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Desde África...
Acuden como huyendo, con sus dudas
y su ilusión a cuestas.
Acuden desde el hambre,
desde el sudor de pueblos sin promesas,
desde el sufrir de madres como sombras,
desde el llanto de niños sin infancia,
desde los pozos secos
y los bosques cada vez más tristes,
desde el polvo, sin vida, de los campos;
desde la explotación solapada de excolonizadores,
y la rapiña de los poderosos,
desde la codicia de sus propios dignatarios,
desde la deuda externa
y las buenas palabras de la Banca del Norte,
desde la demagogia de la política del Norte,
desde las dictaduras consentidas,
desde los dictadores sin sentido,
desde los países-basureros donde el Norte
deyecta la inmundicia del progreso;
desde la bala fabricada en el Norte,
desde el terror de aquellos,
de igual historia y tierra,
que en nombre de su tribu y su lenguaje
asesinan con la misma rabia
que han usado, por siempre, los fanáticos,
sin distinción de zonas ni de piel;
desde el engaño de viles mercaderes
que traficaron siempre carne humana,
desde África: inmensa, misteriosa y sufrida,
donde el hombre se irguió por vez primera
superando su origen de primate,
adquirió la conciencia de sí mismo
y empezó la andadura del humano
con huellas de bondades y de bajezas.
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