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Elijo la penumbra
Elijo
la penumbra para andar,
asomarme
despacio
a los andenes que parten del cansancio
y descansar.
Despierta,
despierta, despierta, que oscurece;
que cada cual ajardine su ceguera,
pasajeros, acomódense en
sus valvas,
que nadie
olvide navegar.
Andando
andando y destilando los cristales de la imagen,
soplando se les puede arracimar,
juntarlos,
volverlos amigables en un juego de ordenar
y luego desordenarlos. Distancias
revelan en su trasfondo
sonoro, neblinas frescas
sin empezar.
Camínalas,
andando se recorren las olas de los lechos,
soñando.
De súbito se nos ofrecen
los márgenes ocultos del estanque
verde y hondo del dormir.
Alguien sabrá del hueso y la cadena,
alguien de místicos empujes
otros , de islas espontáneas que se burlan de su nada.
Mirando la oscura esfera
ella acabará rozando con sus labios
las deshoras azules
en un vaso de agua fresca.
Aeróstatos en la brisa,
miramos a los sueños ascender,
agotarse, adivinar
dudosos brillos ferroviarios en la almohada,
no sé qué enigmas inminentes de llegada
descifrarse,
y estallar.
Elijo la penumbra para andar,
desligarme,
y ver los ojos claros de no sé qué rendijas,
y
despertar.
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