|
Tocarnos los unos a los otros
Tocarnos los unos a los otros,
aunque sólo sea en los entierros
como dice Baudelaire no sé donde.
Mirarnos al espejo
intentando que, por una vez, no se repita el gesto.
O subirnos a un árbol y acechar entre las ramas.
Tal vez formar parte de las páginas de un libro,
quedar agazapado entre las letras.
Y así, esperar,
esperar,
hasta que llegue el día de los milagros
y podamos volar y pasear entre las nubes
ante los ojos sorprendidos de Santo Tomás
y un par de clérigos. |