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Dos amigos
Luis y Juan eran albañiles, dos modestos peones
que se ganaban la vida trabajando en pequeñas obras;
Luis no sabia mucho sobre Juan, y Juan tampoco sabia mucho
sobre Luis, los dos eran compañeros de trabajo por
que el azar había querido que coincidieran sus vidas.
No eran amigos, no, eran compañeros, los amigos se
eligen, los compañeros los da la vida y unas veces
te tocan malos y otras buenos, en este caso la relación
no era ni buena ni mala, cada uno hacia su trabajo lo mejor
que sabia y así transcurrían sus vidas.
Luis estaba casado y tenia una niña pequeña,
Juan sin embargo estaba soltero y vivía en una pensión
con Pepe, su amigo del alma, aquel que un día abandonó
junto a él el pueblo donde vivían y le acompaño
a la aventura de Madrid.
Aquella tarde de Mayo, Luis y Juan estaban trabajando en la
obra de un chalet de una urbanización en las afueras
de Madrid, era una tarde espléndida, de las que huelen
a Primavera. Habían terminado la tabiquería
interior del primer piso de la casa y tenían que bajar
los ladrillos que habían sobrado, los dos se pusieron
de acuerdo y al igual que habían hecho otras veces
decidieron que lo mejor seria que uno se pusiera debajo de
la ventana, y el otro desde la misma le iría tirando
los ladrillos al de abajo, la altura no era muy grande y los
ladrillos se podían coger con facilidad al vuelo para
irlos apilando en un montón.
Así lo hicieron, Juan se puso abajo y Luis desde la
ventana le iba tirando los ladrillos que Juan cogía
al vuelo y depositaba en el montón. El trabajo discurría
con normalidad cuando la figura de un hombre se paró
ante la obra.
- ¡Hace buena tarde ¿no?!
Juan se volvió sorprendido y al tiempo que dejaba un
ladrillo comentó.
- ¡Coño Pepe!, ¿Qué haces tu por
aquí?.
En efecto, Pepe el amigo de Juan, se encontraba al lado del
montón de ladrillos y observaba como los dos hombres
trabajaban.
- Pues mira chico, esta tarde no tenía nada especial
que hacer y me he dicho, voy a dar una vuelta por las afueras,
la tarde invita a ello.
- Que coincidencia, pues mira aquí estamos terminando
de recoger estos ladrillos.
Mientras hablaba, Juan no dejaba de recoger los ladrillos
que desde arriba le lanzaba Luis. - Juan, que digo yo, que
te vas a hacer daño en las manos con los ladrillos.
- ¿No descuida, ya tengo cayos en las manos de tanto
hacerlo?.
- Pues yo creo que debe doler ¿no?.
Sin dejar de recoger ladrillos contestó - No duele,
no te preocupes, esto es así.
- Pues será así, pero a mí me dolería,
además en una de esas te va a dar con un ladrillo en
la cabeza y te va a hacer daño.
- Mira Pepe, siempre lo hemos hecho así, y no pasa
nada.
- Ya, no le pasa nada a él que esta arriba, pero tu
que estas abajo, ala a recibir todos los golpes.
- ¡Joder Pepe!, te estas pasando, unas veces estoy yo
abajo y otras veces , lo esta él, ¡no te preocupes!.
- No si a mí ni me va ni me viene, el que recibe los
golpes eres tu, pero me duele que a mi amigo le este tirando
ladrillos un desgraciao desde una ventana, y anda que los
tira flojos.
Juan, atónito no dejaba de coger los ladrillos que
Luis, ajeno a lo que estaba ocurriendo abajo seguía
tirando por la ventana.
- Mira Pepe, no sé lo que pretendes, estoy trabajando
como lo he hecho siempre y no entiendo a que viene tanta pega,
déjame trabajar.
- No si encima se lo toma a mal el tío, yo me preocupo
por ti y a ti lo único que se te ocurre es decir que
te deje trabajar mientras el otro te esta machacando.
- ¡Pepe, Cojones!, no me está machacando nadie,
estoy recogiendo ladrillos, ¡no pasa nada!.
- No podía esperar esto de ti Juan, ¡me vas a
negar que te están tirando ladrillos!, O es que no
lo estoy viendo con mis ojos.
- Claro que los esta tirando, para que yo los recoja, es así,
pero no los tira para darme. - Eso por que lo dices tu; hay
infinidad de maneras distintas para bajar ladrillos sin tener
que tirarlos por la ventana, y tu hay recibiendo golpes.
- Por supuesto que hay mas formas de bajar los ladrillos,
pero nosotros siempre lo hemos hecho así, no veo que
hay de malo.
- Bien veo que desprecias mi ayuda, no esperaba esto de ti,
Juan.
- ¡Pero Pepe!, a que viene esto, yo voy contigo a tomar
cañas, jugamos nuestras partidas de mus, somos amigos,
pero déjame coger los ladrillos como yo quiera o por
lo menos ayúdame a recogerlos.
- ¡Una porra!, Si hombre hay me voy a meter yo a recoger
ladrillos, es tu obra, a mi no me incumbe, yo no me meto en
tus cosas, pero te esta machacando las manos con los ladrillos
y al final te va a dar en la cabeza.
Los ladrillos seguían volando desde la ventana, mientras
Juan se volvía con la cara congestionada para contestar
a Pepe.
- ¡Me tienes hasta los cojones!, Quieres hacer el favor
de callar y dejarme tra...!
No pudo terminar la frase, un ladrillo le dio un certero golpe
en la sien derecha haciéndole caer al suelo. Juan quedó
tirado mientras se formaba un pequeño charco de sangre,
los ladrillos seguían volando y Pepe lo contemplaba
serio mientras decía:
- Ves como tenia razón, ese tío iba a por ti,
si lo tenia yo calao.
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