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Santiago Moya Alía



Poesía huída

 

Esto en tiempos fue una poesía .
Pero se descompuso , ahora ya no sirve para ser leída.
Aquí ya no queda nada que leer.
Cuando leas esta poesía , habrás de hacerlo con los ojos expuestos al vacío, con las cuencas vacías del mendigo que maldice buscando su abrigo envenenado entre la niebla de los puentes.
Aquí ya no queda poesía.
Aquí apenas permanecen tres o cuatro escalofríos desechados , mal disueltos en un rincón de nieve sucia.
Moja tus manos en ella , siente reptar las lombrices profundas del frío .
¿Ves ? . Tus manos apenas sirven ya para amar . Son un par de tristes azadones urbanos , herramientas venosas para manejar , a regañadientes , los terrones continuos del hastío .
Huye.
Huye rápido. Aquí ya no queda poesía .
Soy un pesimista, dirás, pero es que desde hace semanas los ahogados hablan por mi boca , los puedo sentir . Si bailo, me paro siete compases y continúo bailando hacia la muerte. Giro una esquina, y allí se encuentra Él, invertido, riente, recitando mi testamento en verso .
Siempre buscaste la herida que une , en lugar de doler y disgregar. Y aquí está , tu cuerpo lacerado , pero dónde la cicatriz.
Bucea, bucea en soledad . Nadie te va a encontrar esa cicatriz. Aquí ya no queda poesía.
Hasta los perros han huido , carreras confusas de perros se llevaron , arrastrando con sus patas , los restos de versos que quedaban.
Jaurías de perros y versos en fuga.
Marcharon , a trote enloquecido , bajo pasadizos de ciudad , dejaron al niño solo, seco, sin sonido, hueco.
Huyó la poesía .
Qué fácil ahora explicar la extraña calma del centro de las urbes.
Ven , sígueme, te voy a mostrar los goznes de la ciudad , las escurrideras , la verdad de los lavaderos de abajo, donde habita el mecanismo.
Donde las aguas se reencuentran y se reconocen en lo oscuro con la alegría de los detritos , con la fruición vengativa de las espumas portuarias , de los cementerios marinos recorridos por algas y conversaciones , en sus sucios caribes de arena y óxido .
Ah qué sutil horizonte de niebla , de metalurgia.
Mira esa mujer . sólo sus pies sobresalen del borde de la bañera. Duerme y fuma dormida, sueña que fuma, fuma en su sueño. El agua ya se le enfrió . Su baño es el baño del ayer , es un baño de hastío de siglos ; la mujer se levanta, su figura se recorta a contraluna , el agua helada le corre brillando por los muslos .Hace muchas edades que esa mujer ya no existe, su imagen triste ha impregnado la regíon , porque un día se levantó de su bañera y fue a recorrer, desnuda , las ciudades.
Hacia otras regiones , quizá. Hacia otras bañeras.
La poesía ha huido dejando al bebé dormido sobre un lecho de tarántulas de cuarzo .
Aquí ya no queda poesía, por aquí pasó hace siglos el tren sensitivo.
Ha borrado sus rastros de versos , no dejó pistas en la huida .
Ahora sólo queda el andén desierto, los raíles semiocultos en el follaje entrebrillan , mortecinos, bajo el
campo extenso de estrellas.
Apenas un intento de crepúsculo tras la maraña de tuberías.
La poesía ha huido escogiendo las puertas impares .
Nos dejó una sensación hembra de vacío , el fantasma de la madre deambula definitivamente extraviado, ahora es una sombra taciturna que espera, enloquecida , el cambio de siglo para volver a parir un camaleón gigante.
La poesía ha huido, nos ha dejado a solas con Dios. Ahora Dios despertará y pasará revista en los templos, posará su su pie ciclópeo y blanco, enfurecido .
Adónde huyó , decídmelo . Adónde .
Y nos tocará dejar los templos vacíos , tendremos que inventar religiones desordenadamente , con la prisa de las épocas de confusión.


Qué huida tan inadvertida, qué marcha tan inexorable.
Qué falta de colores, mi paleta se va poblando de grises. La nevada aturde a los rebaños , llegarán las hambrunas entre carcajadas de un ser superior hipnotizante y feroz.
Leo, y la literatura se troca entre mis manos en desfiles de hormigas , voy perdiendo los mensajes , voy retornando progresivamente al ovario, me desdoblo en el enemigo , empiezo a no compartir mis propios placeres , me irritan mis propios actos ; pasan ancianos venerables a mi lado , y , lejos de socorrerlos, me monto a horcajadas , evidencio síntomas de autopersecución y ansia por el ataúd.
Aterrizan bandadas de pájaros niños buscando en sus tropeles helicópteros más manzanas , más carreras , más calor del vientre materno sin fondo . Más merienda del pan y el amor y salchichón .
Sin pensarlo , los ametrallo, los ignoro, los defraudo y me fabrico un sandwich con su decepción.
Porque la poesía ha huído .
Ha nacido la nueva muerte , la larva de un parado.
Las hamacas viajeras se incendian al atmosferar a una velocidad sólo concebible desde un odio antiguo de planetas .
En las playas desiertas acontece la herrumbre y el gasoil .
Voy descubriendo un desagradable poso comercial en los besos , en las curvaturas de las espaldas , en las aglomeraciones solidarias , en los labios húmedos y febriles.
Prosigue la batalla de mendigos contra palomas en los bajos de la ciudad.
Y yo aquí tendido , estúpido suicida ferroviario en todos los raíles , soy el artista del hambre,un animal de adicciones, un imbécil aullando en las cloacas para asustar a los espectros y a las ratas.
Y cuando el sueño me vuelva a engañar con su trama de escaleras me disolveré , me esparciré , seré sembrado en un vuelo malsano de semillas sobre la región.
Me convertiré en una plaga de espadas y lo voy a disfrutar en la sonrisa helada del agricultor.
No queda ya poesía y mis órganos se degradan , voy desechando la persona, voy retrocediendo a las grutas del rinoencéfalo , mis placeres devienen animales .
Busco la garganta mineral, la caricia en lo profundo de las cuevas, envuelto y creciente en pieles .
Quiero el afecto a escondidas, entre rescoldos y embrutecido. Abandono a la mujer , cosecho precipitadamente las reliquias delicadas, sus pechos , sus manos, y los arrastro , enloquecido y ardiente , por cantiles, roquedos, hondonadas y barrancas.
Arranco , brutal, todos los lirios para buscar el orgasmo ciego entre cañizos.
Ya no queda poesía , para qué pensar.
Tomo mi cabeza y la lanzo por el acantilado ; mis ojos recorren a toda velocidad la historia geológica del farallón. Mi cabeza , exenta , rebota y queda anclada en la playa profunda, soy un tótem costero , he llegado un poco tarde y un poco muerto para contemplar la última puesta de sol antes de la deflagración planetaria.
No importa . La poesía , simplemente , huyó .
Voy a presidir con la calma del difunto los sucesivos naufragios de milenios.
Seré el cronista estático de la permanente catástrofe. Voy a disfrutar con los sepelios de las mujeres que deseé en vano. Gozaré ,siniestro , con el lento retorno de los cadáveres tras el deshielo.
Lloriqueo , pero la risa me arde por dentro.
Nunca sospeché en mí estas galerías tan devastadoras que me recorren .
Pero es que la poesía me huyó. Sólo soy el espectro vengativo que acosa las nucas con la uña transparente.
El horizonte se puebla de torvos centinelas a contraluz.

Llega , por fin , con su séquito de truenos , el dios de la lluvia ácida.
Me voy a sentar aquí, y aquí esperaré la venida de la tormenta .
Me voy a sentar a esperar , aquí , en mi terraza de hielo, a presenciar el universal traslado de todas las razas tristes que migran , gigantescas, pasando por mi lado , camino de los templos giratorios.
La migración verdadera , la que estaba escrita , la previa a los siglos.
Ya puedo sentir el halo de electricidad .

La poesía huyó y de verdad que no espero
que regrese pues
pues
pues he olvidado los nombres de tantas estrellas
me he dividido en miríadas de tantos fragmentos
que apenas soy una reunión confusa de elementos
apenas una colección enloquecida de mis huellas.



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