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Roy Claure



El Khósmiko Insektho. Acto uno, segunda parte.

El Planeta Anaranjado

La Gran Colmena flota alrededor del Planeta Anaranjado, hecho con pilares de mármoles auto refulgentes, sus cimientos en forma de raíces entran a las entrañas del Continente - aéreo. Este satélite traído de muy lejos, es metalizado y tiene inmensas formas de burbujeantes porosidades. Son habitaciones cóncavas una detrás de otras, titánicas y marcianas. Ahora se ha convertido en la base de la Gran Colmena y en ella se desarrolla la nueva residencia de los Khósmikos Insekthos.

Suben y bajan de la plataforma al mundo estos seres que han llegado de otro universo, con la tranquilidad de aquellos que saben disfrutar de la vida intensamente en un ambiente contagioso de suave rutina, donde el gozo está en sus ritmos melodiosos.

El Planeta Anaranjado es un mundo de flores gigantes, como tapices que forman continentes. Desde las alturas muestran sus geométricas figuras, líneas que tratan de engañar a la vista, ya que al estar mezcladas estratégicamente parecen formar inmensos cuerpos independientes que al mismo tiempo son parte de otras partes y ahí está el problema, que su definición en el cerebro depende exclusivamente de como quiera mirar la mente, pues son dibujos fijos en movimientos imposibles.

Los bosques del planeta se enorgullecen de alimentar a sus nuevos habitantes, sus fibras se llenan de adrenalina al verlos bajar del cielo y volar entre ellos, pues su presencia les ha traído inevitablemente nuevas formas de vida y ahora lo comparten todo con ellos como si allí siempre hubieran estado.

En este Planeta Anaranjado no existen océanos, pero hay inmensas cantidades de aguas que constantemente se están renovando por dentro. Son néctares suavemente destilados, aguas ligeramente aromatizadas y poseen un metabolismo de purificación propia. En realidad son inmensos océanos sabrosos en constante movimiento, que al hacerlo por senderos tan pequeños es difícil imaginar su grandeza y forman ríos y lagos esporádicamente.

El planeta está lleno de inagotables fuentes alimenticias que no cesan de renovarse. Unas producen melaza plateada con celestes uvas, otras finas cremas con trocitos de hierbas en esos pozos de frescos gazpachos que tanto gustan a los Khósmikos Insekthos.

Dentro del planeta hay luz constante en sus profundas cuevas a causa de la suave energía luminosa que salen de sus cristalizadas piedras.

Este Planeta Anaranjado tiene veintidós grandes cordilleras montañosas, formadas por mega piritas y mega piedras de verdes quesos duros romboides. Posee ocho mil volcanes olímpicos en la superficie, de los cuales la mitad expulsa agua suspendida en formas cristalizadas nunca iguales, que van por zonas de regadío dentro y fuera del planeta. Es un mundo donde para algunos elementos la gravedad es menos real que para otros. Junto a ella sale de forma cronométrica a la superficie helio comestible, en formas tubulares y transparentes, que se acumulan alrededor de las bases de los grandes volcanes y son aprovechadas por una infinidad de seres.

La otra mitad expulsa unas volátiles lavas, que no queman nada, aunque tienen una temperatura alta. Suben hasta llegar a los 350 kilómetros de altura, de donde caen en picado, como finas flechas de hielo que en los últimos cien kilómetros se transforman en agua pulverizada, estas son las lluvias frescas que caen del cielo todas las mañanas y todas las tardes, son las que limpian y alimentan a este mundo de gigantes flores.

Dentro del planeta hay incontables subterráneos de tamaños medianos en su gran mayoría, los cuales están dominados generalmente por paisajes llenos de mini volcanes que erupcionan unas burbujas alimenticias que entran y salen de ellas. Sus bosques en el techo no son más que las raíces de las plantas externas que eligen también respirar por dentro, absorben con placer estos buenos alimentos cuando las atrapan y éstas dan su alegre sensación al ser absorbidas.

Posee también pantanos de espumas y suelos hechos de cocos de miniatura, que son como la gravilla, éstas contienen agua de rosas bio-refulgentes en sus interiores y no llevan cáscara alguna. Sus montañas están ramificadas por incontables venas minerales de alto relieve, que son las más grandes dulzuras que pueda parir tierra alguna.. pues son esencias concentradas que están escondidas.

Los árboles en la superficie del Planeta Anaranjado a diferencia de la variedad de colores que poseen las flores, están hechas sólo con las tonalidades del ultravioleta, son inmensos y llegan a medir hasta treinta y cinco kilómetros de altura, nadie los tala y no dejan de moverse aunque no haya viento. Sus ramas parecen saludar durante el día y sus hojas parecen cantar a las estrellas durante las noches.

Las flores que comen los Khósmikos Insekthos bajo el ardiente sol, nacen en el inmenso laberinto de las cavernas naturales... y las que comen bajo las estrellas, están en las praderas, aunque sus preferidas son las de los valles que por sus microclimas hacen que flores de una misma especie tengan allí especialidades más caprichosas en sus formas y sabores.

A estos bosques llegan las mariposas mágicas que aparecen y desaparecen en determinados bosques violetas y determinados mundos, son las únicas que tienen un sistema de transporte aún indescifrable.

Una lluvia de finísimas agujas que no hacen daño suben oblicuas atravesando los cuerpos, sanando heridas, costurando cosas abiertas. Esta es la mágica acupuntura natural que cae del cielo y que en masa sube y baja cada cuatro días... y que dio un célebre susto a los primeros Khósmikos Insekthos que aún no lo entendían.

... Y en el Satélite - colonia, vientos de extrañas nieves migratorias de color rojizo se zambullen por los costados del gran edificio. Este continente aéreo posee dos Mares - aéreos, uno plomizo y otro rosado... y cuando llegan a las cerradas curvas se convierten en mares - saltarines.

Son mares independientes que al encontrarse se funden sin truenos y en total silencio por un buen rato, parecen husmearse el uno al otro con total respeto, pero no es así al desprenderse, pues cuando se alejan, muestran sus propias naturalezas y diferentes cualidades físicas. Los mares aéreos en realidad no pueden disimular su grandeza, estando en constante movimiento en las inmensas habitaciones metalizadas no pueden ser como las aguas internas de algún planeta, pues su naturaleza misma estando en los cielos es exhibicionista y portentosa.

Se filtran en el burbujeante cuerpo petrificado cubriendo grandes porciones de espacio, no dejan de llenarse por un lado y de vaciarse por otro, refrescando al satélite ardiente y a sus hermosos Seres - transparentes que viven dentro.

Cavernas invisibles orbitan el planeta, estas se abren y se cierran ofreciendo Ghee aromatizado. Aparecen y desaparecen en grandes cantidades, son esporádicas y de múltiples tamaños, las hay para una hormiga - anaranjada y en las más grandes los Khósmikos Insekthos son como abejas en un panel. Son visibles y posibles por largos periodos de tiempo.. raro tal vez para vosotros.. pero es tan común todo esto aquí en estos cielos.

Mientras son visibles, los sonidos de rítmicos tambores danzan por sus alrededores, estos son inaudibles para los que duermen y ruidosos para los que con sus sentimientos los expanden. A simple oído, siguen suavemente el ritmo de la vida... la música del tambor anda libre por el éter y sólo puede ser sintonizada por el corazón cerca de las cavernas aéreas y silenciada con la mente.

En el Continente - aéreo también hay flores aéreas que carecen de raíces y se alimentan directamente de la luz de las titilantes estrellas, por suerte no son comestibles, ya que no se reproducen con tanta facilidad. Se dedican a echar al satélite su peculiar agua de colonia vaporizada sacada directamente del éter, es por eso la sensación de constante niebla que a ratos se hace intensa en las sombras del Continente - aéreo y que desaparecen en el mismo instante de ser tocadas por la mínima fuerza de los rayos solares.

En la Gran Colmena duermen los Khósmikos Insekthos que son de un kilómetro de largo y hasta treinta metros en general en su cuerpo más ancho y a pesar de ello no “pesan” tanto. Duermen en hamacas especiales y sus siluetas parecen estar colgadas de una estrella a otra. Cuando están quietos parecen capullos que hibernan plateados... y cuando sale el alba, un festín de múltiples colores emprende su vuelo alegre. Son junto con sus alas y sus palpitantes corazones, la mirada positiva que les acompaña en sus días a estos singulares seres.



 

 



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