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Gracias
A Guadalupe Palacios (Mi abuela)
A tu lado,
a tu costado permanecí una inmensa noche
pegada a tu frío cuerpo,
derramando lágrimas sobre tu pecho
mientras los otros rezaban.
Interminables horas tus quijadas acartonadas sostuve
hasta lograr unirlas.
Fue mas sencillo cerrar tus ancianos ojos
años que permanecían entre tinieblas.
Todo esa noche con todo su día no fue nada
comparado con lo que tú hiciste.
A veces la vida es absurda, lo sé.
a los 64 nuevamente te convirtió en madre
y mi madre se volvió padre
y mi padre cenizas
y nosotros cuatro capullos de indefensas rosas
y cuatro infancias con distintos recuerdos,
a veces absurdos también, lo sé.
No tengo nada que perdonar,
reprochar
juzgar,
o dialogar con psiquiatras;
tu me enseñaste a sacar las manos de los bolsillos
si quería trepar la montaña.
¿Qué hubo maltratos?
También ratos buenos hubo
y desayunos a tiempo
y comidas calientes
y botones bien pegados
y cuidados de enfermera
y regaños de madre.
Hoy no me quejo de nada,
florecí como brava ola en medio de huracanes
gracias a tu educación miliciana.
Gracias desde este punto de luz donde me encuentro,
porque cada muestra de carácter mío
es una huella en mi vida dejada a tu paso.
Me enseñaste la fertilidad de llegar a tiempo,
con trabajo a combatir la nostalgia,
a cruzar el Niágara en bicicleta con tal de llegar al otro lado
y cuando me atemorizaron los filosos colmillos del futuro
vociferaste prolongadas razones de existencia.
No sé si hubo mas hiel que miel sobre hojuelas
pero no todos los destinos están bordados con hilo de oro
y el nuestro había que enfrentarlo con bríos.
Gracias donde quiera que estés,
gracias por las sombras en los muros cuando la luz se iba,
por las uñas sin tierra,
el baño de los sábados,
la curación de las heridas,
los sabios consejos
los albures y el doble sentido.
Gracias, Abuela, por haber sido mi madre
cuando mi madre tuvo que ser mi padre
y mi padre se volvió cenizas.
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