mucho?- manifiesta ella.
-Ya lo sé, yo también te quiero y te echo de menos.
-Ya falta poco para llegar a casa y darte besitos y mimarte.
-Yo también necesito tus besos y tenerte a mi lado.
-Bueno cariño, te dejo que tengo trabajo - acaba diciendo Ana.
-No trabajes mucho, te espero.
Y Miguel cuelga el teléfono.
Miguel ha hecho todo el trabajo de casa, y como tiene un momento para reposar, enciende la tele y se sienta en el sillón para ver que hacen de interés. Y mira por donde, en ese preciso momento, están haciendo el programa de cocina, con Karlos Meseguer. Y como siempre, dice cosas, según él con fundamento. Está en una gran cocina y dirigiéndose a los televidentes dice que va a preparar algo muy especial, que hará que se chupen los dedos todos los de casa. Y Karlos comienza a hablar.
-Voy a deciros que hoy tengo una gran sorpresa, voy a dar la receta, para que en casa podáis hacer una rica, rica, rica, tortada, es algo muy especial, así que espero que con mi receta, quedéis muy bien con vuestros invitados. Fijaros bien, ya que ésta es la única vez que os voy a dar la receta, es una herencia de familia y hoy me siento generoso y la voy a dar, aunque luego mi abuela me riña.
Mientras va comentando cosas sin interés, que si el perejil, que Bilbao es muy bonito, que su hermana está haciendo cosas en casa. Como si todo esto le pudiera interesar a Miguel. Este está un poco aburrido, pero está prestando atención, ya que si la receta es buena y fácil de hacer, quiere dar una sorpresa a su mujer, a su Ana, y cuando llegue al mediodía, presentarle encima de la mesa la tortada ya hecha, con una nota de amor.
El famoso cocinero sigue dando la receta de la tortada.
-Siento que al daros esta receta traiciono a mi abuela, ya que fue ella la que me la dio - y continua su charla sin fin - tomar nota de lo que vais a necesitar: azúcar, harina, huevos, levadura, nata, mermelada de fresa, sal, mantequilla de vaca, no de cerdo, un molde de aluminio, caramelo líquido y un poco de ánimo.
Y Karlos se ríe muy alegre, va a contar un chiste, que si aquel hombre, que quiere hacerse una flauta con una caña, que si otro quiere hacer un guiso con perejil y coco, que sí esto, que si aquello...
Miguel se está cansando, esperando que el pesado de Meseguer comience a preparar la tortada, y cuando decide apagar la tele, es cuando Karlos comienza a preparar en su gran cocina la “ famosa “ tortada.
-Debéis ante todo tener las manos limpias, un paño limpio en la cintura y tener todos los ingredientes a mano – explica el cocinero.
Miguel ve que encima de la gran mesa muy limpia, se amontonan los platos con los ingredientes y presta mucha atención. Karlos continua sus preparativos y va dando las indicaciones de cómo preparar todo, se pone esto aquí, los huevos se parten así, las claras aparte, las yemas aparte, batir las claras, hasta que queden bien batidas.
Miguel va viendo que es fácil hacer esa tortada y decide darle una sorpresa a Ana. Cuando Karlos ha terminado de cocinar su receta, encima de la mesa tiene una espléndida tortada muy apetecible. Miguel apaga la tele y va a la cocina que, por cierto, está muy limpia y empieza a buscar los ingredientes para hacer su tortada. Busca y busca por los armarios y va sacando cosas, harina, huevos, decía Karlos que seis, pero solo tengo dos, piensa Miguel, y sigue su búsqueda, azúcar, y no encuentra nada, el bote está vacío, él piensa, es igual, pondré sacarina, levadura, ja ja ja, tampoco hay, bueno, vuelve a pensar, tengo bicarbonato que es casi igual, mermelada, de nuevo, ja, ja, ja, no hay en casa nada de eso, Ana y él están a dieta.
Miguel repasa lo que tiene apuntado y busca en la nevera mantequilla de vaca, ja ja, tampoco hay, solo hay margarina de maíz, menos mal que sí que hay sal. En uno de los armarios Miguel busca un molde de aluminio y encuentra uno un poco oxidado, pero no hay otro, así que lo friega y queda listo para usar. ¡Ay! La mermelada de fresa, ni por asomo, Miguel piensa que lo que puede poner es un poco de café descafeinado, del que tiene unos sobres en el armario.
Ya lo tiene todo listo encima del banco de la cocina. Miguel, lavándose las manos comienza sus preparativos. Echa la harina encima del banco, bate los huevos, aunque uno se le ha caído al suelo y lo recoge con un poco de pelusa, coge el bote de bicarbonato y agrega una cucharada sopera a la masa, y como no tiene nata, le pone medio litro de leche. No tiene caramelo líquido, así que sigue la manipulación, frotando el molde con la margarina. No hay azúcar, y echa un generoso chorro de sacarina líquida. Como no hay mermelada de fresa, añade al potingue, seis sobres de café descafeinado y acaba amasando hasta formar un todo. Cuando Miguel cree que ya está listo, echa toda la masa en el molde untado con margarina y abre el horno, y se da cuenta que hay montones de cosas dentro, sartenes, unos ganchos, rápidamente saca todo y se dispone a encender el dichoso horno.
Un montón de cerillas se le apagan y se da cuenta que el gas no estaba abierto, sale refunfuñando al patio y abre la llave del gas. Vuelve de nuevo a la cocina y enciende una cerilla y al acercarse al mechero del horno, resulta que se había acumulado gas, le sale una llamarada y le chamusca las cejas. Renegando de la dichosa tortada, cierra el horno y pone la temperatura a... ¿Cuánto dijo Meseguer?. No se acuerda y pone lo que le parece, 180 grados. ¿Cuánto tiempo?, Tampoco se acuerda, y piensa que una media hora será suficiente.
Cuando pasa el tiempo medido, abre el horno, y según había comentado Karlos, para saber si está bien cocida la tortada, se debe introducir un palillo, si sale seco, es que ya está lista. Así que Miguel introduce el palillo, y aquella tortada tan esponjosa, se aplasta como una torta. Miguel está que trina, pero bueno, ya tiene la tortada hecha.
Pasa el tiempo, y a la hora prevista llega Ana a casa.
-Ya estoy aquí- dice Ana.
Miguel sale a su encuentro y la besa muy efusivamente y le informa.
-Tengo una linda sorpresa para ti.
Ana sorprendida y emocionada besa a Miguel muy cariñosamente y pregunta.
-¿Qué sorpresa es cariño?.
Y Miguel todo misterioso le responde.
-Ya lo verás, primero vamos a comer y luego verás la sorpresa.
Ana está sobre ascuas pensando cual podría ser la sorpresa que su marido le tiene preparada. Se cambia rápidamente de ropa y cuando llega a la cocina ve que ya está la comida en la mesa, pollo al limón, la especialidad de Miguel, también arroz blanco, que según Carmen la suegra, dice que se suelta cada grano por su lado y resulta muy sabroso. Comen en silencio y cuando acaban, Ana pregunta
-¿Y la sorpresa?.
Miguel lentamente se levanta de la mesa y abriendo la nevera, saca aquella masa rara, parece una torta en vez de una tarta, y la pone muy ceremoniosamente encima de la mesa y afirma.
-La he hecho para ti, mi amor - mientras le da un beso en la frente.
Ella se queda sorprendida, no esperaba ese tipo de sorpresa.
Ya puesta en situación, coge un cuchillo y se corta un buen pedazo de aquello tan raro. Con el tenedor pincha un trozo y nada más ponérselo en la boca, nota un sabor muy raro, muy desagradable y no se atreve a tragar aquello, así que sale al patio y lo escupe en la bolsa de la basura, cuándo entra le pregunta a su esposo.
–¿Qué cosa tan rara has hecho, está tan horrible?.
Miguel todo apesadumbrado le contesta
-Pues una tortada que Karlos Meseguer ha hecho en la tele, yo he puesto lo que él ha dicho y ya ves, me parece - continua Miguel – que ese Karlos es un cantamañanas, no sabe nada de cocina, yo he seguido sus instrucciones y menos mal que no ha dicho que pusiera perejil y pimienta.
Ana pregunta a Miguel.
-¿Cuál ha sido la receta?...
Éste le contesta.
-Lo tengo aquí apuntado, he seguido sus instrucciones y ya ves. Lo que pasa es que nos faltaban algunos ingredientes y los he cambiado por los que teníamos en casa.
Ana le dice a su marido.
-Miguel, has hecho un desastre de tortada, si hubieras puesto los ingredientes que él dijo te hubiera salido buena, la verdad es que está malísima la que has hecho
Y diciendo esto cogió la tortada, que acabó en la basura.
Miguel se prometió que no se metería a cocinero con las recetas de aquel cocinero que no tenía idea de cocina, aunque siempre decía que cocinaba con “fundamento” y hacia cosas buenas, buenas, buenas...
Y Miguel, se sentía pesaroso de no haber tenido éxito con la tortada, había pensado, como ella decía, al comerla se le iba a caer el rabo... ¡Qué cosas!.
-Otra vez será. Lo haré mejor a la próxima...



 

 



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· Cuento de fallas
· La cita
· Sorpresa
· La tortada


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