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Sabor de azul consejo
Todo quedo
aquí,
quieto, tal y como lo dejé,
y aún están esas palabras
¡que jamás debí escribir!.
Esa será mi vieja historia:
cuento de nunca acabar,
mira esa gente que, ayer,
te juraron "para siempre",
y ahora abandonan, sin más.
De tantas aventuras,
pasión inquieta, por protestar,
juventud que sin pensar,
sin pensar para arriesgar,
lanzó un día tu grito,
lanzaron gritos al mar.
No, no quiero pensar más,
es preferible que pretenda olvidar,
¿para qué -dime-, he de recordar?
¿para mi pena, que no supiera amar?.
Pretendo, sobre las aguas
cruzar el silencio del espumoso mar,
y tratar luego, de escuchar,
la agónica melodía
de su dulce despertar.
Que aquel mismo rumor de olas,
que clamara un día
por mis fueros perdidos,
como lo hicieran mis lamentos
para llenar de consuelo
el vacío de mi alma;
para borrar con su espuma,
tantos renglones torcidos.
Recuerda el silbido
del aire en la arena,
cerca del mar,
como consejo que te brindara,
y a tu oído, quisiera dedicar:
"que a tu lado siempre, calor y cobijo,
todos puedan encontrar".
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