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Razones
Me gustaría
supieras tantas cosas
que yo conozco de tí,
pero si yo hablara,
estarían mis problemas
condenados a su fin.
Entonces, ya no sería,
...ya no estaría feliz.
Cuando me acecha el mal, escribo
¡no sé por qué!, pero escribo.
Me desahoga el deleite de la pluma,
la sencillez con que roza,
a caricias el papel.
Así quiero luego verme
acariciando, entre enredos, tu pelo,
¡seguir tu gesto!,
como la pluma al papel.
No entiendo a veces muchas miradas,
quizás es mi error, intentar apreciar
lo intenso de un pensamiento;
y es que miradas
no sólo trasmiten, se convierten
en pensamientos tan puros que,
lanzados al aire, sólo llegan
a quienes les pertenecen.
La incertidumbre y la soledad,
el saber que no me oyes,
¡que no estás!;
el no saber que decir,
ni que pensar.
La obcecación del sentimiento,
en la trepidación de la realidad,
¡la realidad!, esto último, ¡lo que más temo!.
La realidad que no es siempre... lo único verdadero.
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