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Miguel León Burgos


Capítulo X

 

Mientras tanto, en casa de Jacinto se había reunido todo el grupo con el fin de analizar todo lo sucedido. En todos los rostros había sonrisas y entre ellos se daban parabienes, aunque en el aire quedaban algunas dudas que se debían aclarar, y aquel era el momento de hacerlo. Viendo que todos los ojos estaban fijos en él en demanda de una explicación, Jacinto los miró uno por uno, entonces comenzó a exponer claramente cuál había sido el resultado de la actuación del grupo.

-Quiero que quede bien claro para todos, lo que se planeó, todo, todo, se cumplió exactamente y se ha podido comprobar que ha sido un éxito total. Puede ser que alguno de vosotros piense que hemos fallado en algo, pero no es así, hemos cumplido perfectamente lo que se pretendía hacer y lo hemos logrado...

-Pero – preguntó Fran – lo de la Cadeca ¿Qué ha pasado? ¿Dónde está el dinero? ¿Dónde está la camioneta azul?. Veo que no hay noticias sobre el resultado de esa acción...

-Bueno, eso era parte del plan, ya os dije que eso era una operación de distracción, nuestro plan no era hacer aquel robo como tema principal, detrás de eso había mucho más en juego y ahora os lo explicaré. Queríamos que en La Habana hubiera un movimiento de protesta, de manera que cuando provocáramos el caos, cuando la gente creyera que estaban invadiendo Cuba, y el pánico cundiera por doquier, conseguir que el Gobierno actuara de una forma concreta y con presteza. Todos los detalles estaban enfocados a que no solamente hubiera una reacción aquí en Cuba, lo que en realidad se deseaba es que todo el mundo, y me refiero al mundo exterior a nuestras fronteras, supiera, tuviera sentimientos de culpa, de lo que aquí hemos estado padeciendo durante tantos años. Hemos estado sometidos a los dictados de una potencia extranjera, Estados Unidos, que se siente la dueña del mundo y precisamente Cuba, es un grano en el culo para ellos. Pero, nosotros solos no podíamos hacer nada, había que provocar una reacción en cadena que nos liberara de esa presión y según habéis podido comprobar, hemos conseguido ese resultado. ¿No os parece?.

-Pero todos nosotros y nuestras familias hemos estado en peligro ¿No?.

-Realmente no ha sido así, siempre hemos estado asesorados, se nos han dado garantías de que nada nos pudiera suceder a ninguno de nosotros.

-¡Caray! Eso es muy fuerte ¿Quién garantizaba nuestra seguridad?- preguntó Fran.

-Pronto conoceréis hasta que punto, lo que hemos hecho entre todos nosotros, han servido para conseguir los resultados que el Gobierno ha conseguido de los Estados Unidos, ellos nunca han podido sospechar que todo ha sido un montaje.

-¿Un montaje? ¿Qué montaje?- preguntó Morante.

-Pues todo lo que hemos planeado durante estos últimos meses entre todos. Ahora pregunto yo ¿Creéis que nosotros solos hubiéramos conseguido todo cuanto hemos realizado? ¿Creéis de verdad que no estábamos vigilados en cada momento? ¿Qué no hemos recibido ayuda externa?. Pues estáis muy equivocados, todo lo que hemos estado haciendo ha sido perfectamente programado con todo detalle por quienes muy pronto vais a conocer...

-Pero – le interrumpió Manuel García - ¿Cómo nos has podido meter en este embrollo tan complicado a todos? Creo que nos debías haber dicho algo antes ¿No?.

-Sí es verdad, pero... Si hubierais conocido todos los detalles ¿Os habríais metido en ese embrollo como tu dices?.

-Pues la verdad es que no, me lo hubiera pensado antes...

-Ves que era mejor que no supierais nada de esto ninguno de vosotros. Lo principal es que todo ha salido bien, y que la finalidad de nuestra actuación ha servido para que nuestro Presidente haya podido obtener grandes beneficios para Cuba de los Estados Unidos ¿No lo creéis así?.

Qué podía responder su amigo ante tan convincentes revelaciones, la callada por respuesta. Pero había algunas preguntas que pronto salieron a la palestra.

-¿Qué te motivó prestar tu ayuda a los del régimen que tanto daño te ha hecho? – preguntó Fran.

-Buena pregunta, que a veces me la hago yo mismo. La verdad es que mientras he estado preso, aguantando todo lo que he aguantado, mi rencor contra todo lo que significaba la opresión, la coartada libertad, los malos tratos, siempre me hizo odiar todo lo que en Cuba está sucediendo, pero, recapacitando, poniéndome yo en el lugar del Gobierno, ¿No debería yo defenderme de posibles saboteadores del régimen? ¿Quién podía conocer que yo no era uno de tantos opositores a ellos? Sé que lo he pasado mal, y no es bueno pensar que mal de muchos consuelo de tontos... No es una excusa, pero muchas veces he pensado, que otros lo han pasado peor que yo, con razón o sin ella, y me he consolado. He tenido la oportunidad de haber encontrado gente que en un momento de apuro me han ayudado y finalmente ahora estoy aquí entre buenos amigos y...

-Pero ¿Y nosotros? ¿Qué pasa con nosotros? – preguntaron varios del grupo.

-Que va a pasar, nada, todo está bajo control y muy pronto vais a conocer todo este entramado que hemos montado...

-¿Pero que alguien del grupo conoce la verdad?- inquirió extrañado Fran.

-Claro que sí, hay varios, precisamente uno muy cercano a ti – respondió riendo Jacinto.

-¿Quién, quién? – preguntó Fran.

-Pues Delvia, quién va a ser hombre, Delvia.

-¿Cómo es posible eso? Que me haya engañado de esa manera – comentó Fran muy compungido.

-Era la mejor manera de que todo fuera surgiendo normalmente. No te preocupes, que por eso ha salido bien lo que nos propusimos. Gracias a ella, que ha sido nuestra principal baza, todo ha salido bien.

En aquellos momentos, Delvia se arrimó más a Fran, quería demostrarle que lo que había hecho era precisamente la misión que se le había encomendado para el bien de Cuba. Gracias a ella y a sus contactos con los hackers desperdigados por el mundo, el final de todo aquel plan había sido felizmente realizado. Fran estaba disgustado, se encontraba desplazado, pensar que había sido utilizado para algo que no tenía ni idea... Pero pronto se le pasó el enfado, sentía realmente un gran amor por Delvia y daba por bueno lo que había pasado. Unos besos, unos arrumacos, hicieron que se deshiciera por completo y ya no abrió la boca.

Jacinto esperaba que hubiera más preguntas, lo que había sucedido en todos aquellos días, le había llevado de cabeza, pero estaba satisfecho con el deber cumplido y de haber contribuido a que las cosas en Cuba volvieran a su cauce normal. Una pregunta de José Ladrían le sacó de su ensoñación.

-¿Qué pasa con Montoya? ¿También estaba al tanto de lo que iba a ocurrir?.

-Sí, el Coronel Montoya ha sido otra pieza fundamental para que nuestra operación se haya llevado a cabo con éxito.

-¿Pero no era Comandante? - Insistió Ladrían.

-Bueno en realidad es Coronel y Jefe del Servicio Secreto de Cuba, Unidad Especial y gracias a su ayuda nos ha sido posible actuar con impunidad en todos los sectores. Nos ha evitado muchos problemas, él ha sido el que ha programado las acciones que todos nosotros hemos cumplido.

-Pero ¿Todo ha sido idea de él? – insistió Ladrían.

-No, hombre, no, todo ha sido planificado por los más altos estamentos del Estado, todos hemos actuado como marionetas, aunque muchos de nosotros sabíamos, de qué iba a tratar esta operación.

-¿Quiénes? – pregunto un poco enojado Arencibia.

Jacinto quedó unos instantes sin responder y cuando lo hizo, un respingo sacudió a algunos de los asistentes a la reunión.

-Escuchad, los que sabíamos cuál era el plan, éramos... Violeta, Delvia, Montoya, Olivares, yo y nadie más, preferimos que eso quedara entre nosotros, era mejor guardar el secreto, y como habéis visto el resultado, lo que ha conseguido nuestro Presidente, nunca hubiera sido posible si esto no se hubiera guardado tan estrictamente confidencial. ¿No es así?.

El resto del grupo entendió aquella realidad y aceptaron las explicaciones de Jacinto de muy buen grado, pero tenía razón, cuantas más personas hubieran conocido todos los detalles...

Una llamada de fuertes golpes en la puerta los despertó de su tranquilidad, cuando la abrieron, un grupo de soldados fuertemente armados estaban esperando fuera, un oficial se adelantó y presentándose les hizo saber que tenía orden de llevarlos a todos los allí reunidos a un lugar del que no dio detalles. Los hicieron subir a un microbús que tenía los cristales tintados, a los que era imposible verlos desde el exterior, y una vez todo el grupo estuvo instalado, el vehículo partió velozmente seguido por otros vehículos militares, ante la mirada asombrada de los vecinos.

Tardaron unos minutos en llegar a su destino, cuando abrieron las puertas del vehículo, los hicieron bajar y pudieron ver que estaban en la Plaza de la Revolución, sin darles explicaciones les señalaron el camino de unas escaleras que conducían al Obelisco y cuando entraron, los condujeron a una gran sala y quedaron alucinando cuando vieron que frente a ellos se encontraba todo el Estado Mayor del Ejército, oficiales de todas las armas que componían el Ejército Revolucionario de Cuba y en un lugar preeminente, el Comandante en Jefe, el Presidente de todos los cubanos, que al verlos llegar, se adelantó y con una gran sonrisa en su rostro, comenzó diciendo.

-Vaya, vaya, así que son ustedes los que han provocado todo este alboroto... Vaya, vaya... Me complace mucho estrechar sus manos.

Y así lo hizo uno a uno, con una amabilidad que los hizo sentirse en la gloria, ya que con su apretón de manos y la gran sonrisa que a cada uno le dirigía hacía que, en aquel momento, se sintieran muy importantes. Cuando acabó aquella ceremonia de bienvenida, se volvió a todos sus acompañantes y con voz grave y señalando con un dedo tembloroso al pequeño grupo que había a su lado declaró.

-¡Señores! Frente a ustedes están quienes han conseguido para Cuba lo que en estos momentos hemos logrado. Nuestra libertad, haber recuperado parte de nuestro suelo patrio y lo que es más importante, el reconocimiento de todo el mundo, que durante mucho tiempo, nosotros hemos estado sometidos a la presión de un país, que desde siempre se ha creído dueño del mundo. Ahora ha tenido que hocicar y rendirse a la evidencia de que nunca ha tenido razón, que nosotros somos un pueblo libre y que hemos ejercido nuestro derecho a seguir siéndolo...

Una gran salva de aplausos cortó la verborrea de su Presidente, éste sabiendo que de vez en cuando se explayaba demasiado, miró a todos los grupos y haciendo una seña, un ujier se acercó y colocó cerca de sus manos una bandeja con varias medallas. No tardó nada en ir colocando una en el pecho de los componentes del grupo de Jacinto, era la medalla del Gran Mérito de la Revolución, él más alto galardón que nunca antes se había entregado, mientras las iba colocando, estrechaba la mano de quien la recibía, le dirigía una sonrisa, le daba dos besos, uno en cada mejilla, y seguía con la entrega de los galardones, ya que era la forma tradicional de dicha entrega, ante la satisfacción de cada uno de ellos, que acariciaba con gran orgullo aquella distinción.

Una vez acabada aquella ceremonia, Jacinto y su grupo, fueron conducidos de nuevo con el mismo vehículo hasta el lugar donde habían sido recogidos, dando así por terminada aquella inesperada reunión. Cuando estuvieron de nuevo en el interior de la casa, todos se miraban aquella medalla, sin creer todavía lo que había pasado y entonces surgieron las preguntas.

-¿Entonces, esto fue idea de?...... – preguntaron varios.

-Sí, amigos, sí que lo fue. Fue idea del Comandante, y tenéis que reconocer que ha sido una idea brillante. Nada ha fallado, a nosotros se nos facilitó las cosas, gracias a que los implicados colaboraron en todo momento. Todos los Ministerios, las Fuerzas Armadas, la gente del pueblo, aunque ninguno de ellos pudo sospechar que estaba colaborando, el tráfico, el robo, y todo lo demás.

-Pero ¿Y las explosiones? ¿Por qué?.

-Pues para llamar la atención. Ya se encargó Montoya que donde se pusieran los explosivos no dañaran a nadie ni sufrieran daños las estructuras. Ya se tuvo buen cuidado de ello.

-Pero – preguntó Fran - ¿Y los pasquines, la entrega de pan, los estudiantes, el robo?...

-Todo estaba perfectamente estudiado, el robo sabéis que no ha tenido consecuencias, el dinero se recuperó en su totalidad, no ha habido detenidos. La entrega de pan, pues eso, se le daba al pueblo con qué entretenerse recibiendo pan sin pagar nada, los estudiantes, han tenido unos días de asueto sin esperarlo, los pasquines, bueno, pues eso, papeles sin importancia, no decían dada. ¿Qué más?.

-¿Y ahora qué? ¿Qué nos va a pasar a nosotros? – preguntaron Arencibia y Zapata.

-A vosotros, pues nada. Creo que ahora tendréis más clientes en cuanto la gente sepa lo que habéis hecho ¿No os parece?.

-¿Entonces? Tal como ha dicho nuestro Presidente, dentro de nada se puede salir de Cuba sin problemas. ¿Podremos hacerlo?.

-Pues claro – respondió Jacinto – siempre y cuando sepáis donde ir, si tenéis dinero para pagar el viaje, si tenéis deseos de hacerlo. ¿Por qué no?. Ahora bien. Las cosas aquí en Cuba van a cambiar a mejor, se va a necesitar mucha gente que quiera trabajar, que desee que La Habana y toda Cuba, recupere su antiguo esplendor. Se necesita gente que quiera trabajar, reparar los edificios que lo necesiten, pintura, arreglar las calles. Como ahora podremos recibir ayuda de otros países, podremos renovar nuestra flota de vehículos, reparar los que ahora tenemos con piezas originales, en fin, se nos presenta un porvenir, que va a necesitar la ayuda de todos cuantos componemos nuestra nación, nuestra patria que es Cuba. ¿No creéis que es así?...

Qué podían responder sus amigos, tenía toda la razón, delante de ellos, de su futuro, tenían mucho trabajo que hacer, muchas cosas que modificar, y lo más importante de todo, es que todos los cubanos estaban sintiendo dentro de sí, el orgullo de ser cubanos, de pertenecer a un país que había luchado contra todas las adversidades y habían sobrevivido, todos los cubanos eran dueños de su destino. Era hora de hacer frente al futuro y todos estaba dispuestos a ello.

Entonces ¿De quién había sido la idea de hacer toda aquella pantomima? ¿Quién había pensado, elaborado toda aquella trama, madurado cómo hacer agachar el testuz al país más poderoso del mundo, y finalmente conseguir lo que de otro modo no se podía lograr? ¿Quién podía ser, si no, el que había luchado para conseguir librar a Cuba de la tiranía y de la influencia del poderoso país vecino, que caso de no haber triunfado aquella lucha, Cuba hubiera sido un país satélite de ellos?...¿Quién pudo ser?... ¿Quién tiene la respuesta?...


 

 


  Obras de este autor

Intriga en La Habana

· Capítulo I
· Capítulo II
· Capítulo III
· Capítulo IV
· Capítulo V
· Capítulo VI
· Capítulo VII
· Capítulo VIII
· Capítulo IX
· Capítulo X
· Epílogo


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  Autores

  · Arévalo Cruz, Antonio
·
Eusse López, Luz Elena
·
León Burgos, Miguel
·
Loshuertos Caldentey, Luis

 

 

 


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