|
Amigo de la tierra
Corriendo la besana
la reja del arado
va abriendo costras pardas
y un fresco olor a barro
destilan las heridas
del suelo levantado,
exhalando vaharadas
bajo el sol apocado:
¡Es fiera la mañana
en el otoño helado!
Tus manos, que llenaron,
plantando sementeras,
de verdes cereales
a tantas primaveras,
aún quieren asir firmes
las ásperas manceras.
Y tú: roble ya hendido
al paso de los años,
piensas: "Ya somos pocos
los que vamos quedando..."
¡El arado del tiempo
también en ti ha surcado
una huella que hiere
la paz de tu costado!
Algo profundo quiere
sembrarte desencanto
y busca que a tus ojos
-dos lentes que han dañado
las escachas de invierno
y el fuego del verano-
les germinen diamantes
con el dolor tallados.
Amigo de la tierra,
me duele que tu cuerpo,
curtido en la inclemencia
y roca en otro tiempo,
hoy sea un terrón que quiebran
los lacerantes hielos,
los cierzos ofuscados,
el airado aguacero,
el fugaz calendario...
Amigo de una tierra
que no te dio regalos;
me duele verte herido,
herido y humillado
por la naturaleza
que siempre has respetado.
|