|
El piojo
Fue un cuatro de Mayo de 1921 cuando su madre lo abandonó
en la Inclusa, por eso quedó registrado como Ciriaco
Expósito Expósito, aunque su deforme cuerpo
afectado de un feroz raquitismo, pronto dio paso al nombre
con el que seria conocido el resto de su vida El Piojo.
Su presencia casi siempre fue mal vista incluso por las
monjas que lo cuidaban, las cuales solo parecían hacerle
aprecio, cuando lo exhibían con el fin de impresionar
a alguna vieja dama benefactora de la institución.
Fue creciendo el Piojo rodeado de la incomprensión,
aunque crecer crecer, creció poco, objeto de constantes
burlas de sus compañeros creció por dentro ya
que por fuera no podía, soñando cada día
con cambiar la realidad.
Vinieron tiempos convulsos, las monjas desaparecieron y
fueron sustituidas por camaradas sin habito pero con las mismas
formas, y entre tanta confusión sin saber muy bien
como había sido, el Piojo se encontró en la
calle; solo y sin recursos en un Madrid plagado de refugiados,
en el que el retumbar de la batalla cada día sonaba
más cercano. Nunca había trabajado el Piojo
ni su cuerpo lo habría aguantado, pero el hambre aprieta
y a los dos días de libertad tras la visión
de dos soldados comiendo bocadillos, decidió hacer
caso a los reclamos de los altavoces móviles y acudió
a alistarse.
No pasó de la puerta del cuartel, entre sonoras carcajadas
fue rechazado por la pareja de guardias que la custodiaban
y cabizbajo se marchó. Mientras en la lejanía,
como siniestra tormenta, el fragor de la batalla imitaba amplificado
el rumor de las tripas del infeliz Piojo. Malvivió
dos días más rebuscando en las basuras y cuando
ya ni basura encontraba se encamino con decisión a
las trincheras de los Carabancheles, no fue difícil
llegar y allí entre los milicianos a fuerza de aguantar
mil bromas al fin pudo comer, pronto se hizo popular el salto
del Piojo, macabra broma que consistía en dar
al infeliz un mosquetón cargado y hacerle disparar
para contemplar como el retroceso del arma era capaz de desplazarlo
un metro hacia atrás, haciéndole caer al suelo
entre las risas de los milicianos. También es verdad
que se convirtió en un elemento útil, pues su
corta estatura le permitía desplazarse con soltura
entre las trincheras como eficaz enlace, sin miedo a quedar
en descubierta.
El cinco de Noviembre las tropas de Varela entraban en Carabanchel
y los milicianos retrocedieron hasta hacerse fuertes en Madrid
cruzando el Manzanares, el Piojo y los suyos fueron dando
tumbos de trinchera en trinchera y terminaron en la Casa de
Campo. El día seis el caos era total en Madrid, se
esperaba la ocupación inminente e incluso el Gobierno
abandonó la ciudad, los hombres disponibles se aferraron
a las armas y el desconcierto y la ignorancia se apoderaron
de los defensores de la ciudad, ¿por donde se produciría
el ataque principal?.
Amaneció muy frío aquel siete de Noviembre,
y entre los árboles una tanqueta siniestra avanzó
disparando a la trinchera, los hombres respondieron fusil
en cara con balas impotentes contra el vehículo blindado,
pronto aquello fue un infierno, ninguna escaramuza anterior
había afectado tanto al escuálido Piojo, la
muerte se palpaba caliente en la sangre salpicada por sus
compañeros que uno tras otro iban cayendo abatidos.
Fue entonces cuando aquel ser débil se armo con el
valor de los que nada tienen que perder, cogió una
lata de gasolina y reptando, andando y saltando como solo
un piojo podría hacer consiguió llegar a la
tanqueta, encaramarse a ella y vaciar el contenido de la lata
sobre las rejillas de ventilación, a continuación
aplicó el chisquero y una gran llamarada lo despidió
hacia el suelo, fue cuestión de un instante, cuando
se incorporó cayo abatido por las balas ¿amigas?,
¿enemigas?, que más da. Corrió la misma
suerte que los italianos ocupantes de la tanqueta que igualmente
cayeron cuando huían del fuego amenazante del vehículo.
Todo esto no tendría mayor importancia de no ser
por que en el cadáver del oficial italiano se encontró
el plan de acción para la toma de Madrid al día
siguiente, indicando los ataques de distracción en
la parte sur y el ataque principal en la Ciudad Universitaria.
El Piojo con su acción cambio la historia, no tuvo
homenajes, nadie lo echó en falta, y su nombre no aparece
en ninguna enciclopedia; solo fue uno mas, de los que todo
lo dieron, sin haber tenido nada.
|