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Miguel León Burgos


Capítulo IV

 

Mientras tanto, en la prisión del Combinado del Este, las cosas se iban complicando. Nada estaba en sus parámetros originales. Fallaba todo y ninguno de sus técnicos pudo encontrar el origen de aquellas anomalías, ninguno de ellos. En el caso de Olivares como responsable de que todo funcionara como un reloj y viendo que las cosas se demoraban, optó por llamar a quien creía que podría solucionar aquel problema, quién si no, Jacinto, a quién sabía que era un hombre que podía dar solución a esa circunstancia. Se puso en contacto con los responsables de todo el sistema, aquello, no debería repetirse, eran ya varias las veces que todo había fallado, y era un peligro para la Seguridad Nacional. Tenían que confiar con alguien que no fuera afecto al régimen y quién mejor que Jacinto.

Olivares, pensó en él, sabía que era apolítico y que sabría guardar los secretos de sus códigos, así que sin tardanza, ya que todo el sistema de prisiones estaba en peligro, se puso en contacto con él, dio las órdenes oportunas y de inmediato lo hizo llevar a su presencia.

-Vamos, ya estás aquí. Sabes Jacinto tenemos un gran problema y necesitamos tu ayuda ¿Podrías hacerme ese favor personal?.

-¿Qué es lo que pasa? – inquirió Jacinto sabiendo cuál era problema.

-Pues, la verdad, que no lo sabemos, parece ser que un virus se ha introducido en nuestros sistemas y nos han bloqueado y ahora no sabemos que hacer. ¿Qué sugieres tú?.

-Pues la verdad, esta es la segunda vez que esto os está ocurriendo. Pienso, que esto no debe ocurrir de nuevo.

-¿Qué es lo que necesitas? - Preguntó ansioso Olivares.

-La verdad, es que me hacen falta conocer cuáles son los códigos centrales, a partir de eso, no vais a tener ningún otro problema ¿Te parece bien?.

-No sé, no sé. Eso es muy fuerte...

-Olivares, tu vida dependió de mí, y ahora la mía depende de ti y pienso, que debes tomar una decisión, creo que es la más racional y adecuada, no debes tener, a partir de ahora ningún problema más. ¿Qué decides?.

Pasaron unos minutos, el tiempo se les echaba encima y Olivares debía tomar una decisión... Y tuvo que claudicar, tenía confianza en su amigo Jacinto, pero...

Tomó el teléfono rojo de medidas especiales y se puso en contacto con el Director General del Ministerio del Interior, le explicó que era lo que estaba pasando. Ocurrían muchas interferencias en los sistemas y necesitaba, de una manera muy, pero que muy urgente, que se le facilitara el Código Principal, por una excepcional y urgente ocasión.

A regañadientes, ya que era algo inusitado, consultó con los jefes de los Departamento Penitenciarios, con la Presidencia y viendo que en realidad era cuestión de solucionar un problema puntual. Dieron el permiso correspondiente y entonces Olivares, de conformidad y teniendo en sus manos los Códigos, de inmediato se puso en contacto con Jacinto, con gran alegría por parte de éste, ya que iba a obtener los códigos secretos de todo el sistema. No hizo ningún gesto inadecuado, se comportó como si nada le importara. Espero, esperó y unos instantes después, Olivares puso en sus manos, aquel ansiado código. Era muy simple, de tan simple, que nadie hubiera podido sospechar que esa era la introducción en el sistema de seguridad de aquel intríngulis. Era simple muy, muy simple. En cuanto tuvo en sus manos el “modus operandi” internamente sonrió, pero no dio muestras de su alegría.

Tal como le explicó Olivares, y era así... La Habana comprende quince municipios, si se toman en un principio las primeras letras de los primeros cinco, Playa, Plaza de la Revolución, Centro Habana, Habana Vieja y Regla, se obtenían unas letras, PPCHR. Seguían los siguientes cinco; Habana del este, Guanabacoa, San Miguel del Padrón, 10 de Octubre y Cerro. Así que las siguientes letras eran; HGS1C y seguían los otros cinco municipios, Marianao, La Lisa, Boyeros, Arrojo Naranjo y Cotorro. Que iban a dar las siguientes claves; MLBAC. Simple ¿Verdad?. Pero seguidamente hubo cortapisas, ¿Qué hacer si solo necesitaban doce dígitos?. No había problema. Para evitar que se les pudiera seguir la pista, a partir de haber acabado todas las letras, se comenzaba a contar desde la segunda última letra hacia arriba, eliminando tres municipios. Y así hasta acabar, a partir de entonces, se invertiría el proceso, desde la tercera letra del primer grupo, hasta llegar al final. Eran doce los municipios que iban a dar una contraseña simple y efectiva.

-Me parece una medida ejemplar – razonó Jacinto – No creo que ni el Servicio Secreto de Estados Unidos, hubiera podido imaginar que con este método, pueda entorpecer vuestras actividades.

-Bueno, ¿Y que es lo que sugieres? – inquirió Olivares.

-Vale, déjame pensar. Tenemos un problema ¿No?. Pues debemos eliminarlo. Mira ahora mismo, voy a introducir un antivirus, pero quiero informarte que existen varios códigos malignos y eso es muy peligroso. Voy a entrar en el sistema UCP, para darle instrucciones para que active nuevos cortafuegos y que nadie pueda romper el precinto de seguridad con ello, en lo sucesivo nadie podrá penetrar en vuestros códigos ¿Te parece?. Veré de conformaros el Controlador. Es peligroso que pueda estar al aire.

-Me parece bien, no quiero, que en un futuro, alguien pueda complicarnos las cosas ¿Qué opinas?.

-Olivares, te considero como un buen amigo y quiero, en lo posible, que en el futuro nadie te pueda echar en cara que no cumples con tus obligaciones. El caso es, que lo que acucia en estos momentos es resolver el problema ¿No?.

-Pues sí, mi puesto está en entredicho debido a estos incidentes, que no son culpa nuestra. ¡Ayúdame!.

-Vale. Vamos a poner manos a la obra. ¡Que se alejen de aquí tus técnicos! Nadie debe conocer esos códigos ¿No?.

-De acuerdo. ¡Por favor salgan de aquí! – indicó Olivares.

Unos instantes después quedaron solos, Jacinto, como si hiciera magia, introdujo en el sistema un antivirus que previamente conocía por Delvia y de inmediato, todo el conjunto comenzó a funcionar normalmente. Los dos amigos se miraron, el uno incrédulo por lo que su amigo había conseguido, el otro, porqué con aquellos créditos conseguidos, ponía en sus manos, unas posibilidades que nunca antes hubieran podido sospechar. Y entonces, ¡Ay entonces!. Las nubes del cielo se aclararon y todos pudieron ver la luz... Regresaron los técnicos y todo comenzó a ir perfectamente. Entonces Jacinto y Olivares fueron al despacho de éste para conversar.

-Quiero darte las gracias por el favor que nos has hecho, y para compensarte, quiero darte la noticia que ha llegado la orden de tu libertad para dentro de una semana. Tienes permiso para tener una visita antes de salir a la calle, esto se te concede, para que ultimes los detalles que creas precisos para tu incorporación a la libertad. ¿Qué te parece la noticia?.

-Que me va a parecer, ¡Maravillosa!. Deseo de verdad perder de vista estos muros y espero no volver nunca más a ellos.

-Así lo espero, amigo Jacinto. Siento alegría por tu libertad, pero al mismo tiempo me privará tenerte cercano, ¡Pero que le vamos a hacer!. Que goces de tu libertad y nada más.

Cuándo salió Jacinto del despacho de Olivares, iba exultante de alegría, casi no podía creérselo ¡Iba a ser libre!. Le quedaba solamente una semana de estar entre rejas... Llegó a su celda y sus compañeros al verlo aparecer tan alegre, supusieron que les traía buenas noticias.

-¿Qué ha pasado? –preguntó Orlando Arencibia.

-Amigos, me acaban de comunicar que dentro de una semana voy a salir libre. No me lo puedo creer.

Viendo la cara de tristeza de sus compañeros, les dijo algo que hizo que sus rostros se iluminaran.

-Amigos, os dije al principio de conocernos que podíais contar conmigo en el futuro. No os dejaré, pronto tendréis noticias mías y si todo va bien, pronto saldréis en libertad ¡Os lo prometo!.

Nadie preguntó qué era lo que iba a hacer, pero tenían toda su confianza puesta en Jacinto, sabían que era un hombre de palabra y no los abandonaría.

Una día después, un aviso por los altavoces indicaban que tenía visita. Apresuradamente se dirigió a los locutorios y allí esperándolo estaba Violeta, que al verlo aparecer con su rostro iluminado por la alegría, se imaginó que traía buenas noticias. Y así era.

-Mi amor – dijo Jacinto – ayer me comunicó la dirección, que dentro de cinco días salgo en libertad. ¡Estoy tan contento!...

-Jacinto, mi vida, que feliz me hace escuchar esa noticia. ¡Hace tanto tiempo que la esperaba! – no pudo continuar, un sollozo cortó sus palabras.

-No llores mi vida, que dentro de unos días estaremos juntos. Tenemos tantas cosas que recuperar...

-Ya lo sé, pero me ha emocionado lo de tu libertad.

-Bueno, dejemos la alegría por un momento. ¿Hiciste mis encargos? ¿Hablasteis sobre el material de Fran?. ¿Cómo habéis quedado?.

-La verdad Jacinto – respondió Violeta – que no hemos tenido tiempo de hablar sobre ello. Delvia y Fran están muy ocupados.

-¿Ocupados? ¿Cómo es eso?.

-Los acapara un amigo de él, un tal Gabriel Montoya, que es comandante y se conocieron en Angola, parece su sombra. Han salido varias veces y parece que hay un entendimiento entre ellos.

-Me preocupa esa noticia, ¡Caray! Bueno, trata de averiguar que está pasando y habla con Delvia sobre el asunto y ver que podéis hacer. Ir con cuidado, hay mucho en juego y no es cuestión de que todo se vaya al garete.

-Tendré cuidado mi amor. Mañana hablaré con Delvia y Fran y aclararemos todo.

-¿Has visto a mis padres? ¿Cómo están?.

-Hace días que no los he visto, pero les llamé por teléfono y sé que están bien. Tienen muchas ganas de verte.

-Bueno, la semana que viene podré verlos y darles un abrazo.

-Claro que sí mi amor. ¡Ay! ¡Qué ganas tengo de que salgas!.

-Ya falta poco. No olvides todo lo que te he dicho.

Pasados unos minutos les avisaron que el tiempo había terminado. Se despidieron y Jacinto regresó a su celda, mientras caminaba hacia ella, su mente no dejaba de ir pensando la cantidad de cosas que tenía que hacer cuando saliera. Estaba fraguando un plan, que caso de tener éxito sería un bombazo. Sonrió interiormente de pensar en ello y se auguraba las grandes cosas que iban a conseguir, contando siempre con la colaboración de su “equipo”. Ya en la celda, sus compañeros intentaban sonsacarle sobre sus planes, pero Jacinto, siempre receloso de que pudieran haber oídos no convenientes, guardó un hermético silencio. Los días que faltaban para su libertad, seguiría con la rutina de dar sus clases de informática, hacer algo de gimnasia en el patio y compartir con sus compañeros algunas de sus ideas. Siempre con la precaución de no dar demasiados detalles.

Y así fueron transcurriendo los días, hasta que una feliz mañana, recibió el aviso de que debía presentarse en el despacho del director. Cuando llegó, le hicieron pasar de inmediato, allí frente a él estaban dos señores que no conocía y Olivares. Este, sonriente lo presentó a los desconocidos.

-Aquí el compañero Maqueda. Estos dos señores son miembros del Tribunal de Apelación de Libertad para presos modelos y pertenecen a la Dirección General de la Policía Nacional Revolucionaria. Romualdo Rivas y César Castillo. Han venido para conocerte, y hacerte entrega del indulto de tu condena. Tenían muy buenos informes míos y ello ha hecho que tomaran en cuenta tu comportamiento y servicio y hayan decidido venir personalmente a cambiar impresiones contigo. ¿Qué te parece?.

-Pues me parece muy bien. Me alegro de conocerles y si desean preguntar algo háganlo.

-Pues verá, amigo Maqueda – manifestó Rivas – hace tiempo que deseábamos conocerle. Sabemos de sus antecedentes que no tienen nada que ver con la realidad. Muchas veces se habrá preguntado el motivo de haber estado todo este tiempo en prisión ¿No?.

-Pues la verdad es que sí. Nunca me he metido con nada, me he dedicado a mi trabajo y no me he buscado problemas. He tratado de evitar comprometerme con asuntos que en realidad no me conciernen.

-¿Se refiere a los asuntos políticos?- Observó Castillo.

-Efectivamente, siempre he intentado no inmiscuir mi vida privada con asuntos que no son de mi incumbencia. He tratado de cumplir con mis obligaciones y no salirme de una línea apolítica.

-Pero no me negará que prácticamente eso es imposible aquí en Cuba ¿No?.

-Sí es verdad, pero no me negarán que aquí en este país, lo principal es que uno sea consecuente con sus ideas, trabajar, cumplir con sus obligaciones y respetar las ideas de los demás. Si me piden un favor y puedo hacerlo, lo hago sin mirar credo ni religión. Admiro lo que se está haciendo en Cuba, sus logros, sus aspiraciones y sobre todo el enfrentamiento contra un enemigo poderoso sin hincarse de rodillas. Sobre todo, admiro al pueblo cubano que a pesar de las circunstancias adversas con las que debe enfrentarse, siempre está en pie de guerra en apoyo al régimen y eso es de admirar. Pero, vuelvo a repetirles que yo nunca he estado en contra de las ideas políticas del régimen, aunque me considero apolítico. Respeto y quiero que me respeten.

-Todo eso lo sabemos ¿Pero no cree que podía decantarse un poco y no cerrarse en banda a lo que nuestro “lider” pregona? – preguntó de nuevo Rivas.

-No me cierro en banda, pero no me negarán que dentro de mí guardo un cierto resquemor por haberme quitado la libertad sin ninguna justificación. Pienso que no hice nada para verme en esta situación y sigo sin saber la causa. ¿Pueden decírmela?.

Olivares, Castillo y Rivas se miraron y finalmente respondió Rivas.

-Según nuestros informes fuiste aprehendido en una redada de la policía en un acto subversivo. ¿No es cierto?.

-Bueno sí, pero en mi descargo puedo decir que me encontraba por casualidad en aquel sitio, pasaba por allí, escuché voces y me quedé parado unos instantes, de pronto me encontré en un vehículo de la policía y desde entonces, fui de penal en penal y nunca nadie me preguntó, a pesar de mis protestas nadie respondió a mis preguntas y hasta hoy.

-Bueno, pero al fin, la justicia ha reconocido su error y por eso estamos aquí y queremos decirte que tienes un valedor en Olivares, que ha sido la persona que ha intercedido para conseguir tu libertad – contestó ahora Castillo.

-Sí, todo está muy bien ¿Pero quién me resarce del tiempo que he estado privado de libertad?- Respondió un poco furioso Jacinto.

-Compañero – respondió ahora Olivares – de lo que se trata ahora es que tienes tu libertad, hay que empezar desde cero y borrón y cuenta nueva. Ya sé que es duro y que dentro de ti sientes resquemor. Pero tu vida empieza ahora, eres un hombre nuevo y sabemos que el tiempo todo lo borra y que tratarás de seguir con tus normas de vida correctas. Quiero que guardes en tu memoria lo que voy a decirte...

Paró su conversación Olivares pero enseguida continuó.

-El régimen tiene que defenderse de las insidias de sus enemigos, a veces comete errores, nadie es infalible y tu sabes lo difícil que es para nuestro país estar a la defensiva siempre. Se intenta en lo posible que todo vuelva a la normalidad y estamos enfrentados a una situación muy delicada. Sufrimos un boicot terrible y estamos saliendo con nuestros propios medios de dicha situación. Sabemos que el pueblo está con nosotros, que nuestra lucha es la de todos y no nos rendimos. Lo entiendes ¿Verdad?...

Mientras Olivares estaba hablando, los movimientos afirmativos de cabeza de Rivas y Castillo, le daban la razón. Estaban convencidos de que el pueblo cubano saldría victorioso de la difícil situación en que estaba inmerso. Esperaron ver la reacción de Jacinto y enseguida la conocieron.

-Amigos, acepto que todo lo que estáis diciendo es una gran realidad – precisó Maqueda – acepto que hubo un error, acepto que por desgracia me haya pasado a mí, lo acepto todo, pero lo que no puedo admitir y, eso está en la mente de todos, es que las cosas no deben continuar así, deben cambiar. ¿Puedo hablar con libertad? ¿No repercutirá en mi vida lo que hoy voy a decir y es una gran verdad?.

-Lo que aquí se diga ahora, puedo asegurarte que no transcenderá, y que no lo sabrá por nadie. Pienso, que lo que vas a decir nos ayudará a que mejoremos algunas cosas ¿No? – preguntó Olivares a los otros asistentes a la reunión.

Estos afirmaron con la cabeza, aceptaban lo que pudieran oír sin tomar represalias. Entonces Jacinto habló con entera libertad.

-Los prisioneros cubanos no tienen como establecer quejas, ni entablar demandas contra los funcionarios que los maltratan, tampoco pueden denunciarlos a la prensa y quiero insistir con eso – manifestó un poco acalorado – porque en Cuba los tribunales no son independientes ni imparciales y la prensa está controlada por el Estado. Los presos cubanos sufren, pero unos callan por miedo a represalias y muchos otros no tienen como expresarse libremente. Las visitas son pocas y muy controladas, su correspondencia es irregular y muy controlada. ¿Quieren que diga algo más?...

Un poco avergonzados los tres hombres que le escuchaban, estaban inquietos, su interlocutor tenía razón. Eran cosas que se debían mejorar y en el ánimo de los tres tomaron buena nota de eso y se prometieron hacer lo imposible para que cambiaran.

-Creo, amigo Jacinto que hemos escuchado bastante. Lo que te prometemos, es que trataremos, en la medida que nuestros esfuerzos nos lo permitan, que cambien lo antes posible. ¿Contento?- Respondió Olivares.

-La verdad es que sí, me he quitado un gran peso de encima. Deseaba que alguien nos escuchara y no digo a lo que yo he dicho, si no a lo que los demás presos piensan y padecen.

-Nos alegra que hayamos escuchado todas esas quejas de alguien que va a salir en libertad y que sabe que sus declaraciones no se echarán en saco roto. Celebramos tu libertad, mañana pueden venir a recogerte, tu familia ya está avisada.

Un estrechón de manos entre los cuatro hombres cerró aquella conversación. Por una parte, Olivares y sus acompañantes habían escuchado las quejas de Jacinto. Por parte de Jacinto, por haberse podido explayar relatando aquella serie de injusticias que estaban pasando realmente en las cárceles de Cuba. Pero lo que no se pudo imaginar, que antes de retirarse, aquellos tres funcionarios del Estado que se habían quedado un poco estáticos, de repente, Olivares, que es con quién él tenía un cierto acercamiento, de repente, apartándose de sus otros dos compañeros le dijo al oído muy confidencialmente.

-Lo que te voy a exponer es algo, que en el supuesto caso que pudiera ser revelado, a los dos nos pondría en un gran compromiso, bueno, no solo a nosotros, sino a toda nuestra familia y amigos. Lo que te voy a referir es sumamente muy, muy, pero que muy especial. Verás...

Y entonces, le reveló a Maqueda algo, que a medida que se lo iba relatando, Jacinto quedó completamente paralizado. Cuando éste acabó su relato, luego de una larga pausa, en la mente de Jacinto pensamientos encontrados se revelaban contra sus verdaderos sentimientos, pero la verdad, en su interior, encontró que no era una idea tan extraña, tenía viso de ser efectiva y concordaba con sus planes, aquellos que tantas veces había planeado, rumiado y masticado en su amargura. Pero era aquella confesión tan increíble, que dudó por unos instantes que fuera verdad. Miró a Rivas y Castillo que prudencialmente se había apartado hasta un rincón del despacho, y que de vez en cuando suspicazmente les observaban para saber su reacción. De momento Jacinto no respondió, pero mirando a Olivares, dio su conformidad con una mirada... ¡Aquello era tan increíble que!.....

Jacinto se retiró, se había limpiado lo que dentro de él le corroía y creyó de buena fé, que pronto las cosas se podrían solucionar o por lo menos mejorar. Lo que había escuchado le hizo tambalear de vez en cuando. ¡Qué plan tan grandioso! Se juró no revelar a nadie aquello que...

Cuando llegó a su celda sus compañeros de cautiverio le rodearon solicitando que les informara, él relató punto por punto todo cuanto había sucedido, y fue una gran alegría para todos que en un próximo futuro las cosas podrían cambiar. ¿Sería así?... Pero... Lo que no reveló a sus compañeros que era lo que había hablado con Olivares antes de despedirse, ese iba a ser su secreto...

Jacinto Maqueda rumiaba en su interior que la cosa no iba a quedar así, había pasado varios meses en un ir y venir de cárceles, con los consiguientes inconvenientes, disgustos, maltratos y desprecios. Y eso, se dijo asimismo, “Alguien lo va a pagar”. Por una parte estaba contento por tener la libertad, pero por otra, ¡Ay por otra!...

Mientras charlaba con sus compañeros de infortunio, iba maquinando las medidas que iba a perpetrar, para ello necesitaba la colaboración de aquellos que estaban a su lado y se hizo la promesa, que en cuanto saliera, trataría de solucionar de inmediato ese problema. Confiaba en Orlando, Raúl, García, Fraga y Morante, de los otros dos que estaban con ellos, Ladrían y Cortazar, no tenía confianza plena. Así que determinó que con los cinco primeros, haría lo posible para que salieran de la cárcel cuanto antes, para ello contaba con la estimable colaboración de Delvia. Dejó de pensar en todo ello y se acostó en su litera, dejando pasar el tiempo y esperando que le llamaran para dirigirse a la libertad.

Y la llamada llegó, un aviso en los altavoces indicaban a Jacinto Maqueda, que con todas sus pertenencias se dirigiera a la puerta principal con toda urgencia. No tardó nada éste en despedirse de sus compañeros, asegurando que estaban en su pensamiento y que confiaran con él. Salió de la celda con paso un poco tembloroso, se dirigió a la cancela principal y allí, luego de esperar unos minutos, uno de los oficiales con cara de pocos amigos, le entregó un papel, en él estaba la orden de su libertad.

La enorme puerta de acero dejó abierta una pequeña abertura, era la libertad para Jacinto, éste la traspasó y la luz deslumbrante del sol le cegó, tardando unos segundos en poder acoplar su vista a su entorno y cuando recobró la visión, allí, frente a él estaba Violeta y su padre. Aquello fue un torrente de lloros de alegría, de fuertes abrazos, de incontables besos y sin aun poder creérselo, los tres cogieron un enorme coche que los esperaba y éste de inmediato partió con rumbo desconocido. En aquel coche se desataron las emociones, los lloros eran continuos, los abrazos se sucedían unos tras otros, pero toda aquella felicidad, valía por todo aquel tiempo que Jacinto había estado ausente de sus seres queridos y...

La historia continuó. ¿Qué iba a pasar ahora? El tiempo lo diría, había mucho rencor en todos aquellos corazones y muy pronto se iba a saber qué iba a pasar...

Fueron pasando muchas cosas, muchas, el coche paró frente a la casa de Violeta y cuando lo hizo, esta los hizo pasar a su interior y muy feliz le mostró a Jacinto, aquel nido de amor que le esperaba con tantas ansias. Entraron y el padre de él, viendo que en aquellos momentos sobraba, se despidió de Jacinto y de su novia Violeta y a pesar de desear haber gozado de la presencia de su hijo, supo que estaba de más.

Cuando la pareja se encontró sola, aquello fue un pandemónium. Todos aquellos meses que estuvieron separados en aquel largo tiempo, en muy pocos instantes, volvieron a recuperar el tiempo perdido. Aquello no tenía parangón con una batalla de sexo, fue el sexo completo en todos los sentidos, no pasó mucho tiempo después de que los dos recuperaron el sentido de la realidad y volvieron a ella, que al quedar ahítos de sus deseos calmados, y entonces, solo entonces, recobraron la cordura.

-¿Qué vamos a hacer ahora? – preguntó Violeta.

-Bueno, lo primero que debemos hacer es recuperar la serenidad. Entonces una vez estabilizados, debemos ir pensando que es lo que deseamos y debemos hacer. ¿No te parece?- preguntó Jacinto...

-Claro, claro, debemos serenarnos. Pero es tan difícil hacerlo después de tanto tiempo... - respondió Violeta.

-Vale, pero ahora tenemos muchas otras cosas que discutir. Ahora ya estoy libre y debemos concentrarnos en lo que debemos planificar. Primero, debemos contactar con nuestros amigos y decirles que ya estoy en casa, que deben venir cuanto antes y entonces entre todos discutir lo que hay que hacer ¿No te parece?...

-Sí mi amor, ¡Pero tenía tantas ganas de ti!...

-Ya lo sé, pero el tiempo apremia y debemos darnos prisa. ¿Cuándo has quedado con ellos? – inquirió con urgencia Jacinto.

-Pues esta misma mañana. ¡No me riñas! Mi amor tenía tantas ganas de estar contigo...

-Ya lo sé cielo, pero el tiempo urge y tengo tantas cosas en la cabeza que a veces pienso que me va a estallar. Lo comprendes ¿Verdad?.

-Claro que lo entiendo, pero...

-No hay pero que valga, en cuanto vengan Delvia y Fran, enseguida debemos planificar que es lo que debemos hacer. Es lo más conveniente para nuestros planes.

-Vale, vale, no te pongas así. Sabes que soy muy obediente y ya los he avisado. Enseguida estarán aquí.

Un ring en la puerta anunciaba una visita y eran, como no, Delvia y Fran, que en cuanto entraron, de nuevo se sucedieron los abrazos, besos y parabienes, entonces fue el momento de hacer balance y poner al día todos los asuntos pendientes y entonces, de verdad, comenzaba la aventura, la que les iba a llevar a la cima de todo lo que había planeado Jacinto. Pero otras negras nubes se cernían sobre el horizonte... ¿Cuál era aquel presagio?...


 

 


  Obras de este autor

Intriga en La Habana

· Capítulo I
· Capítulo II
· Capítulo III
· Capítulo IV
· Capítulo V
· Capítulo VI
· Capítulo VII
· Capítulo VIII
· Capítulo IX
· Capítulo X
· Epílogo


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  Autores

  · Arévalo Cruz, Antonio
·
Eusse López, Luz Elena
·
León Burgos, Miguel
·
Loshuertos Caldentey, Luis

 

 

 


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