| Capítulo V
El grupo de los cuatro viajeros, Delvia, Fran, Montoya y
su esposa se encontraban en la autopista 4, dirección
a Pinar del Río. Los paisajes eran maravillosos, montañas
verdes, campos bien cultivados, de vez en cuando aquellos
letreros que habían llamado la atención de Fran.
“Patria o Muerte” “Venceremos”. A
Fran no le cabía en la cabeza aquellos carteles tan
patrióticos. Bueno, si a los cubanos le agradaba, allá
ellos. Siguieron su ruta y antes de llegar a Pinar del Río,
el coche hizo una parada en un lugar típico, donde
uno podía comprar fotos, recuerdos, bebidas o cigarros
puros. Cerca de allí a unos metros, se encontraba una
especie de choza hecha de madera de palma, según les
informaron, eran secaderos de tabaco. Entraron, no se veía
nada, pero cumplieron con la visita obligada. Luego, una vez
compradas unas botellas de agua embotellada, siguieron su
camino hasta Pinar del Río.
Fue en realidad una gran decepción para Fran, que esperaba
ver una ciudad más o menos grande, pero en realidad
era un pequeño pueblo. Paró el coche frente
a lo que según el letrero decía “Fabrica
de Tabacos” que indicaba que era de Francisco Donatién.
Bueno eso fue hacía largo tiempo. Fue cárcel,
ahora era una pequeña y triste fábrica de habanos
y cuando entraron en ella, el alma se les cayó a los
pies. Una serie de cubículos donde se encontraban unas
seis personas a un lado u otro de un pupitre central, enrollaban
hojas de tabaco para formar exquisitos puros, con un arte
envidiable. Una sala con aire acondicionado, del que no disfrutaban
los trabajadores, excepto unos pocos, era prácticamente
la salida. Una decepción.
No lejos de allí, se encontraba la Casa del Ron. Fran
se imaginaba una gran fábrica y en realidad era una
tienda que aparte de vender puros y cigarrillos, vendían,
camisetas, gorras, recuerdos del Che Guevara y de nuevo otra
decepción. Les indicaron que cerca estaba la Fábrica
de Guayabitas del Pinar, estaba cerrada por reforma. La Casa
de la Trova, no se podía visitar. El Museo Provincial
de Historia, cerrado por reforma. Fue una gran decepción,
así que en vista del éxito, Montoya decidió
continuar viaje hasta el Valle de Viñales, esperando
tener mejor suerte para que sus compañeros de viaje
pudieran ver algo que siempre llevaran en sus retinas. Y ciertamente,
mucho había que ver en aquel paraíso. Entonces
Fran le preguntó a Senair.
-¿Pero tu no eres de aquí?...
-Sí pero hace años que no he venido por esta
zona. Prácticamente lo que sí conozco de verdad
es la zona de Viñales, de allí sí os
puedo contar muchas cosas. Hay verdaderas maravillas.
-¿Cómo cuáles? Inquirió Delvia.
-Bueno, ya que nos vamos acercando, podéis ver allá
a lo lejos aquel esplendoroso valle. ¡Ya veréis,
ya veréis! Es algo maravilloso.
El coche conducido por el experto chofer, se fue acercando
hasta el Mirador del hotel Los Jazmines. Una vez allí,
todos bajaron del vehículo y se acercaron a una valla
estratégicamente instalada y desde aquel lugar privilegiado,
pudieron contemplar en toda su extensión un verde valle
y por aquí y por allí, se alzaban imponentes
los mogotes. Era impresionante ver aquellas formaciones geológicas
introducidas entre valles y montes lejanos. Los cuatro estuvieron
varios minutos en éxtasis, era algo verdaderamente
impresionante.
-Veis como yo tenía razón – comentó
Senair - ¿No es este espectáculo algo que queda
en el recuerdo?...
-Es verdad, tienes razón, pero... ¿Puedes explicarnos
algo sobre esta zona? – preguntó Fran.
-Claro que puedo. Veréis, a esta comarca, la UNESCO
le otorgó el reconocimiento de Paisaje Cultural de
la Humanidad. ¿Qué os parece?.
-Que está muy bien, nos gusta – respondió
Fran - pero según tenemos información, en esta
zona se cultiva el tabaco mejor del mundo, ¿No?...
-Y es verdad, estas vegas dan unas cosechas de tabaco de excepcional
calidad. ¿Veis aquellas casuchas de allá abajo?.
Pues son secaderos de tabaco, bueno de sus hojas – terminó
Senair.
Delvia y Fran tomaron multitud de fotos, de los mogotes, del
valle, de ellos mismos, hasta casi quedarse sin carretes.
-Guardar algunas fotos para lo que veréis más
tarde. Es algo único - comentó Montoya.
-¿Qué os parece si antes de comer visitamos
la Cueva del Indio?- Insinuó Senair.
Sus acompañantes afirmaron que era lo más conveniente,
así que se dirigieron dando un paseo hasta las estribaciones
de un monte algo alejado, allí se encontraba la entrada
a la famosa cueva del Indio. Un guía les acompañó
para dirigir aquel pequeño grupo. Mientras caminaban,
les fue informando que en aquella zona no solo estaba esa
cueva, existían muchas más, pero esta era la
más conocida, ya que varias expediciones la habían
explorado casi en su totalidad. Poco a poco se fueron acercando
a la entrada de aquella famosa cueva y el guía les
indicó la conveniencia de tomar precauciones cuando
entraran, allí había mucha humedad y era fácil
resbalar. Aquella angosta entrada les hizo agachar la cabeza,
Fran que no tomó las precauciones debidas se dio un
buen coscorrón contra una de las rocas del techo.
-¡Ay! Vaya golpetazo que me ha dado en la cabeza –
exclamó Fran.
-¿Te has hecho daño? – acudió solícita
Delvia.
-No, no ha sido nada, creo que me ha salido un chichón.
Fueron penetrando en el interior y realmente resbalaban por
la humedad del suelo y también por la poca luz que
no permitía ver por donde pisaban. Al cabo de unos
minutos llegaron a una especie de embarcadero. A lo lejos
escucharon el ruido de un motor de una lancha que se les acercaba.
Pronto estuvo amarrada y el barquero les ordenó que
subieran con cuidado. Una vez todos a bordo la lancha se deslizó
por la casi oscuridad de aquel lugar, por un canal de aquel
río subterráneo y mientras navegaban, el barquero
les fue explicando las características de aquella maravilla.
-Ven, la profundidad de estas aguas puede llegar a veces hasta
más de 10 metros. - mientras hablaba iba señalando
varios lugares con una linterna - Y ahora fíjense en
aquella silueta de un indio cacique fumando en pipa, la cabeza
de un cocodrilo más allá, aquello parece una
botella de champaña, aquello otro la cabeza de un gallo.
Vean, vean esas estalagmitas y estalactitas. ¡Cuidado
con las cabezas! – exclamó.
Se oyó el ruido de una catarata enorme que caía
en uno de los rincones en la oscuridad de la cueva. El ruido
era ensordecedor, pero no tuvieron ocasión de poderla
contemplar, aquello estaba muy oscuro.
-¡Cuidado con las cabezas! – Repitió riendo
el barquero.
Ya tuvieron cuidado los pasajeros, pero así y todo,
algún que otro trompazo recibió en su descuidada
anatomía alguno de los eventuales marineros de agua
dulce. Poco a poco, la lancha se fue deslizando hasta la salida,
pudieron ver que la claridad iba aumentando, hasta que de
repente, un sol cegador los deslumbró. El lanchero
muy satisfecho arrimó la lancha hasta el desembarcadero
y los pasajeros pudieron poner pie en tierra firme. Estaban
un poco mareados, pero al pisar el suelo, poco después
estaban todos bien.
Durante la travesía, todo hay que decirlo, Fran y Delvia
no pararon de arrullarse, de unir sus bocas en interminables
besos, cosa que aunque ellos imaginaron que no los podían
ver, no era así, ante el jolgorio de Senair y Montoya,
que de vez en cuando chistaban...
Ya estaban fuera de la cueva, se había hecho tarde,
así que se acercaron al coche que los esperaba y se
instalaron en él y Senair sugirió.
-Nos podemos ir a comer ¿No?...
-Pues la verdad es que tenemos hambre – respondió
Fran - ¿Dónde nos vas a llevar a comer?.
-Os tengo reservada una sorpresa. Veréis, cerca hay
un restaurante que conozco, y lo que todos podréis
contemplar desde el comedor, es algo que os va a impresionar.
-¿Qué es? – Inquirió Fran.
-Ya lo veréis - ahora vamos a comer.
Era un corto paseo, y desde lejos pudieron contemplar algo
que a Fran impresionó. ¡Era el Mural de la Prehistoria!.
No tenía palabras para definir aquello, ante las sonrisas
de sus acompañantes que sí lo conocían.
Mientras colocaban una mesa frente al mural, solicitaron unos
mojitos, para acompañar lo que iba a ser la comida.
¡Y qué comida! Criolla por los cuatro costados.
Chayotes rellenos, frituras, tostones, plátanos maduros,
frú frú de plátanos, fritura de malanga,
bocaditos de jamón del diablo, moros y cristianos,
mariquitas, un plato a rebosar detrás de otro. Y las
bebidas, guarapo de piña, cubas libres, mojitos, y
unos daiquiris. Estómagos a reventar y cuando acabaron
su yantar, Montoya sacó unos magníficos habanos
Cohiba y Montecristo, y aunque Fran usualmente no fumaba,
ese día lo hizo. Grandes bocanadas de humo surgían
de sus bocas, entre el tabaco y los efluvios del alcohol,
Fran estaba en la gloria y esta circunstancia la aprovechó
Senair para aproximarse a él con el ánimo de
sonsacarle.
-¿Cómo estás, mi amor? – preguntó
ella interesada.
-Bien, estoy bien – respondió Fran, aunque en
su interior no estaba muy lúcido.
Montoya entre tanto se dedicaba a Delvia, a la que no le desagradaban
aquellas atenciones. Pero de reojo miraba a Fran y a su acompañante,
sintiendo dentro de ella una cierta rabia. Tuvo que hacer
de tripas corazón hasta ver que era lo que iba a pasar.
-Qué dices corazón, ¿Te gusto? –
preguntó ansiosa Senair.
-Claro que sí, me gustas mucho, pero tengo que decirte
que estoy acompañado – respondió un poco
entre nieblas Fran.
-Pero... ¿No me encuentras atractiva?.
-Claro que sí, pero en estos momentos, ante la magnificencia
de lo que tengo ante mis ojos, tengo que decirte que...
-¿Qué mi tormento? ¡Me tienes loca desde
que te vi!.
Fran, un poco escamado ante aquellas atenciones se volteó
hasta donde se encontraba Montoya y exclamó.
-¡Compadre! No ves que se me están comiendo...
Éste se rió, sabía por donde iban los
tiros, Senair trataba de conquistarlo con el fin de sonsacarle
el porqué de su llegada a La Habana. Y riendo le respondió.
-Aprovéchate hermano, hembra como esa no vas a encontrar.
Ante esas palabras, la furia de Delvia se desató.
-¿Qué quieres decir con eso? ¿Que no
hay hembras mejores que esa?, Esa... Tengo que decirte –
le escupió – que no hay hembra para mi hombre,
que es Fran, mejor que yo.
-Mujer, no te pongas así, eso era un decir. Ya sé
que no hay punto de comparación, tu tienes todo cuanto
un hombre puede desear, pero Fran ya está advertido
de lo que iba a pasar y te sugiero que los dejes tranquilos.
Quiero ver que es lo que pasa.
Ante esas palabras, Delvia se tranquilizó, en aquellos
momentos tenía el convencimiento de que algo se estaba
tramando y muy pronto lo supo. ¡Vaya que lo supo!.
La insistencia de Senair era agobiante con Fran, cuando de
repente esta le preguntó.
-Bueno, mi cielo, ¿Tu que tienes que ver con Gabriel?.
¿Cuál es el motivo de tu venida a Cuba?. Nos
tienes intrigados...
-Intrigados ¿A quiénes tengo intrigados?...
Ante esta pregunta tan directa, ella no supo que contestar,
quedó un poco cohibida y cuando Fran levantándose
de su asiento, ciñendo el puro entre sus dedos, le
espetó furioso.
-¿Qué sabes tú de mi vida? ¿Sabes
quién soy yo?...
Ante esas palabras Senair, no respondió.
-Te voy a decir que soy un español que ama a Cuba,
por su carisma, por sus actos, por lo que para España
representa. Por si no lo sabes, yo he combatido con cubanos
en Angola, por la libertad de ese país, he sido uno
más de ellos, he luchado, he padecido, y tuve la oportunidad
de ayudar a Gabriel en un momento que él necesitaba
ayuda. Nunca me he arrepentido de mis actos y me siento feliz
de estar aquí y contar con la amistad de Gabriel –
un corto sollozo cortó sus palabras y continuó
- ¿Ves las palmas de mis manos? No hay nada, nada secreto,
nada de nada, si he venido a Cuba, ha sido para conocer mi
patria de adopción. Me siento cubano por los cuatro
costados y lamento que “vosotros” – dijo
esto con tono sarcástico – hayáis podido
pensar que mi visita a Cuba no haya sido para conocer este
maravilloso país y no con otro fin.
-Verás Fran – dijo Senair acongojada –
yo no sabía esa historia, yo no sabía...
-Pues debieras haberlo sabido. Yo he luchado con vuestra gente
en otro país, con tal de que este consiguiera su liberación
de un país opresor como era Portugal. He combatido
hombro con hombro con jóvenes muy valientes y me enorgullezco
de ello. Pero todo aquello tenía que acabar...
-¿Y que pasó? – preguntó un poco
cohibida Senair.
-Te lo voy a decir y nunca más lo repetiré.
Según “ vosotros” habéis pensado
de mí algunas cosas raras. Si Gabriel me está
agradecido, es porque en un momento afortunado, yo en Angola,
le salvé la vida.
-¿Cómo fue eso? – Insistió entonces
Delvia.
-Bueno, en una de las batallas para reconquistar una de las
poblaciones importantes de Angola, Sanganga, en el fragor
de la batalla en la que parecía que llevábamos
la de perder, Montoya estaba entre varios indígenas
defendiéndose del ataque de un grupo muy deseoso de
sangre. Yo afortunadamente estaba cerca y cuando varios de
aquellos salvajes estaban a punto de rematarlo con sus lanzas,
me lancé impetuosamente y con varios mandobles de mi
ametralladora eliminé a aquellos indígenas que
estaban a punto de matar a Gabriel. La lucha siguió
pero con menos intensidad, así que lo que hice, para
mí no tuvo importancia, salve la vida de un compañero,
lo mismo que en las mismas circunstancias otro hubiera salvado
la mía ¿No?.
No hubo palabras, en todos aquellos rostros se reflejaba la
emoción del momento, pero Senair, en unos instantes
insistió con una pregunta.
-¿Qué pasó cuando te hicieron prisionero?¿Dónde
te llevaron?
-Bueno es bastante largo de contar, pero para no alargarme
mucho te diré, que luego de derrotar al ejército
Sudafricano, en su retirada nos aislaron a varios compañeros
y nos hicieron prisioneros. Nos llevaron consigo hasta Ciudad
del Cabo. Tuve mucha suerte, ya que hablo varios idiomas y
también contaba que yo era español. Me acogí
a las enmiendas del Pacto de Ginebra, yo era prisionero de
guerra y me trataron bastante bien. Luego de unos meses me
soltaron y tuve la suerte de poder embarcar como telegrafista
en un barco ballenero sueco y luego de un tiempo, pude regresar
a España. Y eso es todo.
-Pero ¿No te llevaron a un campo de prisioneros y te
interrogaron? ¿No te maltrataron? – volvió
a preguntar ansiosa Senair.
-No, no me hicieron nada, Me trataron bien y no me pasó
nada.
A Fran le estaba mosqueando tanto interés y enfadado
se enfrentó a ella diciendo.
-¿A qué vienen tantas preguntas? ¿Hay
algún problema? ¿Me estáis investigando?...
-Bueno, no... – respondió un poco sorprendida
Senair por la manera como Fran había contestado –
Es qué...
-¿Qué? – pregunto irritado Fran –
¿Hay algo que quieras saber en concreto?.
Y ahora dirigiéndose a Montoya con voz agria le espetó.
-¿Que es lo que está pasando Gabriel? Yo creía
que estábamos en una excursión, esto más
bien parece un interrogatorio en toda regla.
-Vamos hombre, no te enfades. Verás, todo esto viene
por haber habido algunas sospechas, de que alguien transmitió
informes sobre nuestras tropas que estaban luchando en Angola.
Por lo que ahora hemos sabido no fuiste tu, pero queríamos
cerciorarnos de ello. ¡Perdona, hombre, perdona!. Y
tu, Senair, deja de importunar a mi amigo Fran, deja el interrogatorio.
Bueno, vamos a relajarnos y contemplemos con tranquilidad
ese mural que tenemos enfrente. ¿Verdad, que es magnífico?.
Ya más calmados los cuatro, se extasiaron viendo aquel
macizo mogote con una altura de 80 m y una anchura de 120
m. Estaban pintadas unas escenas con la evolución biogeológica
de la zona, que era una de las más antiguas de Cuba.
Escenas de animales prehistóricos, indígenas,
aves y otras muchas figuras, todo ello pintado sobre aquella
pared del mogote.
La tarde estaba llegando a su fin, era hora de regresar a
La Habana, tenían por delante muchos Km que recorrer,
así que decidieron regresar a coger el coche y prontamente
estuvieron instalados en él. El chofer aceleró
y en casi dos horas llegaron al fin a la capital. El ambiente
en el interior del vehículo era frío, casi ni
se hablaban entre ellos, algo había cambiado y esto
había sido debido a la insistencia de Senair de importunar
a Fran con tantas preguntas. Cuando llegaron al hotel, se
despidieron fríamente y el disgusto de Fran y Delvia
era patente, cosa que Montoya quiso quitar hielo y riendo
comentó.
-Bueno amigos, ya os llamaré, tenemos que ir abañarnos
a Playa Cayo Cocos, os encantará el lugar, veréis
que lo pasaremos bien, hasta podremos bucear. ¿Conformes?.
No estaba la pareja para nuevas intentonas de hacer alguna
excursión con ellos. Delvia y Fran, estaban disgustados,
había sido un final del día bastante desagradable
y decidieron rehusar cualquiera otra invitación. Cuando
quedaron solos, se sentaron en el Patio Andaluz, y mientras
degustaban unos mojitos, conversaron sobre lo sucedido durante
el viaje. Una llamada desde recepción les hizo acudir,
era Violeta que les informaba sobre la libertad de Jacinto.
-Os he estado llamando varias veces durante el día,
luego me he acordado que estabais en Pinar del Río
y me imaginaba que habríais regresado, por eso os llamo
ahora. Jacinto quiere veros cuanto antes, ¿Qué
os parece si vamos a buscaros y cenamos por ahí?.
-Vale, por nosotros conforme ¿Cuándo vendréis?.
-En una hora os recogeremos. Poneros bien guapos los dos.
¡Hasta luego!.
La llamada fue una sorpresa, pero les alegró saber
que Jacinto ya estaba libre, tenían muchas cosas de
que hablar y cuanto antes mejor. Fueron a la habitación
de Fran y aun tuvieron tiempo de hacerse unos arrumacos, luego
se ducharon, cambiaron de ropa y seguidamente bajaron al hall
a esperar que los recogieran. Fue una alegría para
todos ellos, hubo abrazos, parabienes y seguidamente Jacinto
sugirió que fueran a casa de Violeta, allí iban
a establecer su cuartel general para sus futuras operaciones.
Tomaron un taxi y allí se dirigieron, mientras el vehículo
se dirigía hasta su destino, fueron intercambiando
impresiones pero sin dar detalles, casi toda la conversación
versó sobre la salida de Jacinto de la cárcel
y cuando llegaron a la casa de Violeta, los cuatro suspiraron,
ya estaban en sitio seguro. La anfitriona se apresuró
a ofrecerles un aromático café, que todos aceptaron
de inmediato y una vez servido, entonces Jacinto tomó
la palabra.
-Amigos míos, ha llegado la hora de planificar que
es lo que vamos a hacer. Tengo muchas ideas en mente, pero
como es natural necesito la cooperación de todos. Sabéis
que se han hecho nuevos amigos en quién confiar, y
para poder contar con ellos necesitamos la ayuda de Delvia.
-De qué se trata – preguntó esta.
-Pues bien, en la misma celda que estaba yo en la prisión,
hice amistad con varios de ellos y necesitamos su ayuda para
llevar adelante nuestros planes. Lógicamente ellos
están en la cárcel y ahí entras tu. Necesito
que entres en el sistema y emitas unas órdenes concretas
para que suelten de inmediato a varios de ellos.
-¿Quiénes son? Necesito sus nombres...
-Tranquila mujer, tranquila. Verás, aparte de que puedan
salir sin despertar sospechas los que han estado conmigo,
necesitamos, que salgan otros muchos de distintas galerías.
Con esto se armará una gran confusión y nadie
podrá imaginar que es lo que está pasando. En
la prisión hay varios módulos, nosotros estábamos
en la Galería B y situados en la celda 33, así
que si hay 6 módulos y en cada módulo 50 celdas,
lo que se debe hacer es que de una forma indiscriminada se
liberen una cantidad de ellos. Tu tienes forma de introducirte
en los archivos ¿No?.
-Por supuesto que sí, puedo disponer de todos los datos
necesarios enseguida.
-Bueno, pues aparte de los de mi celda, puedes ir prorrateando
unos de aquí y otros de allá. Lo que sí
es imprescindible, es que cuanto antes salga esa gente mucho
mejor para todos. Se formará un gran lío y entonces,
que todo vuelva a la normalidad. ¿Podrás hacerlo?.
-¡Hombre!, No lo dudes. ¿Cuándo quieres
que ponga manos a la obra? – preguntó sonriente
Delvia.
-Pues creo que mañana va a ser un buen día.
Están programados algunos actos y lo que vamos a hacer
los va a desconcertar.
-Vale, vale, entonces mañana dará comienzo la
fiesta.
-Está bien. Bueno y ahora hay algo que deseo saber
y es conocer lo que Fran ha traído de mis encargos.
-La verdad es que he traído lo que solicitaste y otras
cosas – respondió éste.
-Pero le había comentado a Violeta que les explicaras
el uso de cada cosa a ellas.
-Ya lo sé, pero hemos estado ocupados. Sabrás
que hemos ido con Montoya a varios sitios y prácticamente
no hubo tiempo de poder explicar todo. Así que hemos
preferido aguardar hasta tu salida para hacerlo.
-Vale, me parece bien. Quisiera que ahora que estamos los
cuatro, explicaras con algo de detalle la utilización
de cada aparato – apuntó Jacinto.
-Está bien. Al principio parece complicado pero en
realidad no lo es. Son aparatos muy sencillos y puedo asegurarte
de una gran fiabilidad. La diversidad de cada uno de los componentes,
puede garantizar el éxito, los he preparado de una
gran facilidad de manejo y... prestad atención –
precisó Fran.
Guardó unos segundos de silencio para que su auditorio
prestara toda su atención y siguió.
-Tenemos por ejemplo un detector viral, esto puede parecer
una tontería, pero nos puede ayudar a detectar si nos
están investigando. Otro es un transmisor de pila –
botón, también hay un transmisor a móvil
con tarjeta de móvil, un transmisor de frecuencia,
una cámara de botón, un inhibidor de frecuencia
de celulares, un cambiador de voz, un estetoscopio para escuchar
a través de las paredes, varios bolígrafos micrófono,
unas micro-bobinas de alta intensidad y alto voltaje, en fin
todo lo que pediste. Estamos preparados para cualquier emergencia
¿No?.
-La verdad es que sí. Ahora lo que nos hace falta es
ubicar cada uno de estos aparatos en su lugar - respondió
entusiasmado Jacinto.
-No hay problema. Ahora no es el momento de dar una explicación
del funcionamiento de cada uno de ellos, pero puedo aseguraros
que no van a fallar nunca.
-Pero... – comentó Jacinto – faltan algunas
cosas ¿No?.
-Claro que sí, pero aunque he traído algunas
muestras, ahora necesitaremos de la habilidad de Violeta para
tener todo lo que necesitamos.
-¿Cómo por ejemplo? – preguntó
esta con curiosidad.
-Sprays adormecedores, que pueden ser de Malonotrilo, o bien
de gas paralizante, o de incapacitantes físicos, que
pueden ser de Benzilato de metilo, en fin, según con
los productos básicos que aquí podáis
conseguir.
-Bueno, ya veremos, por lo menos tenemos una idea de que todo,
por lo menos en mente, lo tenemos todo controlado. Vamos a
tener éxito ¡Ya veréis!
Los cuatro rieron satisfechos de todo lo que pretendían
hacer, pero... siempre hay un pero. ¿Podrían
conseguir todo lo que necesitaba?. No las tenían todas
consigo, estaban llegando muy lejos y no se podían
volver atrás. Entonces Fran preguntó muy interesado.
-Bueno, ¿Y cuál es el plan?.
Ante esta pregunta Jacinto se encontró en la disyuntiva
de exponer claramente cuáles eran sus propósitos
o de guardarlos para sí. Decidió, dar algunos
detalles pero no todos, ese era su gran secreto.
-En principio, durante mi encierro he estado maquinando cosas
absurdas, unas y otras las fui desechando, y he llegado a
la conclusión de que hemos de hacer algo para despertar
la conciencia de nuestra gente y que de una vez por todas
decidan hacer algo.
-¿Cómo qué? – preguntó interesada
Violeta.
-Esto no funciona, estamos en esta situación desde
hace muchos años y no tiene visos de acabar nunca,
así, que nosotros debemos ser el acicate que mueva
un pronto cambio a esta situación.
-Pero... ¿No es eso una misión imposible?- Respondió
Fran.
-Imposible no, pero hay que tener arrestos para provocar una
reacción en cadena para que esto cambie.
-Bueno, ¿Qué es lo que sugieres? – Inquirió
Fran.
Jacinto quedó vacilando unos instantes y al final habló
con voz firme.
-He estado pensando un plan, un gran plan. Pienso que va a
salir bien, pero... Vuelvo a deciros que nos falta gente,
por eso he pensado, que para distraer las suspicacias que
pueden generarse con la liberación de unos presos determinados,
hemos de crear la confusión, el caos y ahí entra
Delvia. Quiero concretar, que principalmente debes introducir
en el sistema unas órdenes de liberación de
un grupo ingente de presos. Principalmente, mi grupo de adeptos.
¡Toma nota!, Orlando Arencibia, Raúl Zapata,
José Morante, Guillermo Cortazar, José Ladrían,
Manuel Gracia y Roberto Fraga. Estos siete los he elegido
por tener unas características especiales. Confío
en ellos y los necesitamos.
-Bueno, eso estará enseguida hecho – respondió
Delvia - ¿Para cuando?.
-Pues ya. Cuanto antes mejor. Debemos tenerlos a nuestro lado
para entre todos elaborar el plan maestro. ¿No te parece?.
-Vale, vale, no digas más. Dentro de un rato, daré
comienzo a la liberación de todos tus amigos y de otros
reclusos.
La cara de contento de los cuatro no tenía límites,
estaban en la onda, no les importaban las dificultades, ni
los peligros que iba a entrañar aquella aventura...
Realmente no era una aventura, podría ser el comienzo
de una nueva revolución y todos, aunque nadie dejaba
traslucir su preocupación, estaban preocupados. Se
jugaban mucho, pero todos ellos pensaban que valía
la pena arriesgar su libertad para dar comienzo a una nueva
era en aquel país tan oprimido, tan silenciado, tan
opresivo, por las férreas manos del incómodo
vecino del Norte. Y aquel minúsculo grupo, tenía
el convencimiento de que todo iba a salir bien, confiaban
de que fuera así y entonces, comenzó todo...
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