| Epílogo
A partir de aquellos momentos, la vida continuó y
cada uno de los que colaboraron para hacer posible aquel triunfo,
recibió lo que se merecía. Jacinto se casó
con Violeta, Fran con Delvia y se quedó para siempre
en Cuba. Montoya llegó a ser General, los demás,
los unos recuperaron sus antiguos empleos con cargos más
altos, los otros aumentaron su flota de vehículos con
gran éxito, los demás destacaron en sus respectivos
empleos ante la sociedad y los otros, los menos conocidos,
todos ellos medraron y fueron felices. Y este es el final
de esta historia, parte verdad, parte imaginada, que ¡Ojalá!
Se pueda hacer realidad algún día...
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