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Jubilación
Nosotros sabemos que nadie rejuvenece, la edad avanza pero
no retrocede, eso es una verdad, pero hemos sido muchos los
que en un momento dado, nos hemos tenido que enfrentar con
el problema de la vejez y... Con el momento de la jubilación.
Esa palabra “jubilación” deriva de júbilo
y que ese momento puede significar una alegría por
no tener que tener la obligación de trabajar, pero
uno en su interior no está tan satisfecho como pudiera
suponerse. Comienza a sentirse preocupado por su futuro, su
mente empieza a rumiar y piensa con algo de temor cuál
va a ser su vida a partir de ese momento. ¡Ay! Ese momento
tan esperado y tan temido...
Empieza a pensar “Es verdad, voy a ser libre, voy a
hacer lo que me dé la gana” Pero... ¿Qué
puedo hacer?...
Todos los pensamientos van dirigidos en abanico para saber
sus posibilidades de ejercitar algo que le pueda gustar, vamos
a ver...
¿Ir en bicicleta? ¿Tenis? ¿Pesca? ¿Ir
de paseo?... Solo de pensarlo se siente deprimido, primero
no sabe ir en bicicleta, nunca ha jugado al tenis, tampoco
ha ido a pescar, y lo de pasear... Uno ya no está para
esos trotes, está bien que pasee de vez en cuando,
pero dedicarse a dar paseos de una hora como dice el médico...
De eso nada de nada, se siente algo cansado siempre. Lo que
realmente le gusta es echarse unas buenas siestas después
de comer, uno como es un bromista dice que le gusta el “sillón
ball”... Los demás no pueden imaginarse lo que
es echarse una buena siesta, lo bien que uno se encuentra
cuando se levanta reposado con ganas de ver la televisión
y sentarse en su sillón favorito. Pero eso parece ser
que está prohibido, hay que pasear y pasear, por lo
menos cuatro kilómetros. ¡Cuatro Km! ¡Están
locos!...
Bueno, entonces comienza uno a rumiar ¿Qué puedo
hacer?. La fecha se acerca y mis compañeros de trabajo
todo es decir
- ¡Vaya machetón, que vida te vas a dar sin hacer
nada!...
¿Qué saben ellos? Lo sabrían, si tuvieran
cuatro hijos, siete nietos y ahora un bisnieto. ¡La
que me espera!...
Y de nuevo la mente de uno sigue trabajando para hacerse el
ánimo, y buscar la manera de ocupar su tiempo, que
pronto va a tener a su disposición para hacer lo que
le venga en gana. Pero uno de nuevo se pregunta.
“¿Y cuando me vea aislado de las responsabilidades
que hasta ahora tengo, y de mis conocimientos?” Y se
lamenta ¿Cómo se las van a arreglar en la empresa
si yo no estoy?...Todo se irá al garete ¡Seguro!
¿A quién acudirán para que les soluciones
los problemas?...
Y recapacitando uno mismo se dice para calmarse.
“Ya se las apañarán, si me necesitan ya
me llamarán”.
Pero lo peor de esto, es que él sabe que no le llamarán,
nadie es imprescindible y lo sabe. Pero... ¿Y entonces?...
Y llega el día temido de su despedida, una excelente
comida donde asisten sus compañeros, todo son felicitaciones,
parabienes, muestras de afecto, que a veces no son sinceras.
Durante la comida se come y se bebe sin moderación,
se cuentan anécdotas, cosas pasadas, a veces muy chistosas,
otras con un dejo de acidez y cuando se acerca la hora de
los discursos de rigor, siente un nudo en la garganta, ha
llegado su hora, la hora de la despedida y casi le entran
ganas de llorar.
El gran jefe, levantando su copa brinda por su futura felicidad,
de la libertad de los horarios rígidos, de las reuniones,
de los viajes, de las visitas a clientes y con voz un poco
aguardentosa precisa.
-Amigos, hoy tenemos él deber de decir adiós
a nuestro amigo, a nuestro compañero, que durante tantos
años ha dedicado su vida a la empresa, ha dado lo mejor
de él y nos entristece que se vaya, pero la vida es
así, unos se van para que otros vengan y alzo mi copa
con un brindis ¡A nuestro amigo, a quién vamos
a echar de menos!...
Luego del brindis se le acerca el jefe y le entrega una placa
de plata con su nombre, un reloj con sus iniciales grabadas
y un pergamino firmado por todos los compañeros, y
una salva de aplausos acompaña la entrega, que él
humildemente toma en sus manos con una sonrisa de circunstancias
y comienza diciendo.
-No sé que decir, me siento apabullado ver tantas caras
amigas, a quienes no veré tan frecuentemente como ahora,
solo os digo que os echaré de menos – no pudo
continuar y se sentó compungido.
Luego repitieron el brindis, levantaron sus copas y las apuraron
y pudo ver en la cara de algunos que su brindis no era sincero,
les alegraba su partida, pero a ellos no les hizo ningún
caso, dentro de él sentía pena, no por ellos,
sino por la empresa.
¡Qué iba a ser de ella sin su colaboración!...
Los días siguientes a su despedida fue cuando sintió
emociones contradictorias y se encontró algo aturdido,
se sentía deprimido al estar lejos de sus compañeros,
de su sitio de trabajo y entonces pensó.
“Estoy ahora en medio de un desierto, sólo, sin
nada que hacer”...
Y se sintió defraudado, todos sus años de experiencia
y todos sus conocimientos se iban a perder así por
las buenas, y supo entonces que estos se despreciaban por
causa de su edad, pero... ¡Qué culpa tenía
él!...
Bueno tenía que hacer de tripas corazón y se
sentó a reflexionar y llegó a una conclusión.
“Son muchísimos los que trabajan fuera de casa
y cuando envejecen y la jubilación les llega, como
a mí, descubrimos que no hay ocupación más
dura que la de permanecer sin tener nada que hacer. La jubilación
requiere tener unas ciertas cualidades que la mayoría
de los hombres parece ser que no posee”.
¿Qué hacer entonces?...
Pues, un jubilado, pensionista, emérito, como quiera
llamársele, mucho antes del alejamiento definitivo
de su trabajo habitual, tiene que prepararse anímicamente,
con decisión planificar lo que le gustaría hacer
de verdad y tratar de resolver los problemas antes de que
surjan, y en esas circunstancias, el éxito es muy gratificante,
pues, si ser vencido por la competencia no es una catástrofe,
es mucho peor no tener la oportunidad de competir.
Hace tiempo, mucho tiempo, se esperaba que la familia cuidara
de los futuros miembros que iban envejeciendo, pero parece
ser que no ha sido así, no, no ha sido, ni es así.
Los viejos estorban, más bien parecen muebles a los
que hay que apartar lejos del paso de los que vienen ahora.
Siempre se confía que como son los que están
en casa sin hacer nada, pues que cuiden a los pequeños,
hagan de chacha, para eso son los abuelos, que los lleven
al colegio, los recojan, que los lleven a los parques, y que
se queden en casa por la noche atendiéndolos. Ya que
los jóvenes tienen compromisos de ir al cine, al baile
o a cenar con los amigos. Y lo peor es que te dejan el número
de teléfono donde les puedes llamar si hay algún
problema y te dan las últimas indicaciones.
-Abuelo, papá, avísanos si pasa algo...
Y uno se queda con cara de bobo pensando.
“Pero serán tontos” ¡Como si yo no
supiera lo que es tener hijos!...
Esto es una reflexión mía, no siempre es así,
sin uno quererlo, decide la familia que vivan los abuelos
con uno de los hijos una temporada, otra con otro y así
ir de oca a oca y me toca, o puede suceder lo peor, que decidan
que lo mejor es que vayan a una residencia... Bueno, por eso
mi recomendación es que cuando a uno le vaya a llegar
la hora de la ansiada jubilación, es un decir, es ir
preparándose mentalmente para lo que le va a venir.
Si lo que le gusta es viajar, pues ahora es el momento de
hacerlo, siempre acompañado por la sufrida compañera
de toda la vida que nunca le ha defraudado... Qué le
gusta ir al cine, pues a ver las mejores películas.
Qué le gustan las de sexo pues ahora es la ocasión,
cuando uno esté en casa con su compañera, hay
que ver esas películas y ponerse a tono, ella lo agradecerá.
Qué nos gusta pasear, pues a paseo ¿No?...
Lo que sugiero es que cuando nos digan que cuidemos los niños,
hay que responder firme, muy firme.
-Sí nosotros os cuidamos cuando erais pequeños,
ahora es vuestra obligación cuidar de vuestros hijos,
nosotros somos pensionistas, jubilados o como queráis
decirnos, y vosotros sois los que tenéis que apechugar
con lo que ahora tenéis, debéis dejarnos disfrutar
de la vida, nos lo hemos ganado a pulso ¿No os parece?...
A ver que contestan...
Hay otras circunstancias que cada familia debe solucionar
por sí misma, a veces las parejas trabajan y los niños
se quedan solos y entonces...
Puedo sugerir basándome en mi propia experiencia,
que mucho antes de mi jubilación me fui preparando
mentalmente para lo que me gustaría hacer. Siempre
me ha interesado la historia antigua y moderna de mi ciudad,
con tiempo fui recopilando datos y más datos, con ellos
preparé concienzudamente una serie de charlas que acompañé
con diapositivas y me ofrecí para dar pequeñas
conferencias en centros de la Tercera Edad. Fueron muy bien
aceptadas y me dio mucho placer observar que la atención
de mis oyentes estaba pendiente de cada detalle que yo aportaba
a sus recuerdos y que yo podía responder a sus preguntas
siempre. Otra actividad que he tratado de desarrollar, ha
sido plasmar en escritos, vivencias, recuerdos de mis viajes,
anécdotas, aventuras y a medida que he ido rememorando,
me ha servido de acicate para ir mejorando e incluso escribir
temas de fantasía y misterio. Mi recomendación
final es...
¡Que nunca es tarde para empezar!... ¡Tenemos
tiempo para hacer lo que queramos! ¿No?... ¡Nuestro
futuro debe comenzar ahora!. Hay que hacerse el ánimo
y tomar decisiones. Pues... ¡Adelante!...
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