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Negro
Se vestía de negro, la noche, toda,
lunas en fuga imploraban caridad al azul.
Como semillas de luto haciendo
madriguera en el agua,
como el cielo y la tierra velada,
el aire todo, y el mar.
Yo apuré con un filo las venas hinchadas,
su adentro vertió desbordado en licor,
¡pero mi sangre era negra!
Negra la noche, el grito era negro,
negro el llanto, el dolor.
Los campos devastados, renegridos,
desolaban estepas,
la luna rezumaba mohíno y carbón.
Estoy inconsciente, o consciente,
no lo sé,
en el tránsito espeso de mis sienes
convulsas.
La luna mengua y sume,
devorante en el negro boquete de su
desaparición.
A borbotones sanguíneos cegándome
las manos,
los dedos,
y quiero gritar y no puedo....
sólo sangro.
Yo apuré con un filo las venas hinchadas,
intenté la huida al color,
¡pero mi sangre también era negra!
Y, esperando amaneceres del alba
y los soles,
al galope de mi goteo,
ya toda luz –toda vida–
quebró.
Viene el mar....
es el fin.
La muerte también era negra.
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