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La vida dentro y fuera
Mientras transcurría la vida,
mi propio destino soslayaba la vanguardia.
Días de pasión e incertidumbre,
paseando sigilosa mi camino calmado.
Positivo, punto rojo encarnado,
como amapola locuaz
subrayaba el eterno femenino.
Meses de espera y antojos
perpetuados en días cansados.
Me espera la calma del nuevo latir,
rodeado de luces sosegadas, eclipsando qué será.
Caluroso día de verano, así llegó.
Cuando el barco ondeaba las aguas de la bahía,
y Málaga al fondo: sosegada, tímida y entera;
dando sentimiento profundo a mi pesar.
Ojos azules, pelo dorado. Así fue. Aún lo recuerdo.
Canto profundo de llantos celestiales,
en donde el sol se funde eternamente.
Sucumbida en la maraña, guié el propio suspiro.
Eterna morada, en donde la senda,
ondea imperiosa su propio desasosiego.
Llanto placentero, izador de vida,
de tenaz suspicacia, en donde el calor
sucumbe a bajos senderos,
de apacibles sombras esperanzadoras.
Para siempre: larga vida, sabiduría y semblanza.
Bienvenida a la vida, y un firme paso adelante.
Un, dos, tres: ¡eso todo lo es!
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