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Miguel León Burgos



Cancionófilo XV

 

Las charlas continuaban teniendo el éxito esperado, la satisfacción de todos los implicados estaba justificada, pero el que más satisfecho estaba era el profesor Nonada, y no era para menos. Las llamadas a la emisora Nuevas Ondas colapsaban la centralita, todos deseaban asistir para ver en directo el desarrollo de los programas, deseaban ver en acción al profesor y al mismo tiempo hacerle preguntas sobre las canciones, los cantantes y su historia. En la dirección de la emisora se frotaban las manos, ya que estaban en la cresta de la ola, eran los primeros en el ranking de audición desde hacía semanas y seguían ascendiendo con rapidez, sin ningún temor a ser desbancados. Llamaron a Nonada a dirección, deseaban felicitarle personalmente.

Cuando el profesor recibió la llamada para que acudiera a la emisora, le inquietó, pero luego más tranquilo, supo que no tenía nada que temer, esto estaba justificado por la cantidad de cartas que habían llegado dirigidas a él personalmente, felicitándolo y rogándole que las emisiones fueran más prolongadas y con más historia. Así que tranquilizado, se dirigió a la emisora, ya le estaban aguardando y cuando entró en la oficina central, Murria, Jiménez y Mariela León, se acercaron a él para abrazarle, cosa que le satisfizo mucho. De inmediato se le disiparon los restos de temor que podía haber tenido y correspondió a las muestras de afecto.
-Profesor Nonada – manifestó Jiménez el director de la emisora – todos, estamos muy satisfechos por los resultados de sus conferencias, puede ver encima de la mesa la cantidad de cartas y telegramas que hemos recibido felicitándonos por nuestras emisiones. Queremos agradecerle su colaboración y para demostrárselo le entregamos este pequeño obsequio.

Le hizo entrega de un sobre y de una cajita. Esta contenía un reloj de oro grabado con su nombre. Nonada no quiso abrir el sobre, se imaginaba que era lo que contenía y quiso dar las gracias en su nombre y en el Estrada, ya que él fue quién le dio la oportunidad de hacer el programa. Volvieron a felicitarse todos mutuamente, y cuando Mariela le dio el último abrazo, le susurró al oído.
-Te espero esta noche, quiero ofrecerte un obsequio personal ¿Vendrás?.
-Claro que iré, deseo verte a solas.
Cuando acabaron todas las muestras de cortesía, se despidieron y Nonada se dirigió al despacho de Estrada.
-Amigo Florencio, acabo de estar con tus jefes y no sabes lo contentos que están con nosotros. Me han hecho un obsequio, este reloj y un sobre – dijo eso riendo – debe ser el aguinaldo. Y a ti ¿Te han regalado algo?.
-Claro que sí, un reloj igual al tuyo y un sobre, no tan abultado como el tuyo, pero es buena señal. ¿No te parece?.
Los dos amigos se echaron a reír satisfechos, luego de unos instantes de alegre jolgorio, se serenaron y Estrada le preguntó a Nonada.
-¿Qué tienes preparado para mañana?.
-Amigo, eres muy curioso. Te lo diré, tengo previstas dos letras de canciones que verás como gustan a la gente. A muchos les traerán recuerdos de su juventud.
-Espero que no sean tristes, y que no comience a llorar toda la sala.
-No te preocupes, son canciones con un gran contenido emocional, pero no para llorar.
-Entonces hasta mañana.
-Hasta mañana, amigo Estrada.
El profesor regresó muy contento a su casa, en cuanto llegó abrió el sobre y sus ojos se abrieron con sorpresa, la cantidad de billetes que contenía, superaba con creces todas sus expectativas. Muy contento se preparó una bebida y se sentó satisfecho de sí mismo, pensando que la vida era de color de rosa. Había valido la pena haber regresado a su tierra luego de haber pasado largos años en tierras americanas. Mientras iba sorbiendo pequeños sorbos del vaso, le vinieron a la cabeza viejos recuerdos, añoranzas, querencias y se entristeció, en su vida había habido de todo, bueno y malo. Apartó de sí los malos recuerdos y viajó hacia el pasado, y recordó sus primeros tiempos en suelo americano. Pensando en eso, se rió con una risita sarcástica. Recordaba haber visto algunas películas americanas, esas que de vez en cuando plantean temas que a uno ni le van ni le vienen.

Se imaginaba a quienes veían esas películas, que al verlas tal como sucedían las escenas, en aquellas mentes, todos envidiaban a los actores, suponían que eran felices y que todo les iba bien, vivían en casas lujosas, enormes, con piscina y que decir de los grandes y lujosos coches que tenían dichos actores. En América no había problemas, las calles estaban hechas de placas de oro, dabas una patada en el suelo y los dólares saltaban por los aires. Todo eran fiestas, en las reuniones todos eran gente guapa, elegante y siempre estaban con un vaso en la mano, era whisky con hielo. En las playas no se veía gente mayor, todo eran jóvenes, musculosos, deportistas, no trabajaban, pero tenían mucho dinero. ¿Y las mujeres?. ¡Qué mujeres!. Elegantes, bien maquilladas, nunca se les corría el rimel. Cuerpos de ensueño, eran diosas. En las películas se podía ver a las actrices que estando en la cama, estaban bien peinadas y maquilladas y cuando se levantaban, seguían estando maquilladas, bien peinadas y siempre sonrientes.

¡Eso, era América para los incautos! Era el sueño de todos, ir a esa tierra de jauja y en un plis plas, hacerse uno rico. Pensando en ello, Nonada seguía sonriendo, pero ahora con un dejo de tristeza. América no era así, ni en la del norte ni en la del sur. Aquel que llegaba con la idea de hacerse rico enseguida... Siempre se llevaba una gran desilusión, no todo es oro lo que reluce.
Recordaba Nonada varios casos con los que se encontró en Venezuela. Todas esas personas que él conoció, habían llegado con lo puesto, pero al oírlas hablar, parecía como que en su tierra, tenían castillos, sirvientes y que les sobraba el dinero. Nonada se preguntaba al escucharlas “¿Entonces para qué han venido aquí? ¡Si en España son tan ricos!”... No lo entendía y por eso, los naturales de aquellas tierras, al oír hablar de esa manera a quienes les estaban ofreciendo trabajo, una vida digna, y un futuro, les llenaba de odio al escuchar tantas necedades y los despreciaban. A Jacinto se le había acabado la bebida, que no había sido una, sino cuatro o cinco y estaba un poco piripi. Sin darse cuenta, tan cómodo estaba en el sofá, que se durmió musitando entre dientes que el mundo era un desastre. Y casi de noche despertó y recordó que tenía una cita con Mariela y corre que te pillo, se arregló y fue a buscar a su amor.

No hizo tarde, llegó a la hora convenida y Mariela lo esperaba con impaciencia.
-¡Vaya, ya estas aquí! Estabas tardando mucho y me preocupaba. Vamos, pasa que la cena ya está a punto.
Se dieron un beso y pasaron al comedor cogidos del brazo haciéndose carantoñas. En previsión de la llegada de Jacinto, ella había dado permiso al servicio, así que estaban solos en casa y toda la noche por delante. La mesa estaba servida y la cantidad de manjares no era para una pareja, era para muchos más. Una vez se hubieron servido de todo un poco, ahítos de comida y bebida, pasaron al coquetón saloncito, allí se estaba muy cómodo y entonces Mariela sirvió unas copas y brindaron por el éxito de sucesivos programas de radio. Una copa siguió a otra y a otra, y una vez se pusieron a tono los dos, comenzó de nuevo una noche loca y gozaron de su amor repetidas veces. Ya de madrugada, luego de haber estado enamorándose, se durmieron placidamente y muy temprano por la mañana Jacinto se retiró dejando dormida a Mariela.

Fue a su casa donde procedió a poner en orden sus papeles, preparó la charla que iba a tener lugar por la tarde. Ocupó casi toda la mañana en ese menester, luego de haber comido un almuerzo frugal, descansó un poco y se fue a la emisora. Estuvo con Estrada, planificando algunos detalles que debían corregir y en cuanto se hizo la hora, ambos se dirigieron al plató, donde un gran gentío les aguardaba. En cuanto las luces iluminaron la sala, él público sabía que tardarían poco en aparecer Estrada y el profesor, en cuanto la puerta lateral se abrió, las luces se atenuaron, y una salva de aplausos los recibió con entusiasmo. Una vez calmado este, los amigos se instalaron en sus lugares respectivos y dio comienzo el programa.
-Amigos, vamos a dar comienzo a la charla que nos va a ofrecer el profesor Nonada. Esperamos que les agrade lo que a continuación van a escuchar.
Aplausos atenuados por las voces que intentaban que todo quedara en silencio. Cuando este se hizo, tomó la palabra el profesor.
-Queridos amigos. El otro día les referí algunos detalles sobre mi estada en América, en Venezuela en concreto. Aquella es una tierra a la que debo mucho y recuerdo con cariño. Rebuscando entre mis papeles, he encontrado la letra de una canción muy bonita y que tuvo mucho éxito en la voz de Nino Bravo, se trata de “América”. La letra dice así “Dónde brilla el tibio sol con un nuevo fulgor dorando las arenas, donde el aire es limpio aún bajo la suave luz de las estrellas” Pueden creerme que es cierto lo que dice la letra, allí brilla el sol de diferente manera que aquí, el aire es tibio, aquello incita al amor, a la belleza, uno cuando vive allí, está cautivado por todo lo que le rodea, todo es maravilloso.
-¿No exagera un poco profesor? – chilló una voz al fondo de la sala.
-Pues no, no exagero, se dice que Venezuela es otro mundo, y puede tener la certeza que así es. Excepto el idioma con sus variantes, todo, todo es diferente, hay que haber vivido allí para saber que es cierto lo que afirmo. Bueno continuo, “Donde el fuego se hace amor, el río es hablador y el monte selva. Hoy encontré un lugar para los dos en esta nueva tierra” Esa era la ilusión de aquellos emigrantes que llegaban a aquel país, reclamar a su mujer y familia, y formar un nuevo hogar, con grandes ilusiones puestas en el futuro. Y sigue diciendo la letra “ América, América, todo un inmenso jardín es América, cuando Dios hizo el Edén pensó en América”. Y creo que tuvo buenas razones para hacer el Edén allí. Puedo asegurarles que es un lugar maravilloso.
-¿Entonces por qué regresó a España? Preguntó una señora.
-Bueno, para mí es muy difícil dar una contestación clara. La vida da muchas vueltas, uno forma un nuevo hogar con su media naranja, viven felices, pero un aciago día, muy aciago, me fue arrebatado el gran amor de mi vida. Mi mundo desapareció cuando ella se fue...
Nonada no pudo continuar, un sollozo quebró su voz, no tardó nada en reaccionar y se escuchó la voz de la misma señora.
-Lo siento, no sabía, perdone mi pregunta tan... ¡Perdone!.
-No se preocupe, ya pasó, ahora tengo nuevas ilusiones y he rehecho mi vida. Siento añoranza pero... Sé que nunca volveré, hay demasiados recuerdos dolorosos para mí, y si regresara volverían de nuevo mis fantasmas. Bueno vamos a continuar. Sigue diciendo la letra así. “Cada nuevo amanecer el cielo empieza a arder y escucha el viento, que me trae con su canción una queja de amor como un lamento” ¿Bonito verdad? Esta letra tiene poesía, me gusta mucho. Sigamos. “El perfume de una flor, el ritmo de un tambor en las praderas, danzas de guerra y paz de un pueblo que aún no ha roto sus cadenas” y finaliza repitiendo el estribillo, aquel. “ América, América, todo un inmenso jardín es América”.

Cuando finalizó la última estrofa, se encendieron las luces de la sala y una atronadora salva de aplausos, que duró varios minutos, hizo que el público se pusiera en pie para agradecer aquella linda manera de analizar la letra de aquella canción. El profesor se puso en pie para agradecer aquella muestra de entusiasmo, saludó con las manos y se pudo ver que por sus mejillas las lágrimas fluían interminables. Aquello hizo que los aplausos sonaran mucho más fuertes, emocionando aún más si cabe, no solo a profesor, sino también a Estrada que puesto en pie aplaudía al profesor con gran entusiasmo. El silencio se hizo en la sala, nadie se había movido de sus asientos esperando que continuara Nonada con la interpretación de alguna otra letra. Unos instantes después Estrada tomó el micrófono y anunció.
-Amigos esto no se ha acabado. El profesor va a seguir con una nueva letra los minutos siguientes. ¡Profesor!.
Éste se instaló en su sitio, cogió el micro, y en ese momento las luces se atenuaron, quedando sólo el foco iluminándolo.
-Amigos, tienen que perdonarme, me he emocionado mucho. Bueno, ahora quiero analizar para ustedes la letra de otra canción, se titula “Mi Tierra”, también fue un éxito de Nino Bravo. Y dice así. “ Mi tierra, tiene palmeras, como la tierra caliente, mi tierra tiene montañas, mitad fuego, mitad nieve” O sea que su tierra tenía todo eso ¡Qué maravilla! ¿Verdad?. ¿A qué tierra se refería?. Sigue diciendo. “Mi tierra tiene su sol, el mismo sol que tu tierra, mi tierra tiene su voz, que ruge si se la encierra”. ¿Está hablando de una tierra o de una fiera?. Dice que tiene sol y voz, qué raro ¿Verdad?. Y ahora pregunta. “Dime de que tierra vengo, dímelo tú, buen amigo, tierra de la que no tengo más que polvo del camino” O sea, que el hombre no sabe de donde viene y al tener sus dudas le pregunta a su amigo.
Unas risas resonaron en la sala y una voz preguntó.
-Pero ¿De dónde era ese señor? ¿Se había perdido?.
-No, hombre, no, ahora nos lo explica. Dice así. “ Mi tierra tiene una flor, como cualquier tierra tiene, la flor de la libertad que no se pudre ni muere” y repite “Mi tierra, mi tierra”.
-¿De dónde es ese caballero? – preguntó otra voz.
-Yo creo que ahora nos lo aclara, sigue su cantinela “ Dime de qué tierra vengo, dímelo tú buen amigo” Aún no lo sabe, ya que lo vuelve a preguntar “Dime de que tierra vengo” Se lo ha vuelto a preguntar a su amigo. “Dímelo tú, buen amigo” ¿Qué hacemos? ¿Se lo decimos?. Ya que dice ahora “ Si sientes lo que yo siento ¡Ven y canta conmigo!. Total que nunca lo sabremos. Lo siento, yo tampoco lo sé.

Las luces volvieron a encenderse, dando a entender que la actuación del profesor había acabado. El público aún aplaudió un rato y fueron saliendo de la sala. Cuando quedaron solos el profesor y Estrada, allí mismo se despidieron y como siempre, Nonada fue felicitado por el locutor y por los técnicos que habían estado colaborando. No tardó nada en salir de la emisora y paseando se dirigió a su casa. Aun estaba emocionado por sus comentarios y por los recuerdos que le habían traído. Estaba cansado, deseaba llegar a su hogar para reposar y descansar de todo el ajetreo que había tenido. La noche en casa de Mariela le había agotado, luego había estado en su casa relajado, revisando papeles y preparando sus conferencias. Estaba cansado de verdad, lo que hizo fue desconectar el teléfono, ducharse y tomando un vaso de leche, se acostó, no tardando nada en reposar en los brazos de Morfeo, mientras su mente viajaba por el mundo de los sueños.

 

 



 

 



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