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Miguel León Burgos


Capítulo VII

 

Delvia y Fran se dirigieron al hotel Sevilla. Allí les esperaba un merecido descanso y entonces cuando los dos estaban relajados completamente, luego de desvestirse y de verse libres de preocupaciones, fue cuando Fran, viendo aquel cuerpo de belleza sin igual de Delvia, su líbido se puso al rojo vivo, sintió dentro de sus entrañas, que en aquellos momentos sólo deseaba hacer el amor con aquella exuberante mujer, y sin mediar palabra, sin poderlo evitar, se acercó a aquel cuerpo que lo incitaba con su atracción y perdió la contención, y como un salvaje que nunca antes hubiera tenido a su alcance una hembra como aquella, sin mediar palabra, ante la pasividad de ella, se apoderó de su cuerpo y encontró sin dificultad aquellos lugares donde se escondía el placer supremo y los dos como unos locos, ansiando pertenecerse, se perdieron en la cordura y explotaron en un éxtasis desbordante, que los agotó. Fueron juguetes de unos deseos altamente contenidos y que a la postre, encontraron amplia recompensa a sus ansias de ser poseídos y fueron, un cuerpo en un solo cuerpo, una mente en una sola mente y gozaron, como nunca antes habían gozado, de la posesión de otro cuerpo...

Una vez, ahítos de aquella locura frenética de gozar del placer, recobraron la cordura y entonces, placenteramente tendidos en la cama, muy relajados, hubo una pregunta que Delvia le hizo a Fran.

-Querido, cuando nos conocimos, hubo un comentario por parte de Jacinto que me sorprendió.

-¿Cuál fue Delvia querida?- preguntó un poco sorprendido Fran.

-Bueno, verás. Comentó que habías sufrido mucho, que tú habías sido un aventurero ¿Qué fue lo que pasó?-Inquirió intrigada Delvia.

-Qué quieres que te cuente ¿Mi vida? La verdad es que no tiene ningún interés. Es igual a cualquier otra en mis mismas circunstancias...

-Pero... ¿Qué te pasó? – volvió a insistir ella.

-Verás... Yo tuve un amor, un amor de verdad... Pero...

-¿Qué?... Cuenta - Insistió Delvia.

-Mira, cuando encuentras a tu pareja ideal, entre los dos se forma una sola vida y lamentablemente, cuando la otra parte se va... De verdad, es que no queda, nada de nada y eso es lo que me sucedió a mí. Perdí...

No pudo continuar, un gran sollozo se ahogó en su garganta. Ella respetó su dolor, pero no tardó en pedirle que siguiera con su relato, sabia que eso le podía reconfortar de alguna manera. Y preguntó de nuevo.

-¿Qué pasó? ¿Qué hiciste tú?...

-Mira Delvia, esto es muy duro para mí, pero te voy a responder. Cuando por aquellas terribles circunstancias me quedé sólo, miré al cielo y en cada estrella que miraba, veía un sueño. Un sueño, que se fue demasiado pronto o al que llegué demasiado tarde. Quizás aquel fue un sueño que me negué a alcanzar, aunque hubo luego otros que alimentaron mi ilusión durante algún tiempo y me ayudaron a crecer, a seguir soñando. Quiero decirte que las estrellas que más brillan, forman parte de sueños cumplidos, y al mirarlas, un rayo de esperanza me sonríe. Algunos sueños conseguí alcanzarlos con ayuda, con ánimos que me alentaban cuando quise desistir. Algunos otros, los alcancé con mucho empeño, luchando a pesar de que nada estuviera a mi favor. Pero, lo más importante de unos y otros es que creí en mí, alguien creyó en mí, y gracias a eso conseguí hacerlos dueños de mis duendes.

Un gran sollozo le interrumpió, eran aquellas tan lindas palabras, tan preciosas, que Delvia se sintió transportada al infinito de amor y le incitó a que continuara.

-Por el contrario – siguió Fran – las estrellas más apagadas son sueños que yo mismo hundí, sueños en los que no creí, sueños que traicioné. No quise luchar en un momento crucial, perdí la fé y lo que fue peor, la fé en mí, en mis posibilidades, la fé de mis sueños. Me negué a soñar, a creer. Todas las demás estrellas son sueños por cumplir, aquellos que forman parte de mi presente y los que me harán sonreír en el futuro. Gracias a ti, querida Delvia, voy a conseguir que esas estrellas brillen cada vez más, para que aquellos que no consiguen alcanzar sus sueños, al menos cuando miren al cielo y vean los míos, les iluminen. La verdad es que hay que creer en los sueños. ¿No lo crees así Delvia?.

Qué podía responder aquella hermosa mujer que se sentía apabullada por aquellas palabras tan sentidas, dichas por la voz de un hombre que ella amaba tan apasionadamente... Y sin poderlo remediar, sollozó quedamente, apoyando su cabeza en el cuello de él. Los dos estuvieron así largo rato hasta que ella se calmó y entonces sonó el teléfono, era Montoya que deseaba hablar urgentemente con Fran. Que lo esperaba en el hall. Éste notando en la voz de su amigo una cierta premura, se volvió a Delvia y le dijo.

-Querida, voy a bajar para ver que quiere Gabriel, debe ser algo importante cuando ha venido para hablar conmigo. Enseguida vengo.

No tardó en vestirse y en bajar, cuando llegó al hall, allí sentado en uno de los rincones, le estaba esperando impaciente Montoya. Cuando lo vio llegar, se levantó y riendo le preguntó.

-Te he dado un susto ¿No?. Verás, tengo grandes noticias que darte. ¿Te acuerdas de nuestros camaradas de la Sección 23, con sus tres pelotones que estuvieron bajo nuestro mando en Angola?...

-Cómo no me voy a acordar. ¡Qué buenos tiempos pasamos con aquellos muchachos! ¡Muchas veces los he echado de menos. Sobre todo al sargento Melquíades ¡Qué mala leche tenía! ¿Te acuerdas cuando se emborrachaba y creía ser un fauno?.No había mujer que se le resistiera. ¡Qué tío!. Bueno y ¿Qué pasa con ellos?...

-Pues no te lo vas a creer, están aquí y hoy me los he encontrado en La Floridita. Habían ido a tomar un trago y allí estaban armando gresca como siempre. En cuanto me vieron, aquello fue una revolución. No sabes como se pusieron. Enseguida comenzamos a beber y al final nos echaron de allí. ¿Qué te parece?...

-Hombre, que me hubiera gustado estar allí con vosotros. ¿Te preguntaron por mí?...

-¿Tú que crees? En cuanto les dije que estabas aquí en la Habana, enseguida quisieron saber donde estabas para ir verte. Les quité la idea de la cabeza, ya habría tiempo para eso.

-¿Estaban todos? – preguntó interesado Fran.

-¡Qué va! De los 36 que éramos, en la actualidad según me dijeron, sólo quedaban dieciséis, aparte nosotros dos. Lo están pasando mal, muy mal. Están desperdigados por varios sitios. De vez en cuando, se reúnen y dan la nota. Añoran otros tiempos. Siento lástima por ellos...

-La verdad es que me has dado una noticia que... Lo siento, deberían haber tenido mejor suerte todos ellos ¿No?.

-Bueno, amigo Fran, confidencialmente, he estado pensando que algo debemos hacer. ¿No crees que podemos darles una oportunidad de que colaboren con lo que tenemos proyectado?. Es gente muy maja y no se merecen, después del gran sacrificio que hicieron por Cuba y por el comunismo, que se vean así, tan relegados como unos parias.

-No sé que decirte, yo no soy quién para darte una respuesta, sí puedo garantizar que son muy buena gente y que están preparados para cualquier contingencia. ¿No te parece?.

-Es verdad. Quiero decirte que de entre los que me encontré hay tres camaradas, que por ellos siento un especial interés. Son el sargento Melquíades y los dos artificieros, Santoña y Céspedes. Sé que se preparan grandes cosas y que se van a necesitar hombres con una experiencia en temas muy concretos. Aparte de estos tres, hay otros 13, que tú sabes que darían la vida por nosotros ¿No es así?.

-Es verdad, bien, déjame consultar con Maqueda y ver que es lo que podemos hacer. ¿De acuerdo?.

-De acuerdo, tienes razón, creo que me he precipitado en esto, pero tengo el presentimiento de que vamos a necesitar gente preparada y estos camaradas están listos y con ganas de que haya un cambio. ¿No?.

Fran, estaba contento de conocer las noticias que su amigo le había traído. Le agradaba saber que en la Habana podía encontrar compañeros de otros tiempos, pero... No las tenía todas consigo. Ese interés... Esas coincidencias... Pero desechó malos pensamientos. Todos estaban en el ajo, todos tenían sobre sus cabezas la “Espada de Damocles”, y caso de haber alguna filtración, todos ellos, los que estaban implicados en el gran plan, podían perder sus cabezas. Pero no dejaba de comprender que aquel asunto desbordaba toda calenturienta imaginación. Era tan imaginativa, tan explosiva que... Aguardó a que Montoya se retirara, habiendo quedado con él para tener una reunión con sus antiguos camaradas al día siguiente. Subió a la habitación y Delvia muy preocupada preguntó interesada.

-¿Pasa algo mi amor?.

Fran eludió una respuesta que pudiera comprometerle.

-No, cielo, no, es que Montoya se ha encontrado con antiguos camaradas de Angola y me lo ha querido comunicar. Hay varios que están aquí en La Habana y quiere que nos reunamos para recordar viejos tiempos.

-¡Ah! Pero no es nada importante ¿Verdad?.

-No, Delvia, solo eso, que se ha llevado una alegría al ver antiguos amigos y estaba con ganas de decírmelo.

Pero en la mente de Fran deseaba transmitir sus impresiones con Jacinto, así que le llamó a su casa y en cuanto éste respondió a su llamada, le puso al corriente de lo que había pasado. Pero Jacinto le respondió con la noticia de que Montoya había estado hablando con él y que le estaba ofreciendo en bandeja un grupo de antiguos camaradas de Angola.

¿Había algo detrás de aquel ofrecimiento?...

-A ti ¿Qué te parece? - Preguntó a Fran.

Éste de momento no tuvo una respuesta concreta y le respondió.

-Mira Jacinto, creo que sus intenciones son buenas, pero creo que debemos aguardar un poco hasta saber que se lleva entre manos. La idea no es mala, nuestros antiguos camaradas lo están pasando muy mal, y ¿Quién sabe? A lo mejor su colaboración puede ser muy importante. ¿No te parece?.

-Bien, espero que sea así. La idea tampoco me parece mal, pero tengo ciertas dudas. Lo malo es que la fecha que debemos actuar se acerca y creo que lo mejor es concretar con Montoya qué es lo que se puede hacer ¿No?.

-Bien, me parece bien. ¿Qué te parece si le llamamos y tenemos una reunión los tres? - sugirió Fran.

-Buena idea, conforme, lo llamaré y podemos reunirnos en mi casa a las seis, solos los tres. Te espero, ven solo...

-Allí estaré - aseguró Fran.

Efectivamente, Jacinto llamó a Gabriel Montoya luego de la conversación con Fran, y le citó para que fuera a su casa a las seis y le dijo que también estaría presente su amigo. Montoya respondió que no había inconveniente, necesitaba que hubiera algún testigo de lo que tenía que decir. Así que de acuerdo a lo convenido, a la hora en punto se presentó en casa de Jacinto y cuando entró, también estaba presente Fran. Se saludaron, pasaron a una de las salitas y entonces, Montoya comenzó a hablar. Y lo que expuso tenía mucha lógica, ya que se trataba de una información privilegiada y de mucho interés para poder llevar a cabo el gran proyecto.

-Siento que nos hayamos tenido que reunir con esta premura, pero es que hay tanto que se ha de preparar que prácticamente veo que no hay casi tiempo – indicó Montoya un poco preocupado.

-¿Qué es lo que tienes en mente? – urgió Jacinto.

-Pues... La verdad es que imagino cuál es el final de esto, pero por eso me he preocupado en averiguar todo lo que podía ser importante y que podría ayudar a que todo llegue a buen término...

Quedó unos instantes callado, esperaba algún comentario de su oyentes, pero estos esperaron a que continuara. Y entonces prosiguió su perorata.

-Veréis... – Montoya se quedó unos segundos sin decir nada y continuó – me he estado preocupando de todas las posibilidades que podíamos tener de éxito y francamente supuse que íbamos a necesitar ayuda de más gente...

-¿Y? – preguntó Jacinto.

-Pues, me he puesto en contacto con amigos, con quienes pueden suponer una ayuda, y puedo aseguraros que con quienes he hablado, todos ellos son de mi total confianza. Nos pueden ayudar en todo sin hacer ninguna pregunta. Lo que quisiera saber, si os parece bien, es exactamente lo que vamos a necesitar. Puedo aseguraros total impunidad, el único que está al frente de todo esto, soy yo, al único que conocen y pueden señalar. Así que... ¿Qué podéis adelantar de esos planes?.

Ante esas preguntas, Jacinto y Fran quedaron unos instantes en suspenso, y vieron que era el momento de abrir la boca. Pero era Jacinto el que debía dar la cara y entonces, en aquella pequeña habitación, era el momento de poner las cartas boca arriba y habló... ¡Vaya que habló y dio detalles!...

A medida que hablaba, aquel hipotético plan les iba pareciendo a los tres una utopía, pero no irrealizable y cuando Jacinto hubo acabado de hablar el silencio los cubrió y cada uno de ellos quedó envuelto en sus propios pensamientos y sin querer sonrieron, pensando en lo que podía pasar si aquel hipotético plan se llevaba a cabo con éxito.

Viendo que estaban llegando en principio a un entendimiento, era el momento de ir aclarando situaciones y el que tenía que exponer sus ideas era precisamente Montoya, el que más comprometido iba a estar si todo fracasaba. Así que cuando el ambiente estaba tranquilizado, éste comenzó a dar una serie de explicaciones de lo que él pensaba que se debía hacer. Aguardó unos instantes antes de comenzar a explicar lo que él pensaba que se debía hacer.

-Amigos, creo que ha llegado el momento de explicar cuales son nuestras prioridades, bueno la de todos nosotros. Espero que lo que voy a exponer concuerde lo que se debe hacer en un principio y no lo toméis como una usurpación de autoridad. Me he tomado la libertad de hacer contactos con gente que nos puede ayudar y aportar nuevas ideas. Sabéis que tenemos un grupo de gente muy experimentada en estos menesteres, son los supervivientes de nuestra sección 23. Son gente con ganas de acción y ahora están disgustados en la forma como los han tratado. Muchos de ellos están destinados en lo que yo creo que son puntos estratégicos, La Cabaña, Guantánamo, algunas bases navales, algunos desperdigados por varias partes del país y todos ellos en permanente contacto conmigo. Creo de verdad que van a ser imprescindibles ¿No lo creéis así?...

Quedo unos instantes en espera de contestación, pero no la hubo, así que continuó con frases precisas.

-Todos ellos, aparte de otros contactos con gente de varias regiones militares, Oriental, Central y Occidental, con algunos miembros de tropas regulares, y principalmente de Milicias de Tropas Territoriales. Y quiero matizar que tenemos magníficos contactos con la Brigada de la Frontera, las cuales en un momento dado, invadirán la Base Naval de Guantánamo. Bueno, todo esto es muy largo de enumerar, pero puedo aseguraros que todos, todos, inclusive muchos de los que componen el Ejército Juvenil del Trabajo, y el entusiasmo de los alumnos de la escuela Militar de Camilo Cienfuegos, los “camilitos”, desean demostrar que son unos valientes luchadores por la libertad de Cuba. ¿Qué más puedo deciros? Todos están con nosotros, y sólo esperan una orden, para demostrar al mundo lo que significa la libertad de su pueblo ante el acoso de un enemigo mucho más poderoso. Todos saben que tienen la verdad a su lado y esperan demostrarlo muy pronto.

Calló unos instantes para saber el efecto que su declaración había tenido en el ánimo de sus interlocutores. Estos, Jacinto y Fran, estaban callados y el que rompió el silencio fue Maqueda que dijo eufórico.

-Francamente Montoya, no imaginaba que te hubieras preocupado tanto en tan poco tiempo. Todo lo que nos has informado es muy interesante y pienso, bueno, pensamos, que para nuestro gran proyecto nos va a ser imprescindible ¿No te parece Fran?.

Qué podía decir éste, estaba apabullado, aquello escapaba a todo cuanto hubiera podido imaginar y más viendo los entresijos, sin saber exactamente que era finalmente lo que se perseguía, aceptó las explicaciones, estaba de acuerdo en todo, aunque estaba un poco fuera de lugar. Imaginaba, eso sí, que aquello que preveía que eran tan, tan... ¿Cómo decirlo?, Tan incongruente, tan loco, que no quiso analizarlo, la decisión estaba en otras manos que de aquello sabían más que él. Así que se limitó a aseverar con la cabeza que estaba de acuerdo y sonrió, ante el contento de Jacinto y Montoya. Estos se limitaron a mirarlo y aceptar de buen grado aquella aceptación.

Entonces Jacinto le preguntó a Gabriel.

-Bueno, camarada Montoya, ¿Qué sugieres? ¿Qué se debe hacer? Te digo esto, ya que tú como comandante de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, debes tener un plan ¿No?.

-Sí, la verdad es que sí. No creáis que no lo he estado pensando, sé que os parecerá un poco raro, pero lo más lógico es que echemos toda la carne en el asador y que se decida una fecha determinada para llevar a cabo esta aventura. Si tenemos un día concreto, debemos programar muy bien lo que se debe hacer, que cada célula se comprometa que al segundo su misión se cumplirá. Todo debe hacerse de acuerdo a una estrategia militar, no debe haber ningún fallo, de eso depende que todo salga bien. Yo he pensado, si estáis de acuerdo, en que el día X, a la hora 0, la maquinaria de esta operación se debe poner en marcha. Todo debe estar como una maquinaria bien engrasada, cada uno en su lugar, esperando el momento para que a esa señal concreta, nada quede al azar. ¿No os parece?.

-Me parece perfecto – respondió Jacinto – cada uno debe estar en su lugar y cumplir exactamente lo que se le haya ordenado. Así tendremos la completa seguridad de que todo va a salir bien. Bueno, ¿Qué has pensado hacer?. ¿Cómo va a saber nuestra gente qué es lo que deben hacer?.

-Bien, os voy a explicar cual es mi plan. Según dijiste tenemos la posibilidad de conseguir unos explosivos ¿No es sí?.

-Sí es verdad, los vamos a tener. Pero según tus cálculos ¿Qué es lo que vamos a necesitar?. Vuelvo a recordarte ¿Qué lo que necesitamos?. Según lo que vayamos a hacer... - Aseveró Jacinto.

-Pués, pués... Según mis cálculos lo que vamos a necesitar es una cantidad que concuerde con nuestras necesidades... - respondió Montoya.

-Pero, ¡Dilo de una vez!. Según los puntos donde deban explosionar en su momento los artefactos explosivos, según tu experiencia ¿Cuáles pueden ser?. Eso sí, sin que causen daños personales ni a estructuras.

Bueno, yo he calculado lo siguiente. Se deben colocar dichos explosivos en; Muelle de Céspedes, en 6 sitios diferentes en el Malecón, en las entradas de una u otra parte del Túnel submarino, en el Castillo del Morro, y, principalmente en el cañón que anuncia cada tarde el cierre de las murallas en la Fortaleza de la Cabaña, en la Estación Central, en el Parque de la Fraternidad, detrás del Capitolio, y esto si que es muy importante, en el Memorial Granma. En el malecón Antonio Maceo, en la entrada de la Universidad, en la plaza Memorial, en la calzada Infante cerca del Hotel Nacional, en la Comandancia de las Fuerzas Navales de la Revolución, en la ensenada de Atarés, Avenida de Montserrat, en el Paseo Martí, y varios artefactos en el Vedado y en Miramar, cerca del acuario Nacional. Y varios otros. Pero quiero tener la seguridad de que los explosivos van a estar disponibles.

-Los vamos a tener, pero lo que quiero es asegurar que no puedan haber víctimas ni grandes destrozos.

-No hay problema, todo está calculado. ¿Algo más?...

Mientras la conversación seguía entre Jacinto y Montoya, Fran estaba meditabundo, silencioso, en su interior seguía teniendo sus dudas. Pensaba ”Es demasiado fácil poder hacer todo ese barullo, tal como se está presentando...” Pero él no era el que decidía, así que permaneció callado en espera de que le pidieran su opinión, cuando inopinadamente, el timbre del teléfono hizo que los tres dieran un respingo. Al coger el auricular Jacinto, escuchó la voz de Violeta que le quería informar de algo muy interesante.

-Jacinto, no me explico lo que ha pasado...

-¿Qué ha pasado – preguntó inquieto éste.

-No es nada malo, al contrario. Tu sabes que en nuestro laboratorio tenemos las existencias de productos muy limitadas ¿No?. Pues bien – siguió Violeta – sin haberlo pedido, han repuesto en nuestros almacenes una gran variedad de productos de los cuales teníamos necesidad, entre ellos los que nos hacían falta para lo que tu sabes. Aparte de eso han llegado pedidos urgentes por parte del Consejo Militar del Ejército, de lo mismo que tenemos que hacer para eso... No sabes tú la alegría que me ha dado recibir ese material, así que ya puedo decirte que en tres días, tendremos lo que tu me solicitaste. ¿Qué te parece?.

-Pues que me parece estupendo. No tendrás problemas tú ¿Verdad?.

-No nada de eso, nos viene de perlas, no se podrán dar cuenta que hemos tomado prestado eso... Cuando puedas necesitarlo me lo dices.

-Vale, creo que en unos dos días debemos tener todo solucionado, te lo diré. ¡Te quiero amor!.

Al ver la cara que Jacinto estaba poniendo a medida que oía el mensaje telefónico, Fran y Montoya le miraron curiosos en espera de que les dijera que pasaba.

-Era Violeta, me avisa que ya tenemos lo que íbamos a necesitar, en dos días puede entregarlo.

-Es una buena noticia – comentó Montoya – estaba preocupado por si la cosa se alargaba. Así podremos acelerar el plan ¿No?.

-Sí – respondió Jacinto – Ahora lo que debemos hacer, es concertar una reunión de todo el equipo y entonces concretar la misión de cada uno y poner en marcha lo que pretendemos hacer. Así que podremos reunirnos aquí en tres días a primeras horas de la mañana ¿Qué os parece?.

Fran y Montoya se miraron y respondieron que estaban de acuerdo.

-Pues entonces, la reunión en tres días, concretaremos todo y pienso que todo estará listo. ¿Tienes algo más que decir, amigo Montoya?.

-Pues no, creo que todo ha quedado aclarado y lo que tengo que hacer es coordinar con mi gente todos los detalles para que nada falle. Tenemos todo lo que necesitamos.

-Entonces estaremos en contacto, y si hay algún cambio nos lo comunicaremos.

Montoya afirmó y se retiró dejando a Fran y Jacinto a solas.

-¿Qué te parece? ¿Crees que saldrá bien? – pregunto Jacinto,

-Yo pienso que sí, no creo que se nos vaya de las manos, pero la verdad, hay algo en este plan que no acabo de entender. ¿Cuál es la finalidad? – inquirió Fran con cara preocupada.

-Amigo Fran, el alcance de lo que se puede lograr, si lo llevamos a efecto y con buenos resultados lo que pretendemos hacer, la cosa puede ser muy importante para Cuba. Ya lo verás.

-Sigo sin saber ese intríngulis que te llevas entre manos – respondió Fran un poco preocupado.

-Verás, hoy cuando haya hablado con Delvia y concrete con ella las líneas de lo que debe hacer, entonces te aclararé todo este misterio. Parece muy complicado, pero por su sencillez, es de esperar que todo salga bien. Tú no te preocupes, vas a ser el primero en conocer la meta del plan. Te lo prometo.

-Está bien. Espero que nada falle y que todos salgamos bien de este asunto.

-Te digo que no te preocupes, todo lo tengo bajo control.

-Bien, eso espero, bueno me voy tengo una cita con Delvia – contestó Fran muy impaciente.

-Mira Fran, no te vayas. Va a venir Delvia aquí y así aprovecharemos para que te vayas informando del asunto – dijo sonriente Jacinto.

Efectivamente, minutos después llegó Delvia y al ver a Fran, su sonrisa de felicidad iluminó la cara de su enamorado, que al verla exclamó.

-¡Qué hermosa eres, Delvia!. Estás preciosa.

Al escuchar las exclamaciones de Fran, ella se infló como un pavo, le agradaba escuchar aquellas palabras que la definían como algo especial. Entró en la casa, entonces Jacinto los hizo sentar en la habitación y con cara de circunstancias, carraspeó y comenzó a explicar a grandes rasgos cuál era la finalidad de todo aquel increíble asunto.

-Prestad mucha atención de lo que voy a deciros, es información secreta y debéis guardar silencio hasta el día que esto vaya a suceder...

Los oídos de sus oyentes estaban pendientes de sus palabras, ni respiraban, atendían a lo que Jacinto les estaba revelando, era tan asombroso que abrieron sus ojos con incredulidad. Y realmente, era una fantasía tan difícil de creer, que movían la cabeza de vez en cuando. Y Jacinto comenzó a hablar.

-Bueno, en líneas generales lo vais a comprender enseguida.

Jacinto hizo una pausa y seguidamente comenzó a explicar su increíble plan.

-Prestad atención. De acuerdo con lo que he programado, Montoya se va a encargar con su gente de provocar unas explosiones controladas en unos sitios muy concretos. Esta operación que llamaremos “Distracción” tiene como misión, eso, distraer la atención de las Fuerzas Armadas Revolucionarias del plan principal.

-Pero cuál es ese plan secundario – preguntó Fran.

-Bueno, ese plan, es en el que entras tú.

-¿Yo? – preguntó con extrañeza su amigo.

-Sí – dijo Jacinto - ¿Te acuerdas de tu visita a la Cadeca de la calle Obispo?. Pues ahí entras tú, a una hora determinada, con tu grupo de gente asaltaréis esa Cadeca. Al mismo tiempo habrá unas explosiones en varios puntos de la ciudad, con ello provocaremos que la atención principal de las fuerzas del orden, acudan donde están sucediéndose los estampidos.

-¿Pero?... Me tiene intrigado que va a pasar con nosotros. Asaltamos la Cadeca ¿Y entonces?.

-Pero Fran, si es muy sencillo, tenéis tres minutos para arramblar con lo que haya en las cajas. Enseguida tendréis un grupo de apoyo que os facilitará las cosas. Seguidamente iréis a unos lugares previamente señalados con el dinero que tengáis en vuestro poder y nada más.

-¿Nada más? ¿Qué fácil no? – respondió Fran preocupado.

-Para eso has traído los aparatos especiales que te encargué ¿Recuerdas?.

-Claro que lo recuerdo, pero...

-¡Deja de poner inconvenientes Fran! Cada hombre de nuestro grupo tiene una misión que va a facilitar la tuya. Os explico. Cada miembro del grupo de acuerdo con su misión específica tendrá unos medios para controlar cualquier situación. Pueden anular las frecuencias de telefonía y radio, transmisores para coordinar los movimientos de todos y cada uno de ellos. De acuerdo con lo que cada uno domina en un campo determinado, provocará un caos en el momento adecuado. Todo esto lo comprobaréis cuando estéis en el tema que os atañe, no vais a estar solos. Y vuelvo a repetiros que no vais a estar solos...

Viendo la cara de su oponentes, Jacinto creyó que era el momento de aclarar un poco la situación y dar información de la finalidad de todo aquel entramado. Aguardó unos segundos y entonces comenzó a explicar con detalle las líneas generales de su gran plan.

-Veo que los dos estáis preocupados, pero lo que a continuación vais a escuchar os va a preocupar más. Este plan, este gran plan, tiene una finalidad especial y prestad mucha atención. La principal intérprete es Delvia...

¡Qué decir! Cuando ella escuchó esa alabanza esperó a que Jacinto definiera cuál era su papel.

-Veréis, Delvia tiene la llave de todo este asunto, puede coordinar un trabajo que solo ella puede hacer...

-¿De que se trata? – inquirió Delvia, aun sabiendo ella de que iba aquel asunto.

-Pues se trata, que con la red de los “hackers”, con los cuales tienes contacto en todos los países latinoamericanos y en USA, en un momento que te indicaré, todos ellos se introduzcan en todos los programas posibles y que provoquen un caos en todos los sistemas de seguridad de los de Estados Unidos. Necesitamos que los “Usacos”, no sepan que se trata, que crean que están atacando a Cuba sin estar haciéndolo y eso provoque una intervención de todos los países del mundo, para que Cuba deje de ser presionada de esa manera injusta por los imperialistas americanos.

-Eso es mucho ¿No? – exclamó Delvia.

-Delvia, debemos hacer creer que la cosa va en serio, necesitamos todo este embrollo para que todo el mundo crea que es verdad, lo que de verdad no está ocurriendo. Nadie estará invadiendo Cuba... Esto no es un juego, es una verdad latente ¿Qué podías creer? ¿Qué era un juego?. Pues no, ahora nos estamos jugando nuestra subsistencia de una vez por todas. Y por eso debemos hacer creer que nos están atacando y que la invasión de Cuba es el paso siguiente.

-Pero ¿Qué va a pasar entonces? – preguntó Fran.

-No lo sé, en estos momentos creo que va a dar resultado nuestra estratagema, confío en la suerte y en el esfuerzo de todos para que sea una realidad lo que pretendemos hacer, la libertad de Cuba para siempre, hay que ser audaces y eso es lo que haremos, ser audaces y temerarios.

-Espero que no te equivoques y que todo salga bien como tú has pensado. Siento una gran admiración por ti, ya que luego de haber pasado unos meses encerrado, aguantando de todo, ahora pretendas apoyar al régimen. La verdad es que me parece increíble – comentó Fran.

-Bueno, el tiempo dirá si tengo razón para hacer lo que vamos a hacer o me he equivocado. Si es así, pues ya veremos lo que pasa.

-Vale, yo también pienso que todo va a salir bien, aunque no alcanzo a comprender que es lo que al final va a pasar.

-Pues nada, no te preocupes, los que tienen que decir la última palabra sabrán lo que tienen que hacer y verás que va a ser un final feliz.

-Eso espero – respondió Fran no muy convencido.

En aquellos momentos apareció Violeta, la cual se llevó una sorpresa al ver al grupo reunido, cuando se sentó con ellos, Jacinto le hizo una explicación muy somera, con lo cual quedó medio enterada. Y entonces Violeta preguntó.

-¿Pero y yo? Tengo que permanecer con los brazos cruzados para saber qué...

-No, mujer, tienes muchas cosas importantes que hacer – respondió Jacinto - Verás, debes de coordinar a todos los de nuestro grupo que deben reunirse aquí pasado mañana, ese va a ser el día X, a todos se les va a dar instrucciones precisas que deberán cumplir al pie de la letra, ya que al día siguiente a la hora 0, va a comenzar a llevarse efecto el gran plan. Avisa que cada uno de ellos, tenga a su gente lista para que en esa hora punta de comienzo la fiesta. El asunto que llevas entre manos, debe ser entregado a Montoya cuanto antes, ya que éste debe preparar los fuegos artificiales exactamente a la hora indicada. ¿Estás de acuerdo?.

-Claro que sí Jacinto, he tomado nota de todo y será cumplido exactamente tal como has indicado.

-Bueno, hay algo más, debes tener cuidado de que nada de lo que aquí hemos comentado salga de nosotros. ¿Entendido? Y eso va por los tres. Y ahora a ponerse manos a la obra. Estaremos en contacto.

Cuando se fue cada uno por su lado, de inmediato se pusieron en acción. Violeta comenzó a llamar a cada uno de los componentes principales del grupo, dando órdenes de lo que tenían que hacer. Fran, se fue directo al hotel Sevilla, pero una sorpresa le aguardaba, en el hall del hotel un gran grupo de muchachotes estaban esperándolo, eran los antiguos camaradas de Angola. Gritos, saludos, palmadas en las espaldas y abrazos.

-Teniente Llorens, a sus órdenes... - gritaron varios.

-Saludos compañero - gritaban otros.

Fran estaba emocionado y más, cuando Montoya que se había apartado del grupo fue a saludarlo con el sargento Melquíades. Aquello fue el abrazo de un oso.

-Mi teniente, ¡Cómo le hemos echado de menos!. ¡Qué alegría nos da verle! Nos alegra que esté aquí en La Habana. ¡Menuda juerga vamos a correr! ¿No?. Tenemos ganas de jaleo.

Qué podía decir Fran, estaba muy emocionado y aceptó con alegría los abrazos y apretones de manos. Antes de salir con sus compañeros, avisó a Delvia que iba a estar con los amigos que le había hablado y que volvería tarde, que no se preocupara. Y sin darle tiempo a responder, aceleró la salida del hotel con aquella marabunta y riendo todos alegremente se dirigieron a la Floridita. Y menuda juerga la que armaron allí. Brindaron por los presentes, por los ausentes y tanto jaleo armaron que incluso tuvo que acudir la Policía Militar, que no tuvo que hacer nada, ya que la presencia del comandante Montoya sirvió para que todo quedara en un aviso, que hizo que el grupo saliera más que deprisa para dirigirse a la Bodeguita del Medio y prácticamente echaron de allí a los que estaban tomando sus mojitos y ron.

La fiesta acabó luego de visitar cuantos bares encontraron en su camino, y ya de madrugada, una vez que todos estaban satisfechos de haber bebido, peleado y brindado por todo lo habido, el grupo se deshizo, llevando todos la alegría en su cuerpo. ¡Vaya que sí!. Tambaleantes Fran y Montoya, tomaron un taxi que los llevó al hotel, Montoya sin bajar del vehículo se despidió de su amigo, satisfecho de haber cumplido con él deber de reunir a todos aquellos antiguos camaradas de lucha. Fran subió a su cuarto y Delvia viendo que estaba muy bebido, no quiso decirle nada, lo acostó y lo arropó como a un niño, mientras le acariciaba dulcemente. Se reservaba el día siguiente para armarle la bronca ¡Pues buena era ella para aguantar eso!...

Pero el día llegó y su enfado se deshizo en nada, ya que Fran comenzó a hacerle carantoñas y poco después hicieron el amor, ya con eso lo pasado, pasado estaba. Fran seguía estando preocupado en su interior y Delvia notando que algo no andaba bien, ya que el rostro de Fran reflejaba sus sentimientos, le preguntó mimosa.

-¿Te pasa algo amor? Te noto preocupado. ¿Hay algún problema?.

-No, cielo, no me pasa nada, pero sigo pensando que hay algo que me inquieta.

-¿Qué es lo que te preocupa? – insistió Delvia.

-No sé, tanta gente que está al tanto de lo que se pretende hacer...

-Pienso que Jacinto habrá pensado en eso. De todas maneras, solos no podríamos hacer todo lo que se tiene que efectuar ¿No? – rebatió Delvia.

-Sí es verdad, pero cuanta más gente esté metida en el asunto, en algún momento, alguien puede abrir la boca y echar por la borda los preparativos. Además, tengo que decirte que me preocupa tu seguridad, sobre todo que te pueda pasar algo, que descubran tus movimientos por la red y...

-No te preocupes por mí ni por mis contactos. Puedo asegurarte que hay tendida una enorme tela de araña con los hackers en todo el mundo y nos ayudamos mutuamente cuando nos necesitamos. Ahora he puesto en pie de guerra a todos mis contactos y no puedes imaginarte lo emocionados que están todos en poder colaborar con nosotros. Odian lo que Estados Unidos le está haciendo a Cuba y desean entre todos darles una lección de humildad. Quieren demostrar al mundo que aunque ellos crean que son todopoderosos, no hay enemigo pequeño. Se van a encontrar con el rugido de un ratón y ¡Qué ratón!...

-Bueno, eso me tranquiliza mi amor, pero no dejo de estar preocupado, y a medida que se acerca la hora de que esto comience, me inquieta algo.

-Verás como todo sale bien, tenemos las de ganar, hay muchos amigos a la espera de que llegue la hora y en ese momento, no saben ellos lo que les espera – aseguró Delvia – deja de tener negros pensamientos, piensa en positivo.

Para acallar los temores que Fran estaba sintiendo, ella como una gatita se arrimó a él y ronroneó en sus oídos palabras de amor y aquello lo derritió y los dos perdieron la noción del tiempo, ya que volvieron a fundir sus cuerpos en la dulce lucha del amor hasta quedar extenuados en el lecho, abrazados y felices de compartir aquellos momentos mágicos.

Una llamada del teléfono los despejó de su ensimismamiento, era Jacinto que les recordaba que tenían una reunión y los estaban esperando. No tardó nada la pareja en arreglarse y salir disparados para asistir a esa importante reunión, Cuando llegaron a la casa, el grupo ya estaba al completo esperándolos y con gestos en los cuales reprochaban aquella tardanza. Pidiendo disculpas, que si el tráfico, que no les habían avisado de la recepción del hotel... Jacinto cortó la verborrea y poniendo cara seria hizo que todos atendieran lo que iba a decir dando un golpe en la mesa. Aquello hizo que todos le miraran fijamente, y comenzó a explicar cual iba a ser la misión de cada uno.

-Quiero recordar a todos que tenemos muy poco tiempo, mañana es el día y el plan a seguir debe seguirse con toda exactitud, no debe haber demoras en ningún caso. Cada uno de vosotros sabe como debe planificar con su gente los pasos a seguir, ahora bien, hay unas prioridades en el plan para obtener el resultado que todos deseamos, y voy a definirlas ahora, así que tomad buena nota de todo. Comprobad vuestros relojes, ahora son las 9 horas. ¿Vale?.

Calló unos instantes, miro uno por uno a sus interlocutores y explicó a continuación con voz pausada y clara las prioridades.

-A la hora que ya le he adelantado a José Morante, debe interferir todos los contactos telefónicos entre todos los centros oficiales, derivar las conexiones a un centro, y allí coordinarán de acuerdo a las instrucciones que han recibido, lo que deben hacer. Eso debe efectuarse a la hora 0. ¿De acuerdo Morante?.

-De acuerdo, ya está todo listo – respondió este – no hay problema.

-Bien, ahora pasemos a Guillermo Cortazar. Los pasquines que tienes preparados, deben ser repartidos por toda la ciudad media hora antes. ¿Conforme?.

-Conforme, todo está preparado.

-Ahora sigue José Ladrían. A la misma hora, deben recibir los centros de educación que hemos señalado, que den el día libre a sus estudiantes y que estos se concentren en todo el centro, sobre todo por la zona de la calle Obispo y aledaños. Es muy importante que lo hagan así, es nuestra maniobra de distracción para el siguiente paso. ¿De acuerdo?.

-No hay problema, ya está todo listo – respondió riendo Ladrían.

-Fran y su grupo, diez minutos antes de la hora 0, deberán estar en la puerta de la Cadeca de la calle Obispo. Dentro ya tenemos un contacto que habrá preparado todo, con el fin de que no pierdan tiempo en realizar su labor, tienen 3 minutos y seguidamente salir de allí y en la calle Cuba, aledaña a Obispo, los esperará una camioneta azul con un pequeño grupo, son los que con su transmisor de frecuencia, habrán podido inhibir la frecuencia de los celulares, ya que en un radio de 100 metros, nadie podrá transmitir nada. Depositarán las sacas con el dinero y se desperdigarán entre la multitud. ¿De acuerdo?.

-De acuerdo, todo seguirá el plan previsto – respondió Fran.

-Bien, Manuel García es el que sigue. Como te comenté, el plan es que por medio de las interferencias de Morante en los teléfonos, y con la ayuda de Delvia, podrás hacer que del Ministerio del Interior no pueda emitir órdenes que den al traste con nuestros planes. Debes tener controlado todo de inmediato. Nada se debe mover si nosotros no queremos que lo haga. ¿Vale?.

-Vale, nada se moverá no te preocupes – contestó García.

-Pasemos ahora con Orlando y Zapata, debéis tener los vehículos que precisemos para el traslado de nuestra gente y no deben haber fallos. De vuestra colaboración depende la seguridad de todo el grupo. ¿Está todo bien?.

-Todo bien engrasado y listo – respondió Arencibia riendo.

-Nuestro compañero, Fraga deberá repartir sus panes durante la hora 0 en toda La Habana, para ello cuenta con vehículos que les facilitará Arencibia y hará que la población trate de coger ese pan que se va a repartir gratis a todo aquel que lo solicite. No habrá problema de suministro ¿Verdad?.

-Descuida, sobrará, ya lo verás – contestó Fraga.

-Bien, ahora dependemos del trabajo que va a desempeñar Montoya, nuestro nuevo compañero. Es de suma importancia su colaboración, de él depende que la finalidad del gran plan se lleve a cabo. No podéis suponer en qué manera nos va a ayudar. Su colaboración va a facilitar las cosas para que el mundo conozca la verdad. Necesitaba un material imprescindible para hacer creíble lo que se supone que va a pasar. Violeta se lo ha facilitado y ya está situado en los lugares elegidos para que surtan efecto. Sus contactos nos han aportado un sin fin de gente que desea que cambien las cosas en Cuba. Su tarea va a consistir en que a la hora 0 más 15, lo que provoque, hará creíble que todo cambie de una manera radical. Es nuestra mejor baza. ¿Todo listo comandante Montoya?.

-Todo a punto, compañero, todo listo – precisó éste.

-He dejado para la última a Delvia, pieza fundamental para que todo tenga éxito en ese final que se pretende lograr. Yo no voy a explicar cual es su misión, ella lo va a hacer mejor que yo. ¡Adelante Delvia!.

Delvia, se levantó de su asiento, carraspeó, titubeó un poco y finalmente explicó a grandes rasgos cual era su misión.

-No quiero hacer complicada mi explicación, pero puedo aseguraros que la misión que se me ha encomendado es de suma importancia, no por mi actuación, sino por lo que conlleva mis contactos con otros hackers como yo y que están desperdigados por todo el mundo. Puedo asegurar que no todo ha sido fácil, he tardado en ponerme en contacto con los miembros que componen nuestra asociación secreta y que realmente es una enorme telaraña que cubre todo el mundo, y de todas partes, aun de los sitios más insospechados he recibido el apoyo unánime. Puedo deciros, aunque en ello me explaye un poco, que poder introducirse en algunos lugares, ha sido un trabajo ímprobo, penetrar en todos los recovecos, circuitos de protección, barreras y conseguir los códigos y contraseñas de los lugares en los cuales pretendíamos introducirnos, ha sido una labor de meses, pero lo hemos conseguido – declaró con aire triunfante Delvia - ¡Lo hemos conseguido!.

Quedó unos instantes callada, esperando ver la reacción de sus oyentes y viendo que se limitaban a mirarla expectantes, siguió.

-Bueno, como Jacinto me comentó en líneas generales cual era la finalidad del plan, me puse en contacto con todos los hackers que nos podían interesar. Puedo asegurar que toda América del Sur, Centro y del Norte, todos los que allí componen nuestra especialidad, todos ellos están de acuerdo en colaborar. Así que ya tienen señalada la hora 0 como meta, y a partir de ese momento pienso que las cosas se van a acelerar de una manera incontrolable. Nadie de mis contactos va a fallar y sí puedo asegurar que cuando intercambié impresiones con mis invisibles amigos, la explosión de entusiasmo fue unánime.

Calló de nuevo para dar tiempo a que el grupo captara cual era lo que a continuación les iba a referir, ahí estaba el intríngulis de todo aquel embrollo. Y cuando siguió, unos escalofríos recorrió la médula de los asistentes a la reunión.

-Imaginad por un momento que el mundo pueda creer que Estado Unidos tiene la intención, o que está invadiendo Cuba. ¿Qué puede pasar? ¿Se va a quedar indiferente? ¿Qué reacción pueden tener los pueblos hermanos de Cuba?. Pues esto es lo que va a ocurrir, se pretende que todo el mundo crea de una manera convincente que es lo que está pasando, sin que lo esté. Para eso es todo este paripé, para que todos crean que estamos siendo invadidos por el Imperialismo Americano, según ellos la Policía del Universo, los que dictan los cánones, las reglas y lo que tienen la fuerza. Queremos hacer saber al mundo lo que es “El Rugido de un Ratón”. Tenemos la razón de nuestro lado y queremos que todos lo sepan...

Los asistentes a la reunión que no esperaban esa revelación, el alcance que iba a tener aquella pantomima, temblaron de emoción y aumentó sus deseos de ponerse en acción. Sus gestos fueron captados por Jacinto que calmó los ánimos con unas palabras.

-Bueno, lo que ha estado revelando Delvia es un principio, hay mucho más, que se sabrá cuando hayamos llevado a feliz término lo que todos tenemos que hacer cada uno de nosotros. Ahora debéis tranquilizaros y seguid escuchando a Delvia hasta que acabe de explicar lo que va a hacer. Esta, sintiéndose importante se irguió ante todos, miró a Fran, esperando su aprobación y continuó.

-Veréis, para dar más realismo a lo que va a pasar, tengo controlado por completo el Ministerio del Interior, el Estado Mayor General, he interferido en todos sus sistemas y las órdenes que ellos puedan emitir, están controladas. Quiero decir con esto, que nada se va a mover en Cuba, si no lo indico yo.

-¿A qué te refieres? – preguntó Montoya interesado.

-Es muy fácil, supongamos que luego de lo vamos a armar, se crea de verdad que Cuba está siendo atacada. Lógicamente, todas las órdenes de los centros respectivos estarán dirigidas a que entren en acción, la defensa antiaérea, la fuerza aérea, la marina de guerra y eso no va a ser posible, ya que recibirán órdenes concretas del alto mando de que nadie se mueva, que esperen órdenes de la más Alta Jefatura, que es nuestro Comandante en Jefe. Y no las recibirán, todos los canales estarán controlados. Y ¿Qué puede pasar? Que nadie se moverá...

-Pero... ¿Y si reciben por cualquier medio información exacta de lo que no está sucediendo?- preguntó Fran.

-No van a tener posibilidad de recibir nada, todo va a estar controlado – respondió risueña Delvia.

Nadie de los que estaban asistiendo a aquella reunión pudo articular palabra, aquello era tan inconcebible que no lo podían creer. ¡Tan fácil!. Cuando al fin fueron reaccionando, las preguntas se sucedieron unas tras otras.

-¿Cómo va a recibir el pueblo cubano los acontecimientos? – preguntaron varios.

-¿Qué va a suceder si el Gobierno pierde los estribos y ataca la base de Guantánamo? – inquirieron otros.

-¿Qué pasa sí?...

Fueron varias las preguntas a la vez, que fueron cortadas por la voz de Jacinto que impuso silencio con un gesto enérgico.

-¡Callad de una vez! Todo está bajo control, si cada uno hace lo que tiene encomendado, no tiene que pasar nada. Las cosas cambiarán porque tienen que cambiar, lo que vamos a hacer va a ser un efecto dominó, una cosa arrastrará otra, luego otra y todo encajara en su lugar. Así, que tranquilizaos, poned vuestros relojes en hora y que lo mismo haga vuestra gente. Y esperad hasta mañana que va a ser el día señalado para que cambie la historia. En caso de que haya algún problema antes de que de comienzo nuestra actividad, poneos en contacto conmigo o con Delvia. ¿De acuerdo?.

Todos afirmaron con la cabeza, y se fueron convencidos de que iban a tomar parte en algo grandioso y espectacular. Jacinto hizo que Fran, Delvia, Violeta y Montoya se quedaran unos instantes, deseaba cambiar unas últimas impresiones con ellos.

-¿Qué os ha parecido el ánimo de nuestra gente? ¿Verdad que todos están motivados?...

Le respondieron que encontraban al grupo muy metido en el tema y que estaban convencidos de que todo saldría bien. Jacinto preguntó directamente a Montoya algo que le tenía preocupado.

-¿Qué hay de los radares de costa? ¿Podrán ser alteradas sus funciones? Eso me tiene algo inquieto.

-No tienes por qué temer nada – respondió Montoya – me he encargado de que los servicios de transmisiones y logística estén controlados. Los radares verán lo que nosotros les hagamos ver, ¡No te preocupes!.

-Vaya, se me ha quitado un peso de encima. Bueno, muchachos, la cosa está en marcha, ya no hay vuelta atrás, esperemos que todo salga bien – dijo sonriendo Jacinto – confiemos en la suerte.

Acabado este pequeño aparte, Montoya, Delvia y Fran se fueron dejando solos a Violeta y Jacinto.

-Mi amor, qué ganas tenía de estar a solas contigo. Tienes que perdonarme por haberte descuidado tanto, pero es que tenía tantas cosas en la cabeza que no podía pensar en otra cosa, Nos jugamos mucho y... – comentó Jacinto.

-Ya lo sé mi vida, pero no tengo que perdonarte nada, todos estamos en la misma situación, hemos tenido nuestros pensamientos puestos en el plan y no teníamos tiempo para pensar en nosotros – respondió mimosa Violeta.

Era tiempo del amor, y temiendo lo que pudiera pasar al día siguiente, los dos trataron de recuperar algo del tiempo perdido y comenzó una bella batalla de amor entre dos seres que se necesitaban mutuamente. No pensaron nada más que en ellos y el tiempo fue pasando. Las sombras de la noche cayeron sobre La Habana y sin darse casi ni cuenta, las luces del alba los despertó de su letargo. Había llegado el día X y se acercaba la hora 0...


 

 


  Obras de este autor

Intriga en La Habana

· Capítulo I
· Capítulo II
· Capítulo III
· Capítulo IV
· Capítulo V
· Capítulo VI
· Capítulo VII
· Capítulo VIII
· Capítulo IX
· Capítulo X
· Epílogo


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  Autores

  · Arévalo Cruz, Antonio
·
Eusse López, Luz Elena
·
León Burgos, Miguel
·
Loshuertos Caldentey, Luis

 

 

 


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