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Abeto perdido por un aparcamiento
La noche se ha posado
sobre sus ramas.
Fueron
trono ávido de trinos,
hoy, esqueleto inerte.
La noche, en pleno día,
a todas horas, triste
luto incesante puso,
velando veraz vida.
Múltiples primaveras
miles de alas forjaron,
que arropaban su espacio,
de plumas aceradas,
dando sombra a la acera,
reflejos a la luz,
ociosidad al viento.
Limitada hermosura,
como una peca verde
en el rostro de asfalto.
Acude el agua. Llueve.
Resbala por el árbol
insensible a su beso.
Quiere naturaleza
dar bálsamo, frescura,
reavivar lo que extingue
la negligencia humana;
pero resbalan, ocres,
las lágrimas, robando
los funestos colores,
sobre el desnudo grito
del abeto inmolado.
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