| Capítulo I
Richard era un hombre de mundo, culto, educado, adinerado,
un gran veterinario y trabajaba en aquella ciudad costeña
donde el ganado abundaba, ésta era próspera
y rica, no sólo por su ganadería sino también
por el turismo porque sus hermosas costas atraían en
los períodos de vacaciones a muchísimas personas.
Richard, hombre cuarentón, delgado y atlético,
medía como 1,75 metros, de ojos chicos y azules, su
boca pequeña dejaba ver sus dientes perfectos en su
sonrisa seductora y atractiva, siempre con su paso firme,
conquistaba a todas las mujeres que conocía, ya que,
sin ser hermoso, era un hombre muy seductor.
Cuando Richard llegó a la ciudad costeña de
Santa María, compró un elegante y amplio apartamento
e instalándose en él comenzó a trabajar
de inmediato en la clínica veterinaria que llevaba
su nombre: “Clínica Veterinaria Richard”.
Por las noches se encontraba con los amigos a compartir ratos
agradables.
Cierto día llegó llorando a su consultorio
una joven como de 17 años, de tez morena, cuerpo escultural,
ojos muy verdes y grandes, con su cabello negro cayéndole
en la espalda, se veía muy hermosa no obstante su vestido
roto, sus pies descalzos porque su abuelita Ana no tenía
con que comprarle otros. Vivía en la casita más
pobre de la ciudad, situada cerca a la orilla del amplio mar.
Esta muchacha se ganó el amor de aquellas gentes que
a diario le llevaban comida para ella y su abuelita y dijo
al médico veterinario entre gemidos: - “Doctor
cure a mi perrito, es mi único compañero, no
tengo con que pagarle pero trabajaré para usted gratis”.
El hombre muy impresionado la miraba de arriba abajo analizando
cada parte de su hermoso cuerpo y un poco risueño viendo
tanta congoja en su tierno rostro le dijo: -Veamos qué
tiene el perrito. Pero ella no lo soltaba y lo apretaba con
más fuerza como si se lo fuesen a quitar de un momento
a otro. Entonces Richard le manifestó: - Cómo
quieres que cure a tu perrito si tú no me lo entregas
y ella muy seria le manifestó: - No sé que tiene.
Estábamos corriendo por la playa y de pronto se desmayó.
Me dijeron que usted lo curaba. Hágalo pronto porque
Anochecer es mi único amigo.
El médico apretó los labios para no soltar
la risa que le produjo el nombre del animal y fingiendo una
seriedad que no sentía le dijo: - ¿Por qué
se llama así? A lo cual responde Luna, mientras el
veterinario revisaba al perrito que tenía tremenda
picadura de medusa y lo curaba prestándole gran atención
a ella: - Una noche como siempre estaba corriendo por la playa
y jugando con las olas del mar, cuando vi un bulto negro y
me asomé para ver qué era y vi al pequeño
allí tiritando por el frío de la inmensa noche,
entonces lo recogí y me lo llevé a casa dándole
comida y agua y el perrito agradecido se quedó conmigo
y a partir de ese momento me sigue a todas partes y desde
hace 7 años vive conmigo.
-Por eso se llama Anochecer. Lo encontré en medio
de la negra noche cuando muere la luz y sólo se ven
las sombras. Desde que él está conmigo, cada
día a la madrugada, siento que mi alma ya no está
llena de soledad y nos sentamos juntos en la playa y vemos
cómo llega el hermoso amanecer. Observamos cómo
poco a poco la noche se va y llega el alba dando paso a paso
a los rayos de sol, entonces la playa se calienta y juntos
nadamos por largo rato, después nos vamos a caminar
buscando la comida del día que los vecinos tan gentilmente
nos dan, porque mi abuela es ciega, no puede trabajar y solo
comemos lo que yo consigo.
Richard sumamente impresionado le dijo: - Muchacha tu perrito
está curado tenía la picadura de una medusa.
Puedes seguir corriendo por la playa. Vete hermosa Luna no
me debes nada.
Pero ella insistía en pagar su deuda trabajando para
él, entonces Richard le dijo: - ¿Qué
sabes hacer? Y ella respondió: - Nada. - Pero puedo
ir por toda la ciudad donde me conocen y traerle todos los
perritos para que usted los sane.
El hombre bastante conmovido por esta hermosa huérfana
de padres desconocidos ya que desde su nacimiento vivía
con esa anciana que decía ser su abuela y ésta
guardaba silencio absoluto sobre el origen de Luna.
Llegó a esa ciudad con la niña hacía
17 años y trabajaba lavando ropas y planchándolas
para ganar el sustento diario hasta que sus ojos cansados
por el paso de los años le negaron la luz del día,
por eso al despertar, cómo no sabía qué
hora era siempre que Luna le decía buenos días
abuela, ella le decía: - Buenos días anochecer
porque para mí siguen las tinieblas, no solo en mis
ojos, sino también en mi alma, pero tu, mi pequeña,
llegaste a mi vida como una estrella y la iluminas con tu
risa y alegría. Vete a jugar y cuando regreses tomarás
un cafecito que tenemos de ayer. Luna corría mientras
pensaba: Mi abuela está loca ¿quién va
a tener tinieblas en el alma? Compró la casita que
habitaban y nadie en Santa María le hizo pregunta alguna
ya que la niña tenía su parecido con la anciana.
El hombre bastante conmovido por Luna le dijo: - Hagamos
lo siguiente: Preséntate mañana en mi casa y
allí hablamos. Cuando la joven salió del consultorio
Richard quedó muy triste pensando en la miseria que
rodeaba a esta hermosa niña.
Ese día fue directamente a su casa y dijo a Martha,
su ama de llaves, lo sucedido y cómo al siguiente día
llegaría Luna para que la empleara en lo que fuese.
Él quería ayudarla y le pagaría un salario
diario para que no tuviese que seguir pidiendo limosna y comida
entre los vecinos.
Cuando Martha, la empleada, salió de su habitación,
Richard lloró una vez más. Estaba solo en el
mundo. Hacía demasiados años que sus padres
habían muerto. No tenía hermanos, hermanas,
primos o primas. Solo en el mundo. Trabajó desde muy
joven para pagarse sus estudios. Vivió en una pieza
alquilada por muchísimos años y como era tan
juicioso, durante todo el tiempo de estudios jamás
tomó alcohol y ahorraba casi todo el dinero que ganaba.
No tenía amigos ni vida social en la universidad. Trabajaba
y estudiaba. Así vivió por más de 10
años ya que sus padres murieron en aquel accidente
cuando él tenía 9 años y lo dejaron solo
y sin dinero. Él tenía grandes deseos de superación
y consiguió trabajo repartiendo periódicos,
también lustraba zapatos, otras veces trabajaba como
dependiente en almacenes.
Como era buen estudiante consiguió becas para poder
ingresar a la universidad. Cuando terminó su carrera
de médico veterinario a sus 22 años se empleó
en una clínica donde le pagaban muy bien debido a su
inteligencia y gran capacidad para atraer clientes porque
desde que comenzó a laborar allí los ingresos
habían mejorado notablemente; pero siguió viviendo
en la pieza para ahorrar dinero y fue así como poco
a poco con todo el trabajo que hacía, ahora a sus 40
años tenía una gran suma de dinero que le permitía
vivir como quería. Pero se preguntaba: ¿Para
qué seguía haciendo dinero si ellas ya no estaban?
Al ver a Luna pensó que era su niña. ¿Dónde
estaría su hijita? ¿Por qué Lucía,
su esposa lo abandonó dejándole esta nota tan
cruel? Richard a sus 23 años se casó con ella
y le compró una linda casita llena de flores y jardines
rodeándola de todas las comodidades que como gente
de clase social media podían tener. Nada les faltaba.
Él vivía feliz amándola y ella: ¿Lo
amaba? Nunca lo quiso. Pero ¿por qué no se dio
cuenta que los besos de Lucía eran fingidos?
¿Por qué nunca se tomó la molestia de
averiguar qué hacia su esposa mientras él trabajaba
día y noche para mejorar la condición económica
de la mujer que amaba?
Sólo el día que nació su hijita comprendió
Richard la clase de mujer que tenía por esposa. ¡Qué
felicidad sintió cuando supo que sería padre!
Ya no estaría tan solo en el mundo. Tenía a
Lucía y pronto tendrían con ellos el producto
de aquel inmenso amor. Pensaba él. Cuando terminaba
su trabajo corría a casa para hacerle compañía
a su esposa quien pasaba los días echada en una cama
viendo la televisión o escuchando música ya
que jamás hacía nada y era Richard quien al
llegar al hogar, olvidaba su cansancio y con gran amor le
hacía todos los oficios domésticos. Jamás
mostró cansancio y su rostro se veía radiante
atendiendo a su mujer. Ella cada día le exigía
más y más dinero con la disculpa de comprar
el ajuar del bebé y él se lo entregaba con mucha
alegría.
Otros días Lucía desaparecía de la casa
sin regresar hasta altas horas de la noche y siempre decía
que estaba donde su amiga Rebeca.
Richard pensaba que Rebeca era una gran compañía
para su esposa, porque cuando Lucía regresaba a su
casa se sentía más contenta, animada, lo trataba
mejor y hasta le hacía la comida.
Richard recordaba el día que conoció a Lucía.
Con tanto trabajo salía muy tarde de la clínica
y caminaba hasta su cuarto; le encantaba recibir la suave
brisa en su rostro refrescándole del duro trabajo con
los animalitos. Cuando cruzaba una esquina vio una mujer de
rostro demacrado, bastante somnolienta, a punto de desmayarse
y le dijo: -Señor por favor ayúdeme y perdió
el conocimiento.
Richard hombre de corazón humanitario la llevó
a un hospital y pasó toda la noche allí pendiente
de la mujer hasta que horas mas tarde el médico le
dijo que debía quedarse interna pues estaba totalmente
agotada, además la inanición que tenía
no le permitía pararse por la debilidad que sentía.
En dos días recuperaría las fuerzas y podría
salir de allí. Richard le dijo al médico que
él se haría cargo de los gastos y se fue para
su casa.
Al día siguiente después del trabajo Richard
fue al hospital a visitarla. La mujer era muy baja, de cabello
corto, morena, como de 30 años, su rostro pálido
y sus manos enflaquecidas, además su cuerpo cadavérico
no le ayudaban en nada para ser una mujer atractiva. Con su
ronca voz Lucía agradeció al joven lo que había
hecho por ella, y con sumo descaro le dijo que le diese un
poco de dinero, pues no tenía donde ir puesto que su
único familiar era su madre alcohólica y no
sabía dónde estaba desde hacía varias
noches, por eso salía todas las noches en su busca.
El joven Richard, a sus 23 años era inocente y puro.
Jamás había conocido lo que era el amor de una
mujer. Entonces en su corazón sencillo brilló
una luz de esperanza para cambiarle la vida a Lucía
y decidió llevársela con él.
Al principio, después de su recuperación Lucía
cambió algo su aspecto físico. Su cuerpo ya
no era cadavérico y parecía un poco atractiva
a los ojos del joven para quien la poca belleza de ella no
le importaba. Al fin tenía compañía y
no estaba solo en el mundo. Ella lo atendía, hacía
los oficios domésticos y la casa brillaba por el orden
cuando él llegaba. Charlaba mucho, le contaba tremendas
historias sobre su vida; de lo mucho que sufría con
su madre alcohólica y su padre quien las abandonó
por otra mujer cuando ella era una niña, entonces él
se enternecía con estos cuentos y al mes le propuso
matrimonio para que uniesen sus soledades.
Decidió Richard en honor a su esposa comprar una casita,
que aunque pequeña tuviese mucho jardín, que
fuera hermosa, acogedora y tuviese todas las comodidades donde
ellos fuesen felices con los hijos que seguramente tendrían.
Fue así como el joven compró su casa cerca
de la clínica donde prestaba sus servicios para que
ella pudiese buscarlo en ocasiones urgentes. La casa era pequeña
con 4 habitaciones. La alcoba principal, la sala de televisión,
el salón de música y una alcoba de reserva para
cuando tuvieran su primer hijo. La cocina era pequeña
pero muy acogedora. La sala comedor era amplia y cómoda,
así mismo tenía dos inmensos patios llenos de
jardines y un balcón donde se sentaban por las noches
a observar la gente que pasaba por aquella calle que sin ser
elegante, sus casas eran bonitas, bien pintadas y se observaba
muchísima limpieza. En su minúscula cocina Lucía
hacía las comidas llena de rabia. Claro que muy pocas
veces cocinaba. Del dinero que le daba Richard compraba los
alimentos y decía que ella los había preparado
y el joven esposo agradecido la llenaba de besos mientras
ella, sin que la viera, hacía una mueca de fastidio
por las caricias recibidas.
Tres meses después del matrimonio, Lucía quedó
embarazada volviéndose caprichosa, desagradable, perezosa
y discutía por todo. El joven pensaba que era por su
estado y la complacía en todo y con amor le hacía
todos los oficios cuando regresaba de la clínica. La
cuidaba con gran esmero para que su hijo naciera en un ambiente
amable.
Él era feliz porque ya no estaba solo en el mundo
y tenía su propia familia. Con este pensamiento se
dedicaba con más ahínco al trabajo para ganar
más dinero y darle a su mujer todo lo que ella le pedía.
Lucía le decía diariamente que estaba aburrida
encerrada en la casa mientras él trabajaba. Nunca la
invitaba a salir por eso visitaba a su única amiga
Rebeca quien la acompañaba y charlaban animadamente
hasta altas horas la noche. Ella siempre regresaba al hogar
una o dos horas antes de que el joven llegara a la casa.
Así pasó Lucía los nueve meses del embarazo
hasta que llegó el día del parto y en vez de
llamar a Richard llamó a Rebeca que la condujo a la
clínica para que tuviese su primer hijo.
Cuando Richard llegó a la clínica el médico
que la atendió le contó que había sido
padre de una niña. El feliz corrió a la habitación
y abrió la puerta con delicadeza para no molestar a
madre e hija; pero cual no sería su sorpresa cuando
vio que Rebeca y Lucía se besaban apasionadamente.
No supo qué decir. Salió de la habitación
sentándose en la salita adjunta. Su mente no estaba
lúcida. No sabía qué pensar ni que decir,
se quedó allí sentado muchísimo rato,
hasta que apareció el médico que la atendiera
un año atrás contándole que su esposa,
cuando él la recogió había salido de
un bar donde cada noche se le veía en compañía
de Rebeca abrazadas y besándose en público ya
que no les importaba que las vieran unidas pregonando el pecado
de un amor prohibido.
Después del encuentro con Richard, Rebeca y Lucía
decidieron que lo mejor que podían hacer era conquistar
al inocente joven ya que de esa forma tendrían dinero
permanente para sus placeres y así el matrimonio con
Richard no las afectaría para nada.
Richard volvió a la habitación a conocer a
su hija y se sintió feliz al tenerla entre sus brazos
y verla sonreír. Era morena como él. No podía
negarse que era su hija. A ella no la determinó diciéndole
que al siguiente día volvería por ellas. Obviamente
Lucía dijo: - No es lo que parece. Richard se fue y
en la soledad de su casa lloró amargamente al saber
que se había casado con una lesbiana, pero era su esposa
y le había dado una linda niña por quien viviría.
Al siguiente día, como a eso de las 5 de la tarde
dejó su trabajo y fue a la clínica por su esposa
e hija pero no encontró a nadie. Ella se fue llevándose
la niña y nunca más volvió a saber de
ellas. Solo aquella infame nota diciéndole que no lo
quería y muchas gracias por el dinero que le había
dado el cual le serviría para vivir al lado de Rebeca
y que nunca más volvería a saber de ellas.
Después de ese incidente Richard continuó su
vida solo. Jamás se unió a otra mujer Tenía
la esperanza de que algún día Dios le ayudase
a encontrar a su hija, la cual tendría como 16 ó
17 años. Por eso cuando vio a Luna todas las fibras
de su ser se removieron y su corazón latía con
fuerza recordando a su hijita perdida en el mundo.
¿Qué clase de vida le habrían dado esas
dos mujeres pervertidas? Siempre oraba al Señor para
que la protegiera de su propia madre y su malvada amiga.
Lo único que supo en todo el tiempo es que su hija
vivía en el exterior puesto que Lucía y Rebeca
salieron del país cuando la pequeña tenía
dos años y nunca más volvió a saber de
ellas. El detective privado no pudo conseguir más información.
Hacía tantos años de ello, ahora él
tenía 40 y un gran vacío en su corazón
palpitante por falta de amor.
Decidió que a partir de ese momento ayudaría
a Luna en todo. Inicialmente ganaría su confianza hasta
que ella se sintiese a gusto en su casa y muy lentamente le
iría cambiando su vida de miseria por una vida llena
de lujos, la cual, habría dado a su hija de saber dónde
estaba.
Luna no era su hija porque así se lo decía
su corazón atormentado. Pero la ayudaría, tal
vez la adoptaría y haría de ella su heredera.
Era lo mejor que podía hacer por esta pequeña
limosnera, su abuela y su perrito. Le daría mucho amor.
Le conseguiría profesores hasta hacer de ella una mujer
diferente. Seguramente la entregaría en matrimonio
algún día y se sentiría orgulloso de
su obra. Aunque por ahora era una desconocida tendría
hijos que le dirían abuelo y él envejecería
al lado de esta familia. La idea lo reconfortaba ya que la
soledad le pesaba bastante.
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