| Prólogo
Aquel hombre atractivo, delgado, de piel morena, pero de
cuerpo atlético con su cabello medio largo color plata,
pero sobre todo con aquella mirada tan melancólica
en esos ojos tan azules y pequeños, impactaban profundamente
en las personas que lo veían pasar diariamente como
a eso de las 8 de la noche y sentarse a la orilla de aquel
inmenso y profundo mar, cuyas aguas tan azules como sus ojos,
parecían ayudarle a lamentarse y a derramar las mas
tristes lágrimas que como perlas adornaban su hermoso
rostro y siempre se le oía decir:
“Una noche la esperé hasta que saliera el sol,
cómo dejarla de amar si es tan grande mi esperanza,
me dijeron que se fue para nunca más volver”
Y cuando llegaban los primeros rayos del sol, empezaba a retirarse
mientras le hablaba a su perrito: - “Buenos días
Anochecer, ha llegado otro día y con él espero
el regreso de mi amada” y con la mayor de las esperanzas,
volvía a su lujoso y solitario apartamento y a la noche
siguiente nuevamente dirigía sus pasos a la orilla
de aquel mar que parecía llorar con él su desgracia.
En la comarca todos sabían cual era su pena, mas nadie
se atrevía a mencionar el tema por temor a hacerle
más honda su tristeza.
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