| Capítulo III
Violeta se había reunido con Jacinto en la cárcel,
acudía a una visita prevista y tenían tantas
cosas de que hablar que no perdieron mucho tiempo. Entrelazaron
sus dedos a través de la fría reja que los separaba,
pero eso no era óbice, para que no perdieran el contacto
personal y amoroso. Luego de algunos instantes de decirse
florituras, Jacinto recuperando la seriedad le preguntó
a Violeta.
-¿Cómo van todos los asuntos? ¿Se está
cumpliendo lo que vamos a necesitar? ¿Qué dice
Fran?.
Una pregunta, otra y otra, no dejaba responder a su novia,
que esta viéndose agobiada por aquellos requerimientos
lo interrumpió y precisó.
-Mira Jacinto, deja que te explique como va todo. Verás,
he transmitido a Fran tus encargos. Según me dijo,
todo el material está guardado a buen recaudo. Ha traído
todo y se ha mostrado satisfecho de haber cumplido con exactitud
tus deseos. ¿Sabes?, He podido reunir a nuestros amigos
de una forma que es inequívoca de enamoramiento. Han
coincidido en todo y están siempre juntos y ya veremos
lo que sale de ahí. ¡Se han enamorado! ¿Qué
te parece?.
-Pues me parece muy bien, ten en cuenta que Fran ha pasado
por muy malos momentos y creo que esta situación le
hacía falta, sobre todo cambiar de aires. Y ¿Qué
dice Delvia?. ¿Necesita algo en particular?.
-Sí, me ha indicado que precisa alguna información.
Con urgencia le hace falta, si es que lo puedes conseguir,
el código de acceso a los datos de la central. Ella
se encuentra en condiciones de romper el precinto, eliminar
los cortafuegos del sistema y descifrar la contraseña,
pero dice que si le puedes facilitar la tarea, ganaremos tiempo.
-No digas más, estoy a punto de conseguirlos, espero
tenerlos esta misma semana. Me hace falta que ella provoque
un colapso de nuevo en este centro hoy mismo, para que se
vean obligados a requerir mis servicios otra vez y entonces
los tendré en mis manos para solicitar lo que le hace
falta.
Estuvieron algunos segundos en silencio, estuvieron mirándose
con gran amor, él la necesitaba como nunca antes la
había necesitado. Deseaba salir de su encierro y compensarla
del tiempo que había estado ausente lejos de ella.
De pronto susurrándola al oído le comentó.
-Cuando os encontréis los tres de nuevo, pregúntale
a Fran, cuál es el material que ha traído y
que os explique con todo detalle su utilización. Es
necesario que estéis preparadas para utilizarlo con
garantías de éxito. Esto es muy importante,
hacedlo cuanto antes. No te olvides de decirle a Delvia que
provoque cuanto antes la baja de tensión, el colapso.
Tengo que hacerme imprescindible.
Nada más tenían que decirse, languideció
la conversación, ya que ellos hubieran preferido jugar
a hacerse el amor, pero ese día el vigilante no les
perdía ojo, así que se despidieron con un fuerte
beso a través de la reja, y cuando él se retiró,
Violeta se dirigió a la salida y directamente se fue
al encuentro con Delvia y Fran que la esperaban en el hall
del hotel Sevilla. Cuando llegó, de inmediato le indicó
a su amiga, lo que le había dicho Jacinto sobre que
provocara aquella anomalía en la tensión de
la cárcel. Mientras hacían un poco de tiempo,
pidieron unos mojitos y Violeta les preguntó que pensaban
hacer ese día. Le respondieron que querían seguir
visitando la ciudad, ya que Fran estaba deseoso de conocer
La Habana vieja y gozar de lo que le podían brindar
sus calles.
Violeta se despidió de ellos y entonces cuando quedaron
solos, Delvia sugirió a Fran que fueran a su casa,
tenía que hacer lo que le había ordenado Jacinto.
Y así lo hicieron. Cuando entraron ambos en la casita
donde vivía ella, Fran se quedó asombrado al
ver aquel precioso decorado. Todo era un primor y así
lo manifestó ante el contento de ella. Pasaron al interior
de la casa y en una habitación oculta tras una falsa
pared, se encontraba un completo equipo de informática
de última generación.
-Aquí es donde trabajo – le comentó Delvia
a Fran – puedes ver que no me falta de nada, he procurado
tener al día todo lo nuevo que está en el mercado,
mucho me lo he hecho yo, pero gran parte me lo han traído
de contrabando desde el extranjero. Bueno vamos a cumplir
las órdenes de Jacinto.
Mientras ella disponía todo para cumplir lo que le
habían indicado, Fran no dejaba de mirar aquel cuerpo
tan espléndido. No se quería perder detalle
y mientras la contemplaba arrobado, se acercó arrimando
su cuerpo al de ella.
-Deja, tonto, luego jugaremos los dos a lo que tu sabes, ahora
tengo faena.
Fran, se apartó un poco y atendió a las explicaciones
que Delvia le iba diciendo.
-Ves, aquí en Cuba nosotros tenemos un problema muy
gordo desde que Estados Unidos nos hizo el bloqueo. Para poder
funcionar en Internet, hemos tenido que ingeniárnoslas,
en la actualidad, estamos utilizando el sistema SWIFT o en
casos de contingencia, el SEBRA, son nuevos software y no
creas que le cuesta barato a Cuba estar utilizándolos,
debemos hacer todo a través de Panamá. Me fue
algo difícil entrar en esos sistemas, pero una vez
descifrados los códigos, fue coser y cantar. Mira,
ya estoy entrando.
Fran realmente entendía poco de lo que ella pudiera
hacer, pero le maravillaba contemplar con qué agilidad
manejaba aquel misterioso mundo de Internet.
-Ves – siguió ella – he podido entrar en
el sistema, he burlado sus componentes de seguridad, he roto
el precinto y puedo descifrar sus mensajes. Ahora que estoy
dentro, voy a provocar una caída de tensión
en la prisión o sea un colapso, para que Jacinto pueda
acudir en ayuda de aquellos departamentos y consiga el código
que nosotros necesitamos, para poder entrar directamente en
los sistemas de gestión de datos del Servidor Central.
-¿Podrás hacerlo? – preguntó Fran
interesado.
-Si tengo esa información, sí. Verás,
podré entrar en el control automático de frecuencia.
Cuando tenga la información, podré en cualquier
momento, introducir un virus en sus programas e infectarlos.
-¡Caray!, Eso sí es interesante, ver lo que puedes
hacer. Pero, pregunto yo, ¿Si introducís un
virus, podéis hacer que desaparezca cuando lo deseéis?.
-Claro que si, no te olvides que soy un Hacker y puedo hacer
y deshacer lo que yo desee cuando quiera.
-Vale, vale, solo era una pregunta tonta – respondió
un poco enfadado Fran.
-No te enfades hombre, te he dado una explicación,
hay que estar metido en este mundo para comprender el alcance
de lo que se puede hacer.
-¿Y no es peligroso hacer lo que haces? - Preguntó
él.
-Claro que es muy peligroso, te pueden seguir la pista y en
cualquier momento te pueden dar un disgusto.
-¿No te han cogido nunca?
-Hasta el momento no y no creo que lo puedan hacer, ya que
no hay gente tan preparada para seguir la pista a un hacker,
es muy difícil. Mira, ya he entrado y desde estos momentos
tienen problemas en la prisión.
-Yo no veo nada...
-Tonto, tu no pero yo sí. Ahora debemos esperar a ver
que pasa. Como Violeta tiene que ir a visitar a Jacinto mañana,
nos traerá noticias.
-¿ Y ahora que hacemos? – Inquirió Fran.
-Pues ahora lo que vamos a hacer es seguir visitando la ciudad
¿Te parece?.
-Pues sí. Me apetece mucho. ¿Dónde vamos
a comer?.
-Hoy vamos a dejar a un lado los restaurantes y visitaremos
un paladar.
-¿Un paladar? ¿Y eso que es?.
-Pues un paladar es un restaurante, pero en casas particulares.
Se come muy bien y es más barato.
-Bueno, tu decides, iremos a un paladar. ¿Tienes alguno
preferido?.
-Sobre la marcha decidiremos. ¿Te parece Fran?.
-Si mi amor, lo que tu digas. ¿Por donde empezamos
hoy?.
-Pues he pensado que podríamos ir a la Plaza de la
Revolución. Tiene algo especial esa plaza y luego,
cuando lleguemos, te diré por qué. Vamos a subir
en un “Coco taxi” que nos acercará allí.
-¿Otro Coco taxi?. Vaya, si que tenéis cosas
raras aquí en La Habana.
-Fran, no te pongas así, aquí hemos tenido muchos
problemas y los vamos solucionando como podemos. Te habrás
fijado que la mayoría de los coches, que aquí
llamamos carros, son de los años 50 o menos. Pues eso
es debido a que en aquellos años de dictadura de Batista,
aquí nos llenaron de esos coches americanos, y que
gracias a la imaginación de nuestras gentes, aun pueden
funcionar perfectamente. Bueno, aparte de los “Coco
Taxis”, tenemos otros medios de transporte, mira, ves
esas “Bici taxis”, son para dos y a veces más
personas, no veas como sudan los pobres que pedalean. Y fíjate
ahora en aquello que viene por allí, es un “Camello
Bus”...
-Camello Bus, ¿Por qué los llaman así?
- Preguntó intrigado Fran.
-¿Qué no lo ves? Parecen un camello, con sus
dos gibas grandes, ¿Sabes cuanta gente cabe ahí?.
-Ni idea ¿Cuántos?.
-Según tengo entendido más de 300 personas.
-¡Caray! Irán como sardinas ¿No?.
-Sí, es verdad, pero tengo que decirte que pasan muy
de tarde en tarde y las paradas son un hormiguero, y que normalmente
no suben turistas.
-¿Y eso por qué?.
-Porque en esos autobuses hay de todo, principalmente carteristas
y...
-Me lo imagino. Bueno pasemos a otra cosa. Tomemos un Coco
taxi.
Hicieron parar ese medio de locomoción, y una vez instalados
los dos, el conductor inició su particular forma de
conducir. Debía llevarlos a la plaza de la Revolución.
En un plis plas, se encontraron en aquel lugar, pagaron lo
convenido y los dos comenzaron su peregrinar.
-Mira Fran, esto que tenemos a nuestra derecha, es el Teatro
Nacional, ese edificio de enfrente es el Ministerio del Interior
y eso que ves ahí frente a nosotros es el monumento
memorial a José Martí. Tiene una gran importancia
este lugar como te dije. Mira, fíjate, esa figura que
está allí es la de José Martí,
detrás, puedes ver que está situado un obelisco,
tiene 139 metros de altura, y allí, según dicen,
tiene sus oficinas Fidel, según dicen, allí
celebra su reuniones con sus ministros. Bueno lo que te quería
decir, es que en esta enorme plaza tiene gran importancia
para el pueblo cubano. En esa plataforma que está bajo
la figura esculpida de José Martí, es donde
se coloca Fidel y desde allí pronuncia sus discursos
de a veces 8 horas ¿Qué te parece?.
-¡Qué me va a parecer!. Aguantar alguien durante
ese tiempo los discursos...
-Pues así era. Bueno, te digo, fíjate en aquel
edificio de enfrente, puedes ver la efigie del “Ché
Guevara” es una fiel reproducción de aquel famoso
retrato de Ernesto “Che” Guevara. ¿Te gusta?.
-Bien, está bien, pero la verdad es que no me apasiona
– respondió Fran.
-Bueno, pués quiero decirte que en esta plaza, para
escuchar a Fidel, cabe más de 1 millón de personas.
Pero hay algo más, cuando vino el Papa, en esta plaza
pudieron escucharse, por primera vez, gritos de “libertad,
libertad”, que no pudieron ser acallados.
-¿Y no pasó nada?.
-Nada, de nada. Pasó y pasó, luego de aquella
famosa presencia del Papa refrendando su apoyo a Fidel, todo
siguió igual. De libertad nada de nada. ¡Es una
lástima!.
-¿Qué vemos ahora? - Preguntó interesado
Fran.
-¡Caminemos! . Por esta Avenida de Boyeros vamos a llegar
a la Quinta de los Molinos, allí enfrente el Museo
de Historia Natural Felipe Poey, el Museo Napoleónico,
la Universidad de La Habana. Allí a tu izquierda el
famoso Castillo del Príncipe, de negros recuerdos para
nosotros los cubanos. ¿Tienes interés en ver
el Cementerio Colón?.
-Pues mas bien que no. ¿Qué te parece si continuamos?.
-¡No te pongas así Fran, yo creía que
te iba a gustar!.
-No, mejor bajemos por la Avenida de la Independencia hasta
alcanzar, el centro, quiero ver el Capitolio Nacional. Tengo
mucho interés, prácticamente lo vemos desde
cualquier parte de La Habana.
-¡Vale, crucemos y bajemos por el Prado, desde allí
nos dirigiremos al centro!. ¿Quieres ver la Fábrica
de Tabacos Partagás?.
-Bueno si es una fábrica de tabacos, vale. ¡Vamos!.
Qué desilusión, según les dijeron en
la entrada principal estaba en reparaciones, así que
solo pudieron visitar la tienda, donde vendían puros
habanos y recuerdos. Estaban los dos desilusionados, así
que siguieron para ver el Capitolio Nacional, desde fuera
porque estaba en reparaciones, el Gran Teatro de La Habana,
el Museo Nacional de Bellas Arte, y el Parque de la Fraternidad.
Un poco decepcionada Delvia por no haber actuado de buena
anfitriona, se dirigió a Fran precisando.
-Lo lamento mucho, no imaginaba que todo estaba en obras.
Lo siento Fran. ¿Nos vamos?.
-No lo sientas, esto a veces ocurre. Yo creo que mejor nos
vamos a comer ¿No?.
-Vale, ya que estamos cerca podemos acercarnos a “El
Colonial”, es un buen sitio para comer lo más
típico de aquí... Pollo asado, cerdo a la criolla,
moros y cristianos y unas buenas ensaladas de frutas. ¿Qué
te parece?.
-Por mí de acuerdo. Vamos a “El Colonial”.
Y así lo hicieron, cogidos del brazo, se encaminaron
hasta El Prado, esquina Galiano y Virtudes y allí estaba
el lugar donde iban a reposar y degustar platos criollos.
Pero se llevaron otra desilusión, estaba cerrado.
-Es igual – dijo Delvia – vamos al paladar de
Doña Blanquita y espero que esté abierto.
Sí lo estaba y les gustó aquel ambiente. Les
llamó la atención ver la cantidad de flores
de plástico que estaban por todas partes y también
baratijas. El paladar estaba situado en una casa colonial
del s. XIX. La dueña los atendió personalmente,
les hizo sentarse en una mesita cercana a una fuente, seguidamente
dio unas órdenes y los camareros tomaron nota de lo
que deseaban para comer, pollo a la criolla y unas sabrosas
chuletas de cerdo. Pidieron unas cervezas Bucanero y acabaron
tomando unas ensaladas de frutas. Satisfechos salieron del
local y regresaron al hotel Sevilla.
Allí los estaba esperando Violeta, en cuanto los vio
llegar dio un suspiro, esperaba tener noticias de sí
se había cumplido lo indicado por Jacinto. Delvia de
inmediato confirmó que ya estaba en marcha y ahora
solo quedaba esperar para conocer que tal había ido
todo. Sentados cómodamente en el hall, estuvieron conversando
sobre como había pasado el día la pareja.
-Bien, muy bien, nos hemos cansado de caminar, Fran ha visto
algunos monumentos, hemos comido en un paladar y mientras
veníamos al hotel, estábamos decidiendo hacer
mañana una excursión a Pinar del Río
y Viñales. ¿Qué te parece?.
-Pues me parece muy bien, yo tengo que volver a visitar a
Jacinto y comunicarle lo que se ha hecho y de paso que él
me transmita lo que tu necesitas para seguir con el plan.
-De acuerdo, así que ya nos veremos pasado mañana,
¿Eh?.
-Vale, y que os lo paséis bien. ¡Id con cuidado!.
Violeta se retiró, dejando solos a la pareja, que aprovecharon
las horas de bochorno del mediodía para subir a la
habitación de Fran y aprovechar el ambiente tan fresquito
que hacia allí, debido al aire acondicionado. No tardaron
nada en emprender una nueva batalla del amor. Gozaron de sus
cuerpos y una vez calmadas sus ansias de poseerse, se ducharon
y se tendieron desnudos encima de la cama, no tardando nada
en quedarse dormidos. Una llamada del teléfono los
despertó, era un aviso de recepción que los
estaban esperando en el hall, eran el comandante Montoya y
su señora. La pareja que no esperaba esa visita tan
pronto, los dos se apresuraron en vestirse, y en unos minutos
estaban en el hall. Al verlos, Montoya se acercó a
ellos y les presentó a su señora, que no era
la misma que días anteriores les había presentado
como tal. Les dirigió una sonrisa de complicidad guiñando
un ojo.
-Os presentó a mi esposa Senair. Deseaba conoceros
y por eso la he traído conmigo. Mira mujer, estos son
mis amigos Delvia y Fran, de él ya te hablé,
tengo mucho que agradecerle, le debo la vida.
Delvia y Fran saludaron muy atentos a Senair, estaban un poco
desconcertados, y se preguntaron “¿Quién
era la otra esposa?”. La verdad es que la mujer que
estaba delante de ellos era una mulata espectacular, tenía
una figura preciosa que ella graciosamente hacía resaltar
con movimientos muy femeninos. Los cuatro se sonrieron, todos
ellos se habían caído bien, y seguidamente,
Montoya con gran desparpajo preguntó.
-¿Qué tal estáis? ¿Lo habéis
pasado bien en estos días que no nos hemos visto?.
-Bien, bien – respondió Fran un poco asombrado
– hemos estado todo el día correteando por las
calles de la Habana y estábamos un poco fatigados,
nos hemos echado un poco y los dos nos hemos quedado dormidos.
-¿Solo dormíais?... Ja, ja, ja – rió
Montoya.
Y dirigiéndose a su esposa con un aire de malicia en
sus ojos, le comentó.
-Ya te dije que son una pareja muy cachonda ¿Verdad
que sí?.
Senair aprobó con una mirada lo que le decía
Montoya. Le había caído muy bien aquella pareja,
sonrió abiertamente y comentó.
-Gabriel ya me habló de vosotros y la verdad es que
tenía muchas ganas de conoceros. Espero que seamos
buenos amigos.
-Por supuesto – contestó Delvia en nombre de
los dos – Creo que ya lo somos. ¿No?.
Montoya, indicó a Fran que podían pedir alguna
bebida y este de inmediato requirió los servicios de
un camarero y solicitó lo que cada uno de ellos deseaba.
Cuando llegó lo pedido, brindaron por su amistad, por
Cuba, por los amigos, por... A Fran le había extrañado
aquella inesperada visita y entonces le preguntó a
Montoya.
-Bueno, ¿Y el motivo de vuestra visita?.
-Verás – respondió Gabriel – hemos
pensado que como el otro día pensabais hacer una excursión
a Pinar del Río, y como Senair es de allí, pues
que podríamos los cuatro hacer una escapada y que ella
os explique todo lo de aquella zona. ¿No os parece?.
-Por nosotros, encantados, es una buena idea. Pensábamos
precisamente ir mañana.
-Pues no hay más que hablar, mañana muy temprano
vendremos a buscaros y saldremos para visitar Pinar del Río
y Viñales. Ya veréis que lo pasaremos muy bien.
-Conformes, nos parece muy buena idea.
Los cuatro amigos siguieron con su fiesta particular, unas
bebidas siguieron otras. Un conjunto criollo que estaba en
el Patio Andaluz, se pusieron a tocar sones cubanos, uno tras
otro, aquella música incitaba a bailar y mientras la
música sonaba, las atenciones de Senair estaban dedicadas
a Fran. En un momento le preguntó.
-¿Te gusta Cuba españolito?. ¿Verdad
que es muy linda?.
-Ya lo creo que sí, aunque tengo que decirte que conozco
muy poco. Desde que he llegado, solamente he conocido parte
de la Habana Vieja. Desde el primer momento he estado en este
hotel y lo hemos pasado correteando por estas lindas calles
y la verdad es que la gente, el ambiente tan acogedor que
por todas partes se respira, me ha cautivado.
-¡Qué lindo es lo que dices! ¡Me ha cautivado!.
Vosotros los españoles sois muy queridos aquí
y no sabes lo que me contenta que te guste esto.
Mientras esto le decía, se arrimaba más y más
a Fran, haciendo que este se encontrara un poco cohibido.
No podía creer que aquello le estuviera pasando a él,
delante de Montoya, de Delvia y aquella mujer tan excitante
que aproximaba su cuerpo cada vez más cerca. Podía
sentir la dureza de sus pechos encima de él, y aquello
le estaba poniendo a cien. ¿Qué hacer?. Sonrojado
se dirigió a Montoya preguntando.
-¿Qué os parece si nos vamos a cenar? –
dijo para salir del paso tan comprometido en que se estaba
metiendo.
-¡Ah! Conformes, pero os invitamos nosotros.
-Esta bien – respondió Fran – vosotros
invitáis.
Cuando acabaron aquella ronda, los cuatro salieron del hotel,
Senair cogida del brazo de Fran y Delvia del de Montoya. Los
cuatro, estaban un poco alegres y cuando salieron, un coche
oficial les estaba esperando en la puerta.
-Os propongo que vayamos a cenar al Tropicana ¿Qué
os parece?. Allí luego de cenar, hay un buen espectáculo
de variedades, mucho mejor que en el cabaret “Le Parisien”
del Hotel Nacional. ¿Vale?.
No hubo inconveniente por parte de nadie y en cuanto se instalaron
en el coche y este se puso en marcha, aquello comenzó
a tomar tintes de encendida lujuria. Fran sentado junto a
Senair, la cual no dejaba de ofrecerle prácticamente
su cuerpo, Montoya junto a Delvia, que tampoco parecía
darle importancia a que este contactara con su cuerpo. El
chofer, acostumbrado a hacer oídos sordos y no ver,
hacía caso omiso de todo cuanto estaba sucediendo en
la trasera del vehículo e impertérrito seguía
conduciendo con mano experta el coche hasta su destino. Y
en un plis plas estuvieron frente al más famoso local
de Cuba, el Cabaret “Tropicana”. Cuando llegaron
a sus puertas al ver el coche del comandante, fue él
“Ábrete sésamo”. Ya estaban avisados
de su llegada y un enjambre de solícitos personajes,
estuvieron pendientes de los cuatro ocupantes del coche que
se apeaban como grandes señores. Mientras caminaban
hacía el interior, Montoya conocedor de aquel ambiente
les fue informando de su historia.
-Mirad, este Cabaret Tropicana fue inaugurado en 1931 y desde
entonces, lo describieron como “ Un Paraíso Bajo
las Estrellas”.
Mientras iban caminando, se encontraban los cuatro rodeados
por una exuberante vegetación y cuando su anfitrión
Montoya, les dijo que en aquel espectáculo participaban
más de 200 bailarines, no se lo pudieron creer. Siguieron
su andadura y los condujeron a una mesa al lado mismo del
gran escenario, allí es donde iban a cenar, antes de
que empezara el gran espectáculo musical. Aquello era
un gentío inmenso, en aquel lugar se encontraban más
de mil personas, todos esperando ver cumplidos sus deseos
de ver aquella maravilla de espectáculo en acción.
Instalados en su mesa, tan cerca, donde podían ver
todo el grandioso show sin ser molestados, solicitaron la
cena. Primero, ante la solícita atención privilegiada
de una nube de camareros, una botella de Champaña francés.
De inmediato, la tuvieron servida en frías copas y
esto dio pie para iniciar un brindis por su incipiente amistad.
Seguidamente, les colocaron en una cubitera fría una
botella de Habana Club, su más famoso ron. Refrescos
y seguidamente canapés diversos, jamón, queso
y otras golosinas. Y no tardaron nada en seguir con una exquisita
cena con todo de lo mejor. Cuando acabaron con lo servido,
nueva botella de ron y refrescos y no tardaron mucho las luces
en atenuarse y en aquellos momentos comenzó el gran
show.
En aquel gran escenario, Fran no se explicaba como podía
estar tanta gente, bailando, cantando, haciendo coreografías,
actuando, sin perder ni tiempo ni situación. Se maravilló,
cuando de repente sintió en sus carnes las manos ávidas
de Senair, que buscaban y encontraron lo que en aquellos momentos
estaba sintiendo el deseo de su líbido, al contemplar
aquellos cuerpos tan jóvenes, tan magníficamente
repletos de aquellas turgentes carnes y miró disimuladamente
a Montoya. Pero éste no hizo el menos caso, estaba
ocupado en investigar las protuberancias del cuerpo de Delvia
y viendo aquella despreocupación, entonces no tuvo
empaque en aprovechar aquella coyuntura y con gran placer,
pudo gozar de aquellos preciosos senos que se le ofrecían
sin ningún disimulo.
Duró lo que duró, ya que luego del tiempo que
estuvieron sin ver lo que la actuación de los bailarines
les brindaba, las luces se fueron atenuando, dando con ello
lugar a que los asistentes pudieran volver a la realidad.
Una vez encendidas las luces en su totalidad, la gran tarima
donde habían actuado los bailarines, fue bajando lentamente
hasta el nivel del suelo y los altavoces indicaron que era
hora de bailar. Sonó la música de un conjunto
criollo que comenzó a interpretar canciones y más
canciones.
-¿Bailamos? – preguntó Montoya, guiñando
un ojo a Fran.
-Por qué no. Vamos a ello.
Pero ante el desconcierto de él, Delvia se levantó
de su asiento y se puso a bailar con Montoya, éste
aceptando la invitación, arrimó su cuerpo al
de ella y comenzaron a bailotear alegremente. Fran, no tuvo
más remedio que invitar a Senair, que gustosamente
aceptó la invitación y en cuanto salieron a
la improvisada pista, los dos cuerpos se fundieron en uno
solo. Fran sentía contra su torso los henchidos pechos
de ella y notaba como su pierna, se incrustaba en su entre
pierna y en aquellos momentos perdió la noción
del tiempo y del espacio y gozó de la aproximación
de aquel excitante cuerpo que se le ofrecía sin ambages,
sin disimulos y dentro de sí, sintió remordimientos.
Notaba que estaba traicionando a Delvia, pero al volver la
cabeza, vio como ésta, en aquellos momentos estaba
en otro lugar, lejos de él. Y dejó de sentir
remordimientos, apretó hacía él, aquel
esplendoroso cuerpo y de repente, sin quererlo, se diluyó
en sí mismo y Senair lo notó al sentir sus estremecimientos
y exclamó.
-¿Pero mi amor, como te puedes haber ido sin esperarme?
¿No ves que estoy loquita por ti?...
Pero Fran, estaba en lo que estaba, y casi ni le prestó
atención, y en un momento, mirando fijamente a Delvia,
vio que ella estaba pendiente de lo que estaba sucediendo
a su alrededor, y entonces comprendió que no había
hecho bien en aceptar aquella inusitada invitación
y se arrepintió, no había hecho bien. Pero a
pesar de todo, él, había gozado de otro cuerpo
sin haber sufrido quebranto el suyo y sonrió de una
manera simple. Aunque vio en los ojos de Delvia que una sombra
se cernía en su relación. Hizo caso omiso, ya
que pudo percatarse que Montoya tampoco perdía el tiempo
y que aquellos dos cuerpos se unían en un orgasmo de
placer.
¡Pero las mujeres son tan misteriosas! ¡Tienen
tantos secretos ocultos!...
Fran sabía que no había actuado bien, pero íntimamente
trataba de no sentirse culpable, pero, ciertamente lo era.
Pero... Pensando y pensando, luego de aquellos momentos de
grato placer, intuyó, le dio el pálpito de que
algo no encajaba en aquella anómala situación.
Se preguntó “¿Por qué esta invitación?”.
Si ya habían estado en otro sitio con otra esposa ¿Cuál
era su verdadera esposa?. ¿Por qué esta nueva
invitación? ¿Cuál era el principal motivo?.
¿Qué estaba pasando?. Y de repente, sintió
que a su alrededor se estaba tejiendo una telaraña
que lo estaba aprisionando. ¿Qué era?.
Fran miró a Delvia y con una seña indicó
que deseaba hablar con ella enseguida. Esta que no era tonta,
intuyó que algo pasaba. Pidió disculpas y dijo
que iba a la “toilette” tenía que arreglarse
un poco. Un poco apartados de la otra pareja, Fran le comentó
a Delvia que tuviera mucho cuidado con no dejar entrever lo
que ellos pensaban hacer. Imaginaba que allí había
gato encerrado. Una vez que ella se hubo ido, él regresó
a la mesa pero entonces dijo que deseaba ir al baño.
Esta frase hizo reír a la pareja de Montoya y Senair
y lógicamente dieron su permiso. Mientras caminaba
hacía los servicios, en su mente tenía la certeza
de que algo no encajaba ¿Qué era?. Y de repente
lo supo, Montoya le estaba ofreciendo en bandeja la aceptación
de sus oscuros deseos, el cuerpo de aquella monumental mujer,
de Senair, que de verdad le estaba sorbiendo el seso. Tuvo
que hacerse el ánimo, parecía ser que no era
un secreto su llegada a Cuba y decidió ir con mucha
precaución y no dar un paso en falso. Supo, que detrás
de aquellas invitaciones, había algo más y trató
de averiguar lo que pasaba.
Cuando regresó, Delvia demoraba, así que cuando
los tres se quedaron solos, en un momento determinado, Fran
se percató, que una mirada de Montoya hizo que Senair,
se fuera al tocador. Entonces, estando solos, sin que nadie
pudiera escucharles, Montoya le espetó de repente.
-Mira Fran, sé que te debo mucho, te debo la vida,
pero es hora de que pienses que ahora está pasando
algo y quiero decirte que una Unidad Especial de Seguridad
del Estado te está investigando. Ya te dije que yo
pertenezco a ella y que es mi obligación cumplir con
mi deber. Vuelvo a repetirte, que nunca olvidaré que
gracias a ti estoy vivo, pero, no olvides que aquí
nos estamos jugando la supervivencia y que el deber es el
deber. Si tienes en mente planear algo en contra del régimen,
olvídate de ello. Me vas a tener enfrente y actuaré
en lo que me dicte mi conciencia. Cuida tus pasos, olvida
desde estos momentos nuestra conversación y cuida de
que Senair no te sonsaque nada.
-¿Pero no es tu esposa? – preguntó Fran.
-No, que va, es un agente de Seguridad del Estado. Va a intentar
sonsacarte, y te lo vuelvo a repetir. ¡Ve con cuidado!.
-Pero entonces, aquella otra que nos presentaste ¿Quién
era?.
-Pues otra agente de Seguridad. Pudiste ver que era una sonsa,
no servía para nada. Pero esta, con su cuerpo, parece
que te ha sacado de quicio ¿No?.
-La verdad es que está para comérsela.
-¡Vuelvo a repetirte!, Ten mucho cuidado con lo que
dices, o haces y no olvides que estoy a tu lado...
Como unos instantes después regresaron las dos mujeres,
entre ellas se habían comentado algo, que si este estaba
bueno, que si el otro estaba mejor, pero al final, cada una
se quedó con el suyo. Se estaba haciendo tarde y decidieron
acabar con su particular fiesta. De nuevo el coche oficial
estaba en la puerta esperándolos, subieron a él
y en un abrir y cerrar de ojos estuvieron en su destino. La
pareja, Fran y Delvia se apearon y se despidieron hasta la
mañana siguiente, todo esto dando un suspiro de alivio.
Ya estaban solos, y con los ojos cerrándoseles de sueño,
tomaron el ascensor y pronto llegaron a la habitación
515 y dando un fuerte suspiro de satisfacción los dos,
ni se desnudaron, se tendieron a lo largo y ancho de su gran
cama y el sueño prontamente les venció. Y de
nuevo, sin apenas haber dormido, el teléfono les avisó,
que les estaban esperando en el hall. Eran Montoya y su “esposa”
Senair. Venían dispuestos a hacer la excursión
a Pinar del Río y aledaños.
Fran indicó en recepción que en unos minutos
estarían listos, que enseguida bajarían... No
tardaron nada en aparecer en el hall y con ganas de iniciar
aquella visita casi obligada, a la mejor zona de Cuba, donde
se cultivan los mejores tabacos. En cuanto los vieron aparecer,
de inmediato indicaron que les estaba esperando el coche para
llevarlos a todos ellos a Pinar del Río. Una vez instalados
los cuatro, Montoya indicó al chofer que ya podían
emprender viaje, el coche se dirigió velozmente a la
autopista 4. Comenzaba un día bastante ajetreado. Tenían
por delante 175 Km que recorrer y mientras el coche devoraba
la distancia que les separaba de su destino, Montoya comentó
lo que iban a ver.
-Podéis notar que la carretera no está en muy
buenas condiciones. Hay bastantes baches. Fijaros bien en
la gente que está a los lados de la carretera, se les
llama botelleros, son los que piden que los lleven hasta un
destino determinado. Hay una obligación, por parte
de los camiones que circulan por estas carreteras, si van
vacíos, tienen que parar y permitir que los que están
a los lados de los caminos, suban y sin costo alguno los lleven
cerca de donde viven, curioso ¿No?. Bueno, estas circunstancias
están ocurriendo por nuestros problemas de los transportes,
hay poco combustible, hay pocos vehículos de pasajeros,
así, que nuestro gobierno propuso un plan que por lo
menos remedia nuestros problemas. ¿No te parece?.
Qué podía decir Fran. Todo le parecía
bien, siempre y cuando fuera para beneficiar al pueblo cubano,
que estaban carentes de primeras necesidades y así
lo dijo, ante la aprobación de todos los que le escuchaban.
Durante su recorrido, se podían leer en algunos tramos
de la carretera, grandes carteles que ponían “Patria
o Muerte” “Aquí Estamos” “Venceremos”
y cosas así. Comentó Fran.
-Me ha extrañado no ver anuncios sobre productos o
marcas.
-Aquí no los necesitamos. Sólo queremos lo nuestro.
Siguieron su andadura y muy pronto iban a avistar, Pinar del
Río y así comenzó una nueva aventura...
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