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Lo más importante
Nada.... nada es tan importante.
Sólo el árbol de luz,
espirales del sueño en las hojas,
la sola edad del aún niño,
toboganes de viento,
arena y castillo celebrando el mar
en sus pies tan de barro.
Todo es tanto y demasiado que abruma,
algo es quizá suficiente sin más.
Pero nada.... nada es tan importante.
Como la gota de lluvia que hiciera
mar en el sueño,
sonrisa tan dulce de densidad tan frutal,
sencilla caricia en la piel que me arde.
Por eso grita tu nombre de nuevo,
golpea aquel muro con la sangre que hierve,
vende tu alma si fuera preciso.
Porque nada.... nada hay tan importante
que no tenga su precio.
Vendida está la noche a su luar sortilegio,
vendida la nieve a su traición invernal,
y aunque jamás me detenga,
seguro es que la muerte me alcanzará.
Pero no, no seas loco,
¡no seas loco, no reniegues!
escucha tu nombre agitado
libertando aquel viento y de furia,
unge tu frente pedernal
con la mirra de antaño y no llores.
¡No seas loco, no te rindas!
ni quieras descalzo sin alas
susurrarle al viento y volar.
Y miro hacia arriba tan alto,
parece mentira que sol tan de cielo
humilde, inmenso humilde.
Como el primer día al origen,
como música de vida que anegara
el pentagrama.
Y que vida tan importante....
¡¡importantísima!!
Hoy, siete de noviembre,
lo más prudente será esperar.
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