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Traslación en las sombras
No saber si mereció la pena detenerse,
desdoblar el calendario gris
que tachaba días rectilíneos,
engañar al miedo con otro miedo diferente,
dar un paso, y otro más
abriendo la grieta espesa de un abismo.
No saber si mereció la pena el ámbar de tus ojos
columpiándose en la arista de una nube,
despertar el agitado aleteo de mis manos
madrugando en tu noche interminable,
añorar la templada esfera de tu boca
alisando los pliegues de mi almohada.
No saber si mereció la pena
estrechar la anchura de mis brazos,
claudicar en el istmo de tus besos,
irisar la inmediatez borrando el tiempo,
trenzar un nuevo amanecer,
arrancar el rojo al cielo.
No saber si mereció la pena el desorden
de mi boca arañando los flecos de tu espalda,
el frío mutilado que arropaba mis palabras
en el yugo de tu cuello,
la húmeda inconsciencia de mis dedos
resbalando en la pendiente de tu nombre.
No saber...
Traslación en las sombras,
la vigilia de tus piernas,
el ayuno mutado,
efervescencia
Anda corre,
corre y vuela,
no te enredes mujer
en mis manos de arena,
llévate tus besos
donde yo no los vea,
donde no los alcance,
lejos del olvido,
de mi memoria rutilante,
muy lejos
para que yo no los muerda.
Anda corre,
corre y cubre
la desnudez de tu cuerpo
-racimo de escarcha en mis razones-
la alegoría de tu pecho impreciso,
la meseta extensa de tu vientre,
la curva amarga de tu cintura de agua,
el desatinado equilibrio de tus hombros.
Apártalos de mis ojos, de mis dedos
lejos,
muy lejos para que yo no los muerda.
Anda corre,
corre y llévate
contigo el tiempo,
los haces de luna que guardamos
entre sábanas de anhelos,
el olor de tus lunares
-caléndulas atrapadas en mi frente-
tus manos oscuras,
el desatino de tu boca,
las ondas de tu pelo.
Llévatelo todo,
no dejes ni siquiera el rastro,
lejos,
lejos del olvido,
de mi memoria rutilante,
muy lejos
para que yo no me pierda. |