|
La venganza
Caminaba sin mirar atrás, mientras el agua azotaba
con violencia su cara empujada por el viento huracanado, poco
a poco el camino entre la maleza se fue haciendo mas angosto,
al tiempo que la noche se hizo dueña del entorno. Estaba
lejos, ya no hacia falta correr, en la mano llevaba la bolsa
con el parco botín obtenido tras el asalto. Bueno la
cosa se había complicado un poco, no era la primera
vez que había matado no, pero nunca antes el robo se
había convertido una orgía de sangre como esta
vez. ¿Podría haber evitado alguna muerte?, tal
vez sí, ¡que mas da!, primero fueron los gritos
lastimeros de los niños, no aguantaba a esos mocosos
gritando, había que callarlos como a la madre, y luego
apareció el padre con esa mirada de odio, le clavó
el cuchillo una y otra vez, pero esos ojos seguían
abiertos, desafiantes, ya muerto, desde el suelo lo seguía
mirando retador, hasta que cogió el hacha de la chimenea
y con saña destrozó su cabeza para que no siguiera
mirándolo.
Un relámpago lo sacó de sus pensamientos, la
luz le dibujo por un instante la estrecha vereda que continuaba
frente a él, estaba calado hasta los huesos y seguía
lloviendo, necesitaba guarecerse y descansar, descansar y
quitarse de la cabeza la imagen de esos ojos, estaba intranquilo,
era absurdo, todos estaban bien muertos, pero era como si
la venganza estuviera escrita en esa mirada.
Un nuevo relámpago le enseñó el final
de la vereda, era un claro con lo que parecía ser un
granero, aligeró el paso con la intención de
refugiarse, cuando de repente, antes de salir de la espesura,
la figura apareció ante él. Un ser deforme flotaba
en el aire amenazante y le impedía salir de la vereda,
intento esquivarlo pero la figura se movía desafiante
cerrándole el camino; el miedo se apoderó de
su cuerpo, un olor fétido y nauseabundo lo impregnaba
todo y un nuevo relámpago le descubrió la figura
de..., si era él, le miraba desafiante mientras flotaba
en el aire. Dio un grito de terror, intentó pasar por
debajo y esquivarlo, pero fue inútil, el ser le golpeó,
resbaló y fue a caer en una acequia, de espaldas tumbado
en el suelo no llegó a sentir el pico que le había
atravesado el pecho, solo tuvo tiempo para verlo a él,
flotando en el aire y mirándole desafiante.
Frente a la chimenea los Mc Gill terminaban de cenar, afuera
llovía torrencialmente. -¡Hey apá!, ¿sabes
lo que encontré esta tarde en el granero?, ¿te
acuerdas del muñecote espantapájaros que me
hiciste?, estaba caído tras las balas de paja, ¡no
veas como estaba!, alguna gata lo utilizo de nido y se le
murió una cría, ¡olía a rayos!,
lo saqué afuera y lo colgué del árbol
al comienzo del camino para que se ventilase. -¡En eso
pierdes el tiempo Johnny!, te dije que limpiaras la acequia.
-¡Y lo hice apá!, bueno no terminé porque
comenzó la tormenta y tuve que salir corriendo, ni
siquiera recogí la herramienta. -¡Johnny!, te
tengo dicho que no te dejes la herramienta tirada, un día
vamos a tener un accidente.
El miedo, es la materialización de nuestros temores
|