| Capítulo VIII
Tal como se había planeado, cada uno estuvo en su
lugar con los componentes de su grupo, y minutos antes de
la hora 0, Fran junto con su gente, estaba frente la puerta
de la Cadeca de la calle Obispo. Al mismo tiempo, los responsables
de unas determinadas acciones ya habían comenzado sus
actividades, Morante se había hecho cargo de controlar
todo el asunto de telefónica, García, a través
de Delvia, se había hecho con el control de las comunicaciones
del Ministerio del Interior. Grupos de gente iban repartiendo
pasquines sobre los temas previstos, inquietar a la población.
Ladrián, también por medio de Delvia, había
transmitido órdenes a los colegios e institutos cercanos
al centro para que dejaran libres ese día a los estudiantes.
Estos debían concentrarse por las calles y avenidas
cercanas al Capitolio. Arencibia y Zapata tenían listos
los vehículos que se necesitaban para hacer los traslados
a quienes tenían misiones lejanas del centro. También
Fraga se había dedicado con su familia y amigos a ir
repartiendo pan por todos los barrios pobres. Fue un gran
éxito.
Delvia se había preocupado de provocar un caos circulatorio
por todo el centro y las principales avenidas, cerrando los
semáforos de todas las vías. Colapsando de una
manera terrible todo el tráfico. En unos instantes,
en aquella hora 0, La habana se convirtió en un terrible
caos circulatorio. Nadie daba pie con bola, gente de aquí
para allá, corriendo, gritando, provocando grandes
aglomeraciones en todo el centro. Ese momento era el que esperaba
Fran, que con su grupo entró en la Cadeca, lo hicieron
con prontitud eliminando a los dos guardias de seguridad,
con sendos toques de los botones micro bobina en las nucas
de los agentes. De inmediato, en unos segundos estuvieron
dentro de la sala principal, allí los estaba esperando
uno de los contactos previstos. Los demás empleados
estaban inconscientes y en medio de la sala un lote de sacas
con dinero, que Fran y su gente rápidamente llevaron
a la calle Cuba, donde les aguardaba la camioneta azul, en
un plis plas, los cargaron y el grupo se diluyó en
medio de la gente que en aquellos momentos llenaba todo aquel
sector. La camioneta salió disparada a través
de aquellas estrechas calles y desapareció con su carga.
Una serie de explosiones comenzaron a sonar por doquier, tal
como había proyectado Montoya. Grandes columnas de
humo, y sonoros estampidos, hizo que la gente comenzara a
pensar que de verdad estaba siendo invadida la isla por fuerzas
extrañas. No funcionaban los teléfonos, no había
forma de comunicarse con nadie, aquello era el caos más
absoluto. El desconcierto era total y por las emisoras Radio
Rebelde, Radio Progreso, Radio Habana Cuba y Cuba Visión,
comenzó a sonar el himno de Cuba. “Al combate
corred Bayameses, que la patria os contempla orgullosa, no
temáis una muerte gloriosa, que morir por la patria
es viviiiiiiiiiiiiiiiir”...
Y mensajes bélicos que se entremezclaban estos con
palabras dichas por el Comandante en Jefe, en varios de sus
discursos. “Las guerras las ganan no los que tienen
más armas y más soldados, sino los que tienen
razón”. “Nosotros sabemos que tenemos que
pelear aquí: ¡Tenemos pueblo para pelear, que
es lo que decide una guerra!” “Nos defenderemos
en nuestro territorio de cualquier agresión, defenderemos
nuestra tierra”. “Un pueblo que resiste no puede
ser derrotado”.”Nuestro pueblo podrá ser
invadido, ocupado incluso, pero jamás vencido, jamás
derrotado”.
Los mensajes se repetían una y otra vez machaconamente,
haciendo que el pueblo llano se sintiera cada vez más
integrado con su tierra y más levantisco. Mientras
tanto, los mensajes de exaltación del pueblo cubano
sonaban una y otra vez: “Recordad a Máximo Gómez,
a Antonio Maceo, Carlos Manuel de Céspedes, Ignacio
Agramonte, José Martí, Calixto García,
Camilo Cienfuegos”. “Recordad al “Ché”
Guevara y tantos otros que dieron su vida por la libertad
de nuestra patria”. Aquellas soflamas iban exacerbando
al pueblo, la gente iba de aquí para allá sin
rumbo fijo, esperaban que alguien les indicara qué
hacer y hasta ese momento no tenían ni idea de qué
era lo que estaba pasando.
Hasta ese momento, se estaban cumpliendo exactamente las órdenes
que los grupos habían recibido. Por parte del Ejército
Revolucionario, éste estaba a la espera de recibir
órdenes directas del Alto Mando, pero estas no llegaban,
todos los conductos que podían transmitir dichas órdenes
estaban colapsados. Sí habían recibido órdenes
concretas la Fuerza Aérea Revolucionaria y la Marina
de Guerra Revolucionaria con sus escuadrillas de lanchas torpederas,
coheteras y otras unidades de superficie, dándoles
órdenes concretas de inmovilidad hasta nuevas órdenes.
Los radares de costa, recibían imágenes encontradas,
grupos de puntos que indicaban concentraciones de ¿Qué?...
Era una incógnita, ninguno de los especialistas sabía
a qué atenerse y quedaron a la espera de recibir órdenes,
ya que ellos no podían transmitir nada, tenían
bloqueados todos los conductos regulares. ¿Qué
estaba pasando?. La gente se preguntaba ¿Dónde
está el Comandante en Jefe? ¿Dónde están
los Altos Jefes Militares? ¿Dónde están
reunidos?. Pero nada se sabía y el pueblo comenzó
a sospechar que estaba pasando algo muy gordo ¿Pero
qué era? Y de momento no hubo respuesta, pasaban los
minutos y las horas y entonces...
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