Qué es Estandarte | Sugerencias | Política de privacidad | Nos recomiendan | Boletín gratuito
  LEER
 · Poesía
 · Relato
 · Novela
 · Ensayo
 · Teatro
 · Tesis
 
  CRÍTICA
  CONCURSOS
 · Regalos y sorteos
 · Certámenes
 · Nuestro patrocinio
 
  PUBLICAR
 · Formulario
 · Tarifas
 
  RECURSOS
 · Enlaces
 · Guía de editores
 · Propiedad intelectual
 · Otros
 
  TIENDA LIBROS
  FOROS
  BOLETÍN
 · Altas y bajas
 · Últimos boletines
 
  PARA EDITORES
  PUBLICIDAD
 · Tarifas y ofertas
 · Intercambio de banners

 

  LEER Relato  

Luis Loshuertos Caldentey



Colofón

El lector, al finalizar este extraño relato, puede sentirse defraudado si escribo que Prubí no murió de la forma que describo en mi novela sino que acabó sus días en un pequeño pueblo de la Costa Brava catalana, de donde era oriundo, y en donde le conocí durante una temporada que pasé en el Bajo Ampurdán...

Era un gran aficionado a la pesca submarina y lo elegí como protagonista de mi novela pues me pareció la persona idónea para representar al personaje de este relato ya que fue él, en persona, quién me narró ésta, y otras casi increíbles historias que, algún día, quizás, me decida a publicar. Obra en mi poder un permiso, para hacerlo, firmado de puño y letra por el propio don Jorge, q.e.p.d., para enseñar a posibles lectores susceptibles a darme crédito.

He contado, novelándolas naturalmente, algunas de sus vivencias, o elucubraciones que también asumo, y hago mías, seguramente porque me contagié, al escribirlas, del personaje en el que yo, mea culpa, lo convertí. Valga pues decir, también, que, en esta obra, he trasladado los pensamientos, y la fantasía, de Jorge Prubí según el relato que tuvo a bien contarme asumiéndolo, repito, como mío, para tan sólo transcribirlo con toda la crudeza conque él me lo narró. Pero he de decir en su descargo, y en el de mi conciencia, que el buen Prubí nunca mató a nadie. O al menos así me lo confesó antes de morir, allá en San Feliú de Guixols, de una doble pulmonía. Así mismo me aseguró que jamás estuvo en Mallorca.

Y yo me creí todo, o casi todo, lo que él me dijo...

Erika sí que existió, pero no como la que describo en mi relato, o en el relato de Jorge Prubí, y que es casi una caricatura de la verdadera.

Es cierto que ésta, la auténtica, era tan bonita o más, si cabe y, también, algo coqueta como nuestra protagonista, aunque, bastante más seria, menos cría, y mucho más mujer. No necesitaba alzarse el niqui para demostrarlo.

Me la presentaron en Cala-Ratjada.

A veces recuerdo cuando bailé con ella en el llamado Bar SIN NOMBRE; sin nombre y sin nadie ya que estábamos, tan sólo, ella y yo. Otra vez la cité en la playa de la Guya pero Erika no acudió. Quizás no pudo..., o no quiso. Nunca sabré si fue una suerte o una lástima.

Eso sí, la noche antes de irse de Mallorca, y en el bar donde nos despedimos, me besó. Algunos de mis amigos, en aquel tiempo, hubieran dado lo que fuera por esa pequeña, y gran muestra de afecto.

No la he vuelto a ver más...   

 

 

En Palma de Mallorca a 9 de Febrero del año 2001.



 

 



  Obras de este autor

· Prólogo
· Entorno
· Nota

· Cap 1
· Cap 2
· Cap 3
· Cap 4
· Cap 5
· Cap 6
· Cap 7
· Cap 8
· Cap 9
· Cap 10
· Cap 11
· Cap 12
· Cap 13
· Cap 14
· Cap 15
· Cap 16
· Cap 17
· Cap 18
· Cap 19
· Cap 20
· Cap 21

· Colofón

 


· Critica esta obra
· Lee otras críticas


  Autores

· Arévalo Cruz, Antonio
·
Eusse López, Luz Elena
·
León Burgos, Miguel
·
Loshuertos Caldentey, Luis

 

 

 


© Estandarte.com