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Luz Elena Eusse López



Capítulo V

 

Cuando Richard y su amiguito se internaron de nuevo en la montaña, iban a paso lento, no sabían que camino tomar.

Cuando llegó la noche decidieron pasarla allí. Tal vez bajo las estrellas Dios le iluminase el camino a tomar. Estaba muy desubicado y no tenía un plan concreto para comenzar su búsqueda. Decidió dejar su mente en blanco en espera de alguna respuesta. Estaba adormecido cuando llegó a su mente la figura de Lucía. ¿Por qué esta mujer le había hecho tanto mal? Qué vida tan triste la que había dado a su hija. Estaba dispuesto a borrar el pasado dándole mucho amor a Natalia. Ella y Luna se harían buenas amigas, eran casi de la misma edad. Ambas habían sufrido bastante y se comprenderían.

Con estos pensamientos recordó que su hija no tenía documentos de ninguna clase, ni siquiera una partida de bautismo donde estuviera registrada y sin ella ¿cómo sacarle su cédula de ciudadanía? Tal vez en la cabaña donde pasara su vida habría algo que la identificara como hija suya. No le cabía la menor duda de que lo era. Pero los asuntos legales exigían documentos. Decidió que al siguiente día encaminaría sus pasos a dicho lugar y se durmió tranquilo sintiendo el calor de Anochecer que le lamía el rostro como diciéndole que allí estaba la solución de todos sus problemas.

Al siguiente día después de comer algunos de los enlatados que llevaban se dirigieron a la cabaña. Anochecer iba feliz. Pero ¿por qué? Él acostumbrado al perrito no entendía y una fuerte corazonada lo invadía y sentía mucha ansiedad por llegar rápidamente.

Afortunadamente la cabaña no estaba lejos; tal vez a unas 4 ó 5 horas de allí. Ya conocía mejor el terreno y no se perderían. Además, cuando encontraba un camino que se partía en dos miraba al perrito y éste agarrándolo por el pantalón lo llevaba por uno de los dos. Richard se dejaba conducir por el animalito, el cual tenía su olfato mucho más desarrollo ahora que antes, por las aventuras vividas hasta el momento.

Cuando divisó la cabaña apresuró sus pasos pues quería inspeccionarla rápidamente y continuar la marcha. Anochecer corrió como loco hacia el sitio y daba brincos de felicidad, pero como buen compañero de Luna, enseñado a callar cuando debía hacerlo, se quedó quieto y tranquilo, ya había visto a Luna y ella a él y con sus miradas se dijeron que debían esperar el momento propicio para acabar con Alfonso que sumido en las tinieblas del licor ya planeaba llevarse a Luna con él para el cuarto.

Unos pasos antes de llegar a la cabaña el perrito lo agarró del pantalón impidiéndole la marcha y Richard pensaba que algo sucedía adentro para que Anochecer le impidiera el paso. Tomándolo en sus brazos y desde el piso se arrodilló para mirar por la ventana y cuando vio a Luna palideció y casi grita por la emoción pero al posar sus ojos en los dos acompañantes calló y observaba todo.

¿Cómo rescatar a la joven de ese hombre? No lo sabía. Por ayuda no podría ir. A lo mejor cuando regresara ellos no estarían y ya llevaba demasiado tiempo buscándola. No. No la dejaría en manos de ese sujeto.

Se escondió a pocos pasos de allí. No sabía qué hacer ni cómo entrar. Estaba demasiado preocupado como para recordar que su fiel amiguito necesitaba comer. ¿Dónde estaría? Seguramente calmando su hambre con las hierbas que encontraba a su paso, después vomitaría. Pero, en fin, se decía Richard, es mi único compañero y lo cuidaré cuando regrese.

Mientras esto pensaba su amo, Anochecer entendía las señas que le hacía Luna diciéndole que Alfonso era malo y le quería hacer daño. Ese era el enemigo y debían vencerlo. Pero, ¿cómo?

Alfonso se sentía muy valiente. Todo el vino ingerido y su rifle lo hacían sentir poderoso. Se durmió donde se hallaba sentado y roncando fuertemente no se daba cuenta de nada, pero antes de hacerlo ató a Luna y la colocó junto a Esteban así podría vigilarlos más fácil y colocando su arma en el piso al lado de él se durmió tranquilamente sabiendo que era el dueño de la situación.

Cuando vio que el hombre roncaba, Anochecer, siendo un perro pequeño fácilmente podría meterse a la cabaña por entre los barrotes de la venta y así lo hizo. Cuando llegó al piso corrió hacia Luna lamiendo su cara, y besándola en señal de felicidad.

Luna le mostró al hombre dormido y el pequeño aparato que estaba junto él. Le dijo que buscara a Richard, pues si él estaba allí, seguramente su amo también. El perrito salió por la ventana volviendo junto a su amo quien lo regañaba por escaparse pero éste lo tiraba de la camisa para que se parara y lo siguiera, lo cual hizo Richard, pues sabía de las grandes capacidades del animalito.

Cuando Richard vio por la ventana que Alfonso dormía quiso entrar a la fuerza, pero Luna le hacía señas con la cabeza que no lo hiciera y le mostraba el arma al lado del hombre y éste así lo comprendió. Mientras ellos se hacían señas, Anochecer estaba junto al hombre malvado y poco a poco con su pequeña boca corría el arma sin hacer el menor ruido hasta que quedó fuera del alcance del hombre, entonces Richard aprovechó y de un golpe abrió la puerta disparándole a Alfonso en una pierna con su revólver, pero éste hombre enseñado a la violencia sacó una pequeña pistola que tenía en la cintura y a su vez disparó contra Richard en un muslo. Entonces éste, a pesar del dolor que sentía se lió a golpes con el hombre malvado hasta que lo dejó en el suelo sin sentido.

Desató a los jóvenes, sin preguntar quien era Esteban ya tendrían tiempo para ello. Anochecer estaba feliz al verlos juntos y fundidos en un apasionado abrazo y se metía entre las piernas de Richard diciéndole que él estaba allí, entonces lo cargó y los tres se miraban con amor hasta que Richard les dijo que debían irse de allí ya que el malvado no tardaría en recobrar el conocimiento.

Cojeando fuertemente y a punto de desmayarse iban hacia la salida cuando fueron encañonados por más de 10 hombres que buscaban a su jefe y nuevamente regresaron a la cabaña. Esta vez, estaban seguros de que morirían, pero al menos lo harían juntos. Tardó mucho tiempo en encontrar a su esposa y permanecería con ella hasta el final. Nuevamente los ataron mientras Alfonso se recuperaba del golpe. Cuando despertó golpeó fuertemente a Richard en el rostro hasta hacerlo sangrar no obstante los gritos de Luna para que lo dejaran en paz pero éstos sin hacerle caso, de un golpe en el rostro la dejaron sin sentido.

Cuando Richard y Luna recuperaron el conocimiento, con la mirada buscaban al perrito pero de éste no había rastros. Como siempre había desaparecido cuando las situaciones peligrosas se presentaban. Qué cobarde pensaba Luna, que no sabía todas las aventuras vividas por el perrito ayudándole a su amo para encontrarla. Pero Richard pensaba: Confío plenamente en Anochecer, ya hará algo para ayudarnos, y sonrisa maliciosa llegaba a sus hermosos y seductores labios.

Anochecer escondido debajo de la cama miraba a los hombres que golpeaban a sus amos, no quería salir, pues los hombres malos le causaban terror. Además, si salía ¿quién los defendería? Debía guardar sus fuerzas para ayudarles.

Alfonso, sin compasión alguna, de un disparo hirió a Esteban en el estómago y dándolo por muerto salió de allí.

Luna y Richard atados como estaban fueron montados en caballos los cuales eran guiados por los hombres malos, sin imaginar siquiera que un pequeño y diminuto perrito los seguía de lejos. Cuando llegaron a la finca donde la joven estuvo prisionera fueron encerrados en habitaciones separadas lo cual desesperó a Richard. Si al menos los hubieran encerrados juntos él estaría tranquilo sabiendo que la joven estaba bien, pero así ¿cómo iba a hacer? Bueno, el perrito aparecería estaba seguro de ello. Por los barrotes de la ventana de la habitación donde lo tenían podía mirar los corredores de aquella casa.

Tenía hambre pero nadie le llevaba comida ni le daban ninguna información de lo que harían con él y su esposa.

Cuando llegó la noche, esperó pacientemente parado junto a la ventana, sabía que el perro tarde o temprano aparecería y quería ayudarle para que lo encontrara rápido.

Luna, acostada en el camastro de su maloliente habitación lloraba sin consuelo, pensaba que Richard había muerto. Ya no le importaba lo que hicieran con ella. Si al menos ese cobarde que tenía por compañerito desde hace tantos años no hubiera desaparecido cuando olió el peligro, alguna cosa hubieran hecho, pero ella sola ya no quería luchar. Esperaría lo que fuera.

Cuando sus amos fueron montados en los caballos y conducidos por tantos hombres, Anochecer que era un perrito despierto y enseñado a tantas aventuras los seguía de lejos, sin hacer bulla, no se dejaba ver, iba entre la hierba, o los árboles, pero no iba a dejar a sus amos solos. Si lo hacía ¿quién lo iba a mimar? Nadie. Se moriría si no los volvía a ver.

Cuando estaban próximos a la finca, Anochecer se les adelantó y a la entrada de aquella casa, se acostó como si estuviera enfermo y ladraba dulcemente a aquellos hombres sin corazón como pidiéndoles ayuda. Entonces Alfonso, cuyo único sentimiento noble era por los animales lo recogió mientras decía a sus hombres: Este perrito tan pequeñito debe estar perdido, entrénlo, denle comida y que camine por todos los lados hasta que se aburra o decida quedarse con nosotros para siempre.

Anochecer que vio cómo Alfonso le pegaba a los enamorados mostraba sus dientes a Alfonso, pero éste sin pensar en el odio que el perrito le tenía, creía que el animalito agradecido por haberlo recogido le sonreía.

Anochecer sentía inmensas ganas de morder a ese hombre malo, pero cuando estaba a punto de hacerlo pensaba en sus amos y se detenía.

En la casa nadie se preocupaba por él por lo tanto, corría libremente por todas partes. Cuando llegó la noche y todo estaba en silencio y los hombres dormidos, Anochecer comenzó a entrar en las habitaciones que estaban abiertas, sin encontrar a sus amos.

Cuando caminaba por el corredor, junto a las habitaciones cerradas, sintió gran alegría porque olfateó a Richard, quien silbándole muy suavemente le dijo donde estaba, entonces por entre los barrotes estiró sus brazos entrando al perrito y le dijo como si éste fuera una persona:

-Vas a correr fuertemente hasta el primer pueblo que veas y entregas esta noche a las personas que encuentres allí, pero primero deberás pasar por la cabaña donde estábamos y mirar si Esteban está muerto.

El perrito ladró lamiéndole la cara en señal de que había entendido y una vez que Richard le amarró la nota al cuello con el collar sacó al animalito de la habitación éste emprendió camino hacia su destino.

Lo que no sabía Richard es que cuando salió de la ciudad, muy de cerca lo seguían agentes especiales del gobierno para protegerle la vida en caso de necesidad, además si encontraba a su esposa necesitaría mucha ayuda. Pero también tenían la confesión de Lucía y Rebeca y sabían que siguiéndolo darían con el paradero de las cabecillas de tan temible grupo de hombres rebeldes, malvados y sin corazón.

En la cabaña no le podían ayudar, pues no querían matar a diez hombres, querían atraparlos a todos y escondidos observaban lo que sucedía. Eso sí, estaban atentos por si intentaban asesinarlos, entonces dispararían contra todos ellos.

Cuando Alfonso y sus hombres dejaron la cabaña entraron y ayudaron a Esteban, sacándole la bala y curándole la alta fiebre que tenía. Con cuidado y reposo el joven se pondría bien. Unos de los agentes quedó con el herido, mientras los otros seguían a los bandidos desde lejos para saber dónde tenían su guarida. Era la única forma de acabar con todos.

La única forma de conocer bien los manejos de estos hombres era haciéndose pasar por campesinos en busca de trabajo y arriesgándolo todo entraron y preguntaron por el dueño de la casa. Cuando salió Alfonso éstos le dijeron que buscaban trabajo y el pandillero que estaba bastante drogado llamó a su gente y le dijo que pusieran esos hombres a su servicio y les dieran tareas menores mientras los conocían bien. No quería gente desconocida porque si le fallaban tendría que matarlos.

Los agentes fueron revisados pero al no encontrarles nada peligroso para ellos, como armas, etc. los dejaron forman parte de ellos y de esta forma se podían mover libremente por la casa investigándolo todo. Tenían ocultos pequeños micrófonos, de esta forma conseguirían más rápido las pruebas para apresar a los pandilleros. Ya encontrarían la forma de utilizar el teléfono para pedir ayuda. No les sería difícil puesto que estos hombres bebían y se drogaban a cada rato.

Cuando Anochecer salió de la finca, corría con gran agilidad entre el campo. El río no fue problema para él, por naturaleza era un buen nadador, lo cruzó y continuó su carrera hasta llegar a la cabaña entró por la ventana y vio a Esteban y al otro hombre, éste lo iba a coger pero el animalito lo mordió. Anochecer se decía que era un extraño, ¿por qué iba a dejarse tocar? No lo permitiría.

Con sus patitas delanteras tocó Esteban y al ver que éste abría los ojos iba a correr de nuevo hacia la salida para continuar con su tarea, pero el desconocido lo cogió a la fuerza y acariciándolo le decía que no sintiera miedo que no le haría daño, mientras le hablaba le quitaba la nota escrita por Richard y cuando terminó le dijo al perrito que debía quedarse allí porque irían a acabar con los malvados que tenían a sus amos.

El agente especial del gobierno llamó a sus jefes pidiendo la ayuda necesaria para acabar con la banda, pues gracias al valiente perrito de Luna, ese animalito que salía en las propagandas de la televisión ya tenían ubicada su guarida. Mientras llegaban los refuerzos, Ernesto, el militar, le dio gran comilona a Anochecer, era la única forma de ganarse su confianza.

Seis horas más tarde llegó todo un ejército y después de preparar la ofensiva emprendieron camino a la guarida de Alfonso, siendo guiados por Anochecer, pues sabían de las hazañas de este animalito y su dueño. Esteban fue llevado a la ciudad para ser conducido al hospital.

Cuando llegaron a la finca sitiaron los alrededores y esperaban la señal para entrar en acción sin poner en peligro la vida de los jóvenes esposos. Cada vez que un pandillero salía lo apresaban en silencio para que los demás no se dieran cuenta.

Anochecer se paseaba por la casa tranquilamente y nadie se fijaba en él, un animal tan pequeño y feo quién iba a preocuparse. El perrito llegó hasta la habitación de Richard que, nuevamente lo tomó en sus brazos entrándolo y al ver que no tenía la nota lo besaba con el amor que le tenía, pues sabía que había cumplido con su misión.

De pronto empezaron a sonar disparos y disparos que Richard no entendía. ¿Qué estaba sucediendo? ¿Dónde estaba su amada Luna? ¿Que le habrían hecho? Y empezó a rezarle a Dios para que le cuidara a su joven esposa. Cuando recordó que Anochecer estaba en la habitación lo buscaba por todas partes pero el cobarde éste como siempre que oía disparos estaba escondido debajo de la cama, temblando de miedo.

Se decía Richard que antes de llegar a la vida de Luna, al perrito tuvo que sucederle algo donde había disparos porque les tenía miedo. Sacándolo de allí lo abrazaba fuertemente para protegerlo y darle tranquilidad.

Por más de una hora escucharon los disparos desde la habitación donde estaban encerrados. Nada podía hacer Richard, no tenia forma de salir. Lo único que le quedaba por hacer era rogarle a Dios que protegiera a su amada. De pronto, la puerta se abre de un golpe y los soldados lo sacaron de allí y entre todos comenzaron a buscar a Luna con desespero y después de casi destruir aquella casa la encontraron encerrada en un pequeño sótano donde Alfonso la había llevado cuando comenzaron los disparos.

Ya fuera de peligro, al ver que habían terminado con toda la banda, porque había más de 40 hombres muertos, Richard y Luna se besaron con gran pasión sin importarles que los presentes los observaran. Anochecer en la mitad de los dos también quería saludar a su dueña y ésta al sentir al animalito lo cargó y continuó besando a su esposo. Los enamorados se alegraron muchísimo sabiendo que Esteban ya estaba fuera de peligro.

En todo el país al conocerse la noticia del rescate de Luna hubo gran alboroto y todos estaban pendientes de la televisión quien prometió pasar toda la noticia, desde que los enamorados y su perrito llegaran a la ciudad.

Una avioneta privada el ejército fue la encargada de llevar a la pareja a la ciudad de Santa María. Se montaron en ella llevando consigo a su fiel perrito y partieron rumbo a la felicidad buscada por tanto tiempo.

Cuando la avioneta estaba a punto de llegar a su destino, el piloto les dijo que iban a caer, pues el aparato no tenía suficiente combustible, estaban cruzando una montaña y no tendrían salvación. Rápidamente el piloto les pasó los paracaídas, Richard le dijo a Luna cómo lo manejaba y sin darle tiempo a decir palabra alguna la lanzó al vacío gritándole que la amaba. Luego se lo colocó al perrito y de una vez lo envió listo para que el paracaídas se abriera y prontamente se colocó el de él y se lanzó, seguido del piloto.

Richard los veía descender y sentía gran tranquilidad al ver como sus dos amores, su esposa y su perrito descendían sin contratiempo alguno. Luna estaba asustadísima, miraba hacia abajo y se mareaba.

El que descendía feliz era el perrito. ¡Estaba volando! No lo podía creer. Ay todo se veía tan pequeñito desde arriba. ¿Qué estaría pasando? ¿Por qué su ama iba tan lejos de él? Quería volar pero con ella. Era delicioso sentir la brisa tan fresca y helada que penetraba en su pequeño cuerpecito. Este nuevo amo si lo había hecho correr demasiado y ahora lo ponía a volar. Se equivocó. Su amo lo creía un pájaro. Eso era. Si antes cuando él era un perrito le decían Anochecer, entonces ¿cómo le iban a decir ahora que era un ave? Ay pero que pronto estaba llegando al suelo. Levantaría el vuelo de nuevo, pero que su ama lo llevara abrazado. Tendría que morderle una pierna para que le hiciera caso, tal como lo hacia antes. Cuando llegó al piso, se sintió prisionero en el paracaídas, no era capaz de salir de él, entonces Luna que hacía rato había llegado le ayudó y este aún asustado le lamía la cara en señal de agradecimiento.
Cuando Richard llegó junto a ellos nuevamente se abrazaron y esperaron que el piloto bajara. No conocían esa montaña y no sabían cómo salir de ella.

Cuando en la ciudad se supo el accidente nadie lo podría creer. Había llanto en los ojos del país entero. Nadie quería perderse la noticia, pues tenían la esperanza de que los jóvenes y el perrito estuvieran bien. Afortunadamente el radio teléfono del piloto no sufrió daño alguno y fueron rescatados rápidamente.

Al llegar al aeropuerto y apenas empezaron a descender del avión, la multitud los aplaudía como a verdaderos héroes. Tuvo que intervenir la autoridad para que les abrieran paso. Anochecer abrazado a su ama hacía mala cara a quien se le arrimaba, pues no estaba dispuesto a permitir que los separaran de nuevo y cuando alguien estiraba la mano para saludarlos él refunfuñada para que no lo hiciera.

Por las fotos que tomaban los periodistas el perrito no se molestaba pues ya estaba acostumbrado a ello cuando filmaba los comerciales para televisión.

Después de dar una rueda de prensa en donde contaron toda su odisea recalcando que de no ser por el perrito ellos jamás habrían salido de tremenda aventura, entonces se escuchaban los aplausos emocionados de los periodistas que deseaban cargar al animalito en señal de agradecimiento, pero éste no se soltaba de Luna.

Luego se dirigieron al apartamento donde la abuela, Martha y Natalia los esperaban con ansias. Luna y su abuela se abrazaban llorando porque pensaban que nunca más se volverían a encontrar. Cuando la joven esposa supo que Natalia era la hija de Richard y que parecía como su hermana, le dijo que en ella encontraría todo el apoyo necesario para olvidar una vida llena de torturas.

En la alegría de la llegada de sus patrones Martha olvidó cerrar la nevera, y mientras todos se fundían en abrazos y besos Anochecer ya se estaba comiendo tremendo trozo de torta la cual sacó de la nevera y la arrastraba con su pequeño ocico, llevándose consigo las otras comidas que había allí listas para servir a sus patrones.

Pero cuando Martha lo vio, ni se enojó, lo cargó y abrazándolo lo llenaba de besos, y sin pensar en el daño que hacía al perrito con tanta comida, le dio un trozo de carne bastante grande, 4 salchichas, pan y un recipiente lleno de leche y él pequeño héroe se sentía feliz comiéndose todo esto pues en el campo solo comía hierba. ¿Sería que su amo ya no lo amaba? ¿Por qué solo le daba esa comida? Por eso quería tanto a su ama y a la vieja gorda que tanta comida y tan deliciosa le daba a cada momento. Ya no sentía ganas de morderle las piernas. Agradecido se subió a sus piernas y comenzó a besarla. Martha sabiendo lo que el animalito había hecho se dejaba besar con verdadera emoción.

Al día siguiente muy temprano, Richard, Luna y Anochecer salieron en las horas de la madrugada y trotando llegaron hasta la orilla del mar donde la joven y su perrito se vieron por vez primera. Nadaron por largo rato, jugaron con el perrito, pero sobre todo se basaban con loca pasión, se demostraron su amor. A ratos Anochecer se metía entre los dos y ellos reían felices y agradecidos con el animalito.



 

 



  Obras de este autor

Buenos días Anochecer

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· Capítulo III
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Loshuertos Caldentey, Luis

 

 

 


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