|
Orígenes I
Enamorada, si, -¿pero de quién?-
no tiene nombre y nunca se pasea
simplemente no existe o, tal
vez,
se convirtió en una estrella.
Cegada por una ilusión,
buscando su consuelo
-¿y si como yo, en lo oculto
él comprende mi dolor?-.
Bajaré en picado a lo real;
las ilusiones vienen
-te rozan, mas otras vendrán
y traerán-,
al fin, su verdadera identidad.
Fugaz la luz sorprendería
a mi esperanza escondida en un
rincón
de mi pobre corazón,
¡dormida y soñando!,de tanto
esperarte.
|