| Capítulo VII
Delvia y Fran se dirigieron al hotel Sevilla. Allí
les esperaba un merecido descanso y entonces cuando los dos
estaban relajados completamente, luego de desvestirse y de
verse libres de preocupaciones, fue cuando Fran, viendo aquel
cuerpo de belleza sin igual de Delvia, su líbido se
puso al rojo vivo, sintió dentro de sus entrañas,
que en aquellos momentos sólo deseaba hacer el amor
con aquella exuberante mujer, y sin mediar palabra, sin poderlo
evitar, se acercó a aquel cuerpo que lo incitaba con
su atracción y perdió la contención,
y como un salvaje que nunca antes hubiera tenido a su alcance
una hembra como aquella, sin mediar palabra, ante la pasividad
de ella, se apoderó de su cuerpo y encontró
sin dificultad aquellos lugares donde se escondía el
placer supremo y los dos como unos locos, ansiando pertenecerse,
se perdieron en la cordura y explotaron en un éxtasis
desbordante, que los agotó. Fueron juguetes de unos
deseos altamente contenidos y que a la postre, encontraron
amplia recompensa a sus ansias de ser poseídos y fueron,
un cuerpo en un solo cuerpo, una mente en una sola mente y
gozaron, como nunca antes habían gozado, de la posesión
de otro cuerpo...
Una vez, ahítos de aquella locura frenética
de gozar del placer, recobraron la cordura y entonces, placenteramente
tendidos en la cama, muy relajados, hubo una pregunta que
Delvia le hizo a Fran.
-Querido, cuando nos conocimos, hubo un comentario por parte
de Jacinto que me sorprendió.
-¿Cuál fue Delvia querida?- preguntó
un poco sorprendido Fran.
-Bueno, verás. Comentó que habías sufrido
mucho, que tú habías sido un aventurero ¿Qué
fue lo que pasó?-Inquirió intrigada Delvia.
-Qué quieres que te cuente ¿Mi vida? La verdad
es que no tiene ningún interés. Es igual a cualquier
otra en mis mismas circunstancias...
-Pero... ¿Qué te pasó? – volvió
a insistir ella.
-Verás... Yo tuve un amor, un amor de verdad... Pero...
-¿Qué?... Cuenta - Insistió Delvia.
-Mira, cuando encuentras a tu pareja ideal, entre los dos
se forma una sola vida y lamentablemente, cuando la otra parte
se va... De verdad, es que no queda, nada de nada y eso es
lo que me sucedió a mí. Perdí...
No pudo continuar, un gran sollozo se ahogó en su garganta.
Ella respetó su dolor, pero no tardó en pedirle
que siguiera con su relato, sabia que eso le podía
reconfortar de alguna manera. Y preguntó de nuevo.
-¿Qué pasó? ¿Qué hiciste
tú?...
-Mira Delvia, esto es muy duro para mí, pero te voy
a responder. Cuando por aquellas terribles circunstancias
me quedé sólo, miré al cielo y en cada
estrella que miraba, veía un sueño. Un sueño,
que se fue demasiado pronto o al que llegué demasiado
tarde. Quizás aquel fue un sueño que me negué
a alcanzar, aunque hubo luego otros que alimentaron mi ilusión
durante algún tiempo y me ayudaron a crecer, a seguir
soñando. Quiero decirte que las estrellas que más
brillan, forman parte de sueños cumplidos, y al mirarlas,
un rayo de esperanza me sonríe. Algunos sueños
conseguí alcanzarlos con ayuda, con ánimos que
me alentaban cuando quise desistir. Algunos otros, los alcancé
con mucho empeño, luchando a pesar de que nada estuviera
a mi favor. Pero, lo más importante de unos y otros
es que creí en mí, alguien creyó en mí,
y gracias a eso conseguí hacerlos dueños de
mis duendes.
Un gran sollozo le interrumpió, eran aquellas tan lindas
palabras, tan preciosas, que Delvia se sintió transportada
al infinito de amor y le incitó a que continuara.
-Por el contrario – siguió Fran – las estrellas
más apagadas son sueños que yo mismo hundí,
sueños en los que no creí, sueños que
traicioné. No quise luchar en un momento crucial, perdí
la fé y lo que fue peor, la fé en mí,
en mis posibilidades, la fé de mis sueños. Me
negué a soñar, a creer. Todas las demás
estrellas son sueños por cumplir, aquellos que forman
parte de mi presente y los que me harán sonreír
en el futuro. Gracias a ti, querida Delvia, voy a conseguir
que esas estrellas brillen cada vez más, para que aquellos
que no consiguen alcanzar sus sueños, al menos cuando
miren al cielo y vean los míos, les iluminen. La verdad
es que hay que creer en los sueños. ¿No lo crees
así Delvia?.
Qué podía responder aquella hermosa mujer que
se sentía apabullada por aquellas palabras tan sentidas,
dichas por la voz de un hombre que ella amaba tan apasionadamente...
Y sin poderlo remediar, sollozó quedamente, apoyando
su cabeza en el cuello de él. Los dos estuvieron así
largo rato hasta que ella se calmó y entonces sonó
el teléfono, era Montoya que deseaba hablar urgentemente
con Fran. Que lo esperaba en el hall. Éste notando
en la voz de su amigo una cierta premura, se volvió
a Delvia y le dijo.
-Querida, voy a bajar para ver que quiere Gabriel, debe ser
algo importante cuando ha venido para hablar conmigo. Enseguida
vengo.
No tardó en vestirse y en bajar, cuando llegó
al hall, allí sentado en uno de los rincones, le estaba
esperando impaciente Montoya. Cuando lo vio llegar, se levantó
y riendo le preguntó.
-Te he dado un susto ¿No?. Verás, tengo grandes
noticias que darte. ¿Te acuerdas de nuestros camaradas
de la Sección 23, con sus tres pelotones que estuvieron
bajo nuestro mando en Angola?...
-Cómo no me voy a acordar. ¡Qué buenos
tiempos pasamos con aquellos muchachos! ¡Muchas veces
los he echado de menos. Sobre todo al sargento Melquíades
¡Qué mala leche tenía! ¿Te acuerdas
cuando se emborrachaba y creía ser un fauno?.No había
mujer que se le resistiera. ¡Qué tío!.
Bueno y ¿Qué pasa con ellos?...
-Pues no te lo vas a creer, están aquí y hoy
me los he encontrado en La Floridita. Habían ido a
tomar un trago y allí estaban armando gresca como siempre.
En cuanto me vieron, aquello fue una revolución. No
sabes como se pusieron. Enseguida comenzamos a beber y al
final nos echaron de allí. ¿Qué te parece?...
-Hombre, que me hubiera gustado estar allí con vosotros.
¿Te preguntaron por mí?...
-¿Tú que crees? En cuanto les dije que estabas
aquí en la Habana, enseguida quisieron saber donde
estabas para ir verte. Les quité la idea de la cabeza,
ya habría tiempo para eso.
-¿Estaban todos? – preguntó interesado
Fran.
-¡Qué va! De los 36 que éramos, en la
actualidad según me dijeron, sólo quedaban dieciséis,
aparte nosotros dos. Lo están pasando mal, muy mal.
Están desperdigados por varios sitios. De vez en cuando,
se reúnen y dan la nota. Añoran otros tiempos.
Siento lástima por ellos...
-La verdad es que me has dado una noticia que... Lo siento,
deberían haber tenido mejor suerte todos ellos ¿No?.
-Bueno, amigo Fran, confidencialmente, he estado pensando
que algo debemos hacer. ¿No crees que podemos darles
una oportunidad de que colaboren con lo que tenemos proyectado?.
Es gente muy maja y no se merecen, después del gran
sacrificio que hicieron por Cuba y por el comunismo, que se
vean así, tan relegados como unos parias.
-No sé que decirte, yo no soy quién para darte
una respuesta, sí puedo garantizar que son muy buena
gente y que están preparados para cualquier contingencia.
¿No te parece?.
-Es verdad. Quiero decirte que de entre los que me encontré
hay tres camaradas, que por ellos siento un especial interés.
Son el sargento Melquíades y los dos artificieros,
Santoña y Céspedes. Sé que se preparan
grandes cosas y que se van a necesitar hombres con una experiencia
en temas muy concretos. Aparte de estos tres, hay otros 13,
que tú sabes que darían la vida por nosotros
¿No es así?.
-Es verdad, bien, déjame consultar con Maqueda y ver
que es lo que podemos hacer. ¿De acuerdo?.
-De acuerdo, tienes razón, creo que me he precipitado
en esto, pero tengo el presentimiento de que vamos a necesitar
gente preparada y estos camaradas están listos y con
ganas de que haya un cambio. ¿No?.
Fran, estaba contento de conocer las noticias que su amigo
le había traído. Le agradaba saber que en la
Habana podía encontrar compañeros de otros tiempos,
pero... No las tenía todas consigo. Ese interés...
Esas coincidencias... Pero desechó malos pensamientos.
Todos estaban en el ajo, todos tenían sobre sus cabezas
la “Espada de Damocles”, y caso de haber alguna
filtración, todos ellos, los que estaban implicados
en el gran plan, podían perder sus cabezas. Pero no
dejaba de comprender que aquel asunto desbordaba toda calenturienta
imaginación. Era tan imaginativa, tan explosiva que...
Aguardó a que Montoya se retirara, habiendo quedado
con él para tener una reunión con sus antiguos
camaradas al día siguiente. Subió a la habitación
y Delvia muy preocupada preguntó interesada.
-¿Pasa algo mi amor?.
Fran eludió una respuesta que pudiera comprometerle.
-No, cielo, no, es que Montoya se ha encontrado con antiguos
camaradas de Angola y me lo ha querido comunicar. Hay varios
que están aquí en La Habana y quiere que nos
reunamos para recordar viejos tiempos.
-¡Ah! Pero no es nada importante ¿Verdad?.
-No, Delvia, solo eso, que se ha llevado una alegría
al ver antiguos amigos y estaba con ganas de decírmelo.
Pero en la mente de Fran deseaba transmitir sus impresiones
con Jacinto, así que le llamó a su casa y en
cuanto éste respondió a su llamada, le puso
al corriente de lo que había pasado. Pero Jacinto le
respondió con la noticia de que Montoya había
estado hablando con él y que le estaba ofreciendo en
bandeja un grupo de antiguos camaradas de Angola.
¿Había algo detrás de aquel ofrecimiento?...
-A ti ¿Qué te parece? - Preguntó a Fran.
Éste de momento no tuvo una respuesta concreta y le
respondió.
-Mira Jacinto, creo que sus intenciones son buenas, pero creo
que debemos aguardar un poco hasta saber que se lleva entre
manos. La idea no es mala, nuestros antiguos camaradas lo
están pasando muy mal, y ¿Quién sabe?
A lo mejor su colaboración puede ser muy importante.
¿No te parece?.
-Bien, espero que sea así. La idea tampoco me parece
mal, pero tengo ciertas dudas. Lo malo es que la fecha que
debemos actuar se acerca y creo que lo mejor es concretar
con Montoya qué es lo que se puede hacer ¿No?.
-Bien, me parece bien. ¿Qué te parece si le
llamamos y tenemos una reunión los tres? - sugirió
Fran.
-Buena idea, conforme, lo llamaré y podemos reunirnos
en mi casa a las seis, solos los tres. Te espero, ven solo...
-Allí estaré - aseguró Fran.
Efectivamente, Jacinto llamó a Gabriel Montoya luego
de la conversación con Fran, y le citó para
que fuera a su casa a las seis y le dijo que también
estaría presente su amigo. Montoya respondió
que no había inconveniente, necesitaba que hubiera
algún testigo de lo que tenía que decir. Así
que de acuerdo a lo convenido, a la hora en punto se presentó
en casa de Jacinto y cuando entró, también estaba
presente Fran. Se saludaron, pasaron a una de las salitas
y entonces, Montoya comenzó a hablar. Y lo que expuso
tenía mucha lógica, ya que se trataba de una
información privilegiada y de mucho interés
para poder llevar a cabo el gran proyecto.
-Siento que nos hayamos tenido que reunir con esta premura,
pero es que hay tanto que se ha de preparar que prácticamente
veo que no hay casi tiempo – indicó Montoya un
poco preocupado.
-¿Qué es lo que tienes en mente? – urgió
Jacinto.
-Pues... La verdad es que imagino cuál es el final
de esto, pero por eso me he preocupado en averiguar todo lo
que podía ser importante y que podría ayudar
a que todo llegue a buen término...
Quedó unos instantes callado, esperaba algún
comentario de su oyentes, pero estos esperaron a que continuara.
Y entonces prosiguió su perorata.
-Veréis... – Montoya se quedó unos segundos
sin decir nada y continuó – me he estado preocupando
de todas las posibilidades que podíamos tener de éxito
y francamente supuse que íbamos a necesitar ayuda de
más gente...
-¿Y? – preguntó Jacinto.
-Pues, me he puesto en contacto con amigos, con quienes pueden
suponer una ayuda, y puedo aseguraros que con quienes he hablado,
todos ellos son de mi total confianza. Nos pueden ayudar en
todo sin hacer ninguna pregunta. Lo que quisiera saber, si
os parece bien, es exactamente lo que vamos a necesitar. Puedo
aseguraros total impunidad, el único que está
al frente de todo esto, soy yo, al único que conocen
y pueden señalar. Así que... ¿Qué
podéis adelantar de esos planes?.
Ante esas preguntas, Jacinto y Fran quedaron unos instantes
en suspenso, y vieron que era el momento de abrir la boca.
Pero era Jacinto el que debía dar la cara y entonces,
en aquella pequeña habitación, era el momento
de poner las cartas boca arriba y habló... ¡Vaya
que habló y dio detalles!...
A medida que hablaba, aquel hipotético plan les iba
pareciendo a los tres una utopía, pero no irrealizable
y cuando Jacinto hubo acabado de hablar el silencio los cubrió
y cada uno de ellos quedó envuelto en sus propios pensamientos
y sin querer sonrieron, pensando en lo que podía pasar
si aquel hipotético plan se llevaba a cabo con éxito.
Viendo que estaban llegando en principio a un entendimiento,
era el momento de ir aclarando situaciones y el que tenía
que exponer sus ideas era precisamente Montoya, el que más
comprometido iba a estar si todo fracasaba. Así que
cuando el ambiente estaba tranquilizado, éste comenzó
a dar una serie de explicaciones de lo que él pensaba
que se debía hacer. Aguardó unos instantes antes
de comenzar a explicar lo que él pensaba que se debía
hacer.
-Amigos, creo que ha llegado el momento de explicar cuales
son nuestras prioridades, bueno la de todos nosotros. Espero
que lo que voy a exponer concuerde lo que se debe hacer en
un principio y no lo toméis como una usurpación
de autoridad. Me he tomado la libertad de hacer contactos
con gente que nos puede ayudar y aportar nuevas ideas. Sabéis
que tenemos un grupo de gente muy experimentada en estos menesteres,
son los supervivientes de nuestra sección 23. Son gente
con ganas de acción y ahora están disgustados
en la forma como los han tratado. Muchos de ellos están
destinados en lo que yo creo que son puntos estratégicos,
La Cabaña, Guantánamo, algunas bases navales,
algunos desperdigados por varias partes del país y
todos ellos en permanente contacto conmigo. Creo de verdad
que van a ser imprescindibles ¿No lo creéis
así?...
Quedo unos instantes en espera de contestación, pero
no la hubo, así que continuó con frases precisas.
-Todos ellos, aparte de otros contactos con gente de varias
regiones militares, Oriental, Central y Occidental, con algunos
miembros de tropas regulares, y principalmente de Milicias
de Tropas Territoriales. Y quiero matizar que tenemos magníficos
contactos con la Brigada de la Frontera, las cuales en un
momento dado, invadirán la Base Naval de Guantánamo.
Bueno, todo esto es muy largo de enumerar, pero puedo aseguraros
que todos, todos, inclusive muchos de los que componen el
Ejército Juvenil del Trabajo, y el entusiasmo de los
alumnos de la escuela Militar de Camilo Cienfuegos, los “camilitos”,
desean demostrar que son unos valientes luchadores por la
libertad de Cuba. ¿Qué más puedo deciros?
Todos están con nosotros, y sólo esperan una
orden, para demostrar al mundo lo que significa la libertad
de su pueblo ante el acoso de un enemigo mucho más
poderoso. Todos saben que tienen la verdad a su lado y esperan
demostrarlo muy pronto.
Calló unos instantes para saber el efecto que su declaración
había tenido en el ánimo de sus interlocutores.
Estos, Jacinto y Fran, estaban callados y el que rompió
el silencio fue Maqueda que dijo eufórico.
-Francamente Montoya, no imaginaba que te hubieras preocupado
tanto en tan poco tiempo. Todo lo que nos has informado es
muy interesante y pienso, bueno, pensamos, que para nuestro
gran proyecto nos va a ser imprescindible ¿No te parece
Fran?.
Qué podía decir éste, estaba apabullado,
aquello escapaba a todo cuanto hubiera podido imaginar y más
viendo los entresijos, sin saber exactamente que era finalmente
lo que se perseguía, aceptó las explicaciones,
estaba de acuerdo en todo, aunque estaba un poco fuera de
lugar. Imaginaba, eso sí, que aquello que preveía
que eran tan, tan... ¿Cómo decirlo?, Tan incongruente,
tan loco, que no quiso analizarlo, la decisión estaba
en otras manos que de aquello sabían más que
él. Así que se limitó a aseverar con
la cabeza que estaba de acuerdo y sonrió, ante el contento
de Jacinto y Montoya. Estos se limitaron a mirarlo y aceptar
de buen grado aquella aceptación.
Entonces Jacinto le preguntó a Gabriel.
-Bueno, camarada Montoya, ¿Qué sugieres? ¿Qué
se debe hacer? Te digo esto, ya que tú como comandante
de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, debes tener un plan
¿No?.
-Sí, la verdad es que sí. No creáis que
no lo he estado pensando, sé que os parecerá
un poco raro, pero lo más lógico es que echemos
toda la carne en el asador y que se decida una fecha determinada
para llevar a cabo esta aventura. Si tenemos un día
concreto, debemos programar muy bien lo que se debe hacer,
que cada célula se comprometa que al segundo su misión
se cumplirá. Todo debe hacerse de acuerdo a una estrategia
militar, no debe haber ningún fallo, de eso depende
que todo salga bien. Yo he pensado, si estáis de acuerdo,
en que el día X, a la hora 0, la maquinaria de esta
operación se debe poner en marcha. Todo debe estar
como una maquinaria bien engrasada, cada uno en su lugar,
esperando el momento para que a esa señal concreta,
nada quede al azar. ¿No os parece?.
-Me parece perfecto – respondió Jacinto –
cada uno debe estar en su lugar y cumplir exactamente lo que
se le haya ordenado. Así tendremos la completa seguridad
de que todo va a salir bien. Bueno, ¿Qué has
pensado hacer?. ¿Cómo va a saber nuestra gente
qué es lo que deben hacer?.
-Bien, os voy a explicar cual es mi plan. Según dijiste
tenemos la posibilidad de conseguir unos explosivos ¿No
es sí?.
-Sí es verdad, los vamos a tener. Pero según
tus cálculos ¿Qué es lo que vamos a necesitar?.
Vuelvo a recordarte ¿Qué lo que necesitamos?.
Según lo que vayamos a hacer... - Aseveró Jacinto.
-Pués, pués... Según mis cálculos
lo que vamos a necesitar es una cantidad que concuerde con
nuestras necesidades... - respondió Montoya.
-Pero, ¡Dilo de una vez!. Según los puntos donde
deban explosionar en su momento los artefactos explosivos,
según tu experiencia ¿Cuáles pueden ser?.
Eso sí, sin que causen daños personales ni a
estructuras.
Bueno, yo he calculado lo siguiente. Se deben colocar dichos
explosivos en; Muelle de Céspedes, en 6 sitios diferentes
en el Malecón, en las entradas de una u otra parte
del Túnel submarino, en el Castillo del Morro, y, principalmente
en el cañón que anuncia cada tarde el cierre
de las murallas en la Fortaleza de la Cabaña, en la
Estación Central, en el Parque de la Fraternidad, detrás
del Capitolio, y esto si que es muy importante, en el Memorial
Granma. En el malecón Antonio Maceo, en la entrada
de la Universidad, en la plaza Memorial, en la calzada Infante
cerca del Hotel Nacional, en la Comandancia de las Fuerzas
Navales de la Revolución, en la ensenada de Atarés,
Avenida de Montserrat, en el Paseo Martí, y varios
artefactos en el Vedado y en Miramar, cerca del acuario Nacional.
Y varios otros. Pero quiero tener la seguridad de que los
explosivos van a estar disponibles.
-Los vamos a tener, pero lo que quiero es asegurar que no
puedan haber víctimas ni grandes destrozos.
-No hay problema, todo está calculado. ¿Algo
más?...
Mientras la conversación seguía entre Jacinto
y Montoya, Fran estaba meditabundo, silencioso, en su interior
seguía teniendo sus dudas. Pensaba ”Es demasiado
fácil poder hacer todo ese barullo, tal como se está
presentando...” Pero él no era el que decidía,
así que permaneció callado en espera de que
le pidieran su opinión, cuando inopinadamente, el timbre
del teléfono hizo que los tres dieran un respingo.
Al coger el auricular Jacinto, escuchó la voz de Violeta
que le quería informar de algo muy interesante.
-Jacinto, no me explico lo que ha pasado...
-¿Qué ha pasado – preguntó inquieto
éste.
-No es nada malo, al contrario. Tu sabes que en nuestro laboratorio
tenemos las existencias de productos muy limitadas ¿No?.
Pues bien – siguió Violeta – sin haberlo
pedido, han repuesto en nuestros almacenes una gran variedad
de productos de los cuales teníamos necesidad, entre
ellos los que nos hacían falta para lo que tu sabes.
Aparte de eso han llegado pedidos urgentes por parte del Consejo
Militar del Ejército, de lo mismo que tenemos que hacer
para eso... No sabes tú la alegría que me ha
dado recibir ese material, así que ya puedo decirte
que en tres días, tendremos lo que tu me solicitaste.
¿Qué te parece?.
-Pues que me parece estupendo. No tendrás problemas
tú ¿Verdad?.
-No nada de eso, nos viene de perlas, no se podrán
dar cuenta que hemos tomado prestado eso... Cuando puedas
necesitarlo me lo dices.
-Vale, creo que en unos dos días debemos tener todo
solucionado, te lo diré. ¡Te quiero amor!.
Al ver la cara que Jacinto estaba poniendo a medida que oía
el mensaje telefónico, Fran y Montoya le miraron curiosos
en espera de que les dijera que pasaba.
-Era Violeta, me avisa que ya tenemos lo que íbamos
a necesitar, en dos días puede entregarlo.
-Es una buena noticia – comentó Montoya –
estaba preocupado por si la cosa se alargaba. Así podremos
acelerar el plan ¿No?.
-Sí – respondió Jacinto – Ahora
lo que debemos hacer, es concertar una reunión de todo
el equipo y entonces concretar la misión de cada uno
y poner en marcha lo que pretendemos hacer. Así que
podremos reunirnos aquí en tres días a primeras
horas de la mañana ¿Qué os parece?.
Fran y Montoya se miraron y respondieron que estaban de acuerdo.
-Pues entonces, la reunión en tres días, concretaremos
todo y pienso que todo estará listo. ¿Tienes
algo más que decir, amigo Montoya?.
-Pues no, creo que todo ha quedado aclarado y lo que tengo
que hacer es coordinar con mi gente todos los detalles para
que nada falle. Tenemos todo lo que necesitamos.
-Entonces estaremos en contacto, y si hay algún cambio
nos lo comunicaremos.
Montoya afirmó y se retiró dejando a Fran y
Jacinto a solas.
-¿Qué te parece? ¿Crees que saldrá
bien? – pregunto Jacinto,
-Yo pienso que sí, no creo que se nos vaya de las manos,
pero la verdad, hay algo en este plan que no acabo de entender.
¿Cuál es la finalidad? – inquirió
Fran con cara preocupada.
-Amigo Fran, el alcance de lo que se puede lograr, si lo llevamos
a efecto y con buenos resultados lo que pretendemos hacer,
la cosa puede ser muy importante para Cuba. Ya lo verás.
-Sigo sin saber ese intríngulis que te llevas entre
manos – respondió Fran un poco preocupado.
-Verás, hoy cuando haya hablado con Delvia y concrete
con ella las líneas de lo que debe hacer, entonces
te aclararé todo este misterio. Parece muy complicado,
pero por su sencillez, es de esperar que todo salga bien.
Tú no te preocupes, vas a ser el primero en conocer
la meta del plan. Te lo prometo.
-Está bien. Espero que nada falle y que todos salgamos
bien de este asunto.
-Te digo que no te preocupes, todo lo tengo bajo control.
-Bien, eso espero, bueno me voy tengo una cita con Delvia
– contestó Fran muy impaciente.
-Mira Fran, no te vayas. Va a venir Delvia aquí y así
aprovecharemos para que te vayas informando del asunto –
dijo sonriente Jacinto.
Efectivamente, minutos después llegó Delvia
y al ver a Fran, su sonrisa de felicidad iluminó la
cara de su enamorado, que al verla exclamó.
-¡Qué hermosa eres, Delvia!. Estás preciosa.
Al escuchar las exclamaciones de Fran, ella se infló
como un pavo, le agradaba escuchar aquellas palabras que la
definían como algo especial. Entró en la casa,
entonces Jacinto los hizo sentar en la habitación y
con cara de circunstancias, carraspeó y comenzó
a explicar a grandes rasgos cuál era la finalidad de
todo aquel increíble asunto.
-Prestad mucha atención de lo que voy a deciros, es
información secreta y debéis guardar silencio
hasta el día que esto vaya a suceder...
Los oídos de sus oyentes estaban pendientes de sus
palabras, ni respiraban, atendían a lo que Jacinto
les estaba revelando, era tan asombroso que abrieron sus ojos
con incredulidad. Y realmente, era una fantasía tan
difícil de creer, que movían la cabeza de vez
en cuando. Y Jacinto comenzó a hablar.
-Bueno, en líneas generales lo vais a comprender enseguida.
Jacinto hizo una pausa y seguidamente comenzó a explicar
su increíble plan.
-Prestad atención. De acuerdo con lo que he programado,
Montoya se va a encargar con su gente de provocar unas explosiones
controladas en unos sitios muy concretos. Esta operación
que llamaremos “Distracción” tiene como
misión, eso, distraer la atención de las Fuerzas
Armadas Revolucionarias del plan principal.
-Pero cuál es ese plan secundario – preguntó
Fran.
-Bueno, ese plan, es en el que entras tú.
-¿Yo? – preguntó con extrañeza
su amigo.
-Sí – dijo Jacinto - ¿Te acuerdas de tu
visita a la Cadeca de la calle Obispo?. Pues ahí entras
tú, a una hora determinada, con tu grupo de gente asaltaréis
esa Cadeca. Al mismo tiempo habrá unas explosiones
en varios puntos de la ciudad, con ello provocaremos que la
atención principal de las fuerzas del orden, acudan
donde están sucediéndose los estampidos.
-¿Pero?... Me tiene intrigado que va a pasar con nosotros.
Asaltamos la Cadeca ¿Y entonces?.
-Pero Fran, si es muy sencillo, tenéis tres minutos
para arramblar con lo que haya en las cajas. Enseguida tendréis
un grupo de apoyo que os facilitará las cosas. Seguidamente
iréis a unos lugares previamente señalados con
el dinero que tengáis en vuestro poder y nada más.
-¿Nada más? ¿Qué fácil
no? – respondió Fran preocupado.
-Para eso has traído los aparatos especiales que te
encargué ¿Recuerdas?.
-Claro que lo recuerdo, pero...
-¡Deja de poner inconvenientes Fran! Cada hombre de
nuestro grupo tiene una misión que va a facilitar la
tuya. Os explico. Cada miembro del grupo de acuerdo con su
misión específica tendrá unos medios
para controlar cualquier situación. Pueden anular las
frecuencias de telefonía y radio, transmisores para
coordinar los movimientos de todos y cada uno de ellos. De
acuerdo con lo que cada uno domina en un campo determinado,
provocará un caos en el momento adecuado. Todo esto
lo comprobaréis cuando estéis en el tema que
os atañe, no vais a estar solos. Y vuelvo a repetiros
que no vais a estar solos...
Viendo la cara de su oponentes, Jacinto creyó que era
el momento de aclarar un poco la situación y dar información
de la finalidad de todo aquel entramado. Aguardó unos
segundos y entonces comenzó a explicar con detalle
las líneas generales de su gran plan.
-Veo que los dos estáis preocupados, pero lo que a
continuación vais a escuchar os va a preocupar más.
Este plan, este gran plan, tiene una finalidad especial y
prestad mucha atención. La principal intérprete
es Delvia...
¡Qué decir! Cuando ella escuchó esa alabanza
esperó a que Jacinto definiera cuál era su papel.
-Veréis, Delvia tiene la llave de todo este asunto,
puede coordinar un trabajo que solo ella puede hacer...
-¿De que se trata? – inquirió Delvia,
aun sabiendo ella de que iba aquel asunto.
-Pues se trata, que con la red de los “hackers”,
con los cuales tienes contacto en todos los países
latinoamericanos y en USA, en un momento que te indicaré,
todos ellos se introduzcan en todos los programas posibles
y que provoquen un caos en todos los sistemas de seguridad
de los de Estados Unidos. Necesitamos que los “Usacos”,
no sepan que se trata, que crean que están atacando
a Cuba sin estar haciéndolo y eso provoque una intervención
de todos los países del mundo, para que Cuba deje de
ser presionada de esa manera injusta por los imperialistas
americanos.
-Eso es mucho ¿No? – exclamó Delvia.
-Delvia, debemos hacer creer que la cosa va en serio, necesitamos
todo este embrollo para que todo el mundo crea que es verdad,
lo que de verdad no está ocurriendo. Nadie estará
invadiendo Cuba... Esto no es un juego, es una verdad latente
¿Qué podías creer? ¿Qué
era un juego?. Pues no, ahora nos estamos jugando nuestra
subsistencia de una vez por todas. Y por eso debemos hacer
creer que nos están atacando y que la invasión
de Cuba es el paso siguiente.
-Pero ¿Qué va a pasar entonces? – preguntó
Fran.
-No lo sé, en estos momentos creo que va a dar resultado
nuestra estratagema, confío en la suerte y en el esfuerzo
de todos para que sea una realidad lo que pretendemos hacer,
la libertad de Cuba para siempre, hay que ser audaces y eso
es lo que haremos, ser audaces y temerarios.
-Espero que no te equivoques y que todo salga bien como tú
has pensado. Siento una gran admiración por ti, ya
que luego de haber pasado unos meses encerrado, aguantando
de todo, ahora pretendas apoyar al régimen. La verdad
es que me parece increíble – comentó Fran.
-Bueno, el tiempo dirá si tengo razón para hacer
lo que vamos a hacer o me he equivocado. Si es así,
pues ya veremos lo que pasa.
-Vale, yo también pienso que todo va a salir bien,
aunque no alcanzo a comprender que es lo que al final va a
pasar.
-Pues nada, no te preocupes, los que tienen que decir la última
palabra sabrán lo que tienen que hacer y verás
que va a ser un final feliz.
-Eso espero – respondió Fran no muy convencido.
En aquellos momentos apareció Violeta, la cual se llevó
una sorpresa al ver al grupo reunido, cuando se sentó
con ellos, Jacinto le hizo una explicación muy somera,
con lo cual quedó medio enterada. Y entonces Violeta
preguntó.
-¿Pero y yo? Tengo que permanecer con los brazos cruzados
para saber qué...
-No, mujer, tienes muchas cosas importantes que hacer –
respondió Jacinto - Verás, debes de coordinar
a todos los de nuestro grupo que deben reunirse aquí
pasado mañana, ese va a ser el día X, a todos
se les va a dar instrucciones precisas que deberán
cumplir al pie de la letra, ya que al día siguiente
a la hora 0, va a comenzar a llevarse efecto el gran plan.
Avisa que cada uno de ellos, tenga a su gente lista para que
en esa hora punta de comienzo la fiesta. El asunto que llevas
entre manos, debe ser entregado a Montoya cuanto antes, ya
que éste debe preparar los fuegos artificiales exactamente
a la hora indicada. ¿Estás de acuerdo?.
-Claro que sí Jacinto, he tomado nota de todo y será
cumplido exactamente tal como has indicado.
-Bueno, hay algo más, debes tener cuidado de que nada
de lo que aquí hemos comentado salga de nosotros. ¿Entendido?
Y eso va por los tres. Y ahora a ponerse manos a la obra.
Estaremos en contacto.
Cuando se fue cada uno por su lado, de inmediato se pusieron
en acción. Violeta comenzó a llamar a cada uno
de los componentes principales del grupo, dando órdenes
de lo que tenían que hacer. Fran, se fue directo al
hotel Sevilla, pero una sorpresa le aguardaba, en el hall
del hotel un gran grupo de muchachotes estaban esperándolo,
eran los antiguos camaradas de Angola. Gritos, saludos, palmadas
en las espaldas y abrazos.
-Teniente Llorens, a sus órdenes... - gritaron varios.
-Saludos compañero - gritaban otros.
Fran estaba emocionado y más, cuando Montoya que se
había apartado del grupo fue a saludarlo con el sargento
Melquíades. Aquello fue el abrazo de un oso.
-Mi teniente, ¡Cómo le hemos echado de menos!.
¡Qué alegría nos da verle! Nos alegra
que esté aquí en La Habana. ¡Menuda juerga
vamos a correr! ¿No?. Tenemos ganas de jaleo.
Qué podía decir Fran, estaba muy emocionado
y aceptó con alegría los abrazos y apretones
de manos. Antes de salir con sus compañeros, avisó
a Delvia que iba a estar con los amigos que le había
hablado y que volvería tarde, que no se preocupara.
Y sin darle tiempo a responder, aceleró la salida del
hotel con aquella marabunta y riendo todos alegremente se
dirigieron a la Floridita. Y menuda juerga la que armaron
allí. Brindaron por los presentes, por los ausentes
y tanto jaleo armaron que incluso tuvo que acudir la Policía
Militar, que no tuvo que hacer nada, ya que la presencia del
comandante Montoya sirvió para que todo quedara en
un aviso, que hizo que el grupo saliera más que deprisa
para dirigirse a la Bodeguita del Medio y prácticamente
echaron de allí a los que estaban tomando sus mojitos
y ron.
La fiesta acabó luego de visitar cuantos bares encontraron
en su camino, y ya de madrugada, una vez que todos estaban
satisfechos de haber bebido, peleado y brindado por todo lo
habido, el grupo se deshizo, llevando todos la alegría
en su cuerpo. ¡Vaya que sí!. Tambaleantes Fran
y Montoya, tomaron un taxi que los llevó al hotel,
Montoya sin bajar del vehículo se despidió de
su amigo, satisfecho de haber cumplido con él deber
de reunir a todos aquellos antiguos camaradas de lucha. Fran
subió a su cuarto y Delvia viendo que estaba muy bebido,
no quiso decirle nada, lo acostó y lo arropó
como a un niño, mientras le acariciaba dulcemente.
Se reservaba el día siguiente para armarle la bronca
¡Pues buena era ella para aguantar eso!...
Pero el día llegó y su enfado se deshizo en
nada, ya que Fran comenzó a hacerle carantoñas
y poco después hicieron el amor, ya con eso lo pasado,
pasado estaba. Fran seguía estando preocupado en su
interior y Delvia notando que algo no andaba bien, ya que
el rostro de Fran reflejaba sus sentimientos, le preguntó
mimosa.
-¿Te pasa algo amor? Te noto preocupado. ¿Hay
algún problema?.
-No, cielo, no me pasa nada, pero sigo pensando que hay algo
que me inquieta.
-¿Qué es lo que te preocupa? – insistió
Delvia.
-No sé, tanta gente que está al tanto de lo
que se pretende hacer...
-Pienso que Jacinto habrá pensado en eso. De todas
maneras, solos no podríamos hacer todo lo que se tiene
que efectuar ¿No? – rebatió Delvia.
-Sí es verdad, pero cuanta más gente esté
metida en el asunto, en algún momento, alguien puede
abrir la boca y echar por la borda los preparativos. Además,
tengo que decirte que me preocupa tu seguridad, sobre todo
que te pueda pasar algo, que descubran tus movimientos por
la red y...
-No te preocupes por mí ni por mis contactos. Puedo
asegurarte que hay tendida una enorme tela de araña
con los hackers en todo el mundo y nos ayudamos mutuamente
cuando nos necesitamos. Ahora he puesto en pie de guerra a
todos mis contactos y no puedes imaginarte lo emocionados
que están todos en poder colaborar con nosotros. Odian
lo que Estados Unidos le está haciendo a Cuba y desean
entre todos darles una lección de humildad. Quieren
demostrar al mundo que aunque ellos crean que son todopoderosos,
no hay enemigo pequeño. Se van a encontrar con el rugido
de un ratón y ¡Qué ratón!...
-Bueno, eso me tranquiliza mi amor, pero no dejo de estar
preocupado, y a medida que se acerca la hora de que esto comience,
me inquieta algo.
-Verás como todo sale bien, tenemos las de ganar, hay
muchos amigos a la espera de que llegue la hora y en ese momento,
no saben ellos lo que les espera – aseguró Delvia
– deja de tener negros pensamientos, piensa en positivo.
Para acallar los temores que Fran estaba sintiendo, ella como
una gatita se arrimó a él y ronroneó
en sus oídos palabras de amor y aquello lo derritió
y los dos perdieron la noción del tiempo, ya que volvieron
a fundir sus cuerpos en la dulce lucha del amor hasta quedar
extenuados en el lecho, abrazados y felices de compartir aquellos
momentos mágicos.
Una llamada del teléfono los despejó de su ensimismamiento,
era Jacinto que les recordaba que tenían una reunión
y los estaban esperando. No tardó nada la pareja en
arreglarse y salir disparados para asistir a esa importante
reunión, Cuando llegaron a la casa, el grupo ya estaba
al completo esperándolos y con gestos en los cuales
reprochaban aquella tardanza. Pidiendo disculpas, que si el
tráfico, que no les habían avisado de la recepción
del hotel... Jacinto cortó la verborrea y poniendo
cara seria hizo que todos atendieran lo que iba a decir dando
un golpe en la mesa. Aquello hizo que todos le miraran fijamente,
y comenzó a explicar cual iba a ser la misión
de cada uno.
-Quiero recordar a todos que tenemos muy poco tiempo, mañana
es el día y el plan a seguir debe seguirse con toda
exactitud, no debe haber demoras en ningún caso. Cada
uno de vosotros sabe como debe planificar con su gente los
pasos a seguir, ahora bien, hay unas prioridades en el plan
para obtener el resultado que todos deseamos, y voy a definirlas
ahora, así que tomad buena nota de todo. Comprobad
vuestros relojes, ahora son las 9 horas. ¿Vale?.
Calló unos instantes, miro uno por uno a sus interlocutores
y explicó a continuación con voz pausada y clara
las prioridades.
-A la hora que ya le he adelantado a José Morante,
debe interferir todos los contactos telefónicos entre
todos los centros oficiales, derivar las conexiones a un centro,
y allí coordinarán de acuerdo a las instrucciones
que han recibido, lo que deben hacer. Eso debe efectuarse
a la hora 0. ¿De acuerdo Morante?.
-De acuerdo, ya está todo listo – respondió
este – no hay problema.
-Bien, ahora pasemos a Guillermo Cortazar. Los pasquines que
tienes preparados, deben ser repartidos por toda la ciudad
media hora antes. ¿Conforme?.
-Conforme, todo está preparado.
-Ahora sigue José Ladrían. A la misma hora,
deben recibir los centros de educación que hemos señalado,
que den el día libre a sus estudiantes y que estos
se concentren en todo el centro, sobre todo por la zona de
la calle Obispo y aledaños. Es muy importante que lo
hagan así, es nuestra maniobra de distracción
para el siguiente paso. ¿De acuerdo?.
-No hay problema, ya está todo listo – respondió
riendo Ladrían.
-Fran y su grupo, diez minutos antes de la hora 0, deberán
estar en la puerta de la Cadeca de la calle Obispo. Dentro
ya tenemos un contacto que habrá preparado todo, con
el fin de que no pierdan tiempo en realizar su labor, tienen
3 minutos y seguidamente salir de allí y en la calle
Cuba, aledaña a Obispo, los esperará una camioneta
azul con un pequeño grupo, son los que con su transmisor
de frecuencia, habrán podido inhibir la frecuencia
de los celulares, ya que en un radio de 100 metros, nadie
podrá transmitir nada. Depositarán las sacas
con el dinero y se desperdigarán entre la multitud.
¿De acuerdo?.
-De acuerdo, todo seguirá el plan previsto –
respondió Fran.
-Bien, Manuel García es el que sigue. Como te comenté,
el plan es que por medio de las interferencias de Morante
en los teléfonos, y con la ayuda de Delvia, podrás
hacer que del Ministerio del Interior no pueda emitir órdenes
que den al traste con nuestros planes. Debes tener controlado
todo de inmediato. Nada se debe mover si nosotros no queremos
que lo haga. ¿Vale?.
-Vale, nada se moverá no te preocupes – contestó
García.
-Pasemos ahora con Orlando y Zapata, debéis tener los
vehículos que precisemos para el traslado de nuestra
gente y no deben haber fallos. De vuestra colaboración
depende la seguridad de todo el grupo. ¿Está
todo bien?.
-Todo bien engrasado y listo – respondió Arencibia
riendo.
-Nuestro compañero, Fraga deberá repartir sus
panes durante la hora 0 en toda La Habana, para ello cuenta
con vehículos que les facilitará Arencibia y
hará que la población trate de coger ese pan
que se va a repartir gratis a todo aquel que lo solicite.
No habrá problema de suministro ¿Verdad?.
-Descuida, sobrará, ya lo verás – contestó
Fraga.
-Bien, ahora dependemos del trabajo que va a desempeñar
Montoya, nuestro nuevo compañero. Es de suma importancia
su colaboración, de él depende que la finalidad
del gran plan se lleve a cabo. No podéis suponer en
qué manera nos va a ayudar. Su colaboración
va a facilitar las cosas para que el mundo conozca la verdad.
Necesitaba un material imprescindible para hacer creíble
lo que se supone que va a pasar. Violeta se lo ha facilitado
y ya está situado en los lugares elegidos para que
surtan efecto. Sus contactos nos han aportado un sin fin de
gente que desea que cambien las cosas en Cuba. Su tarea va
a consistir en que a la hora 0 más 15, lo que provoque,
hará creíble que todo cambie de una manera radical.
Es nuestra mejor baza. ¿Todo listo comandante Montoya?.
-Todo a punto, compañero, todo listo – precisó
éste.
-He dejado para la última a Delvia, pieza fundamental
para que todo tenga éxito en ese final que se pretende
lograr. Yo no voy a explicar cual es su misión, ella
lo va a hacer mejor que yo. ¡Adelante Delvia!.
Delvia, se levantó de su asiento, carraspeó,
titubeó un poco y finalmente explicó a grandes
rasgos cual era su misión.
-No quiero hacer complicada mi explicación, pero puedo
aseguraros que la misión que se me ha encomendado es
de suma importancia, no por mi actuación, sino por
lo que conlleva mis contactos con otros hackers como yo y
que están desperdigados por todo el mundo. Puedo asegurar
que no todo ha sido fácil, he tardado en ponerme en
contacto con los miembros que componen nuestra asociación
secreta y que realmente es una enorme telaraña que
cubre todo el mundo, y de todas partes, aun de los sitios
más insospechados he recibido el apoyo unánime.
Puedo deciros, aunque en ello me explaye un poco, que poder
introducirse en algunos lugares, ha sido un trabajo ímprobo,
penetrar en todos los recovecos, circuitos de protección,
barreras y conseguir los códigos y contraseñas
de los lugares en los cuales pretendíamos introducirnos,
ha sido una labor de meses, pero lo hemos conseguido –
declaró con aire triunfante Delvia - ¡Lo hemos
conseguido!.
Quedó unos instantes callada, esperando ver la reacción
de sus oyentes y viendo que se limitaban a mirarla expectantes,
siguió.
-Bueno, como Jacinto me comentó en líneas generales
cual era la finalidad del plan, me puse en contacto con todos
los hackers que nos podían interesar. Puedo asegurar
que toda América del Sur, Centro y del Norte, todos
los que allí componen nuestra especialidad, todos ellos
están de acuerdo en colaborar. Así que ya tienen
señalada la hora 0 como meta, y a partir de ese momento
pienso que las cosas se van a acelerar de una manera incontrolable.
Nadie de mis contactos va a fallar y sí puedo asegurar
que cuando intercambié impresiones con mis invisibles
amigos, la explosión de entusiasmo fue unánime.
Calló de nuevo para dar tiempo a que el grupo captara
cual era lo que a continuación les iba a referir, ahí
estaba el intríngulis de todo aquel embrollo. Y cuando
siguió, unos escalofríos recorrió la
médula de los asistentes a la reunión.
-Imaginad por un momento que el mundo pueda creer que Estado
Unidos tiene la intención, o que está invadiendo
Cuba. ¿Qué puede pasar? ¿Se va a quedar
indiferente? ¿Qué reacción pueden tener
los pueblos hermanos de Cuba?. Pues esto es lo que va a ocurrir,
se pretende que todo el mundo crea de una manera convincente
que es lo que está pasando, sin que lo esté.
Para eso es todo este paripé, para que todos crean
que estamos siendo invadidos por el Imperialismo Americano,
según ellos la Policía del Universo, los que
dictan los cánones, las reglas y lo que tienen la fuerza.
Queremos hacer saber al mundo lo que es “El Rugido de
un Ratón”. Tenemos la razón de nuestro
lado y queremos que todos lo sepan...
Los asistentes a la reunión que no esperaban esa revelación,
el alcance que iba a tener aquella pantomima, temblaron de
emoción y aumentó sus deseos de ponerse en acción.
Sus gestos fueron captados por Jacinto que calmó los
ánimos con unas palabras.
-Bueno, lo que ha estado revelando Delvia es un principio,
hay mucho más, que se sabrá cuando hayamos llevado
a feliz término lo que todos tenemos que hacer cada
uno de nosotros. Ahora debéis tranquilizaros y seguid
escuchando a Delvia hasta que acabe de explicar lo que va
a hacer. Esta, sintiéndose importante se irguió
ante todos, miró a Fran, esperando su aprobación
y continuó.
-Veréis, para dar más realismo a lo que va a
pasar, tengo controlado por completo el Ministerio del Interior,
el Estado Mayor General, he interferido en todos sus sistemas
y las órdenes que ellos puedan emitir, están
controladas. Quiero decir con esto, que nada se va a mover
en Cuba, si no lo indico yo.
-¿A qué te refieres? – preguntó
Montoya interesado.
-Es muy fácil, supongamos que luego de lo vamos a armar,
se crea de verdad que Cuba está siendo atacada. Lógicamente,
todas las órdenes de los centros respectivos estarán
dirigidas a que entren en acción, la defensa antiaérea,
la fuerza aérea, la marina de guerra y eso no va a
ser posible, ya que recibirán órdenes concretas
del alto mando de que nadie se mueva, que esperen órdenes
de la más Alta Jefatura, que es nuestro Comandante
en Jefe. Y no las recibirán, todos los canales estarán
controlados. Y ¿Qué puede pasar? Que nadie se
moverá...
-Pero... ¿Y si reciben por cualquier medio información
exacta de lo que no está sucediendo?- preguntó
Fran.
-No van a tener posibilidad de recibir nada, todo va a estar
controlado – respondió risueña Delvia.
Nadie de los que estaban asistiendo a aquella reunión
pudo articular palabra, aquello era tan inconcebible que no
lo podían creer. ¡Tan fácil!. Cuando al
fin fueron reaccionando, las preguntas se sucedieron unas
tras otras.
-¿Cómo va a recibir el pueblo cubano los acontecimientos?
– preguntaron varios.
-¿Qué va a suceder si el Gobierno pierde los
estribos y ataca la base de Guantánamo? – inquirieron
otros.
-¿Qué pasa sí?...
Fueron varias las preguntas a la vez, que fueron cortadas
por la voz de Jacinto que impuso silencio con un gesto enérgico.
-¡Callad de una vez! Todo está bajo control,
si cada uno hace lo que tiene encomendado, no tiene que pasar
nada. Las cosas cambiarán porque tienen que cambiar,
lo que vamos a hacer va a ser un efecto dominó, una
cosa arrastrará otra, luego otra y todo encajara en
su lugar. Así, que tranquilizaos, poned vuestros relojes
en hora y que lo mismo haga vuestra gente. Y esperad hasta
mañana que va a ser el día señalado para
que cambie la historia. En caso de que haya algún problema
antes de que de comienzo nuestra actividad, poneos en contacto
conmigo o con Delvia. ¿De acuerdo?.
Todos afirmaron con la cabeza, y se fueron convencidos de
que iban a tomar parte en algo grandioso y espectacular. Jacinto
hizo que Fran, Delvia, Violeta y Montoya se quedaran unos
instantes, deseaba cambiar unas últimas impresiones
con ellos.
-¿Qué os ha parecido el ánimo de nuestra
gente? ¿Verdad que todos están motivados?...
Le respondieron que encontraban al grupo muy metido en el
tema y que estaban convencidos de que todo saldría
bien. Jacinto preguntó directamente a Montoya algo
que le tenía preocupado.
-¿Qué hay de los radares de costa? ¿Podrán
ser alteradas sus funciones? Eso me tiene algo inquieto.
-No tienes por qué temer nada – respondió
Montoya – me he encargado de que los servicios de transmisiones
y logística estén controlados. Los radares verán
lo que nosotros les hagamos ver, ¡No te preocupes!.
-Vaya, se me ha quitado un peso de encima. Bueno, muchachos,
la cosa está en marcha, ya no hay vuelta atrás,
esperemos que todo salga bien – dijo sonriendo Jacinto
– confiemos en la suerte.
Acabado este pequeño aparte, Montoya, Delvia y Fran
se fueron dejando solos a Violeta y Jacinto.
-Mi amor, qué ganas tenía de estar a solas contigo.
Tienes que perdonarme por haberte descuidado tanto, pero es
que tenía tantas cosas en la cabeza que no podía
pensar en otra cosa, Nos jugamos mucho y... – comentó
Jacinto.
-Ya lo sé mi vida, pero no tengo que perdonarte nada,
todos estamos en la misma situación, hemos tenido nuestros
pensamientos puestos en el plan y no teníamos tiempo
para pensar en nosotros – respondió mimosa Violeta.
Era tiempo del amor, y temiendo lo que pudiera pasar al día
siguiente, los dos trataron de recuperar algo del tiempo perdido
y comenzó una bella batalla de amor entre dos seres
que se necesitaban mutuamente. No pensaron nada más
que en ellos y el tiempo fue pasando. Las sombras de la noche
cayeron sobre La Habana y sin darse casi ni cuenta, las luces
del alba los despertó de su letargo. Había llegado
el día X y se acercaba la hora 0...
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