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Antonio Arévalo Cruz



El piojo

Fue un cuatro de Mayo de 1921 cuando su madre lo abandonó en la Inclusa, por eso quedó registrado como Ciriaco Expósito Expósito, aunque su deforme cuerpo afectado de un feroz raquitismo, pronto dio paso al nombre con el que seria conocido el resto de su vida El Piojo.

Su presencia casi siempre fue mal vista incluso por las monjas que lo cuidaban, las cuales solo parecían hacerle aprecio, cuando lo exhibían con el fin de impresionar a alguna vieja dama benefactora de la institución. Fue creciendo el Piojo rodeado de la incomprensión, aunque crecer crecer, creció poco, objeto de constantes burlas de sus compañeros creció por dentro ya que por fuera no podía, soñando cada día con cambiar la realidad.

Vinieron tiempos convulsos, las monjas desaparecieron y fueron sustituidas por camaradas sin habito pero con las mismas formas, y entre tanta confusión sin saber muy bien como había sido, el Piojo se encontró en la calle; solo y sin recursos en un Madrid plagado de refugiados, en el que el retumbar de la batalla cada día sonaba más cercano. Nunca había trabajado el Piojo ni su cuerpo lo habría aguantado, pero el hambre aprieta y a los dos días de libertad tras la visión de dos soldados comiendo bocadillos, decidió hacer caso a los reclamos de los altavoces móviles y acudió a alistarse.

No pasó de la puerta del cuartel, entre sonoras carcajadas fue rechazado por la pareja de guardias que la custodiaban y cabizbajo se marchó. Mientras en la lejanía, como siniestra tormenta, el fragor de la batalla imitaba amplificado el rumor de las tripas del infeliz Piojo. Malvivió dos días más rebuscando en las basuras y cuando ya ni basura encontraba se encamino con decisión a las trincheras de los Carabancheles, no fue difícil llegar y allí entre los milicianos a fuerza de aguantar mil bromas al fin pudo comer, pronto se hizo popular el “salto del Piojo”, macabra broma que consistía en dar al infeliz un mosquetón cargado y hacerle disparar para contemplar como el retroceso del arma era capaz de desplazarlo un metro hacia atrás, haciéndole caer al suelo entre las risas de los milicianos. También es verdad que se convirtió en un elemento útil, pues su corta estatura le permitía desplazarse con soltura entre las trincheras como eficaz enlace, sin miedo a quedar en descubierta.

El cinco de Noviembre las tropas de Varela entraban en Carabanchel y los milicianos retrocedieron hasta hacerse fuertes en Madrid cruzando el Manzanares, el Piojo y los suyos fueron dando tumbos de trinchera en trinchera y terminaron en la Casa de Campo. El día seis el caos era total en Madrid, se esperaba la ocupación inminente e incluso el Gobierno abandonó la ciudad, los hombres disponibles se aferraron a las armas y el desconcierto y la ignorancia se apoderaron de los defensores de la ciudad, ¿por donde se produciría el ataque principal?.

Amaneció muy frío aquel siete de Noviembre, y entre los árboles una tanqueta siniestra avanzó disparando a la trinchera, los hombres respondieron fusil en cara con balas impotentes contra el vehículo blindado, pronto aquello fue un infierno, ninguna escaramuza anterior había afectado tanto al escuálido Piojo, la muerte se palpaba caliente en la sangre salpicada por sus compañeros que uno tras otro iban cayendo abatidos. Fue entonces cuando aquel ser débil se armo con el valor de los que nada tienen que perder, cogió una lata de gasolina y reptando, andando y saltando como solo un piojo podría hacer consiguió llegar a la tanqueta, encaramarse a ella y vaciar el contenido de la lata sobre las rejillas de ventilación, a continuación aplicó el chisquero y una gran llamarada lo despidió hacia el suelo, fue cuestión de un instante, cuando se incorporó cayo abatido por las balas ¿amigas?, ¿enemigas?, que más da. Corrió la misma suerte que los italianos ocupantes de la tanqueta que igualmente cayeron cuando huían del fuego amenazante del vehículo.

Todo esto no tendría mayor importancia de no ser por que en el cadáver del oficial italiano se encontró el plan de acción para la toma de Madrid al día siguiente, indicando los ataques de distracción en la parte sur y el ataque principal en la Ciudad Universitaria. El Piojo con su acción cambio la historia, no tuvo homenajes, nadie lo echó en falta, y su nombre no aparece en ninguna enciclopedia; solo fue uno mas, de los que todo lo dieron, sin haber tenido nada.



 

 



  Obras de este autor

· Creación
· Dos amigos
· La venganza
· Sr. Juez
· El calor de la horca
· Felisa y yo
· En el calor de la noche
· Evolución
· Redacción
· El piojo

 


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