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Ellas
Ellas son únicas,
nos miran desde
su pedestal de adoradas,
se saben superiores,
dominadoras de la situación,
organizando el ritmo.
Nos levan, nos traen
como a perritos falderos,
nos hacen seguirlas,
buscarlas babeando
y prestos a cumplir
sus deseos, sus caprichos,
sus órdenes continuamente.
Caminan suficientes
a pequeños pasos, con ese
gracioso movimiento, que las hace
felinas, sugerentes,
llenas de curvas, derrochando
belleza en su contoneo.
Nos miran burlonas,
dejándonos hacer,
sonríen y hablan
sin fijarse en nosotros,
pobres mortales deseosos
de escudarnos en la misoginia,
pero sin perder detalle,
observándolo todo,
tomando nota,
averiguando el punto débil,
estirando la cuerda
hasta el límite,
apretando, soltando,
llevando el mando,
dominando el tempo
de la conversación,
de la vida. Apurando
la situación, desoyendo
el sentido común, haciendo
gala de esa inteligencia
sutil, que les adorna
y las hace especiales,
de una raza diferente,
dominadoras de hombres,
juguetes en sus manos.
Ellas son únicas,
complejas, impredecibles,
tristes y alegres,
fuertes y débiles,
tenaces y caprichosas,
maravillosas e indolentes,
queridas y odiadas,
ensalzadas y vilipendiadas.
Nos sorprenden con sus hechos,
sus palabras y opiniones,
sus pensamientos y actitudes.
Ellas, son ellas.
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