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Cancionófilo XV
Las charlas continuaban teniendo el éxito esperado,
la satisfacción de todos los implicados estaba justificada,
pero el que más satisfecho estaba era el profesor Nonada,
y no era para menos. Las llamadas a la emisora Nuevas Ondas
colapsaban la centralita, todos deseaban asistir para ver
en directo el desarrollo de los programas, deseaban ver en
acción al profesor y al mismo tiempo hacerle preguntas
sobre las canciones, los cantantes y su historia. En la dirección
de la emisora se frotaban las manos, ya que estaban en la
cresta de la ola, eran los primeros en el ranking de audición
desde hacía semanas y seguían ascendiendo con
rapidez, sin ningún temor a ser desbancados. Llamaron
a Nonada a dirección, deseaban felicitarle personalmente.
Cuando el profesor recibió la llamada para que acudiera
a la emisora, le inquietó, pero luego más tranquilo,
supo que no tenía nada que temer, esto estaba justificado
por la cantidad de cartas que habían llegado dirigidas
a él personalmente, felicitándolo y rogándole
que las emisiones fueran más prolongadas y con más
historia. Así que tranquilizado, se dirigió
a la emisora, ya le estaban aguardando y cuando entró
en la oficina central, Murria, Jiménez y Mariela León,
se acercaron a él para abrazarle, cosa que le satisfizo
mucho. De inmediato se le disiparon los restos de temor que
podía haber tenido y correspondió a las muestras
de afecto.
-Profesor Nonada – manifestó Jiménez el
director de la emisora – todos, estamos muy satisfechos
por los resultados de sus conferencias, puede ver encima de
la mesa la cantidad de cartas y telegramas que hemos recibido
felicitándonos por nuestras emisiones. Queremos agradecerle
su colaboración y para demostrárselo le entregamos
este pequeño obsequio.
Le hizo entrega de un sobre y de una cajita. Esta contenía
un reloj de oro grabado con su nombre. Nonada no quiso abrir
el sobre, se imaginaba que era lo que contenía y quiso
dar las gracias en su nombre y en el Estrada, ya que él
fue quién le dio la oportunidad de hacer el programa.
Volvieron a felicitarse todos mutuamente, y cuando Mariela
le dio el último abrazo, le susurró al oído.
-Te espero esta noche, quiero ofrecerte un obsequio personal
¿Vendrás?.
-Claro que iré, deseo verte a solas.
Cuando acabaron todas las muestras de cortesía, se
despidieron y Nonada se dirigió al despacho de Estrada.
-Amigo Florencio, acabo de estar con tus jefes y no sabes
lo contentos que están con nosotros. Me han hecho un
obsequio, este reloj y un sobre – dijo eso riendo –
debe ser el aguinaldo. Y a ti ¿Te han regalado algo?.
-Claro que sí, un reloj igual al tuyo y un sobre, no
tan abultado como el tuyo, pero es buena señal. ¿No
te parece?.
Los dos amigos se echaron a reír satisfechos, luego
de unos instantes de alegre jolgorio, se serenaron y Estrada
le preguntó a Nonada.
-¿Qué tienes preparado para mañana?.
-Amigo, eres muy curioso. Te lo diré, tengo previstas
dos letras de canciones que verás como gustan a la
gente. A muchos les traerán recuerdos de su juventud.
-Espero que no sean tristes, y que no comience a llorar toda
la sala.
-No te preocupes, son canciones con un gran contenido emocional,
pero no para llorar.
-Entonces hasta mañana.
-Hasta mañana, amigo Estrada.
El profesor regresó muy contento a su casa, en cuanto
llegó abrió el sobre y sus ojos se abrieron
con sorpresa, la cantidad de billetes que contenía,
superaba con creces todas sus expectativas. Muy contento se
preparó una bebida y se sentó satisfecho de
sí mismo, pensando que la vida era de color de rosa.
Había valido la pena haber regresado a su tierra luego
de haber pasado largos años en tierras americanas.
Mientras iba sorbiendo pequeños sorbos del vaso, le
vinieron a la cabeza viejos recuerdos, añoranzas, querencias
y se entristeció, en su vida había habido de
todo, bueno y malo. Apartó de sí los malos recuerdos
y viajó hacia el pasado, y recordó sus primeros
tiempos en suelo americano. Pensando en eso, se rió
con una risita sarcástica. Recordaba haber visto algunas
películas americanas, esas que de vez en cuando plantean
temas que a uno ni le van ni le vienen.
Se imaginaba a quienes veían esas películas,
que al verlas tal como sucedían las escenas, en aquellas
mentes, todos envidiaban a los actores, suponían que
eran felices y que todo les iba bien, vivían en casas
lujosas, enormes, con piscina y que decir de los grandes y
lujosos coches que tenían dichos actores. En América
no había problemas, las calles estaban hechas de placas
de oro, dabas una patada en el suelo y los dólares
saltaban por los aires. Todo eran fiestas, en las reuniones
todos eran gente guapa, elegante y siempre estaban con un
vaso en la mano, era whisky con hielo. En las playas no se
veía gente mayor, todo eran jóvenes, musculosos,
deportistas, no trabajaban, pero tenían mucho dinero.
¿Y las mujeres?. ¡Qué mujeres!. Elegantes,
bien maquilladas, nunca se les corría el rimel. Cuerpos
de ensueño, eran diosas. En las películas se
podía ver a las actrices que estando en la cama, estaban
bien peinadas y maquilladas y cuando se levantaban, seguían
estando maquilladas, bien peinadas y siempre sonrientes.
¡Eso, era América para los incautos! Era el
sueño de todos, ir a esa tierra de jauja y en un plis
plas, hacerse uno rico. Pensando en ello, Nonada seguía
sonriendo, pero ahora con un dejo de tristeza. América
no era así, ni en la del norte ni en la del sur. Aquel
que llegaba con la idea de hacerse rico enseguida... Siempre
se llevaba una gran desilusión, no todo es oro lo que
reluce.
Recordaba Nonada varios casos con los que se encontró
en Venezuela. Todas esas personas que él conoció,
habían llegado con lo puesto, pero al oírlas
hablar, parecía como que en su tierra, tenían
castillos, sirvientes y que les sobraba el dinero. Nonada
se preguntaba al escucharlas “¿Entonces para
qué han venido aquí? ¡Si en España
son tan ricos!”... No lo entendía y por eso,
los naturales de aquellas tierras, al oír hablar de
esa manera a quienes les estaban ofreciendo trabajo, una vida
digna, y un futuro, les llenaba de odio al escuchar tantas
necedades y los despreciaban. A Jacinto se le había
acabado la bebida, que no había sido una, sino cuatro
o cinco y estaba un poco piripi. Sin darse cuenta, tan cómodo
estaba en el sofá, que se durmió musitando entre
dientes que el mundo era un desastre. Y casi de noche despertó
y recordó que tenía una cita con Mariela y corre
que te pillo, se arregló y fue a buscar a su amor.
No hizo tarde, llegó a la hora convenida y Mariela
lo esperaba con impaciencia.
-¡Vaya, ya estas aquí! Estabas tardando mucho
y me preocupaba. Vamos, pasa que la cena ya está a
punto.
Se dieron un beso y pasaron al comedor cogidos del brazo haciéndose
carantoñas. En previsión de la llegada de Jacinto,
ella había dado permiso al servicio, así que
estaban solos en casa y toda la noche por delante. La mesa
estaba servida y la cantidad de manjares no era para una pareja,
era para muchos más. Una vez se hubieron servido de
todo un poco, ahítos de comida y bebida, pasaron al
coquetón saloncito, allí se estaba muy cómodo
y entonces Mariela sirvió unas copas y brindaron por
el éxito de sucesivos programas de radio. Una copa
siguió a otra y a otra, y una vez se pusieron a tono
los dos, comenzó de nuevo una noche loca y gozaron
de su amor repetidas veces. Ya de madrugada, luego de haber
estado enamorándose, se durmieron placidamente y muy
temprano por la mañana Jacinto se retiró dejando
dormida a Mariela.
Fue a su casa donde procedió a poner en orden sus
papeles, preparó la charla que iba a tener lugar por
la tarde. Ocupó casi toda la mañana en ese menester,
luego de haber comido un almuerzo frugal, descansó
un poco y se fue a la emisora. Estuvo con Estrada, planificando
algunos detalles que debían corregir y en cuanto se
hizo la hora, ambos se dirigieron al plató, donde un
gran gentío les aguardaba. En cuanto las luces iluminaron
la sala, él público sabía que tardarían
poco en aparecer Estrada y el profesor, en cuanto la puerta
lateral se abrió, las luces se atenuaron, y una salva
de aplausos los recibió con entusiasmo. Una vez calmado
este, los amigos se instalaron en sus lugares respectivos
y dio comienzo el programa.
-Amigos, vamos a dar comienzo a la charla que nos va a ofrecer
el profesor Nonada. Esperamos que les agrade lo que a continuación
van a escuchar.
Aplausos atenuados por las voces que intentaban que todo quedara
en silencio. Cuando este se hizo, tomó la palabra el
profesor.
-Queridos amigos. El otro día les referí algunos
detalles sobre mi estada en América, en Venezuela en
concreto. Aquella es una tierra a la que debo mucho y recuerdo
con cariño. Rebuscando entre mis papeles, he encontrado
la letra de una canción muy bonita y que tuvo mucho
éxito en la voz de Nino Bravo, se trata de “América”.
La letra dice así “Dónde brilla el tibio
sol con un nuevo fulgor dorando las arenas, donde el aire
es limpio aún bajo la suave luz de las estrellas”
Pueden creerme que es cierto lo que dice la letra, allí
brilla el sol de diferente manera que aquí, el aire
es tibio, aquello incita al amor, a la belleza, uno cuando
vive allí, está cautivado por todo lo que le
rodea, todo es maravilloso.
-¿No exagera un poco profesor? – chilló
una voz al fondo de la sala.
-Pues no, no exagero, se dice que Venezuela es otro mundo,
y puede tener la certeza que así es. Excepto el idioma
con sus variantes, todo, todo es diferente, hay que haber
vivido allí para saber que es cierto lo que afirmo.
Bueno continuo, “Donde el fuego se hace amor, el río
es hablador y el monte selva. Hoy encontré un lugar
para los dos en esta nueva tierra” Esa era la ilusión
de aquellos emigrantes que llegaban a aquel país, reclamar
a su mujer y familia, y formar un nuevo hogar, con grandes
ilusiones puestas en el futuro. Y sigue diciendo la letra
“ América, América, todo un inmenso jardín
es América, cuando Dios hizo el Edén pensó
en América”. Y creo que tuvo buenas razones para
hacer el Edén allí. Puedo asegurarles que es
un lugar maravilloso.
-¿Entonces por qué regresó a España?
Preguntó una señora.
-Bueno, para mí es muy difícil dar una contestación
clara. La vida da muchas vueltas, uno forma un nuevo hogar
con su media naranja, viven felices, pero un aciago día,
muy aciago, me fue arrebatado el gran amor de mi vida. Mi
mundo desapareció cuando ella se fue...
Nonada no pudo continuar, un sollozo quebró su voz,
no tardó nada en reaccionar y se escuchó la
voz de la misma señora.
-Lo siento, no sabía, perdone mi pregunta tan... ¡Perdone!.
-No se preocupe, ya pasó, ahora tengo nuevas ilusiones
y he rehecho mi vida. Siento añoranza pero... Sé
que nunca volveré, hay demasiados recuerdos dolorosos
para mí, y si regresara volverían de nuevo mis
fantasmas. Bueno vamos a continuar. Sigue diciendo la letra
así. “Cada nuevo amanecer el cielo empieza a
arder y escucha el viento, que me trae con su canción
una queja de amor como un lamento” ¿Bonito verdad?
Esta letra tiene poesía, me gusta mucho. Sigamos. “El
perfume de una flor, el ritmo de un tambor en las praderas,
danzas de guerra y paz de un pueblo que aún no ha roto
sus cadenas” y finaliza repitiendo el estribillo, aquel.
“ América, América, todo un inmenso jardín
es América”.
Cuando finalizó la última estrofa, se encendieron
las luces de la sala y una atronadora salva de aplausos, que
duró varios minutos, hizo que el público se
pusiera en pie para agradecer aquella linda manera de analizar
la letra de aquella canción. El profesor se puso en
pie para agradecer aquella muestra de entusiasmo, saludó
con las manos y se pudo ver que por sus mejillas las lágrimas
fluían interminables. Aquello hizo que los aplausos
sonaran mucho más fuertes, emocionando aún más
si cabe, no solo a profesor, sino también a Estrada
que puesto en pie aplaudía al profesor con gran entusiasmo.
El silencio se hizo en la sala, nadie se había movido
de sus asientos esperando que continuara Nonada con la interpretación
de alguna otra letra. Unos instantes después Estrada
tomó el micrófono y anunció.
-Amigos esto no se ha acabado. El profesor va a seguir con
una nueva letra los minutos siguientes. ¡Profesor!.
Éste se instaló en su sitio, cogió el
micro, y en ese momento las luces se atenuaron, quedando sólo
el foco iluminándolo.
-Amigos, tienen que perdonarme, me he emocionado mucho. Bueno,
ahora quiero analizar para ustedes la letra de otra canción,
se titula “Mi Tierra”, también fue un éxito
de Nino Bravo. Y dice así. “ Mi tierra, tiene
palmeras, como la tierra caliente, mi tierra tiene montañas,
mitad fuego, mitad nieve” O sea que su tierra tenía
todo eso ¡Qué maravilla! ¿Verdad?. ¿A
qué tierra se refería?. Sigue diciendo. “Mi
tierra tiene su sol, el mismo sol que tu tierra, mi tierra
tiene su voz, que ruge si se la encierra”. ¿Está
hablando de una tierra o de una fiera?. Dice que tiene sol
y voz, qué raro ¿Verdad?. Y ahora pregunta.
“Dime de que tierra vengo, dímelo tú,
buen amigo, tierra de la que no tengo más que polvo
del camino” O sea, que el hombre no sabe de donde viene
y al tener sus dudas le pregunta a su amigo.
Unas risas resonaron en la sala y una voz preguntó.
-Pero ¿De dónde era ese señor? ¿Se
había perdido?.
-No, hombre, no, ahora nos lo explica. Dice así. “
Mi tierra tiene una flor, como cualquier tierra tiene, la
flor de la libertad que no se pudre ni muere” y repite
“Mi tierra, mi tierra”.
-¿De dónde es ese caballero? – preguntó
otra voz.
-Yo creo que ahora nos lo aclara, sigue su cantinela “
Dime de qué tierra vengo, dímelo tú buen
amigo” Aún no lo sabe, ya que lo vuelve a preguntar
“Dime de que tierra vengo” Se lo ha vuelto a preguntar
a su amigo. “Dímelo tú, buen amigo”
¿Qué hacemos? ¿Se lo decimos?. Ya que
dice ahora “ Si sientes lo que yo siento ¡Ven
y canta conmigo!. Total que nunca lo sabremos. Lo siento,
yo tampoco lo sé.
Las luces volvieron a encenderse, dando a entender que la
actuación del profesor había acabado. El público
aún aplaudió un rato y fueron saliendo de la
sala. Cuando quedaron solos el profesor y Estrada, allí
mismo se despidieron y como siempre, Nonada fue felicitado
por el locutor y por los técnicos que habían
estado colaborando. No tardó nada en salir de la emisora
y paseando se dirigió a su casa. Aun estaba emocionado
por sus comentarios y por los recuerdos que le habían
traído. Estaba cansado, deseaba llegar a su hogar para
reposar y descansar de todo el ajetreo que había tenido.
La noche en casa de Mariela le había agotado, luego
había estado en su casa relajado, revisando papeles
y preparando sus conferencias. Estaba cansado de verdad, lo
que hizo fue desconectar el teléfono, ducharse y tomando
un vaso de leche, se acostó, no tardando nada en reposar
en los brazos de Morfeo, mientras su mente viajaba por el
mundo de los sueños.
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