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Miguel León Burgos


Capítulo III

 

Violeta se había reunido con Jacinto en la cárcel, acudía a una visita prevista y tenían tantas cosas de que hablar que no perdieron mucho tiempo. Entrelazaron sus dedos a través de la fría reja que los separaba, pero eso no era óbice, para que no perdieran el contacto personal y amoroso. Luego de algunos instantes de decirse florituras, Jacinto recuperando la seriedad le preguntó a Violeta.

-¿Cómo van todos los asuntos? ¿Se está cumpliendo lo que vamos a necesitar? ¿Qué dice Fran?.

Una pregunta, otra y otra, no dejaba responder a su novia, que esta viéndose agobiada por aquellos requerimientos lo interrumpió y precisó.

-Mira Jacinto, deja que te explique como va todo. Verás, he transmitido a Fran tus encargos. Según me dijo, todo el material está guardado a buen recaudo. Ha traído todo y se ha mostrado satisfecho de haber cumplido con exactitud tus deseos. ¿Sabes?, He podido reunir a nuestros amigos de una forma que es inequívoca de enamoramiento. Han coincidido en todo y están siempre juntos y ya veremos lo que sale de ahí. ¡Se han enamorado! ¿Qué te parece?.

-Pues me parece muy bien, ten en cuenta que Fran ha pasado por muy malos momentos y creo que esta situación le hacía falta, sobre todo cambiar de aires. Y ¿Qué dice Delvia?. ¿Necesita algo en particular?.

-Sí, me ha indicado que precisa alguna información. Con urgencia le hace falta, si es que lo puedes conseguir, el código de acceso a los datos de la central. Ella se encuentra en condiciones de romper el precinto, eliminar los cortafuegos del sistema y descifrar la contraseña, pero dice que si le puedes facilitar la tarea, ganaremos tiempo.

-No digas más, estoy a punto de conseguirlos, espero tenerlos esta misma semana. Me hace falta que ella provoque un colapso de nuevo en este centro hoy mismo, para que se vean obligados a requerir mis servicios otra vez y entonces los tendré en mis manos para solicitar lo que le hace falta.

Estuvieron algunos segundos en silencio, estuvieron mirándose con gran amor, él la necesitaba como nunca antes la había necesitado. Deseaba salir de su encierro y compensarla del tiempo que había estado ausente lejos de ella. De pronto susurrándola al oído le comentó.

-Cuando os encontréis los tres de nuevo, pregúntale a Fran, cuál es el material que ha traído y que os explique con todo detalle su utilización. Es necesario que estéis preparadas para utilizarlo con garantías de éxito. Esto es muy importante, hacedlo cuanto antes. No te olvides de decirle a Delvia que provoque cuanto antes la baja de tensión, el colapso. Tengo que hacerme imprescindible.

Nada más tenían que decirse, languideció la conversación, ya que ellos hubieran preferido jugar a hacerse el amor, pero ese día el vigilante no les perdía ojo, así que se despidieron con un fuerte beso a través de la reja, y cuando él se retiró, Violeta se dirigió a la salida y directamente se fue al encuentro con Delvia y Fran que la esperaban en el hall del hotel Sevilla. Cuando llegó, de inmediato le indicó a su amiga, lo que le había dicho Jacinto sobre que provocara aquella anomalía en la tensión de la cárcel. Mientras hacían un poco de tiempo, pidieron unos mojitos y Violeta les preguntó que pensaban hacer ese día. Le respondieron que querían seguir visitando la ciudad, ya que Fran estaba deseoso de conocer La Habana vieja y gozar de lo que le podían brindar sus calles.

Violeta se despidió de ellos y entonces cuando quedaron solos, Delvia sugirió a Fran que fueran a su casa, tenía que hacer lo que le había ordenado Jacinto. Y así lo hicieron. Cuando entraron ambos en la casita donde vivía ella, Fran se quedó asombrado al ver aquel precioso decorado. Todo era un primor y así lo manifestó ante el contento de ella. Pasaron al interior de la casa y en una habitación oculta tras una falsa pared, se encontraba un completo equipo de informática de última generación.

-Aquí es donde trabajo – le comentó Delvia a Fran – puedes ver que no me falta de nada, he procurado tener al día todo lo nuevo que está en el mercado, mucho me lo he hecho yo, pero gran parte me lo han traído de contrabando desde el extranjero. Bueno vamos a cumplir las órdenes de Jacinto.

Mientras ella disponía todo para cumplir lo que le habían indicado, Fran no dejaba de mirar aquel cuerpo tan espléndido. No se quería perder detalle y mientras la contemplaba arrobado, se acercó arrimando su cuerpo al de ella.

-Deja, tonto, luego jugaremos los dos a lo que tu sabes, ahora tengo faena.

Fran, se apartó un poco y atendió a las explicaciones que Delvia le iba diciendo.

-Ves, aquí en Cuba nosotros tenemos un problema muy gordo desde que Estados Unidos nos hizo el bloqueo. Para poder funcionar en Internet, hemos tenido que ingeniárnoslas, en la actualidad, estamos utilizando el sistema SWIFT o en casos de contingencia, el SEBRA, son nuevos software y no creas que le cuesta barato a Cuba estar utilizándolos, debemos hacer todo a través de Panamá. Me fue algo difícil entrar en esos sistemas, pero una vez descifrados los códigos, fue coser y cantar. Mira, ya estoy entrando.

Fran realmente entendía poco de lo que ella pudiera hacer, pero le maravillaba contemplar con qué agilidad manejaba aquel misterioso mundo de Internet.

-Ves – siguió ella – he podido entrar en el sistema, he burlado sus componentes de seguridad, he roto el precinto y puedo descifrar sus mensajes. Ahora que estoy dentro, voy a provocar una caída de tensión en la prisión o sea un colapso, para que Jacinto pueda acudir en ayuda de aquellos departamentos y consiga el código que nosotros necesitamos, para poder entrar directamente en los sistemas de gestión de datos del Servidor Central.

-¿Podrás hacerlo? – preguntó Fran interesado.

-Si tengo esa información, sí. Verás, podré entrar en el control automático de frecuencia. Cuando tenga la información, podré en cualquier momento, introducir un virus en sus programas e infectarlos.

-¡Caray!, Eso sí es interesante, ver lo que puedes hacer. Pero, pregunto yo, ¿Si introducís un virus, podéis hacer que desaparezca cuando lo deseéis?.

-Claro que si, no te olvides que soy un Hacker y puedo hacer y deshacer lo que yo desee cuando quiera.

-Vale, vale, solo era una pregunta tonta – respondió un poco enfadado Fran.

-No te enfades hombre, te he dado una explicación, hay que estar metido en este mundo para comprender el alcance de lo que se puede hacer.

-¿Y no es peligroso hacer lo que haces? - Preguntó él.

-Claro que es muy peligroso, te pueden seguir la pista y en cualquier momento te pueden dar un disgusto.

-¿No te han cogido nunca?

-Hasta el momento no y no creo que lo puedan hacer, ya que no hay gente tan preparada para seguir la pista a un hacker, es muy difícil. Mira, ya he entrado y desde estos momentos tienen problemas en la prisión.

-Yo no veo nada...

-Tonto, tu no pero yo sí. Ahora debemos esperar a ver que pasa. Como Violeta tiene que ir a visitar a Jacinto mañana, nos traerá noticias.

-¿ Y ahora que hacemos? – Inquirió Fran.

-Pues ahora lo que vamos a hacer es seguir visitando la ciudad ¿Te parece?.

-Pues sí. Me apetece mucho. ¿Dónde vamos a comer?.

-Hoy vamos a dejar a un lado los restaurantes y visitaremos un paladar.

-¿Un paladar? ¿Y eso que es?.

-Pues un paladar es un restaurante, pero en casas particulares. Se come muy bien y es más barato.

-Bueno, tu decides, iremos a un paladar. ¿Tienes alguno preferido?.

-Sobre la marcha decidiremos. ¿Te parece Fran?.

-Si mi amor, lo que tu digas. ¿Por donde empezamos hoy?.

-Pues he pensado que podríamos ir a la Plaza de la Revolución. Tiene algo especial esa plaza y luego, cuando lleguemos, te diré por qué. Vamos a subir en un “Coco taxi” que nos acercará allí.

-¿Otro Coco taxi?. Vaya, si que tenéis cosas raras aquí en La Habana.

-Fran, no te pongas así, aquí hemos tenido muchos problemas y los vamos solucionando como podemos. Te habrás fijado que la mayoría de los coches, que aquí llamamos carros, son de los años 50 o menos. Pues eso es debido a que en aquellos años de dictadura de Batista, aquí nos llenaron de esos coches americanos, y que gracias a la imaginación de nuestras gentes, aun pueden funcionar perfectamente. Bueno, aparte de los “Coco Taxis”, tenemos otros medios de transporte, mira, ves esas “Bici taxis”, son para dos y a veces más personas, no veas como sudan los pobres que pedalean. Y fíjate ahora en aquello que viene por allí, es un “Camello Bus”...

-Camello Bus, ¿Por qué los llaman así? - Preguntó intrigado Fran.

-¿Qué no lo ves? Parecen un camello, con sus dos gibas grandes, ¿Sabes cuanta gente cabe ahí?.

-Ni idea ¿Cuántos?.

-Según tengo entendido más de 300 personas.

-¡Caray! Irán como sardinas ¿No?.

-Sí, es verdad, pero tengo que decirte que pasan muy de tarde en tarde y las paradas son un hormiguero, y que normalmente no suben turistas.

-¿Y eso por qué?.

-Porque en esos autobuses hay de todo, principalmente carteristas y...

-Me lo imagino. Bueno pasemos a otra cosa. Tomemos un Coco taxi.

Hicieron parar ese medio de locomoción, y una vez instalados los dos, el conductor inició su particular forma de conducir. Debía llevarlos a la plaza de la Revolución. En un plis plas, se encontraron en aquel lugar, pagaron lo convenido y los dos comenzaron su peregrinar.

-Mira Fran, esto que tenemos a nuestra derecha, es el Teatro Nacional, ese edificio de enfrente es el Ministerio del Interior y eso que ves ahí frente a nosotros es el monumento memorial a José Martí. Tiene una gran importancia este lugar como te dije. Mira, fíjate, esa figura que está allí es la de José Martí, detrás, puedes ver que está situado un obelisco, tiene 139 metros de altura, y allí, según dicen, tiene sus oficinas Fidel, según dicen, allí celebra su reuniones con sus ministros. Bueno lo que te quería decir, es que en esta enorme plaza tiene gran importancia para el pueblo cubano. En esa plataforma que está bajo la figura esculpida de José Martí, es donde se coloca Fidel y desde allí pronuncia sus discursos de a veces 8 horas ¿Qué te parece?.

-¡Qué me va a parecer!. Aguantar alguien durante ese tiempo los discursos...

-Pues así era. Bueno, te digo, fíjate en aquel edificio de enfrente, puedes ver la efigie del “Ché Guevara” es una fiel reproducción de aquel famoso retrato de Ernesto “Che” Guevara. ¿Te gusta?.

-Bien, está bien, pero la verdad es que no me apasiona – respondió Fran.

-Bueno, pués quiero decirte que en esta plaza, para escuchar a Fidel, cabe más de 1 millón de personas. Pero hay algo más, cuando vino el Papa, en esta plaza pudieron escucharse, por primera vez, gritos de “libertad, libertad”, que no pudieron ser acallados.

-¿Y no pasó nada?.

-Nada, de nada. Pasó y pasó, luego de aquella famosa presencia del Papa refrendando su apoyo a Fidel, todo siguió igual. De libertad nada de nada. ¡Es una lástima!.

-¿Qué vemos ahora? - Preguntó interesado Fran.

-¡Caminemos! . Por esta Avenida de Boyeros vamos a llegar a la Quinta de los Molinos, allí enfrente el Museo de Historia Natural Felipe Poey, el Museo Napoleónico, la Universidad de La Habana. Allí a tu izquierda el famoso Castillo del Príncipe, de negros recuerdos para nosotros los cubanos. ¿Tienes interés en ver el Cementerio Colón?.

-Pues mas bien que no. ¿Qué te parece si continuamos?.

-¡No te pongas así Fran, yo creía que te iba a gustar!.

-No, mejor bajemos por la Avenida de la Independencia hasta alcanzar, el centro, quiero ver el Capitolio Nacional. Tengo mucho interés, prácticamente lo vemos desde cualquier parte de La Habana.

-¡Vale, crucemos y bajemos por el Prado, desde allí nos dirigiremos al centro!. ¿Quieres ver la Fábrica de Tabacos Partagás?.

-Bueno si es una fábrica de tabacos, vale. ¡Vamos!.

Qué desilusión, según les dijeron en la entrada principal estaba en reparaciones, así que solo pudieron visitar la tienda, donde vendían puros habanos y recuerdos. Estaban los dos desilusionados, así que siguieron para ver el Capitolio Nacional, desde fuera porque estaba en reparaciones, el Gran Teatro de La Habana, el Museo Nacional de Bellas Arte, y el Parque de la Fraternidad. Un poco decepcionada Delvia por no haber actuado de buena anfitriona, se dirigió a Fran precisando.

-Lo lamento mucho, no imaginaba que todo estaba en obras. Lo siento Fran. ¿Nos vamos?.

-No lo sientas, esto a veces ocurre. Yo creo que mejor nos vamos a comer ¿No?.

-Vale, ya que estamos cerca podemos acercarnos a “El Colonial”, es un buen sitio para comer lo más típico de aquí... Pollo asado, cerdo a la criolla, moros y cristianos y unas buenas ensaladas de frutas. ¿Qué te parece?.

-Por mí de acuerdo. Vamos a “El Colonial”.

Y así lo hicieron, cogidos del brazo, se encaminaron hasta El Prado, esquina Galiano y Virtudes y allí estaba el lugar donde iban a reposar y degustar platos criollos. Pero se llevaron otra desilusión, estaba cerrado.

-Es igual – dijo Delvia – vamos al paladar de Doña Blanquita y espero que esté abierto.

Sí lo estaba y les gustó aquel ambiente. Les llamó la atención ver la cantidad de flores de plástico que estaban por todas partes y también baratijas. El paladar estaba situado en una casa colonial del s. XIX. La dueña los atendió personalmente, les hizo sentarse en una mesita cercana a una fuente, seguidamente dio unas órdenes y los camareros tomaron nota de lo que deseaban para comer, pollo a la criolla y unas sabrosas chuletas de cerdo. Pidieron unas cervezas Bucanero y acabaron tomando unas ensaladas de frutas. Satisfechos salieron del local y regresaron al hotel Sevilla.

Allí los estaba esperando Violeta, en cuanto los vio llegar dio un suspiro, esperaba tener noticias de sí se había cumplido lo indicado por Jacinto. Delvia de inmediato confirmó que ya estaba en marcha y ahora solo quedaba esperar para conocer que tal había ido todo. Sentados cómodamente en el hall, estuvieron conversando sobre como había pasado el día la pareja.

-Bien, muy bien, nos hemos cansado de caminar, Fran ha visto algunos monumentos, hemos comido en un paladar y mientras veníamos al hotel, estábamos decidiendo hacer mañana una excursión a Pinar del Río y Viñales. ¿Qué te parece?.

-Pues me parece muy bien, yo tengo que volver a visitar a Jacinto y comunicarle lo que se ha hecho y de paso que él me transmita lo que tu necesitas para seguir con el plan.

-De acuerdo, así que ya nos veremos pasado mañana, ¿Eh?.

-Vale, y que os lo paséis bien. ¡Id con cuidado!.

Violeta se retiró, dejando solos a la pareja, que aprovecharon las horas de bochorno del mediodía para subir a la habitación de Fran y aprovechar el ambiente tan fresquito que hacia allí, debido al aire acondicionado. No tardaron nada en emprender una nueva batalla del amor. Gozaron de sus cuerpos y una vez calmadas sus ansias de poseerse, se ducharon y se tendieron desnudos encima de la cama, no tardando nada en quedarse dormidos. Una llamada del teléfono los despertó, era un aviso de recepción que los estaban esperando en el hall, eran el comandante Montoya y su señora. La pareja que no esperaba esa visita tan pronto, los dos se apresuraron en vestirse, y en unos minutos estaban en el hall. Al verlos, Montoya se acercó a ellos y les presentó a su señora, que no era la misma que días anteriores les había presentado como tal. Les dirigió una sonrisa de complicidad guiñando un ojo.

-Os presentó a mi esposa Senair. Deseaba conoceros y por eso la he traído conmigo. Mira mujer, estos son mis amigos Delvia y Fran, de él ya te hablé, tengo mucho que agradecerle, le debo la vida.

Delvia y Fran saludaron muy atentos a Senair, estaban un poco desconcertados, y se preguntaron “¿Quién era la otra esposa?”. La verdad es que la mujer que estaba delante de ellos era una mulata espectacular, tenía una figura preciosa que ella graciosamente hacía resaltar con movimientos muy femeninos. Los cuatro se sonrieron, todos ellos se habían caído bien, y seguidamente, Montoya con gran desparpajo preguntó.

-¿Qué tal estáis? ¿Lo habéis pasado bien en estos días que no nos hemos visto?.

-Bien, bien – respondió Fran un poco asombrado – hemos estado todo el día correteando por las calles de la Habana y estábamos un poco fatigados, nos hemos echado un poco y los dos nos hemos quedado dormidos.

-¿Solo dormíais?... Ja, ja, ja – rió Montoya.

Y dirigiéndose a su esposa con un aire de malicia en sus ojos, le comentó.

-Ya te dije que son una pareja muy cachonda ¿Verdad que sí?.

Senair aprobó con una mirada lo que le decía Montoya. Le había caído muy bien aquella pareja, sonrió abiertamente y comentó.

-Gabriel ya me habló de vosotros y la verdad es que tenía muchas ganas de conoceros. Espero que seamos buenos amigos.

-Por supuesto – contestó Delvia en nombre de los dos – Creo que ya lo somos. ¿No?.

Montoya, indicó a Fran que podían pedir alguna bebida y este de inmediato requirió los servicios de un camarero y solicitó lo que cada uno de ellos deseaba. Cuando llegó lo pedido, brindaron por su amistad, por Cuba, por los amigos, por... A Fran le había extrañado aquella inesperada visita y entonces le preguntó a Montoya.

-Bueno, ¿Y el motivo de vuestra visita?.

-Verás – respondió Gabriel – hemos pensado que como el otro día pensabais hacer una excursión a Pinar del Río, y como Senair es de allí, pues que podríamos los cuatro hacer una escapada y que ella os explique todo lo de aquella zona. ¿No os parece?.

-Por nosotros, encantados, es una buena idea. Pensábamos precisamente ir mañana.

-Pues no hay más que hablar, mañana muy temprano vendremos a buscaros y saldremos para visitar Pinar del Río y Viñales. Ya veréis que lo pasaremos muy bien.

-Conformes, nos parece muy buena idea.

Los cuatro amigos siguieron con su fiesta particular, unas bebidas siguieron otras. Un conjunto criollo que estaba en el Patio Andaluz, se pusieron a tocar sones cubanos, uno tras otro, aquella música incitaba a bailar y mientras la música sonaba, las atenciones de Senair estaban dedicadas a Fran. En un momento le preguntó.

-¿Te gusta Cuba españolito?. ¿Verdad que es muy linda?.

-Ya lo creo que sí, aunque tengo que decirte que conozco muy poco. Desde que he llegado, solamente he conocido parte de la Habana Vieja. Desde el primer momento he estado en este hotel y lo hemos pasado correteando por estas lindas calles y la verdad es que la gente, el ambiente tan acogedor que por todas partes se respira, me ha cautivado.

-¡Qué lindo es lo que dices! ¡Me ha cautivado!. Vosotros los españoles sois muy queridos aquí y no sabes lo que me contenta que te guste esto.

Mientras esto le decía, se arrimaba más y más a Fran, haciendo que este se encontrara un poco cohibido. No podía creer que aquello le estuviera pasando a él, delante de Montoya, de Delvia y aquella mujer tan excitante que aproximaba su cuerpo cada vez más cerca. Podía sentir la dureza de sus pechos encima de él, y aquello le estaba poniendo a cien. ¿Qué hacer?. Sonrojado se dirigió a Montoya preguntando.

-¿Qué os parece si nos vamos a cenar? – dijo para salir del paso tan comprometido en que se estaba metiendo.

-¡Ah! Conformes, pero os invitamos nosotros.

-Esta bien – respondió Fran – vosotros invitáis.

Cuando acabaron aquella ronda, los cuatro salieron del hotel, Senair cogida del brazo de Fran y Delvia del de Montoya. Los cuatro, estaban un poco alegres y cuando salieron, un coche oficial les estaba esperando en la puerta.

-Os propongo que vayamos a cenar al Tropicana ¿Qué os parece?. Allí luego de cenar, hay un buen espectáculo de variedades, mucho mejor que en el cabaret “Le Parisien” del Hotel Nacional. ¿Vale?.

No hubo inconveniente por parte de nadie y en cuanto se instalaron en el coche y este se puso en marcha, aquello comenzó a tomar tintes de encendida lujuria. Fran sentado junto a Senair, la cual no dejaba de ofrecerle prácticamente su cuerpo, Montoya junto a Delvia, que tampoco parecía darle importancia a que este contactara con su cuerpo. El chofer, acostumbrado a hacer oídos sordos y no ver, hacía caso omiso de todo cuanto estaba sucediendo en la trasera del vehículo e impertérrito seguía conduciendo con mano experta el coche hasta su destino. Y en un plis plas estuvieron frente al más famoso local de Cuba, el Cabaret “Tropicana”. Cuando llegaron a sus puertas al ver el coche del comandante, fue él “Ábrete sésamo”. Ya estaban avisados de su llegada y un enjambre de solícitos personajes, estuvieron pendientes de los cuatro ocupantes del coche que se apeaban como grandes señores. Mientras caminaban hacía el interior, Montoya conocedor de aquel ambiente les fue informando de su historia.

-Mirad, este Cabaret Tropicana fue inaugurado en 1931 y desde entonces, lo describieron como “ Un Paraíso Bajo las Estrellas”.

Mientras iban caminando, se encontraban los cuatro rodeados por una exuberante vegetación y cuando su anfitrión Montoya, les dijo que en aquel espectáculo participaban más de 200 bailarines, no se lo pudieron creer. Siguieron su andadura y los condujeron a una mesa al lado mismo del gran escenario, allí es donde iban a cenar, antes de que empezara el gran espectáculo musical. Aquello era un gentío inmenso, en aquel lugar se encontraban más de mil personas, todos esperando ver cumplidos sus deseos de ver aquella maravilla de espectáculo en acción.

Instalados en su mesa, tan cerca, donde podían ver todo el grandioso show sin ser molestados, solicitaron la cena. Primero, ante la solícita atención privilegiada de una nube de camareros, una botella de Champaña francés. De inmediato, la tuvieron servida en frías copas y esto dio pie para iniciar un brindis por su incipiente amistad. Seguidamente, les colocaron en una cubitera fría una botella de Habana Club, su más famoso ron. Refrescos y seguidamente canapés diversos, jamón, queso y otras golosinas. Y no tardaron nada en seguir con una exquisita cena con todo de lo mejor. Cuando acabaron con lo servido, nueva botella de ron y refrescos y no tardaron mucho las luces en atenuarse y en aquellos momentos comenzó el gran show.

En aquel gran escenario, Fran no se explicaba como podía estar tanta gente, bailando, cantando, haciendo coreografías, actuando, sin perder ni tiempo ni situación. Se maravilló, cuando de repente sintió en sus carnes las manos ávidas de Senair, que buscaban y encontraron lo que en aquellos momentos estaba sintiendo el deseo de su líbido, al contemplar aquellos cuerpos tan jóvenes, tan magníficamente repletos de aquellas turgentes carnes y miró disimuladamente a Montoya. Pero éste no hizo el menos caso, estaba ocupado en investigar las protuberancias del cuerpo de Delvia y viendo aquella despreocupación, entonces no tuvo empaque en aprovechar aquella coyuntura y con gran placer, pudo gozar de aquellos preciosos senos que se le ofrecían sin ningún disimulo.

Duró lo que duró, ya que luego del tiempo que estuvieron sin ver lo que la actuación de los bailarines les brindaba, las luces se fueron atenuando, dando con ello lugar a que los asistentes pudieran volver a la realidad. Una vez encendidas las luces en su totalidad, la gran tarima donde habían actuado los bailarines, fue bajando lentamente hasta el nivel del suelo y los altavoces indicaron que era hora de bailar. Sonó la música de un conjunto criollo que comenzó a interpretar canciones y más canciones.

-¿Bailamos? – preguntó Montoya, guiñando un ojo a Fran.

-Por qué no. Vamos a ello.

Pero ante el desconcierto de él, Delvia se levantó de su asiento y se puso a bailar con Montoya, éste aceptando la invitación, arrimó su cuerpo al de ella y comenzaron a bailotear alegremente. Fran, no tuvo más remedio que invitar a Senair, que gustosamente aceptó la invitación y en cuanto salieron a la improvisada pista, los dos cuerpos se fundieron en uno solo. Fran sentía contra su torso los henchidos pechos de ella y notaba como su pierna, se incrustaba en su entre pierna y en aquellos momentos perdió la noción del tiempo y del espacio y gozó de la aproximación de aquel excitante cuerpo que se le ofrecía sin ambages, sin disimulos y dentro de sí, sintió remordimientos.

Notaba que estaba traicionando a Delvia, pero al volver la cabeza, vio como ésta, en aquellos momentos estaba en otro lugar, lejos de él. Y dejó de sentir remordimientos, apretó hacía él, aquel esplendoroso cuerpo y de repente, sin quererlo, se diluyó en sí mismo y Senair lo notó al sentir sus estremecimientos y exclamó.

-¿Pero mi amor, como te puedes haber ido sin esperarme? ¿No ves que estoy loquita por ti?...

Pero Fran, estaba en lo que estaba, y casi ni le prestó atención, y en un momento, mirando fijamente a Delvia, vio que ella estaba pendiente de lo que estaba sucediendo a su alrededor, y entonces comprendió que no había hecho bien en aceptar aquella inusitada invitación y se arrepintió, no había hecho bien. Pero a pesar de todo, él, había gozado de otro cuerpo sin haber sufrido quebranto el suyo y sonrió de una manera simple. Aunque vio en los ojos de Delvia que una sombra se cernía en su relación. Hizo caso omiso, ya que pudo percatarse que Montoya tampoco perdía el tiempo y que aquellos dos cuerpos se unían en un orgasmo de placer.

¡Pero las mujeres son tan misteriosas! ¡Tienen tantos secretos ocultos!...

Fran sabía que no había actuado bien, pero íntimamente trataba de no sentirse culpable, pero, ciertamente lo era. Pero... Pensando y pensando, luego de aquellos momentos de grato placer, intuyó, le dio el pálpito de que algo no encajaba en aquella anómala situación. Se preguntó “¿Por qué esta invitación?”. Si ya habían estado en otro sitio con otra esposa ¿Cuál era su verdadera esposa?. ¿Por qué esta nueva invitación? ¿Cuál era el principal motivo?. ¿Qué estaba pasando?. Y de repente, sintió que a su alrededor se estaba tejiendo una telaraña que lo estaba aprisionando. ¿Qué era?.

Fran miró a Delvia y con una seña indicó que deseaba hablar con ella enseguida. Esta que no era tonta, intuyó que algo pasaba. Pidió disculpas y dijo que iba a la “toilette” tenía que arreglarse un poco. Un poco apartados de la otra pareja, Fran le comentó a Delvia que tuviera mucho cuidado con no dejar entrever lo que ellos pensaban hacer. Imaginaba que allí había gato encerrado. Una vez que ella se hubo ido, él regresó a la mesa pero entonces dijo que deseaba ir al baño. Esta frase hizo reír a la pareja de Montoya y Senair y lógicamente dieron su permiso. Mientras caminaba hacía los servicios, en su mente tenía la certeza de que algo no encajaba ¿Qué era?. Y de repente lo supo, Montoya le estaba ofreciendo en bandeja la aceptación de sus oscuros deseos, el cuerpo de aquella monumental mujer, de Senair, que de verdad le estaba sorbiendo el seso. Tuvo que hacerse el ánimo, parecía ser que no era un secreto su llegada a Cuba y decidió ir con mucha precaución y no dar un paso en falso. Supo, que detrás de aquellas invitaciones, había algo más y trató de averiguar lo que pasaba.

Cuando regresó, Delvia demoraba, así que cuando los tres se quedaron solos, en un momento determinado, Fran se percató, que una mirada de Montoya hizo que Senair, se fuera al tocador. Entonces, estando solos, sin que nadie pudiera escucharles, Montoya le espetó de repente.

-Mira Fran, sé que te debo mucho, te debo la vida, pero es hora de que pienses que ahora está pasando algo y quiero decirte que una Unidad Especial de Seguridad del Estado te está investigando. Ya te dije que yo pertenezco a ella y que es mi obligación cumplir con mi deber. Vuelvo a repetirte, que nunca olvidaré que gracias a ti estoy vivo, pero, no olvides que aquí nos estamos jugando la supervivencia y que el deber es el deber. Si tienes en mente planear algo en contra del régimen, olvídate de ello. Me vas a tener enfrente y actuaré en lo que me dicte mi conciencia. Cuida tus pasos, olvida desde estos momentos nuestra conversación y cuida de que Senair no te sonsaque nada.

-¿Pero no es tu esposa? – preguntó Fran.

-No, que va, es un agente de Seguridad del Estado. Va a intentar sonsacarte, y te lo vuelvo a repetir. ¡Ve con cuidado!.

-Pero entonces, aquella otra que nos presentaste ¿Quién era?.

-Pues otra agente de Seguridad. Pudiste ver que era una sonsa, no servía para nada. Pero esta, con su cuerpo, parece que te ha sacado de quicio ¿No?.

-La verdad es que está para comérsela.

-¡Vuelvo a repetirte!, Ten mucho cuidado con lo que dices, o haces y no olvides que estoy a tu lado...

Como unos instantes después regresaron las dos mujeres, entre ellas se habían comentado algo, que si este estaba bueno, que si el otro estaba mejor, pero al final, cada una se quedó con el suyo. Se estaba haciendo tarde y decidieron acabar con su particular fiesta. De nuevo el coche oficial estaba en la puerta esperándolos, subieron a él y en un abrir y cerrar de ojos estuvieron en su destino. La pareja, Fran y Delvia se apearon y se despidieron hasta la mañana siguiente, todo esto dando un suspiro de alivio. Ya estaban solos, y con los ojos cerrándoseles de sueño, tomaron el ascensor y pronto llegaron a la habitación 515 y dando un fuerte suspiro de satisfacción los dos, ni se desnudaron, se tendieron a lo largo y ancho de su gran cama y el sueño prontamente les venció. Y de nuevo, sin apenas haber dormido, el teléfono les avisó, que les estaban esperando en el hall. Eran Montoya y su “esposa” Senair. Venían dispuestos a hacer la excursión a Pinar del Río y aledaños.

Fran indicó en recepción que en unos minutos estarían listos, que enseguida bajarían... No tardaron nada en aparecer en el hall y con ganas de iniciar aquella visita casi obligada, a la mejor zona de Cuba, donde se cultivan los mejores tabacos. En cuanto los vieron aparecer, de inmediato indicaron que les estaba esperando el coche para llevarlos a todos ellos a Pinar del Río. Una vez instalados los cuatro, Montoya indicó al chofer que ya podían emprender viaje, el coche se dirigió velozmente a la autopista 4. Comenzaba un día bastante ajetreado. Tenían por delante 175 Km que recorrer y mientras el coche devoraba la distancia que les separaba de su destino, Montoya comentó lo que iban a ver.

-Podéis notar que la carretera no está en muy buenas condiciones. Hay bastantes baches. Fijaros bien en la gente que está a los lados de la carretera, se les llama botelleros, son los que piden que los lleven hasta un destino determinado. Hay una obligación, por parte de los camiones que circulan por estas carreteras, si van vacíos, tienen que parar y permitir que los que están a los lados de los caminos, suban y sin costo alguno los lleven cerca de donde viven, curioso ¿No?. Bueno, estas circunstancias están ocurriendo por nuestros problemas de los transportes, hay poco combustible, hay pocos vehículos de pasajeros, así, que nuestro gobierno propuso un plan que por lo menos remedia nuestros problemas. ¿No te parece?.

Qué podía decir Fran. Todo le parecía bien, siempre y cuando fuera para beneficiar al pueblo cubano, que estaban carentes de primeras necesidades y así lo dijo, ante la aprobación de todos los que le escuchaban. Durante su recorrido, se podían leer en algunos tramos de la carretera, grandes carteles que ponían “Patria o Muerte” “Aquí Estamos” “Venceremos” y cosas así. Comentó Fran.

-Me ha extrañado no ver anuncios sobre productos o marcas.

-Aquí no los necesitamos. Sólo queremos lo nuestro.

Siguieron su andadura y muy pronto iban a avistar, Pinar del Río y así comenzó una nueva aventura...


 

 


  Obras de este autor

Intriga en La Habana

· Capítulo I
· Capítulo II
· Capítulo III
· Capítulo IV
· Capítulo V
· Capítulo VI
· Capítulo VII
· Capítulo VIII
· Capítulo IX
· Capítulo X
· Epílogo


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