| Capítulo VI
Cuando los enamorados y su perrito regresaron al apartamento
encontraron periodistas tomándole fotos a la abuela
y a Martha y con ellos a la familia entera.
Al siguiente día estas fotos fueron publicadas en
el diario más importante de la ciudad y fueron vistas
por alguien que hacia mucho tiempo quería dar con el
paradero de ellas.
Esta persona corrió a las autoridades y puso una demanda
contra la abuela por secuestro de menores. Ana fue conducida
a prisión de inmediato.
Luna no lo podía creer. ¿Es que nunca tendrían
paz en sus vidas? ¿Quién había puesto
la demanda contra su abuela y por qué? Acompañada
por su esposo corrió donde tenían a Ana pero
no le permitieron verla.
Cecilia vivía en un pueblito pequeño con su
compañero Pedro y sus 4 hijos. Si bien no eran pobres
tampoco eran millonarios. Vivían cómodamente
del trabajo del hombre.
Cecilia recordaba con mucha frecuencia a su hija secuestrada
por su propia abuela y un rencor profundo se apoderaba de
ella día a día. Esperaba con ansia el día
que pudiera vengarse de la anciana si es que aún vivía.
Quería encontrar a su hija pero no sabía dónde
buscarla, o ¿cómo era? Pues debía tener
con 18 ó 19 años. ¿A quién se
parecía? ¿A ella o a Diego? Pedro sabía
que ella sufría por su hija perdida y a veces le ayudaba
con sus investigaciones. Iban a la policía y daban
la descripción de la anciana para que la buscaran pero
en todos estos años fue imposible encontrarla. ¿Dónde
se habría metido esta vieja? Se decía Cecilia
siempre. Sus hijos sabían que tenían una hermana
y querían conocerla. Lo que nunca les dijo esta mujer
egoísta es que quería matar a su propia hija
tan pronto como naciera.
Ahora la vida le había dado la oportunidad de buscarla
y vengarse de la abuela, por eso corrió a la policía
contándoles cómo le habían arrancado
a su niña de los brazos. Pero tampoco les dijo que
la iba a matar tan pronto como naciera. Organizó su
equipaje y emprendió camino a la ciudad de Santamaría,
al llegar se instaló en un hotel. Ya sabía que
Luna era su hija y estaba muy orgullosa de ella. Era muy bella,
no solo externamente sino también internamente.
Cuando tocó a las puertas del apartamento, Luna miró
quien era preguntándole que quería, pero ésta
sin atreverse a modular palabra alguna salió corriendo
del lugar.
Todos los días pasaba por allí y se quedaba
largos ratos esperando ver a Luna, pero ésta no salía
cuando estaba allá.
Luna pasaba el día entero tratando de que la dejaran
hablar con su abuela hasta que por fin lo logró. Entonces
la anciana le contó todo a la joven y ésta llorando
de emoción al saber la valentía de la anciana
le prometió sacarla de allí lo más pronto
posible.
Cierto día que Luna salió a trotar con su perro,
ya que su marido estaba en la clínica veterinaria se
encontró con Cecilia y ésta le dijo que le dijera
de una vez por todas que era lo que quería de ella,
entonces invitándola a tomar un café le contó
la historia de su rapto, pero ocultando que quería
matarla, entonces Luna muerta de rabia contra la autora de
sus días por haber encerrado a su abuela, le dijo que
jamás le perdonaría lo que hizo y que su única
mamá era Ana, su querida abuelita y apartándola
de su lado se fue. El perrito que conocía tan bien
a Luna sabia a quien quería y a quien no, y cuando
la joven comenzó a caminar el pequeño se devolvió
y mordió a Cecilia en una pierna. Cuando ésta
le iba a propinar tremendo golpe al perrito, la joven miró
y le detuvo la mano en el aire diciéndole: Usted toca
al animalito y yo la mato y sintiendo gran desprecio por aquella
mujer que decía ser su madre, se alejó sin mirar
atrás.
El tiempo pasada y el juicio contra Ana se acercaba. No obstante
haberse llevado la niña para salvarla de la muerte
en brazos de su propia madre fue condenada a pagar 10 años
de prisión.
La gente se reunía en la sala y gritaban que la soltaran
pues ella lo había hecho por amor. Se hacían
manifestaciones a su favor. Las llamadas al juez eran innumerables.
Una veces pedían la liberación de Ana, otras,
lo insultaban. Tenía que salir en forma que nadie lo
viera porque la gente quería acabar con él.
Luna en cabeza de las manifestaciones dijo a Richard que
era mejor no interviniera en este asunto pues ella quería
resolverlo por su propios medios. Así lo prometió
pero seguía muy de cerca los pasos de la joven. No
quería que nada malo le sucediera.
Cierta noche le dice Richard a Luna que hablara con Cecilia
tal vez pudiera ablandarle el corazón y retirar la
demanda con la anciana. Por más de 10 días la
joven se rehusó a hacerlo. Pero al ver que nada conseguía
con las famosas manifestaciones, ni en los periódicos
ni en la radio, decidió que ya era hora de hablar con
esa señora que decía ser su mamá. Pues
no le agradaba la idea pero la buscó en el pueblo donde
vivía.
Cuando Cecilia supo que Luna la buscaba no lo podía
creer, estaba muy emocionada. La invitó a pasar, le
presentó a Padre y a los 4 jóvenes, diciéndole
que eran sus hermanos. Eran feos, gordos y rechonchos como
su padre. Pero en fin, si esa mujer dice que son mis hermanos
seguramente así será.
Entonces Luna y Cecilia conversaron sobre el pasado y la
joven le pidió que sacara a la abuela de la cárcel,
pues solo de esta forma le perdonaría el querer matarla
cuando nació. Esta verdad sorprendió mucho a
Cecilia pero le dijo que sí, si ella prometía
visitarla de vez en cuando. Luna aceptó y le dio un
abrazo en el cual faltaba calor humano y ambas salieron a
retirar la demanda contra la abuela.
Luna debía pasar la noche en el pueblo, ya que Pedro
no la dejó salir a causa del mal clima, llamó
a Richard quien le recomendó se cuidara y pasó
la noche charlando con su nueva familia.
Luna no vio cuando la abuela fue sacada de la prisión.
Las autoridades llamaron a Richard para que fuera a recogerla.
La anciana invidente no podía llegar sola a la casa.
Cuando salió de allí los aplausos eran grandes.
Las fotos y las entrevistas. Pues Richard y su familia eran
muy famosos.
Ya en el apartamento toda la familia pensaban que ahora sí
iban a ser felices, ya no había más sombras
que enturbiara su dicha. Al día siguiente sería
la cirugía que le devolvería la vista a la anciana
y ya nada más les faltaba para seguir sus vidas adelante.
El padre de Luna después de huir con Catalina no pensó
en las consecuencias que sus actos traerían para su
familia. A Diego no le importó el dolor que sentiría
su madre y su esposa. No tenía la menor idea de que
sería padre, si lo hubiera sabido jamás se hubiera
alejado con aquella mala mujer que lo engañaba con
el primero que fuera. A los pocos meses se alejó de
ella y trató de recuperar su vida, pero era demasiado
tarde. Lo único que pudo lograr fue su antiguo empleo.
Se sentía muy solo. Creía que el hijo que esperaba
Cecilia era de Pedro no de él. Se sentía frustrado,
qué rápido se había consolado con su
partida y la huida de su madre con la hija de Cecilia llegó
hasta él. Entonces supo que esa niña era hija
suya, porque de la contrario su mamá no se la hubiera
llevado. Ni siquiera intentó buscarlas y decepcionado
de la vida entró a un monasterio haciéndose
monje. Vivía feliz en su vida sencilla. Pero al ver
las fotos de ellas en los periódicos preguntó
a sus superiores si las podía ver para aclarar su pasado
y vivir más en paz con Dios. Concedido el permiso llegó
hasta Luna y cuando le contó su historia ella no lo
podía creer. Pidió perdón a su mamá,
a Cecilia y a Luna y éstas al saber la vida de recogimiento
le perdonaron y él feliz volvió a su monasterio
donde prestaba un gran servicio a los pobres de la región.
De vez en cuando visitaba a su mamá y a su hija y éstas
le daban grandes donaciones para repartir entre los más
desprotegidos de la región.
Natalia y Esteban se habían hecho grandes amigos.
Richard se hizo cargo del joven pagándole los estudios
y todos los días se les veía juntos. Natalia
tenía 18 y él 14. Eran como dos hermanos y vivían
felices en su nueva vida en la ciudad. Fueron muchos años
de sufrimiento y era justo que les tocara disfrutar de la
paz tan maravillosa que tenían.
Luna estaba embarazada. Richard y ella eran felices esperando
su bebé. En la casa todos la mimaban. Su abuela con
sus ojos sanos. Natalia estudiando y olvidando su vida pasada.
Martha los atendía muy bien. Pero como ya eran una
familia numerosa decidieron dejar el apartamento e irse a
vivir a la casa campestre en donde también fueron tan
felices. El tiempo pasaba rápidamente y el nacimiento
de su hijo se acercaba. Luna ya tenía el nombre para
su bebé. Si era niña la llamaría Ana
María en honor a su abuela y si era hombrecito lo llamaría
JESÚS en agradecimiento a Dios Nuestro Señor
por haberlos liberado de tantos peligros y darles la felicidad
que ahora tenían.
Cecilia los visitaba de vez en cuando. Luna y la abuela le
habían perdonado y ella era feliz los fines de semana
que llegaba con su esposo y su numerosa familia.
Una hermosa mañana de primavera Luna fue conducida
a la clínica donde horas más tarde nacieron
Jesús y Ana María llenando de felicidad, no
sólo a sus padres sino también a toda su familia.
Pero había alguien que no estaba muy contento con
la llegada de los mellizos. Nadie le hacía caso, no
jugaban con él, ya no le daban esas comidas tan deliciosas,
sentía que estorbaba en todas partes y el perrito poco
a poco se fue poniendo triste y huraño no salía
de su rincón predilecto. Pero a los pocos días
Richard sabía de los celos de Anochecer y empezaron
otra vez a mimarlo y a permitirle ver a los niños para
que se acostumbrara a ellos y entonces el perrito volvió
a ser el animal jovial y alegre de siempre.
Cuando los mellizos cumplieron un año ya caminaban
y corrían detrás de Anochecer que feliz los
perseguía quitándoles los juguetes, mientras
su familia reía feliz por tanta paz, amor y bondad
como la que Dios les había regalado en sus vidas.
N.
del A.: novela inspirada por Dios Nuestro Señor.
Libro original de: Luz Elena Eusse López
Medellín, Colombia, 21 de mayo del 2.004
Registrada el día 6 de abril del 2.005, según
libro 10, tomo 127, partida 474.
|