| Capítulo I
El renqueante vehículo, esquivaba los grandes baches
que llenaban las calles por donde transcurría lentamente,
se estaba acercando a la calle 240 donde estaba situada la
prisión Combinado del Este y los ocupantes del vehículo
celular, la mayoría jóvenes, chocaban entre
sí en cada baqueteo del camión. Entre ellos
se encontraba el joven Jacinto Maqueda que, apoyado en una
de las sucias ventanillas, veía pasar los edificios
unos tras otros, iba pensando que no se explicaba que es lo
que le había sucedido para encontrarse en aquella situación
absurda. Recordaba vagamente, y de esto hacia meses, que estaba
asistiendo a una reunión que celebraban los disidentes
del régimen y por alguna denuncia, el local fue asaltado
por miembros de la Policía de la Seguridad del Estado
y los asistentes detenidos fueron llevados a prisión
en varios vehículos policiales.
Jacinto recordó su peregrinar por varios establecimientos
penitenciarios, San Antonio de los Baños, Artemisa,
Guanajay, y en aquellos momentos iban en dirección
al penal Combinado del Este. Supo el nombre por haberlo mencionado
uno de los guardias que los escoltaban. Inquieto por lo que
le podía deparar el futuro, trató de ver por
la ventanilla y sintió que el corazón se le
encogía, ya que pudo ver a lo lejos un gris y vetusto
edificio que se erguía en medio de una gran explanada.
Sus altos paredones estaban custodiados por 8 grandes torres
de vigilancia, ocupados por reflectores y guardias armados.
Lentamente, el vehículo se fue acercando hasta una
enorme puerta gris que estaba custodiada por varios guardias
armados. Cuando el vehículo paró su andar, éste
fue rodeado por los guardias y un oficial dio la orden de
que fueran bajando poco a poco, no lo podían hacer
de otra manera, estaban esposados por parejas y cuando todos
los presos estuvieron enfrente de la puerta, tal como había
ordenado el oficial, los hicieron entrar en la oscuridad del
gran vestíbulo y allí quedaron, encogidos de
frío y temerosos todos aquellos jóvenes.
Pronto supieron que las órdenes que emanaban del enjuto
y mal encarado oficial, eran para que se dirigieran hasta
una gran sala, allí les despojaron de sus esposas,
los hicieron desnudar y con mangueras de agua fría
los ducharon y seguidamente, les echaron polvos desinfectantes,
les hicieron entrega de ropas grises de carcelario, con unos
números en el bolsillo izquierdo que les ordenaron
vestir y cuando estuvieron todos listos, pasaron a citar nombres
y más nombres, cuando Jacinto escuchó el suyo,
respondió de inmediato.
-Aquí, soy yo.
El oficial se acercó a él, se le quedó
mirando fijamente y con voz ronca dijo.
-Soy yo, mi oficial, ¡Ha entendido!, Así es como
ha de responder.
-Sí mi oficial, a sus órdenes. Así lo
haré.
El oficial de prisiones estaba dando a entender que era él
el que mandaba y que se le debía respetar.
Una vez, hecho el recuento, fueron designando donde debían
instalarse cada uno de los prisioneros. Jacinto, con otros
cinco reclusos, fue instalado en la galería B, él
y uno de sus compañeros fueron introducidos en una
pequeña celda, la número 33, donde se encontraban
otros tres penados.
Una vez que todos se encontraban en el lugar designado, las
rejas de hierro fueron cerradas y pronto el silencio se hizo
en toda aquella zona. Los cinco que se encontraban en la celda
se miraron recelosos, nadie sabía quién era
el otro individuo y temían por si alguno de ellos podía
ser un delator. Poco a poco, el ambiente se fue tranquilizando
y Jacinto rompió el silencio.
-Me llamo Jacinto Maqueda y me han traído del penal
de Guanajay, en realidad no sé por qué estoy
aquí y tampoco sé hasta cuando.
Los demás componentes del grupo fueron diciendo sus
nombres, José Morante, Orlando Arencibia, Raúl
Zapata y finalmente el que había llegado con Jacinto
también se presentó.
-Me llamo Roberto Fraga y según me dijeron, el motivo
de encarcelarme fue por haber gritado ¡Libertad!. Yo
creo que eso no es un crimen ¿No?.
El grupo respondió de inmediato que ese no era un motivo,
pero lo dijeron en voz baja, no querían comprometerse.
El pequeño grupo de los cinco hombres se quedó
mirando fijamente a Jacinto, se pudo ver en sus rostros que
sentían una especial atracción por él.
Veían a un hombre con un especial carisma de mando,
pálido, delgado y en sus ojos una expresión
que conjugaba inteligencia, sinceridad y ternura. Firmeza
en el ademán que inspiraba confianza, sus gestos enérgicos
conquistaban el afecto de quienes no lo conocían aun.
Se rindieron a él, nombrándolo sin hablar, su
jefe, su líder. Jacinto sentía dentro de sí
satisfacción por saberse reconocido jefe del grupo
y miró uno a uno y comenzó a hablar.
-Quisiera – manifestó – que nos presentáramos
y así conocernos mejor, pienso que hoy va a comenzar
una gran amistad entre todos nosotros y la mejor manera de
que sea así, es que cada uno comente su historia. ¿No
os parece?.
Todos afirmaron al mismo tiempo que estaban conformes. Así
que Jacinto, teniendo la anuencia del grupo, quiso comenzar
él mismo a contar quien era y porqué estaba
allí.
-Veréis, mi vida ha sido un ir y venir, siempre tratando
de aprender cuanto más mejor. Nací en Guanabacoa
y siempre he tratado de utilizar las grandes capacidades que
cada humano posee, el potencial que tenemos en nuestros cerebros,
en nuestra mente, en nuestro interior. He confiado siempre
en mí, me he esforzado en aprender, en estudiar y en
trabajar. Soy ingeniero informático de sistemas y de
software, he cursado estudios gracias a becas, en Madrid,
Chile, Monterrey y La Habana. Soy apolítico y nunca
me he metido en berenjenales, he tratado de evitar conflictos,
pero a pesar de eso, he tenido la desgracia en un momento
inadecuado, de verme metido en una situación política
que no he buscado, me detuvieron y hasta la fecha nadie me
ha dicho cuáles son los cargos que se me imputan...
Fue interrumpido por José Morante.
-Y nadie de nosotros tampoco lo sabe. Pero las cosas son así
y aquí estamos. Perdona que te haya interrumpido –
precisó.
-Nada hombre, no te preocupes estás perdonado. Bueno
sigo, he viajado mucho, y no estoy casado, pero tengo una
novia, Violeta, que es un amor. Hace meses que no sé
de ella y tampoco he recibido ninguna visita. Espero que ahora
pueda tener la oportunidad de que vengan a verme.
-¿Cuánto tiempo estás en prisión?
– preguntó Orlando.
-Llevo rondando por varias cárceles desde hace 10 meses.
-¡Caray! Qué fuerte es eso – dijo riendo
Manolo García – yo llevo tres años aquí
y aun no sé cuanto me resta de condena.
-Bueno, creo que lo mejor es que cada uno relate algo de su
vida, así podremos conocernos y será lo mejor.
Quién quiere hablar – precisó Jacinto.
-Yo – contestó Orlando – nací en
La Habana Vieja y me siento orgulloso de ser habanero, tengo
pocos estudios pero he tenido la fortuna de labrarme un porvenir,
ya que poseo tres taxis y con ellos me gano la vida. Tengo
hombres de confianza que cuidan de ellos hasta que yo salga
y poco más hay que contar, estoy casado, tengo dos
hijos y nada más. Llevo encarcelado un año.
El que siguió con la exposición de su vida fue
José Morante.
-Yo he estado trabajando en telefónica hasta que me
tomaron preso. Todo fue, una equivocación o por la
acusación de algún compañero que me tenía
envidia. Un día vino a casa la policía buscando
papeles subversivos y no encontró nada, pero no me
sirvió para evitar que me llevaran a prisión.
Estoy a la espera de que me digan algo desde hace dos años.
Raúl Zapata, joven extrovertido fue muy escueto.
-Soy mecánico de coches, trabajo en un pequeño
taller, soy soltero y tampoco sé por qué estoy
aquí. Y nada más. Y llevo dos años preso.
Manuel García tampoco se explayó mucho.
-He estado trabajando en unas dependencias del Ministerio
del Interior. Era el encargado de atender al público
en el departamento de reclamaciones y un buen día,
sin ninguna explicación, sin darme tiempo a nada, me
encontré paseando de una prisión a otra, Llevo
un año en ese plan, espero que pronto alguien me diga
algo sobre mi futuro y que va a pasar conmigo – dijo
riendo – de todas maneras no me preocupo mucho, no depende
nadie de mí.
Roberto Fraga poco era lo que tenía que contar. Era
panadero y estaba preso 6 meses. Tampoco pudo explicar su
situación, aunque no parecía importarle, según
dijo eran unas vacaciones, ya que el empleo estaba asegurado,
la panadería era suya y la atendía su mujer
y un hijo.
Cuando todos hubieron acabado de contar sus peripecias, Jacinto
se dirigió al grupo y con voz pausada expuso cuáles
eran sus ideas.
-Veréis amigos, ahora ya nos conocemos y podemos confiar
con esta incipiente amistad. Os propongo un juramento “Uno
para todos y todos para uno” ¿Qué os parece?.
Debemos apoyarnos los unos a los otros y hacer una piña,
así creo que las cosas nos irán mejor a partir
de ahora.
Con sus caras sonrientes, como si aquel juramento fuera a
liberarles de su encierro, juntaron sus manos y juraron una
amistad para siempre. A partir de aquel solemne momento, pareció
que su reclusión era más llevadera, era un grupo
que en el futuro tendrían muchas cosas que decir y
hacer. Jacinto estaba satisfecho al ver como había
levantado el ánimo de sus compañeros y se hizo
la promesa de ayudarlos cuanto pudiera, aunque de momento
él nada podía hacer.
Pasaron unos días, el grupo andaba siempre junto y
aquello demostraba a los otros grupos que ellos eran hombres
decididos y que nadie se podía meter en sus cosas.
Pronto iban a suceder novedades.
Un día, hubo una llamada por los altavoces, que carraspeando
nombraba a Jacinto Maqueda.
-Preséntese de inmediato en la dirección.
Jacinto un poco inquieto se apresuró a acudir a la
llamada y cuando entró en el despacho del director,
se llevó una sorpresa, era alguien conocido que al
verlo entrar se acercó a él y lo abrazó.
-¿Qué hay hermano? ¿Te acuerdas de mí?...
Como no se iba a acordar de su amigo Javier Olivares, antiguo
condiscípulo en sus años mozos. Habían
estudiado en el mismo colegio y luego en el instituto José
Martí. De eso hacía mucho tiempo, pero estaba
en la mente de los dos, las juergas y travesuras que hicieron
juntos. Se alegraron los dos al encontrarse de nuevo después
de tantos años. Una vez tranquilizados los ánimos,
Olivares hizo sentar a su amigo en uno de los sillones y le
preguntó.
-¿Qué tal te han ido las cosas en la vida? –
inquirió.
Jacinto le hizo una exposición somera de toda su trayectoria
y cuando acabó, fue entonces, que él le preguntó
a su amigo.
-¿Y a ti que tal te han ido las cosas? Veo que tienes
un buen puesto aquí ¿No?.
-Ya ves, mi vida no ha sido lo que yo esperaba, pero las cosas
son así. Estaba muy tranquilo de inspector instructor
en la Unidad Policial de la Barriada de la Víbora y
un buen día me enviaron aquí. No estoy mal,
pero esto no es lo mío.
-Bueno – preguntó Jacinto - ¿Y cuál
ha sido el motivo de tu llamada? Espero que sean buenas noticias.
-Verás, hace dos días que recibí todos
los expedientes de los ingresados últimamente, y me
sorprendió esta mañana ver tu nombre y enseguida
te conocí, ya que estaba tu foto. No has cambiado mucho
y me alegró saber que estabas aquí. Como comprenderás,
no creo nada de lo que dice tu historial, pero las normas
son las normas y tengo que cumplirlas. He pensado que puedes
ayudarme.
-¿Qué yo puedo ayudarte? ¿Cómo?
- Inquirió Jacinto.
-Verás, por tu dossier veo que tienes una formación
muy completa, aquí hace falta gente que enseñe
a los demás compañeros y tú eres el hombre
indicado. Puedes ser el maestro de grupos de alumnos y sobre
todo en una nueva clase que estamos tratando de montar, la
de informática. Necesitamos gente que tenga una buena
formación profesional y ahí entras tú,
puedes ayudar a los demás mucho. ¿Qué
te parece?.
-Hombre, no sé, así de pronto... Creo que es
una buena idea, servirá para que la gente esté
ocupada en algo y haga que el tiempo pase más deprisa
para ellos. Me parece bien.
-Me alegra oír tu respuesta, la esperaba así.
Verás amigo Jacinto, voy a tratar de ayudarte en todo
lo que pueda y esta labor que vas a efectuar te rendirá
beneficios, ya que se considerará como atenuantes en
tu condena y además otras prebendas.
-¿Cómo cuál? ¿Podría conseguir
que viniera mi familia a visitarme alguna vez?.
-Por supuesto que sí, de eso me encargo yo. Sabrás
que hay unos planes de visitas de una o dos horas de duración
cada mes o dos meses. Si aceptas mi plan, puedes contar con
ello y tendrás visitas frecuentes.
-Me alegra oír eso, ya que desde hace casi seis meses
que no veo a nadie. ¿Cuándo crees que podría
ver a mi padre y a mi novia?.
-Esta misma semana, luego de unos trámites administrativos,
ya podrás recibir visitas – respondió
Olivares.
-Vale, me alegra oír eso. ¿Puedo preguntarte
algo?.
-Claro que sí, ¿Qué deseas saber?.
-¿Cuales son los cargos que se me imputan para haber
perdido mi libertad? Hasta la fecha nadie me ha dado información
¿Qué me dices?.
-Me pones en un compromiso Jacinto, eso no puedo decírtelo,
solo te puedo adelantar que según la información
que yo tengo, es por tema político, de todas maneras
me informaré y te haré saber algo pronto. Lo
que sí me gustaría, es que te incorporaras pronto
a las aulas que hemos preparado y que comiences a enseñar
a la gente.
-De acuerdo, enseguida me pondré manos a la obra. Gracias
por darme esta oportunidad.
-No hay de qué, para eso estamos los amigos.
Jacinto se retiró del despacho de Olivares mascullando
un poco su decepción. Se había alegrado de haber
visto a su amigo, pero éste en realidad no le había
informado de lo que a él le interesaba saber. ¿Cuál
era el motivo de su detención?. Le extrañaba
mucho que no lo pusiera en su dossier, y a medida que se dirigía
a su celda iba creciendo su rabia más y más.
De momento, pensó “ Daré esas clases que
me ha dicho Olivares, pero no estoy satisfecho, tengo que
idear algo”. Con esos pensamientos llegó a su
habitáculo y allí lo esperaban ansiosos sus
compañeros por conocer que había ocurrido. Jacinto
les dio una corta explicación sin aclarar nada y solo
comentó de pasada que se iba a hacer cargo de dar clases
de informática. Les recomendó, que ellos se
apuntaran enseguida pues sería interesante aprender
tal como les había comentado anteriormente.
Mientras esto sucedía en la celda, Olivares se puso
en contacto con las oficinas centrales de prisiones y se puso
al habla con el director, señor Pérez, el cual
le preguntó que tal había estado la entrevista
con Maqueda. Le pasó un informe exhaustivo y recibió
las felicitaciones de su jefe.
-Muy bien, Olivares, muy bien hecho. Espero que su “amigo”
colabore con nosotros tal como acordamos.
-Lo hará, camarada director. Le he prometido que va
a recibir visitas frecuentes y eso le alegró mucho.
Además está contento por participar en enseñar
a los reclusos en todo el asunto de informática. No
se preocupe, todo está controlado.
-Téngame informado de cómo se va desarrollando
nuestro plan.
Olivares, salió del despacho de su jefe poco satisfecho
de sí mismo, ya que de cierta forma estaba traicionando
a su antiguo compañero de andanzas. Y es que en altas
instancias habían elaborado un plan muy simple y que
siempre les había dado resultado. Dar ciertos privilegios
a algunos presos para conseguir que entre ellos se traicionaran,
averiguar intenciones de fuga, y al mismo tiempo recibir información
sobre anomalías que pudieran darse en la prisión.
Lo que no podían imaginar los que habían elaborado
aquel plan, era la firme decisión de Jacinto Maqueda
de no doblegarse ante nadie y se había imaginado, que
detrás de la oferta de Olivares, había algo
no muy limpio y no se equivocaba. Pero quiso dar tiempo al
tiempo y ya vería lo que pasaba, lo importante para
él, era que iba a recibir visitas y eso era en el siguiente
sábado.
Esperó ansioso el día y durante la mañana
fue avisado por los altavoces que tenía una visita.
Presuroso se presentó en la cancela de ingreso donde
estaban los locutorios y sus ojos se llenaron de lágrimas,
allí, solitario en uno de los compartimientos, estaba
su padre, quién al verlo no pudo que menos que romper
a llorar, fueron unos momentos muy emocionantes y cuando los
ánimos se hubieron tranquilizado comenzaron a hablar.
-¿Qué tal estas padre? ¿Cómo te
encuentras?.
-Muy bien hijo, hemos pasado lo nuestro pero ahora que veo
que estás bien, estoy tranquilo.
-Y la familia ¿Cómo están todos?.
-Bien hijo, bien. Tu madre te envía recuerdos y besos,
está en cama con algo de fiebre, por eso no ha podido
venir.
-¿Y cómo está Violeta?. ¿La has
visto últimamente?.
-Está muy bien, vendrá a verte en la próxima
visita.
Padre e hijo estaban frente a frente, solo los separaba una
reja, pero a través de ella podían tocarse las
manos, esto por lo menos los hacía sentirse felices.
Estaban sintiendo el calor de los dedos en sus dedos y los
hacía estar muy contentos. Jacinto observó que
el guardia que solía estar vigilando, en algunos momentos
estaba distraído y aprovechando aquella coyuntura le
entregó a su padre un pequeño rollito de papel,
que en el argot carcelario llaman “balas”. En
esos pequeños rollitos escriben con letra muy menuda
mensajes de todo tipo y cuando el padre lo tomó entre
sus sarmentosas manos, de inmediato lo escondió en
un bolsillo.
-Padre, debes entregarle eso que te he dado a Violeta, le
doy algunas instrucciones de lo que debe hacer y ve con cuidado
no lo pierdas.
-Descuida hijo, que hoy mismo lo recibirá.
Estuvieron hablando de las cosas que habían pasado
y el padre le comentó a Jacinto.
-¿Sabes hijo? He estado, tres veces en las dependencias
de la Policía de la Seguridad del Estado, tres veces
hijo, tres veces.
-¿Y para qué te llevaron allí? ¿Te
hicieron algo?.
-Nada hijo, nada, solamente vinieron a casa a buscarme una
mañana, me llevaron a la comisaría y nadie me
habló ni dijo nada, allí me tuvieron sentado
hasta la noche, y dijeron sin dar explicaciones, que ya podía
irme a casa. Y me fui, y así hasta tres veces. Según
me dijeron los amigos, que esa es una forma de amedrentar
a la gente y ponerla nerviosa, pero en realidad no pasó
nada, ya no me han vuelto a molestar.
-Bueno padre, me alegra que ahora estés tranquilo.
Aquí se están poniendo las cosas bien, voy a
dar clases y eso me ayudará a pasar el tiempo.
-Eso está bien, hijo. ¿Sabes algo de cuando
vas a salir?.
-De momento nada, pero creo que pronto todo se arreglará.
Eso que tienes que hacer me ayudará mucho, no dejes
de buscar a Violeta y cuando ella venga a verme, ya me dirá
que tal ha cumplido mis indicaciones. Bueno padre, avisan
que hemos terminado la visita. ¡Te quiero padre, te
quiero mucho!.
-Y yo a ti hijo, también te quiero mucho.
-Besos a mamá y recuerdos a los amigos. Hasta pronto
padre.
Se retiraron los dos angustiados por aquellos momentos pasados,
pero un poco más tranquilos, ya que habían podido
verse y sobre todo, en el corazón de Jacinto quedaba
la esperanza de que su novia recibiera su mensaje y pronto
el plan que estaba rumiando, podría llevarse a cabo.
Cuando regresó a su celda, sus compañeros le
estuvieron preguntando que tal había ido todo, Jacinto
contestó aun un poco emocionado, que todo había
ido bien y no dio más explicaciones. Mientras esperaban
la hora del corto paseo matutino, Jacinto tenía en
mente encontradas emociones, deseaba por un lado ver a su
novia, y por otro, conocer las gestiones que ella había
hecho. Deseaba ver a su amada y llenarse los ojos de su belleza,
solo de pensar que podía tocar sus manos, se le encogía
el corazón. Deseaba que el tiempo que quedaba hasta
su próxima visita, pasara lo más rápido
posible. Y pasó el tiempo, ya lo creo que pasó
y allí iba a comenzar a poner en marcha su plan, un
plan muy bien pensado, madurado y que podría servir
para...
Mientras el tiempo pasaba, Jacinto se ocupó intensamente
en dar sus clases de informática a un grupo de alumnos.
Era muy bien aceptado y se notaba que los “estudiantes”
se aplicaban en aprender el misterioso manejo de los ordenadores.
Mientras revisaba los trabajos con cada uno de ellos, oyó
una conversación entre dos de sus discípulos,
prestó atención y tomó nota mentalmente
de lo que decían, era una noticia muy interesante y
que le iba a servir para transmitirla a Olivares y así
ganar puntos dándole esa información.
Cuando acabó la clase, habló con uno de los
guardias y le transmitió su deseo de ser recibido por
el director, tenía algo importante que comunicarle.
Regresó Jacinto a su celda y poco después fue
llamado para que se presentara en el despacho del director.
En cuanto estuvo en presencia de Olivares éste le preguntó.
-¿Tienes algo importante que comunicarme? Eso es lo
que me ha dicho el guardia. ¿No?.
-Efectivamente, tengo algo que creo que es importante. He
estado escuchando a dos de mis compañeros en clase
y estaban comentando que el médico principal, el doctor
Valiente, vende las medicinas que llegan al penal y para que
los reclusos tengan acceso a estas, tienen que comprarlas
por cigarrillos, ropas, alimentos o dinero. Los medicamentos
que traen los visitantes para sus familiares se quedan en
el puesto médico bajo las órdenes del doctor
Valiente. Pero hay algo más.
-¿Algo más? – preguntó Olivares
intrigado.
-Sí y creo que es importante. Tres guardias introducen
aquí en la prisión, bebidas alcohólicas
y algo de cocaína. Todo a cambio de dinero.
-Pudiste averiguar el nombre de esos tres angelitos –
inquirió Olivares con el ceño fruncido.
-Amigo Olivares, no quiero que se me confunda con un soplón,
o como se les llama aquí a los sapos. Yo no voy sapeando,
pero me indigna que por culpa de unos corruptos, tengamos
problemas aquí, ya que el alcohol solivianta los ánimos,
y a veces han ocurrido peleas y lamentablemente con hechos
de sangre. Según escuché, esos guardias son,
Manuel López, Jesús Zúñiga Pérez
y Elizardo Sánchez. Y eso es todo.
-Gracias, amigo Jacinto, tendré en cuenta este favor
que nos haces. Estamos tratando de erradicar la corrupción
por todos los medios a nuestro alcance, pero siempre hay gente
sin escrúpulos que se aprovecha de las circunstancias
para medrar a costa de los demás. De inmediato tomaremos
las medidas para corregir estos fallos. Gracias amigo.
Jacinto se retiró satisfecho de haber actuado bien,
sabía que esa acción que había hecho
ayudaría a que las cosas fueran mejorando en la prisión.
Cuando regresó a su celda, se encontró a dos
nuevos presos. Cuando estos lo vieron llegar se presentaron.
-Yo soy Guillermo Cortazar, soy impresor y he estado preso
en la cárcel de Jaimitina durante dos años y
ahora me han traído aquí.
-Me llamo José Ladrían – se presentó
el otro compañero - estaba en la prisión Provincial
de Holguin desde hacía dos años y me han destinado
a esta prisión. Estaba trabajando en el Ministerio
de Educación y por la falsa acusación de un
compañero me llevaron preso.
Jacinto aceptó sonriente las presentaciones y de común
acuerdo se presentaron todos a los nuevos inquilinos. El ambiente
que se respiraba dentro de aquella diminuta celda 33, era
de amplia cordialidad. La vida siguió su rutina y a
la mañana siguiente, Jacinto fue llamado de nuevo al
despacho del Olivares, éste le hizo sentar mientras
le ofrecía un habano. Lo encendieron los dos parsimoniosamente
y mientras las bocanadas de humo subían lentamente
por el aire, ambos se miraron y unos instantes después,
la voz de Javier Olivares hizo que Jacinto diera un respingo.
-Sabes amigo, sobre aquellas informaciones que recibimos ya
hemos tomado las medidas necesarias. El doctor ha sido destituido
y trasladado a un penal de alta seguridad, allí le
va a ser difícil hacer chanchullos. Los guardias han
sido pillados in fraganti, expulsados del cuerpo y sancionados
fuertemente, no les van a quedar ganas de repetir sus acciones.
Nos has hecho un gran favor y queremos agradecértelo.
Verás, hemos pensado que vas a poder recibir visitas
cada semana y creo que esto te gustará, cuando venga
a visitarte tu novia, esa visita será sin presencia
de guardias. Solos los dos frente a frente ¿Qué
te parece?.
Jacinto tragó saliva, no se esperaba aquello y no pudo
contestar, estaba muy emocionado. Hacía casi un año
que no veía a Violeta y solo de pensar que iba a poder
estrecharla entre sus brazos le parecía un sueño.
No supo contestar, solo pudo musitar unas palabras de agradecimiento
y hasta unas lágrimas fugaces surgieron de sus ojos
deslizándose por sus mejillas. Olivares, comprendió
la emoción de Jacinto y con un gesto, como para no
dar importancia a aquella situación emocional, le señaló
la puerta, indicando que la reunión había finalizado.
Como un sonámbulo Jacinto regresó a su celda,
mientras caminaba iba cavilando la cantidad de cosas que tenía
que decirle a Violeta, lo que podría hacer sin testigos,
y fueron tantas las cosas que pasaron por su mente que cuando
llegó, sus compañeros viendo su cara un poco
descompuesta no quisieron preguntarle nada. Esperaron a que
él comentara y les informara de lo que había
pasado. Un rato después habiendo recuperado la serenidad,
solo hizo mención de que al día siguiente iba
a recibir la visita de su novia, siendo esta noticia motivo
de júbilo para todos ellos.
Y llegó el día, los nervios se le comían,
no daba pié con bola, iba de aquí para allá,
movía las manos con nerviosismo, musitaba palabras
sin sentido y sus compañeros respetaron su intimidad
dejándolo tranquilo. Luego de desayunar, mientras paseaban
por el patio de la prisión, los altavoces solicitaron
la presencia de Jacinto Maqueda en el locutorio y dando traspiés,
tropezando con todo, llegó a la cancela y cuando entró,
allí estaba Violeta con una sonrisa en su rostro dándole
la bienvenida. Estaban solos y con un impulso repentino los
dos se fundieron en un estrecho abrazo, sin hablar, solo deseaban
sentir el cuerpo amado muy apretado al suyo. Pasaron unos
instantes, se miraron a los ojos llenos de lágrimas
de felicidad y sin soltarse las manos comenzaron a hablar
los dos al mismo tiempo.
-Mi amor, mi vida, como te he echado de menos... Qué
falta me haces, como te quiero, estoy loco por ti, que si
esto, que si aquello, como te deseo...
Y de las palabras pasaron a los hechos. Sabían que
nadie los iba a interrumpir, que podían dar suelta
a sus deseos y pronto, muy pronto, enseguida, sus cuerpos
desnudos fueron uno solo, sus bocas fundidas en un solo beso,
sus cuerpos estaban entregados en su totalidad a gozar de
aquellos sublimes momentos de felicidad. Él entró
en ella y se diluyó una y varias veces en su cuerpo,
llegando los dos al mismo tiempo a un paroxismo de plenitud
total del ser amado.
Pasaron unos instantes unidos en un estrecho abrazo y llegó
el momento que calmados los deseos carnales, supieron que
debían recobrar la cordura, se vistieron y ahora ya,
más tranquilos, comenzaron a conversar de todo lo que
tenían pendiente.
-¿Recibiste mi mensaje? – preguntó Jacinto.
-Claro que sí, me lo entregó tu padre y de inmediato
siguiendo tus instrucciones hice punto por punto todo lo que
indicabas.
-¿Has podido ponerte en contacto con mi amigo Fran
Llorens en España?.
-Claro que sí, le envié un e-mail y luego le
llamé por teléfono, indicándole que es
lo que deseabas que hiciera.
-Lo habrás hecho en clave ¿No?.
-Por supuesto que sí, no han podido haber interferencias,
según me dijo traerá todo lo que le pides. ¿Confías
en él?.
-En todo, cuento con él para llevar a cabo mis planes.
¿Cuándo te ha dicho que puede venir?.
-Me ha asegurado que en una semana tendrá todo listo
y vendrá enseguida. Nos avisará en que vuelo
llegará. No te vas a comprometer en nada ¿Verdad?.
-Mira Violeta, un hombre tiene que hacer lo que tiene que
hacer. Una persona que quiere venganza siempre guarda sus
heridas abiertas y las mías están no abiertas,
están sangrantes, me han robado parte de mi vida y
debo recuperarla, o por lo menos, tener cumplida venganza.
¿No te parece?.
-Lo que tú digas amor, sabes que estoy a tu lado y
lo que tu hagas o digas, es lo que se debe hacer.
-Vale mi vida, me alegra que estés a mi lado y cuento
contigo para todo. Quería hacerte una pregunta ¿Has
podido contactar con alguien que domine el mundo de la informática?.
-Me alegra que me preguntes eso, sí, tengo a la persona
idónea.
-¿Quién es? ¿La conozco yo?.
-Ya lo creo que sí, es aquella morenaza, aquella que
alguna vez quiso conquistarte. Es mi amiga Delvia Reilly.
¿Te acuerdas de ella?.
-Pues no sé, tantas me han querido conquistar...
-Venga no te hagas el inocente, la conoces bien. Pues esa
es la persona que nos va a ayudar. Es una mulata bellísima,
su padre fue un irlandés, su madre una mulata de Cienfuegos
y cuando la veas te quedarás maravillado de cómo
ha cambiado.
-¿Cómo? ¿Qué puede hacer?.
-No te lo vas a creer si te digo que es ingeniera informática
y además, y esto es muy especial, es una “hacker”,
no sabes la cantidad de cosas que puede hacer y ha hecho.
-¡Caray! No sabes lo contento que estoy con esa información.
¿Colaborará con nosotros?.
-Completamente. Le he enseñado parte de lo que dices
te puede hacer falta y cuando se lo dije, se echó a
reír y contestó “Eso es pan comido. ¿Solo
necesitáis eso?.” Y se volvió a reír.
-Me gusta, sí me gusta, creo que vamos a formar entre
todos un buen equipo.
Estuvieron unos segundos en silencio pero con sus manos cogidas
y las miradas amorosamente dirigidas a su pareja. Entonces
Jacinto le susurró al oído a Violeta.
-Tal día como hoy, hago vivir mi estrella nómada
y al estar a tu lado, trato de no ir lejos de las rutas del
amor, amor casi olvidado. Mi cielo, al estar contigo ¡Por
fin! Está abierto y mi espíritu liberado.
Violeta estaba emocionada al escuchar las palabras de su amor
y agachó sus ojos ruborosa. Jacinto siguió con
sus requiebros amorosos.
-Quiero dar al mundo las huellas de mis pasos. Al verte, puedo
decirte que con tu presencia, como flores y bebo la luz de
tus ojos. Ya no tengo miedo. Ahora contigo soy solo amor.
Las orillas de mi vida se acercan a ti y han vuelto mis estrellas
para brillar en las noches de mi soledad...
No pudo continuar, Violeta se le abrazó ofreciéndole
sus jugosos labios que él devoró con fruición.
No hubo tiempo para nada más, fueron avisados que la
visita había terminado y ambos, muy modosos, respetaron
las normas y luego de darse unos buenos achuchones, ante la
envidia del guardia, se despidieron, no sin antes entregarle
disimuladamente otra “bala” con nuevas directrices.
Cuando Jacinto regresó a su celda, iba pletórico
de satisfacción, se notaba que se había resarcido
del tiempo que había estado ausente lejos de su amada
y su cuerpo estaba ahíto de placer. Sus compañeros
guardaron silencio y esperaron hasta que él les comunicara
que había pasado. Lógicamente, no les narró
los escarceos amorosos, pero sus comentarios misteriosos,
auguraban algo que les llenó el cuerpo de nuevas emociones.
Sabían, presentían que pronto iba a pasar algo,
confiaban en Jacinto y tenían el convencimiento de
que no les iba a defraudar.
Fueron pasando unos días y de nuevo Jacinto fue requerido
al despacho del Olivares. Cuando llegó, éste
se precipitó hacia él requiriendo su atención
de inmediato.
-Tenemos un problema, un problema muy grande.
-¿Qué es lo que pasa Olivares? ¿Cuál
es el problema?.
-Pues, como te diré. Verás, por causa de haber
caído la tensión en la red ha habido un colapso
y hemos perdido en nuestro ordenador central toda la información,
y algunos datos muy necesarios para desarrollar nuestro trabajo.
¿Puedes hacer algo para remediar nuestro problema?.
-Pues no sé, tendré que hacer algunas comprobaciones.
¿Dónde tenéis vuestro centro de control?.
-Aquí al lado, ven conmigo.
Juntos se dirigieron a la habitación contigua y cuando
entraron aquello era un maremagno. Técnicos de aquí
para allá, no daban con la solución de su problema.
Jacinto, con autoridad hizo que despejaran la zona, junto
a él estaba Olivares observando que es lo que iba a
hacer. No tardó mucho en percatarse lo que había
pasado, ese desaguisado lo tenía previsto y con gran
pericia se instaló en una de las sillas, encendió
uno de los ordenadores, le preguntó la contraseña
a Olivares y haciendo la pantomima de que estaba haciendo
algo muy importante, comenzó a teclear y puso en marcha
uno de los programas que él sabía que iba a
funcionar, el Easy Recovery. En cuanto lo tuvo instalado comenzó
a dar las indicaciones oportunas y aquello fue coser y cantar.
De inmediato recuperó los archivos perdidos, rehizo
lo que se había dañado y en unos minutos, levantó
la vista triunfante y sonriendo exclamó.
-Solucionado, caballeros. Ya está todo en orden, pueden
seguir trabajando.
Ni que decir tiene que Olivares estaba satisfecho de lo que
Jacinto había hecho. Le había solucionado un
grave problema en muy pocos minutos. Una vez todo el mundo
se puso a trabajar indicó a su amigo que pasaran a
su despacho y una vez allí, le dio un abrazo y le precisó.
-Me has salvado la vida, estaba muy preocupado, no por mí,
sino por nuestros técnicos, que en caso de no haber
solucionado el problema, a saber a donde los hubieran enviado.
Siéntate hombre, ponte cómodo, vamos a charlar
como buenos amigos que somos.
Jacinto muy orondo y satisfecho, se arrellanó en su
sillón y espero a que Olivares dijera algo.
-Bueno Jacinto, cuéntame de tus peripecias. Tengo en
tu expediente donde has estado y puedo decirte con certeza
que no han sido los peores sitios donde has podido estar.
-Bueno eso según tú lo mires, en los lugares
en donde he estado no han sido de mi gusto, lo he pasado mal,
pero lo he podido soportar pensando que pronto iba a ser liberado.
Eran unos lugares muy desagradables.
-Ya sé que si te digo que no debes quejarte, es que
puedo decirte que al principio de haber ganado la revolución,
hubo otros lugares de triste memoria y desagradables recuerdos.
Puedo mencionarte que el penal de la Isla de Pinos, La Cabaña,
Castillo del Príncipe, Boniato, Villa Marista, Castillo
de San Severino, Guantánamo, Ariza y Sagua la Grande,
eran lugares en los que pocos sobrevivieron. Bueno, de eso
ya hace tiempo. Ahora tratamos de mejorar las condiciones
de los presos y a veces lo vamos logrando. Ya sé que
me dirás que gran cantidad de reclusos de hoy, a veces
no saben por qué están en esta situación,
pero debes comprender que el régimen debe defenderse
ante las acometidas de los disidentes. ¿No lo ves tu
así?.
-No estoy en condiciones de rebatir tus argumentos, pero puedo
asegurarte que existe una injusticia cuando a algunos de nosotros,
cautivos sin saber por qué, hasta la fecha nadie nos
ha dado una razón para que sigamos en la cárcel.
¿No, amigo Olivares?.
-Tienes razón, pero mi posición actual es la
de ser neutral en lo que cabe. Soy un mandado y hago lo que
me ordenan. En fin, de momento quedamos en tablas, ya hablaremos
pronto sobre tu situación. Te vuelvo a dar las gracias
y esto te lo recompensaré, ya lo verás.
Se despidieron ambos y Jacinto, salió del despacho
con el ánimo de haber quedado como un tonto. Sabía
que él tenía razón, pero no tenía
armas para rebatir las explicaciones de Olivares. Dentro de
sí, una rabia mal contenida, hacía que su mente
siguiera maquinando planes y más planes, sabía
que ahora estaba por el buen camino y no quería enemistarse
con Olivares, ya que por lo menos él era un privilegiado,
ya que contaba con un régimen de visitas que poco reclusos
tenían. Y esta especie de libertad le estaba haciendo
falta para concretar sus planes, ya que Violeta era su contacto
externo y debía concentrarse ya que no quería
perder esa libertad. Regresó a su celda y reuniendo
a sus compañeros, sin hacer alarde de nada especial,
los hizo sentarse y musitando, casi en un susurro, les fue
explicando cuál era su plan maestro. Todo eran oídos
atentos, no querían perderse una sílaba de lo
que Jacinto estaba diciendo. ¡Era tan interesante!.
Nunca pudieron sospechar hasta que punto aquella conversación
iba a causar una auténtica revolución...
Fueron pasando algunos días más, Violeta pendiente
de todos los detalles que Jacinto le había transmitido,
estaba a la espera de la llegada del amigo de su novio, de
Fran Llorens, y una tarde le llegó la noticia por Internet,
que tenía prevista su llegada para el lunes siguiente.
No tardó nada en ponerse en contacto con su amiga Delvia,
deseaba que Fran la conociera en cuanto pisara tierra cubana,
sabía que era decisivo que se cayeran bien los dos
y casi todo estaba preparado para la llegada de aquel hombre
misterioso. Jacinto le había comentado de pasada que
Fran era un hombre muy especial, habían estudiado juntos
en varias universidades, era un hombre con un pasado aventurero,
pero era un cerebro en su materia y esto hizo que a las dos
mujeres las tuviera en vilo hasta ver quién era ese
superhombre.
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