| Capítulo X
Mientras tanto, en casa de Jacinto se había reunido
todo el grupo con el fin de analizar todo lo sucedido. En
todos los rostros había sonrisas y entre ellos se daban
parabienes, aunque en el aire quedaban algunas dudas que se
debían aclarar, y aquel era el momento de hacerlo.
Viendo que todos los ojos estaban fijos en él en demanda
de una explicación, Jacinto los miró uno por
uno, entonces comenzó a exponer claramente cuál
había sido el resultado de la actuación del
grupo.
-Quiero que quede bien claro para todos, lo que se planeó,
todo, todo, se cumplió exactamente y se ha podido comprobar
que ha sido un éxito total. Puede ser que alguno de
vosotros piense que hemos fallado en algo, pero no es así,
hemos cumplido perfectamente lo que se pretendía hacer
y lo hemos logrado...
-Pero – preguntó Fran – lo de la Cadeca
¿Qué ha pasado? ¿Dónde está
el dinero? ¿Dónde está la camioneta azul?.
Veo que no hay noticias sobre el resultado de esa acción...
-Bueno, eso era parte del plan, ya os dije que eso era una
operación de distracción, nuestro plan no era
hacer aquel robo como tema principal, detrás de eso
había mucho más en juego y ahora os lo explicaré.
Queríamos que en La Habana hubiera un movimiento de
protesta, de manera que cuando provocáramos el caos,
cuando la gente creyera que estaban invadiendo Cuba, y el
pánico cundiera por doquier, conseguir que el Gobierno
actuara de una forma concreta y con presteza. Todos los detalles
estaban enfocados a que no solamente hubiera una reacción
aquí en Cuba, lo que en realidad se deseaba es que
todo el mundo, y me refiero al mundo exterior a nuestras fronteras,
supiera, tuviera sentimientos de culpa, de lo que aquí
hemos estado padeciendo durante tantos años. Hemos
estado sometidos a los dictados de una potencia extranjera,
Estados Unidos, que se siente la dueña del mundo y
precisamente Cuba, es un grano en el culo para ellos. Pero,
nosotros solos no podíamos hacer nada, había
que provocar una reacción en cadena que nos liberara
de esa presión y según habéis podido
comprobar, hemos conseguido ese resultado. ¿No os parece?.
-Pero todos nosotros y nuestras familias hemos estado en peligro
¿No?.
-Realmente no ha sido así, siempre hemos estado asesorados,
se nos han dado garantías de que nada nos pudiera suceder
a ninguno de nosotros.
-¡Caray! Eso es muy fuerte ¿Quién garantizaba
nuestra seguridad?- preguntó Fran.
-Pronto conoceréis hasta que punto, lo que hemos hecho
entre todos nosotros, han servido para conseguir los resultados
que el Gobierno ha conseguido de los Estados Unidos, ellos
nunca han podido sospechar que todo ha sido un montaje.
-¿Un montaje? ¿Qué montaje?- preguntó
Morante.
-Pues todo lo que hemos planeado durante estos últimos
meses entre todos. Ahora pregunto yo ¿Creéis
que nosotros solos hubiéramos conseguido todo cuanto
hemos realizado? ¿Creéis de verdad que no estábamos
vigilados en cada momento? ¿Qué no hemos recibido
ayuda externa?. Pues estáis muy equivocados, todo lo
que hemos estado haciendo ha sido perfectamente programado
con todo detalle por quienes muy pronto vais a conocer...
-Pero – le interrumpió Manuel García -
¿Cómo nos has podido meter en este embrollo
tan complicado a todos? Creo que nos debías haber dicho
algo antes ¿No?.
-Sí es verdad, pero... Si hubierais conocido todos
los detalles ¿Os habríais metido en ese embrollo
como tu dices?.
-Pues la verdad es que no, me lo hubiera pensado antes...
-Ves que era mejor que no supierais nada de esto ninguno de
vosotros. Lo principal es que todo ha salido bien, y que la
finalidad de nuestra actuación ha servido para que
nuestro Presidente haya podido obtener grandes beneficios
para Cuba de los Estados Unidos ¿No lo creéis
así?.
Qué podía responder su amigo ante tan convincentes
revelaciones, la callada por respuesta. Pero había
algunas preguntas que pronto salieron a la palestra.
-¿Qué te motivó prestar tu ayuda a los
del régimen que tanto daño te ha hecho? –
preguntó Fran.
-Buena pregunta, que a veces me la hago yo mismo. La verdad
es que mientras he estado preso, aguantando todo lo que he
aguantado, mi rencor contra todo lo que significaba la opresión,
la coartada libertad, los malos tratos, siempre me hizo odiar
todo lo que en Cuba está sucediendo, pero, recapacitando,
poniéndome yo en el lugar del Gobierno, ¿No
debería yo defenderme de posibles saboteadores del
régimen? ¿Quién podía conocer
que yo no era uno de tantos opositores a ellos? Sé
que lo he pasado mal, y no es bueno pensar que mal de muchos
consuelo de tontos... No es una excusa, pero muchas veces
he pensado, que otros lo han pasado peor que yo, con razón
o sin ella, y me he consolado. He tenido la oportunidad de
haber encontrado gente que en un momento de apuro me han ayudado
y finalmente ahora estoy aquí entre buenos amigos y...
-Pero ¿Y nosotros? ¿Qué pasa con nosotros?
– preguntaron varios del grupo.
-Que va a pasar, nada, todo está bajo control y muy
pronto vais a conocer todo este entramado que hemos montado...
-¿Pero que alguien del grupo conoce la verdad?- inquirió
extrañado Fran.
-Claro que sí, hay varios, precisamente uno muy cercano
a ti – respondió riendo Jacinto.
-¿Quién, quién? – preguntó
Fran.
-Pues Delvia, quién va a ser hombre, Delvia.
-¿Cómo es posible eso? Que me haya engañado
de esa manera – comentó Fran muy compungido.
-Era la mejor manera de que todo fuera surgiendo normalmente.
No te preocupes, que por eso ha salido bien lo que nos propusimos.
Gracias a ella, que ha sido nuestra principal baza, todo ha
salido bien.
En aquellos momentos, Delvia se arrimó más a
Fran, quería demostrarle que lo que había hecho
era precisamente la misión que se le había encomendado
para el bien de Cuba. Gracias a ella y a sus contactos con
los hackers desperdigados por el mundo, el final de todo aquel
plan había sido felizmente realizado. Fran estaba disgustado,
se encontraba desplazado, pensar que había sido utilizado
para algo que no tenía ni idea... Pero pronto se le
pasó el enfado, sentía realmente un gran amor
por Delvia y daba por bueno lo que había pasado. Unos
besos, unos arrumacos, hicieron que se deshiciera por completo
y ya no abrió la boca.
Jacinto esperaba que hubiera más preguntas, lo que
había sucedido en todos aquellos días, le había
llevado de cabeza, pero estaba satisfecho con el deber cumplido
y de haber contribuido a que las cosas en Cuba volvieran a
su cauce normal. Una pregunta de José Ladrían
le sacó de su ensoñación.
-¿Qué pasa con Montoya? ¿También
estaba al tanto de lo que iba a ocurrir?.
-Sí, el Coronel Montoya ha sido otra pieza fundamental
para que nuestra operación se haya llevado a cabo con
éxito.
-¿Pero no era Comandante? - Insistió Ladrían.
-Bueno en realidad es Coronel y Jefe del Servicio Secreto
de Cuba, Unidad Especial y gracias a su ayuda nos ha sido
posible actuar con impunidad en todos los sectores. Nos ha
evitado muchos problemas, él ha sido el que ha programado
las acciones que todos nosotros hemos cumplido.
-Pero ¿Todo ha sido idea de él? – insistió
Ladrían.
-No, hombre, no, todo ha sido planificado por los más
altos estamentos del Estado, todos hemos actuado como marionetas,
aunque muchos de nosotros sabíamos, de qué iba
a tratar esta operación.
-¿Quiénes? – pregunto un poco enojado
Arencibia.
Jacinto quedó unos instantes sin responder y cuando
lo hizo, un respingo sacudió a algunos de los asistentes
a la reunión.
-Escuchad, los que sabíamos cuál era el plan,
éramos... Violeta, Delvia, Montoya, Olivares, yo y
nadie más, preferimos que eso quedara entre nosotros,
era mejor guardar el secreto, y como habéis visto el
resultado, lo que ha conseguido nuestro Presidente, nunca
hubiera sido posible si esto no se hubiera guardado tan estrictamente
confidencial. ¿No es así?.
El resto del grupo entendió aquella realidad y aceptaron
las explicaciones de Jacinto de muy buen grado, pero tenía
razón, cuantas más personas hubieran conocido
todos los detalles...
Una llamada de fuertes golpes en la puerta los despertó
de su tranquilidad, cuando la abrieron, un grupo de soldados
fuertemente armados estaban esperando fuera, un oficial se
adelantó y presentándose les hizo saber que
tenía orden de llevarlos a todos los allí reunidos
a un lugar del que no dio detalles. Los hicieron subir a un
microbús que tenía los cristales tintados, a
los que era imposible verlos desde el exterior, y una vez
todo el grupo estuvo instalado, el vehículo partió
velozmente seguido por otros vehículos militares, ante
la mirada asombrada de los vecinos.
Tardaron unos minutos en llegar a su destino, cuando abrieron
las puertas del vehículo, los hicieron bajar y pudieron
ver que estaban en la Plaza de la Revolución, sin darles
explicaciones les señalaron el camino de unas escaleras
que conducían al Obelisco y cuando entraron, los condujeron
a una gran sala y quedaron alucinando cuando vieron que frente
a ellos se encontraba todo el Estado Mayor del Ejército,
oficiales de todas las armas que componían el Ejército
Revolucionario de Cuba y en un lugar preeminente, el Comandante
en Jefe, el Presidente de todos los cubanos, que al verlos
llegar, se adelantó y con una gran sonrisa en su rostro,
comenzó diciendo.
-Vaya, vaya, así que son ustedes los que han provocado
todo este alboroto... Vaya, vaya... Me complace mucho estrechar
sus manos.
Y así lo hizo uno a uno, con una amabilidad que los
hizo sentirse en la gloria, ya que con su apretón de
manos y la gran sonrisa que a cada uno le dirigía hacía
que, en aquel momento, se sintieran muy importantes. Cuando
acabó aquella ceremonia de bienvenida, se volvió
a todos sus acompañantes y con voz grave y señalando
con un dedo tembloroso al pequeño grupo que había
a su lado declaró.
-¡Señores! Frente a ustedes están quienes
han conseguido para Cuba lo que en estos momentos hemos logrado.
Nuestra libertad, haber recuperado parte de nuestro suelo
patrio y lo que es más importante, el reconocimiento
de todo el mundo, que durante mucho tiempo, nosotros hemos
estado sometidos a la presión de un país, que
desde siempre se ha creído dueño del mundo.
Ahora ha tenido que hocicar y rendirse a la evidencia de que
nunca ha tenido razón, que nosotros somos un pueblo
libre y que hemos ejercido nuestro derecho a seguir siéndolo...
Una gran salva de aplausos cortó la verborrea de su
Presidente, éste sabiendo que de vez en cuando se explayaba
demasiado, miró a todos los grupos y haciendo una seña,
un ujier se acercó y colocó cerca de sus manos
una bandeja con varias medallas. No tardó nada en ir
colocando una en el pecho de los componentes del grupo de
Jacinto, era la medalla del Gran Mérito de la Revolución,
él más alto galardón que nunca antes
se había entregado, mientras las iba colocando, estrechaba
la mano de quien la recibía, le dirigía una
sonrisa, le daba dos besos, uno en cada mejilla, y seguía
con la entrega de los galardones, ya que era la forma tradicional
de dicha entrega, ante la satisfacción de cada uno
de ellos, que acariciaba con gran orgullo aquella distinción.
Una vez acabada aquella ceremonia, Jacinto y su grupo, fueron
conducidos de nuevo con el mismo vehículo hasta el
lugar donde habían sido recogidos, dando así
por terminada aquella inesperada reunión. Cuando estuvieron
de nuevo en el interior de la casa, todos se miraban aquella
medalla, sin creer todavía lo que había pasado
y entonces surgieron las preguntas.
-¿Entonces, esto fue idea de?...... – preguntaron
varios.
-Sí, amigos, sí que lo fue. Fue idea del Comandante,
y tenéis que reconocer que ha sido una idea brillante.
Nada ha fallado, a nosotros se nos facilitó las cosas,
gracias a que los implicados colaboraron en todo momento.
Todos los Ministerios, las Fuerzas Armadas, la gente del pueblo,
aunque ninguno de ellos pudo sospechar que estaba colaborando,
el tráfico, el robo, y todo lo demás.
-Pero ¿Y las explosiones? ¿Por qué?.
-Pues para llamar la atención. Ya se encargó
Montoya que donde se pusieran los explosivos no dañaran
a nadie ni sufrieran daños las estructuras. Ya se tuvo
buen cuidado de ello.
-Pero – preguntó Fran - ¿Y los pasquines,
la entrega de pan, los estudiantes, el robo?...
-Todo estaba perfectamente estudiado, el robo sabéis
que no ha tenido consecuencias, el dinero se recuperó
en su totalidad, no ha habido detenidos. La entrega de pan,
pues eso, se le daba al pueblo con qué entretenerse
recibiendo pan sin pagar nada, los estudiantes, han tenido
unos días de asueto sin esperarlo, los pasquines, bueno,
pues eso, papeles sin importancia, no decían dada.
¿Qué más?.
-¿Y ahora qué? ¿Qué nos va a pasar
a nosotros? – preguntaron Arencibia y Zapata.
-A vosotros, pues nada. Creo que ahora tendréis más
clientes en cuanto la gente sepa lo que habéis hecho
¿No os parece?.
-¿Entonces? Tal como ha dicho nuestro Presidente, dentro
de nada se puede salir de Cuba sin problemas. ¿Podremos
hacerlo?.
-Pues claro – respondió Jacinto – siempre
y cuando sepáis donde ir, si tenéis dinero para
pagar el viaje, si tenéis deseos de hacerlo. ¿Por
qué no?. Ahora bien. Las cosas aquí en Cuba
van a cambiar a mejor, se va a necesitar mucha gente que quiera
trabajar, que desee que La Habana y toda Cuba, recupere su
antiguo esplendor. Se necesita gente que quiera trabajar,
reparar los edificios que lo necesiten, pintura, arreglar
las calles. Como ahora podremos recibir ayuda de otros países,
podremos renovar nuestra flota de vehículos, reparar
los que ahora tenemos con piezas originales, en fin, se nos
presenta un porvenir, que va a necesitar la ayuda de todos
cuantos componemos nuestra nación, nuestra patria que
es Cuba. ¿No creéis que es así?...
Qué podían responder sus amigos, tenía
toda la razón, delante de ellos, de su futuro, tenían
mucho trabajo que hacer, muchas cosas que modificar, y lo
más importante de todo, es que todos los cubanos estaban
sintiendo dentro de sí, el orgullo de ser cubanos,
de pertenecer a un país que había luchado contra
todas las adversidades y habían sobrevivido, todos
los cubanos eran dueños de su destino. Era hora de
hacer frente al futuro y todos estaba dispuestos a ello.
Entonces ¿De quién había sido la idea
de hacer toda aquella pantomima? ¿Quién había
pensado, elaborado toda aquella trama, madurado cómo
hacer agachar el testuz al país más poderoso
del mundo, y finalmente conseguir lo que de otro modo no se
podía lograr? ¿Quién podía ser,
si no, el que había luchado para conseguir librar a
Cuba de la tiranía y de la influencia del poderoso
país vecino, que caso de no haber triunfado aquella
lucha, Cuba hubiera sido un país satélite de
ellos?...¿Quién pudo ser?... ¿Quién
tiene la respuesta?...
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