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Justo detrás de la iglesia
Justo detrás de la Iglesia Saint Michel
existe un pequeño restaurante griego.
Por poco dinero
queso fresco con aceitunas negras
y un "musaka".
Allí, las mesas son largas, interminables.
Para coger sitio, debe levantarse
una hilera de comensales.
El vino de la casa es verde opaco,
áspero y caliente.
A través de la ventana, algún tejado.
Frío, algunas luces y su cortejo,
en París anochece pronto.
Bajé por el boulevard St.Germain
hasta cruzar tres esquinas,
luego regresé al hotel.
No era un hotel muy cómodo
y carecía de televisión.
Fue casi al dormirme,
en un descuido me toqué la cara
como si la mano no fuera mía. |