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Si no fuera por la vida
Ya es la hora,
agrio quejido en las campanas,
sollozos entreverados,
mudo dolor en voz.
Altares prestos a recibir sacrificios,
crines venteadas en un galope de viento,
en los surcos que sangran,
en el cristal de las lunas violadas,
o en un qué más da ausente en el tedio,
o en la paz desgarrada en la piel del tambor.
Ya es la hora de las dunas rancias,
de quedas olas, fatigadas, renegridas,
hastiadas por el rencor antiguo de los buques
sumergidos.
Y si no fuera por la vida que me ofrece
a cada paso sus prisiones,
su indolente ternez de verdugo,
sus rubores entrecortados y armónicos
desasosiegos.
Ya es la hora, está llegando,
el cortejo de la desolación,
de los trenes en fuga fingiendo
añosos humares arrebatados.
Ya está aquí el tiempo último
de los nacimientos tardíos,
de los llantos de lluvia brumando
la bujía al otoño,
de los valles tajados a destiempo
de sus laderas,
de las ramas desarropadas a merced
de la tempestad.
¡Dios! si no fuera por la vida,
por sus profundas quebradas,
por su tibia saliva parpadeante en la
garganta de los titanes,
por su hoguera que consume el
desposeimiento de la verdad,
por sus veredas sembradas de
sepulcros tan indecisos,
por sus jardines de lepra,
por sus ripios mal conjugados.
Ya es la hora, hiede espesa,
sobre jinetes decapitados
tañendo cuernos de cacería,
sus espadas braman el filo asesino
sobre el perfil mortal de las lumbres
demolidas.
Y si no fuera por la vida....
¡Dios!
si no fuera por la vida que me clava
a cada momento a su cruz.
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