| Capítulo IV
Mientras tanto, en la prisión del Combinado del Este,
las cosas se iban complicando. Nada estaba en sus parámetros
originales. Fallaba todo y ninguno de sus técnicos
pudo encontrar el origen de aquellas anomalías, ninguno
de ellos. En el caso de Olivares como responsable de que todo
funcionara como un reloj y viendo que las cosas se demoraban,
optó por llamar a quien creía que podría
solucionar aquel problema, quién si no, Jacinto, a
quién sabía que era un hombre que podía
dar solución a esa circunstancia. Se puso en contacto
con los responsables de todo el sistema, aquello, no debería
repetirse, eran ya varias las veces que todo había
fallado, y era un peligro para la Seguridad Nacional. Tenían
que confiar con alguien que no fuera afecto al régimen
y quién mejor que Jacinto.
Olivares, pensó en él, sabía que era
apolítico y que sabría guardar los secretos
de sus códigos, así que sin tardanza, ya que
todo el sistema de prisiones estaba en peligro, se puso en
contacto con él, dio las órdenes oportunas y
de inmediato lo hizo llevar a su presencia.
-Vamos, ya estás aquí. Sabes Jacinto tenemos
un gran problema y necesitamos tu ayuda ¿Podrías
hacerme ese favor personal?.
-¿Qué es lo que pasa? – inquirió
Jacinto sabiendo cuál era problema.
-Pues, la verdad, que no lo sabemos, parece ser que un virus
se ha introducido en nuestros sistemas y nos han bloqueado
y ahora no sabemos que hacer. ¿Qué sugieres
tú?.
-Pues la verdad, esta es la segunda vez que esto os está
ocurriendo. Pienso, que esto no debe ocurrir de nuevo.
-¿Qué es lo que necesitas? - Preguntó
ansioso Olivares.
-La verdad, es que me hacen falta conocer cuáles son
los códigos centrales, a partir de eso, no vais a tener
ningún otro problema ¿Te parece bien?.
-No sé, no sé. Eso es muy fuerte...
-Olivares, tu vida dependió de mí, y ahora la
mía depende de ti y pienso, que debes tomar una decisión,
creo que es la más racional y adecuada, no debes tener,
a partir de ahora ningún problema más. ¿Qué
decides?.
Pasaron unos minutos, el tiempo se les echaba encima y Olivares
debía tomar una decisión... Y tuvo que claudicar,
tenía confianza en su amigo Jacinto, pero...
Tomó el teléfono rojo de medidas especiales
y se puso en contacto con el Director General del Ministerio
del Interior, le explicó que era lo que estaba pasando.
Ocurrían muchas interferencias en los sistemas y necesitaba,
de una manera muy, pero que muy urgente, que se le facilitara
el Código Principal, por una excepcional y urgente
ocasión.
A regañadientes, ya que era algo inusitado, consultó
con los jefes de los Departamento Penitenciarios, con la Presidencia
y viendo que en realidad era cuestión de solucionar
un problema puntual. Dieron el permiso correspondiente y entonces
Olivares, de conformidad y teniendo en sus manos los Códigos,
de inmediato se puso en contacto con Jacinto, con gran alegría
por parte de éste, ya que iba a obtener los códigos
secretos de todo el sistema. No hizo ningún gesto inadecuado,
se comportó como si nada le importara. Espero, esperó
y unos instantes después, Olivares puso en sus manos,
aquel ansiado código. Era muy simple, de tan simple,
que nadie hubiera podido sospechar que esa era la introducción
en el sistema de seguridad de aquel intríngulis. Era
simple muy, muy simple. En cuanto tuvo en sus manos el “modus
operandi” internamente sonrió, pero no dio muestras
de su alegría.
Tal como le explicó Olivares, y era así... La
Habana comprende quince municipios, si se toman en un principio
las primeras letras de los primeros cinco, Playa, Plaza de
la Revolución, Centro Habana, Habana Vieja y Regla,
se obtenían unas letras, PPCHR. Seguían los
siguientes cinco; Habana del este, Guanabacoa, San Miguel
del Padrón, 10 de Octubre y Cerro. Así que las
siguientes letras eran; HGS1C y seguían los otros cinco
municipios, Marianao, La Lisa, Boyeros, Arrojo Naranjo y Cotorro.
Que iban a dar las siguientes claves; MLBAC. Simple ¿Verdad?.
Pero seguidamente hubo cortapisas, ¿Qué hacer
si solo necesitaban doce dígitos?. No había
problema. Para evitar que se les pudiera seguir la pista,
a partir de haber acabado todas las letras, se comenzaba a
contar desde la segunda última letra hacia arriba,
eliminando tres municipios. Y así hasta acabar, a partir
de entonces, se invertiría el proceso, desde la tercera
letra del primer grupo, hasta llegar al final. Eran doce los
municipios que iban a dar una contraseña simple y efectiva.
-Me parece una medida ejemplar – razonó Jacinto
– No creo que ni el Servicio Secreto de Estados Unidos,
hubiera podido imaginar que con este método, pueda
entorpecer vuestras actividades.
-Bueno, ¿Y que es lo que sugieres? – inquirió
Olivares.
-Vale, déjame pensar. Tenemos un problema ¿No?.
Pues debemos eliminarlo. Mira ahora mismo, voy a introducir
un antivirus, pero quiero informarte que existen varios códigos
malignos y eso es muy peligroso. Voy a entrar en el sistema
UCP, para darle instrucciones para que active nuevos cortafuegos
y que nadie pueda romper el precinto de seguridad con ello,
en lo sucesivo nadie podrá penetrar en vuestros códigos
¿Te parece?. Veré de conformaros el Controlador.
Es peligroso que pueda estar al aire.
-Me parece bien, no quiero, que en un futuro, alguien pueda
complicarnos las cosas ¿Qué opinas?.
-Olivares, te considero como un buen amigo y quiero, en lo
posible, que en el futuro nadie te pueda echar en cara que
no cumples con tus obligaciones. El caso es, que lo que acucia
en estos momentos es resolver el problema ¿No?.
-Pues sí, mi puesto está en entredicho debido
a estos incidentes, que no son culpa nuestra. ¡Ayúdame!.
-Vale. Vamos a poner manos a la obra. ¡Que se alejen
de aquí tus técnicos! Nadie debe conocer esos
códigos ¿No?.
-De acuerdo. ¡Por favor salgan de aquí! –
indicó Olivares.
Unos instantes después quedaron solos, Jacinto, como
si hiciera magia, introdujo en el sistema un antivirus que
previamente conocía por Delvia y de inmediato, todo
el conjunto comenzó a funcionar normalmente. Los dos
amigos se miraron, el uno incrédulo por lo que su amigo
había conseguido, el otro, porqué con aquellos
créditos conseguidos, ponía en sus manos, unas
posibilidades que nunca antes hubieran podido sospechar. Y
entonces, ¡Ay entonces!. Las nubes del cielo se aclararon
y todos pudieron ver la luz... Regresaron los técnicos
y todo comenzó a ir perfectamente. Entonces Jacinto
y Olivares fueron al despacho de éste para conversar.
-Quiero darte las gracias por el favor que nos has hecho,
y para compensarte, quiero darte la noticia que ha llegado
la orden de tu libertad para dentro de una semana. Tienes
permiso para tener una visita antes de salir a la calle, esto
se te concede, para que ultimes los detalles que creas precisos
para tu incorporación a la libertad. ¿Qué
te parece la noticia?.
-Que me va a parecer, ¡Maravillosa!. Deseo de verdad
perder de vista estos muros y espero no volver nunca más
a ellos.
-Así lo espero, amigo Jacinto. Siento alegría
por tu libertad, pero al mismo tiempo me privará tenerte
cercano, ¡Pero que le vamos a hacer!. Que goces de tu
libertad y nada más.
Cuándo salió Jacinto del despacho de Olivares,
iba exultante de alegría, casi no podía creérselo
¡Iba a ser libre!. Le quedaba solamente una semana de
estar entre rejas... Llegó a su celda y sus compañeros
al verlo aparecer tan alegre, supusieron que les traía
buenas noticias.
-¿Qué ha pasado? –preguntó Orlando
Arencibia.
-Amigos, me acaban de comunicar que dentro de una semana voy
a salir libre. No me lo puedo creer.
Viendo la cara de tristeza de sus compañeros, les dijo
algo que hizo que sus rostros se iluminaran.
-Amigos, os dije al principio de conocernos que podíais
contar conmigo en el futuro. No os dejaré, pronto tendréis
noticias mías y si todo va bien, pronto saldréis
en libertad ¡Os lo prometo!.
Nadie preguntó qué era lo que iba a hacer, pero
tenían toda su confianza puesta en Jacinto, sabían
que era un hombre de palabra y no los abandonaría.
Una día después, un aviso por los altavoces
indicaban que tenía visita. Apresuradamente se dirigió
a los locutorios y allí esperándolo estaba Violeta,
que al verlo aparecer con su rostro iluminado por la alegría,
se imaginó que traía buenas noticias. Y así
era.
-Mi amor – dijo Jacinto – ayer me comunicó
la dirección, que dentro de cinco días salgo
en libertad. ¡Estoy tan contento!...
-Jacinto, mi vida, que feliz me hace escuchar esa noticia.
¡Hace tanto tiempo que la esperaba! – no pudo
continuar, un sollozo cortó sus palabras.
-No llores mi vida, que dentro de unos días estaremos
juntos. Tenemos tantas cosas que recuperar...
-Ya lo sé, pero me ha emocionado lo de tu libertad.
-Bueno, dejemos la alegría por un momento. ¿Hiciste
mis encargos? ¿Hablasteis sobre el material de Fran?.
¿Cómo habéis quedado?.
-La verdad Jacinto – respondió Violeta –
que no hemos tenido tiempo de hablar sobre ello. Delvia y
Fran están muy ocupados.
-¿Ocupados? ¿Cómo es eso?.
-Los acapara un amigo de él, un tal Gabriel Montoya,
que es comandante y se conocieron en Angola, parece su sombra.
Han salido varias veces y parece que hay un entendimiento
entre ellos.
-Me preocupa esa noticia, ¡Caray! Bueno, trata de averiguar
que está pasando y habla con Delvia sobre el asunto
y ver que podéis hacer. Ir con cuidado, hay mucho en
juego y no es cuestión de que todo se vaya al garete.
-Tendré cuidado mi amor. Mañana hablaré
con Delvia y Fran y aclararemos todo.
-¿Has visto a mis padres? ¿Cómo están?.
-Hace días que no los he visto, pero les llamé
por teléfono y sé que están bien. Tienen
muchas ganas de verte.
-Bueno, la semana que viene podré verlos y darles un
abrazo.
-Claro que sí mi amor. ¡Ay! ¡Qué
ganas tengo de que salgas!.
-Ya falta poco. No olvides todo lo que te he dicho.
Pasados unos minutos les avisaron que el tiempo había
terminado. Se despidieron y Jacinto regresó a su celda,
mientras caminaba hacia ella, su mente no dejaba de ir pensando
la cantidad de cosas que tenía que hacer cuando saliera.
Estaba fraguando un plan, que caso de tener éxito sería
un bombazo. Sonrió interiormente de pensar en ello
y se auguraba las grandes cosas que iban a conseguir, contando
siempre con la colaboración de su “equipo”.
Ya en la celda, sus compañeros intentaban sonsacarle
sobre sus planes, pero Jacinto, siempre receloso de que pudieran
haber oídos no convenientes, guardó un hermético
silencio. Los días que faltaban para su libertad, seguiría
con la rutina de dar sus clases de informática, hacer
algo de gimnasia en el patio y compartir con sus compañeros
algunas de sus ideas. Siempre con la precaución de
no dar demasiados detalles.
Y así fueron transcurriendo los días, hasta
que una feliz mañana, recibió el aviso de que
debía presentarse en el despacho del director. Cuando
llegó, le hicieron pasar de inmediato, allí
frente a él estaban dos señores que no conocía
y Olivares. Este, sonriente lo presentó a los desconocidos.
-Aquí el compañero Maqueda. Estos dos señores
son miembros del Tribunal de Apelación de Libertad
para presos modelos y pertenecen a la Dirección General
de la Policía Nacional Revolucionaria. Romualdo Rivas
y César Castillo. Han venido para conocerte, y hacerte
entrega del indulto de tu condena. Tenían muy buenos
informes míos y ello ha hecho que tomaran en cuenta
tu comportamiento y servicio y hayan decidido venir personalmente
a cambiar impresiones contigo. ¿Qué te parece?.
-Pues me parece muy bien. Me alegro de conocerles y si desean
preguntar algo háganlo.
-Pues verá, amigo Maqueda – manifestó
Rivas – hace tiempo que deseábamos conocerle.
Sabemos de sus antecedentes que no tienen nada que ver con
la realidad. Muchas veces se habrá preguntado el motivo
de haber estado todo este tiempo en prisión ¿No?.
-Pues la verdad es que sí. Nunca me he metido con nada,
me he dedicado a mi trabajo y no me he buscado problemas.
He tratado de evitar comprometerme con asuntos que en realidad
no me conciernen.
-¿Se refiere a los asuntos políticos?- Observó
Castillo.
-Efectivamente, siempre he intentado no inmiscuir mi vida
privada con asuntos que no son de mi incumbencia. He tratado
de cumplir con mis obligaciones y no salirme de una línea
apolítica.
-Pero no me negará que prácticamente eso es
imposible aquí en Cuba ¿No?.
-Sí es verdad, pero no me negarán que aquí
en este país, lo principal es que uno sea consecuente
con sus ideas, trabajar, cumplir con sus obligaciones y respetar
las ideas de los demás. Si me piden un favor y puedo
hacerlo, lo hago sin mirar credo ni religión. Admiro
lo que se está haciendo en Cuba, sus logros, sus aspiraciones
y sobre todo el enfrentamiento contra un enemigo poderoso
sin hincarse de rodillas. Sobre todo, admiro al pueblo cubano
que a pesar de las circunstancias adversas con las que debe
enfrentarse, siempre está en pie de guerra en apoyo
al régimen y eso es de admirar. Pero, vuelvo a repetirles
que yo nunca he estado en contra de las ideas políticas
del régimen, aunque me considero apolítico.
Respeto y quiero que me respeten.
-Todo eso lo sabemos ¿Pero no cree que podía
decantarse un poco y no cerrarse en banda a lo que nuestro
“lider” pregona? – preguntó de nuevo
Rivas.
-No me cierro en banda, pero no me negarán que dentro
de mí guardo un cierto resquemor por haberme quitado
la libertad sin ninguna justificación. Pienso que no
hice nada para verme en esta situación y sigo sin saber
la causa. ¿Pueden decírmela?.
Olivares, Castillo y Rivas se miraron y finalmente respondió
Rivas.
-Según nuestros informes fuiste aprehendido en una
redada de la policía en un acto subversivo. ¿No
es cierto?.
-Bueno sí, pero en mi descargo puedo decir que me encontraba
por casualidad en aquel sitio, pasaba por allí, escuché
voces y me quedé parado unos instantes, de pronto me
encontré en un vehículo de la policía
y desde entonces, fui de penal en penal y nunca nadie me preguntó,
a pesar de mis protestas nadie respondió a mis preguntas
y hasta hoy.
-Bueno, pero al fin, la justicia ha reconocido su error y
por eso estamos aquí y queremos decirte que tienes
un valedor en Olivares, que ha sido la persona que ha intercedido
para conseguir tu libertad – contestó ahora Castillo.
-Sí, todo está muy bien ¿Pero quién
me resarce del tiempo que he estado privado de libertad?-
Respondió un poco furioso Jacinto.
-Compañero – respondió ahora Olivares
– de lo que se trata ahora es que tienes tu libertad,
hay que empezar desde cero y borrón y cuenta nueva.
Ya sé que es duro y que dentro de ti sientes resquemor.
Pero tu vida empieza ahora, eres un hombre nuevo y sabemos
que el tiempo todo lo borra y que tratarás de seguir
con tus normas de vida correctas. Quiero que guardes en tu
memoria lo que voy a decirte...
Paró su conversación Olivares pero enseguida
continuó.
-El régimen tiene que defenderse de las insidias de
sus enemigos, a veces comete errores, nadie es infalible y
tu sabes lo difícil que es para nuestro país
estar a la defensiva siempre. Se intenta en lo posible que
todo vuelva a la normalidad y estamos enfrentados a una situación
muy delicada. Sufrimos un boicot terrible y estamos saliendo
con nuestros propios medios de dicha situación. Sabemos
que el pueblo está con nosotros, que nuestra lucha
es la de todos y no nos rendimos. Lo entiendes ¿Verdad?...
Mientras Olivares estaba hablando, los movimientos afirmativos
de cabeza de Rivas y Castillo, le daban la razón. Estaban
convencidos de que el pueblo cubano saldría victorioso
de la difícil situación en que estaba inmerso.
Esperaron ver la reacción de Jacinto y enseguida la
conocieron.
-Amigos, acepto que todo lo que estáis diciendo es
una gran realidad – precisó Maqueda – acepto
que hubo un error, acepto que por desgracia me haya pasado
a mí, lo acepto todo, pero lo que no puedo admitir
y, eso está en la mente de todos, es que las cosas
no deben continuar así, deben cambiar. ¿Puedo
hablar con libertad? ¿No repercutirá en mi vida
lo que hoy voy a decir y es una gran verdad?.
-Lo que aquí se diga ahora, puedo asegurarte que no
transcenderá, y que no lo sabrá por nadie. Pienso,
que lo que vas a decir nos ayudará a que mejoremos
algunas cosas ¿No? – preguntó Olivares
a los otros asistentes a la reunión.
Estos afirmaron con la cabeza, aceptaban lo que pudieran oír
sin tomar represalias. Entonces Jacinto habló con entera
libertad.
-Los prisioneros cubanos no tienen como establecer quejas,
ni entablar demandas contra los funcionarios que los maltratan,
tampoco pueden denunciarlos a la prensa y quiero insistir
con eso – manifestó un poco acalorado –
porque en Cuba los tribunales no son independientes ni imparciales
y la prensa está controlada por el Estado. Los presos
cubanos sufren, pero unos callan por miedo a represalias y
muchos otros no tienen como expresarse libremente. Las visitas
son pocas y muy controladas, su correspondencia es irregular
y muy controlada. ¿Quieren que diga algo más?...
Un poco avergonzados los tres hombres que le escuchaban, estaban
inquietos, su interlocutor tenía razón. Eran
cosas que se debían mejorar y en el ánimo de
los tres tomaron buena nota de eso y se prometieron hacer
lo imposible para que cambiaran.
-Creo, amigo Jacinto que hemos escuchado bastante. Lo que
te prometemos, es que trataremos, en la medida que nuestros
esfuerzos nos lo permitan, que cambien lo antes posible. ¿Contento?-
Respondió Olivares.
-La verdad es que sí, me he quitado un gran peso de
encima. Deseaba que alguien nos escuchara y no digo a lo que
yo he dicho, si no a lo que los demás presos piensan
y padecen.
-Nos alegra que hayamos escuchado todas esas quejas de alguien
que va a salir en libertad y que sabe que sus declaraciones
no se echarán en saco roto. Celebramos tu libertad,
mañana pueden venir a recogerte, tu familia ya está
avisada.
Un estrechón de manos entre los cuatro hombres cerró
aquella conversación. Por una parte, Olivares y sus
acompañantes habían escuchado las quejas de
Jacinto. Por parte de Jacinto, por haberse podido explayar
relatando aquella serie de injusticias que estaban pasando
realmente en las cárceles de Cuba. Pero lo que no se
pudo imaginar, que antes de retirarse, aquellos tres funcionarios
del Estado que se habían quedado un poco estáticos,
de repente, Olivares, que es con quién él tenía
un cierto acercamiento, de repente, apartándose de
sus otros dos compañeros le dijo al oído muy
confidencialmente.
-Lo que te voy a exponer es algo, que en el supuesto caso
que pudiera ser revelado, a los dos nos pondría en
un gran compromiso, bueno, no solo a nosotros, sino a toda
nuestra familia y amigos. Lo que te voy a referir es sumamente
muy, muy, pero que muy especial. Verás...
Y entonces, le reveló a Maqueda algo, que a medida
que se lo iba relatando, Jacinto quedó completamente
paralizado. Cuando éste acabó su relato, luego
de una larga pausa, en la mente de Jacinto pensamientos encontrados
se revelaban contra sus verdaderos sentimientos, pero la verdad,
en su interior, encontró que no era una idea tan extraña,
tenía viso de ser efectiva y concordaba con sus planes,
aquellos que tantas veces había planeado, rumiado y
masticado en su amargura. Pero era aquella confesión
tan increíble, que dudó por unos instantes que
fuera verdad. Miró a Rivas y Castillo que prudencialmente
se había apartado hasta un rincón del despacho,
y que de vez en cuando suspicazmente les observaban para saber
su reacción. De momento Jacinto no respondió,
pero mirando a Olivares, dio su conformidad con una mirada...
¡Aquello era tan increíble que!.....
Jacinto se retiró, se había limpiado lo que
dentro de él le corroía y creyó de buena
fé, que pronto las cosas se podrían solucionar
o por lo menos mejorar. Lo que había escuchado le hizo
tambalear de vez en cuando. ¡Qué plan tan grandioso!
Se juró no revelar a nadie aquello que...
Cuando llegó a su celda sus compañeros de cautiverio
le rodearon solicitando que les informara, él relató
punto por punto todo cuanto había sucedido, y fue una
gran alegría para todos que en un próximo futuro
las cosas podrían cambiar. ¿Sería así?...
Pero... Lo que no reveló a sus compañeros que
era lo que había hablado con Olivares antes de despedirse,
ese iba a ser su secreto...
Jacinto Maqueda rumiaba en su interior que la cosa no iba
a quedar así, había pasado varios meses en un
ir y venir de cárceles, con los consiguientes inconvenientes,
disgustos, maltratos y desprecios. Y eso, se dijo asimismo,
“Alguien lo va a pagar”. Por una parte estaba
contento por tener la libertad, pero por otra, ¡Ay por
otra!...
Mientras charlaba con sus compañeros de infortunio,
iba maquinando las medidas que iba a perpetrar, para ello
necesitaba la colaboración de aquellos que estaban
a su lado y se hizo la promesa, que en cuanto saliera, trataría
de solucionar de inmediato ese problema. Confiaba en Orlando,
Raúl, García, Fraga y Morante, de los otros
dos que estaban con ellos, Ladrían y Cortazar, no tenía
confianza plena. Así que determinó que con los
cinco primeros, haría lo posible para que salieran
de la cárcel cuanto antes, para ello contaba con la
estimable colaboración de Delvia. Dejó de pensar
en todo ello y se acostó en su litera, dejando pasar
el tiempo y esperando que le llamaran para dirigirse a la
libertad.
Y la llamada llegó, un aviso en los altavoces indicaban
a Jacinto Maqueda, que con todas sus pertenencias se dirigiera
a la puerta principal con toda urgencia. No tardó nada
éste en despedirse de sus compañeros, asegurando
que estaban en su pensamiento y que confiaran con él.
Salió de la celda con paso un poco tembloroso, se dirigió
a la cancela principal y allí, luego de esperar unos
minutos, uno de los oficiales con cara de pocos amigos, le
entregó un papel, en él estaba la orden de su
libertad.
La enorme puerta de acero dejó abierta una pequeña
abertura, era la libertad para Jacinto, éste la traspasó
y la luz deslumbrante del sol le cegó, tardando unos
segundos en poder acoplar su vista a su entorno y cuando recobró
la visión, allí, frente a él estaba Violeta
y su padre. Aquello fue un torrente de lloros de alegría,
de fuertes abrazos, de incontables besos y sin aun poder creérselo,
los tres cogieron un enorme coche que los esperaba y éste
de inmediato partió con rumbo desconocido. En aquel
coche se desataron las emociones, los lloros eran continuos,
los abrazos se sucedían unos tras otros, pero toda
aquella felicidad, valía por todo aquel tiempo que
Jacinto había estado ausente de sus seres queridos
y...
La historia continuó. ¿Qué iba a pasar
ahora? El tiempo lo diría, había mucho rencor
en todos aquellos corazones y muy pronto se iba a saber qué
iba a pasar...
Fueron pasando muchas cosas, muchas, el coche paró
frente a la casa de Violeta y cuando lo hizo, esta los hizo
pasar a su interior y muy feliz le mostró a Jacinto,
aquel nido de amor que le esperaba con tantas ansias. Entraron
y el padre de él, viendo que en aquellos momentos sobraba,
se despidió de Jacinto y de su novia Violeta y a pesar
de desear haber gozado de la presencia de su hijo, supo que
estaba de más.
Cuando la pareja se encontró sola, aquello fue un pandemónium.
Todos aquellos meses que estuvieron separados en aquel largo
tiempo, en muy pocos instantes, volvieron a recuperar el tiempo
perdido. Aquello no tenía parangón con una batalla
de sexo, fue el sexo completo en todos los sentidos, no pasó
mucho tiempo después de que los dos recuperaron el
sentido de la realidad y volvieron a ella, que al quedar ahítos
de sus deseos calmados, y entonces, solo entonces, recobraron
la cordura.
-¿Qué vamos a hacer ahora? – preguntó
Violeta.
-Bueno, lo primero que debemos hacer es recuperar la serenidad.
Entonces una vez estabilizados, debemos ir pensando que es
lo que deseamos y debemos hacer. ¿No te parece?- preguntó
Jacinto...
-Claro, claro, debemos serenarnos. Pero es tan difícil
hacerlo después de tanto tiempo... - respondió
Violeta.
-Vale, pero ahora tenemos muchas otras cosas que discutir.
Ahora ya estoy libre y debemos concentrarnos en lo que debemos
planificar. Primero, debemos contactar con nuestros amigos
y decirles que ya estoy en casa, que deben venir cuanto antes
y entonces entre todos discutir lo que hay que hacer ¿No
te parece?...
-Sí mi amor, ¡Pero tenía tantas ganas
de ti!...
-Ya lo sé, pero el tiempo apremia y debemos darnos
prisa. ¿Cuándo has quedado con ellos? –
inquirió con urgencia Jacinto.
-Pues esta misma mañana. ¡No me riñas!
Mi amor tenía tantas ganas de estar contigo...
-Ya lo sé cielo, pero el tiempo urge y tengo tantas
cosas en la cabeza que a veces pienso que me va a estallar.
Lo comprendes ¿Verdad?.
-Claro que lo entiendo, pero...
-No hay pero que valga, en cuanto vengan Delvia y Fran, enseguida
debemos planificar que es lo que debemos hacer. Es lo más
conveniente para nuestros planes.
-Vale, vale, no te pongas así. Sabes que soy muy obediente
y ya los he avisado. Enseguida estarán aquí.
Un ring en la puerta anunciaba una visita y eran, como no,
Delvia y Fran, que en cuanto entraron, de nuevo se sucedieron
los abrazos, besos y parabienes, entonces fue el momento de
hacer balance y poner al día todos los asuntos pendientes
y entonces, de verdad, comenzaba la aventura, la que les iba
a llevar a la cima de todo lo que había planeado Jacinto.
Pero otras negras nubes se cernían sobre el horizonte...
¿Cuál era aquel presagio?...
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