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Luis Loshuertos Caldentey



Capítulo VII

En una de las múltiples caletas que conforman toda la costa de “Es Provençals” ­Klaus Litmann, que progresaba muy lentamente, hacía las prácticas de pesca procurando seguir las sabias instrucciones del catalán. Éste le dejó con sus ejercicios e invitó a su joven esposa a que le acompañara ya que tenía que hablar con ella de un asunto de vital importancia para ambos.

Erika no se hizo rogar y subió al coche...

Momentos después Erika y Prubí se hallaban sentados en la terraza del bar Sa Sinia(La Noria), frente a la bonita playa de la Font de Sa Cala. Estaban los dos solos pues aún era temprano, a esas horas, los extranjeros solían estar en la playa soleándose en las doradas arenas, o bañándose en las diáfanas aguas. Bajo las escalas que comunicaban a la terraza, y a través de la balaustrada, podía verse un pequeño jardín, o huerto, con media docena de higueras y otros árboles frutales, unas cuantas mesas, vacías a esas horas, y una arcaica noria sobre un pozo sin agua cuya misión era, ahora, servir de adorno, dar nombre al local, y cierto ambiente rústico al lugar. También había una barbacoa en la que se asaban carnes y embutidos, aun­que era por las noches, y a la luz de múltiples bombillas de colores, cuando la gente ocupaba las mesas para cenar al aire libre. En aquella soleada mañana, frente a ellos, se veía la cercana playa animada por una multitud de bañistas con el vistoso colorido de  sus bañadores, toallas, parasoles, casetas, y sombrillas.

Prubí había visto merodear, por allí cerca, a don Mario, el maestro. ­

Estaba seguro que a aquel elemento discordante, al tener más tiempo libre en el verano, se le había asignado, por los de su Círculo, la muy fea misión de espiarle...

¡Nada menos que el maldito entrometido del maestro, el más odiado de todos ellos! ¡Sí, maldita la gracia que aquello le hacía al catalán! Pero don Jorge, que era bastante listo, y de mente rápida, enseguida vio la ocasión de aprovechar ésa, la que consideró, una providencial circunstancia que redundaría a favor de sus planes. Ya, sentados en el bar la joven y él, dijo:

- Escucha, guapa: yo no os voy a cobrar nada por enseñar a Klaus a coger meros grandes, y very much pescaditos, como dices tú. Sólo cuento con que seas very good conmigo como me prometiste, pero además deseo pedirte un favor muy especial, preciosa. Quiero que pesques para mí un magíster de más de setenta kilos...-

Erika se lo miró asombrada.

- ¿Y ser magíster a good fish? ¿Tú enseñar cómo pescar y yo manejarr arpón, cómo tuyo? -

- Tú, encanto, no necesitar arpón, tú tienes armas mucho más sutiles y más poderosas para pescar un magíster. Ya tendrás tiempo de sobra para manejar un arpón como el mío.- Dijo Prubí lanzándole una lasciva mirada a la curva de sus pechos.

- ¿Éstas servirrr...? - Erika, alzándose hasta el cuello su ajus­tado polo, le mostró un par de buenas razones para pescar un magíster que, según Prubí, presumía de puritano dán­dole a él lecciones de moral, ¡el muy hipócrita!, tratando de ridiculizarle, y poniéndole en evidencia ante los demás. El catalán, alarmado por el descaro de la joven y por el qué dirán, miró hacia los costados y hacia atrás. Desearía que nadie hubiera captado aquella formidable exhibición de poder de la hermosa nibelunga.

- Sí, preciosa, éstas sirven, ¡ya lo creo que sir­ven...! pero bájate ya la ropa que me vas a poner peor de lo que estoy..., y en un serio compromiso.-

Y añadió:

- Si te ven los camareros pronto sabrá todo el pueblo el calibre, y la clase de armas, que usas tú... Son verdaderamente letales...-

- Si tú gustarrr, a pez magister gustarrr...¿decir bien?-

Quedó asombrado de las dotes de comprensión que tenía la formidable criatura que tenía delante. Era lista...En cuanto a hacérsela suya debería esperar un poco más. Había ido a visitar a un médico de Manacor que le había recetado unas cápsulas para la hinchazón de sus partes pudendas, y que ya, al parecer, iban en franco receso. Era, pues, cuestión de seguir el tratamiento y no echarlo todo a rodar. Cada cosa a su tiempo.

Fue al día siguiente cuando vio al maestro don Mario Gayá sentado en el interior de la pizzería del Complejo del Camping. Estaba ante una humeante taza de café con leche... Acababa de desplegar el periódico y tenía por costumbre leérselo de cabo a rabo. Pensó Prubí que aún dispondría de una hora de tiempo como mínimo...


A instancias de Erika el sitio preferido por ella para que Klaus tomara las clases de pesca, que les daba el catalán, era por lo general frente al varadero d’en Juan Creus.

Allí le era más cómodo tomar sus baños de sol ya que podía alternar la exposición de sus rayos con la acogedora sombra que unos grandes pinos proyectaban sobre el liso techo de cemento del varadero. Era un lugar tranquilo y a don Jorge Prubí no le iba mal. Estaba cerca de su cueva a la que iba a inspeccionar de vez en cuando y que, en esos días, al terminar de dar sus clases de pesca, aprovechaba para ello. Asimismo, y debido a la paz que en aquel lugar reinaba, hasta allí no solía venir casi nadie, y le daba opción a la muchacha para desnudarse del todo y broncearse, a placer. Y no era porque le importara un bledo que alguien la mirara desnuda sino porque se sentiría muy incómoda al sentirse espiada. Sería como toda una violación a su intimidad.

Así estaba Erika, recibiendo el sol como una caricia, cuando notó que la fuerte luz, que casi atravesaba sus párpados, se ensombrecía. ¿Una nube de verano?...Al intentar abrirlos, a la cegadora claridad de la estival mañana, entrevió una confusa figura a contraluz, y frente a ella. La joven Erika, instintivamente, cruzó sus soberbios muslos y trató de cubrirse los pechos con las manos. Cuando le pasó el deslumbramiento, pudo comprobar quién era el que se había interpolado entre el sol y ella. Ver al catalán le tranquilizó y, al separar las manos de sus senos, se fijó que Prubí tenía los ojos mucho más saltones que nunca. Éste, conteniendo sus libidinosos impulsos, le dijo:

- No vengo, preciosa, y muy a mi pesar, a recordar tu promesa; aún no. Ahora lo que debes hacer es vestirte a toda prisa. El magíster anda por aquí y no quisiera, por nada del mundo, que se nos escapase. ¡Anda, vístete rápido...! - apremió de nuevo. Trató de no mirársela con demasiado detenimiento, pero no tardó la joven en vestirse pues tan sólo tuvo que poner, sobre su desnudo, y descomunal cuerpo, un short y una ajustada camiseta de rayas transversales, y esta vez tan verdes como su tentadora figura...- ¡Vamos, vamos, date prisa, que hoy te toca pescar a ti!  Eso sí, ponte guapa aunque no lo necesitas. ¡Ya te pasarás el peine por el camino! ¡Ahora despídete de Klaus! - Prubí estaba impaciente.

- ¡Desde aquí...! - Añadió al ver que Erika se iba hacia la orilla.

- ¡Chiao...¡ - gritó la joven agitando las manos. -

- Ya...,ya,...ya... - Klaus Litmann, junto a sus bártulos de pesca y al final de las guías del varadero, sentado sobre una roca, agitaba las suyas.

Cuando don Mario, el maestro, levantó sus ojos del periódico, se llevó una sorpresa mayúscula al ver, de pie y ante él, a Prubí y a su hermosa acompañante...

- ¿Sorprendido, don Mario...? -

- ¡Hombre! No le esperaba a Ud., don Jorge, por aquí, la verdad sea dicha, y menos en tan buena compañía... - Repuso don Mario Gayá que, de paso, lanzó a la joven una significativa mirada, en la que había mucho de incontenida admiración...

- Voy a presentarles: Erika, este señor es don Mario, el maestro del pueblo, y de quién ya te hablé; y esta joven -añadió dirigiéndose a don Mario- es la profesora Erika de Litmann, esposa de mi pupilo Klaus von Litmann. Ambos veranean en Sa Font de sa Cala y se hospedan aquí, en el mismo Camping. - El maestro plegó el diario, se levantó y, tomando la mano de Erika, se la besó galantemente.

- Encantado de conocerla en persona aunque ya tuve el gusto verla el otro día en la plaza del pueblo...

- Es Ud. -prosiguió- de las personas difíciles de olvidar, una vez vistas... Pero siéntense, por favor, y pidan algo que tendré sumo gusto en invitarles... - Erika parecía estar orgullosa, y sonrió el cumplido. Después de sentarse junto a Prubí, y frente a don Mario, dijo:

- Mi also contenta conocer a Ud., herr proffesorr. You ser very cortés y mi tener very interés de conocer very much, ¿cómo decir: very much a fondo? ¿Decir good?-

- Entiendo bien lo que quiere decir, habla Ud. un fluido castellano, casi perfecto, más que pluscuamperfecto, yo diría que infinitivamente perfecto.¡Ya me conformaría yo, señora mía,  - con poder expresarme así, pero en alemán! ¡Créame! En ese aspecto estoy pez... -

- ¿Pez magíster...? -

- Ahora sí que no la he entendido, joven, perdón, quise decir, señora - dijo don Mario llamando a uno de los camareros. - ¿Qué ha querido insinuar Ud. con eso de pez magíster...? - Prubí, que no esperaba aquella pregunta por parte de Erika, trató de arreglar la cosa.

- Ha querido decir, o preguntar, qué es lo que significa la palabra pez. Ella llama a todo pescado, o pescadito.- La presencia del camarero evitó al maestro aclarar, de momento, la pregunta de la joven...

- Ponga a los señores lo que deseen...-

Erika pidió un zumo de frutas y Prubí, por su parte, se excusó, diciendo que tenía que arro­jarse al mar, y que no le convenía tomar nada. Y, también, con esa misma excusa se fue dejando solos, y con toda intención, al maestro y a la joven. Pensó, y pensó bien, que ésta se desenvolvería muchísimo mejor sin él...

El ambiente, de la pizzería, era bastante agradable. Una de las puertas, la de entrada, daba a una gran  terraza sobre la carretera, y la otra a una enorme piscina descubierta, y que también pertenecía al Camping. Las mesas del interior, al estilo de muchas cafeterías tradicionales, o de pasadas épocas, eran de mármol con base de hierro forjado.

El bar era espacioso y el personal correcto. Además de  pizzas se servían bebidas, desayunos, y podían elegirse, entre un gran surtido, las tartas, o pasteles que se exhibían en giratorias vitrinas. Mas la estancia, en aquel lugar, perdía tranquilidad a partir de la una de la tarde ya que, sobre esa hora, extranjeros, foráneos o insulares, invadían el local para comer. Y fue, precisa­mente, y cómo ya supuso el catalán, que la joven, al quedarse sola con el maestro se sintió mucho más cómoda, más a sus anchas. Erika se cruzó de brazos, apoyándolos sobre el mármol de la mesa, y estiró el busto haciendo resaltar, aún más, la forma y el volumen de sus bonitos senos. Luego avanzando su pícara carita le dijo, comenzando ya a tutear, a don Mario:

- Mi querrer que herr proffessor ser maestro de mí y enseñar palabras en spanish... ¿Tú querrer...? - ¡Cualquiera le niega nada, pensó el maestro, a este  pedazo de bombón! Además el saber no ocupa lugar y aquella beldad estaba dispuesta a enseñarle muchas cosas, y a cuál más interesantes. Él no esperaba otra cosa que aquella joven tan sexi se le destapara con toda la sabiduría de la que parecía ser portadora... Aunque su pronunciación era defectuosa ésta quedaba paliada por la graciosa forma que tenía de exponerla. Así, pues, don Mario se fue animando poco a poco, y empezó a usar un léxico más coloquial y atrevido, e incluso imitando, en ocasiones, la misma manera incorrecta, aunque encantadora, que tenía la joven al expresarse.

- Con mil amores, herr profesora. Y, a cambio, ¿tú qué enseñar a mí? - Respondió y preguntó, a un tiempo, don Mario, correspondiendo al tuteo que ya había iniciado la bella alemana... A ésta le pareció, también, como si el maestro se sintiera mucho más distendido, y como si la mirase con más descaro, y con más deseos, que cuando Prubí estaba presente. Don Mario no tenía ni la más remota idea del resbaladizo terreno en que se metía, y que ya estaba pisando...

- Mi enseñar todo... -

- ¿Todo...? -

- Todo lo que mi poder enseñar... -

- Y que, por lo que se adivina, muñeca, no es poco... Y, ¿qué gustar saber...? -

- Pez magíster...

- Ante todo hemos de especificar la diferencia...

- Tú hablar claro a mí. Mi no comprender. Especificar ser palabra very rara for . - La joven quería que don Mario se explicara con mucha más claridad pues su español era bastante limitado.

- Te lo diré de otra manera, encanto...

- ¿Qué ser encanto...?

- Ya te lo explicaré más adelante. Ahora debes saber la diferencia que haber entre pez y pescado.

- ¿No ser mismo? -¡Vaya con la niña!¡Si no se lo digo de corrido no se entera de nada! Pensó don Mario.

- No lo mismo, pequeña: un pez es un animal vivo y un pescado es un animal capturado, o muerto... -

- ¿Y pez magíster que ser...?

- Magíster es una palabra latina que significar maestro y de ella se deriva la palabra magistral que puede interpretarse como una obra maestra, muy grande, enorme...-

- Así pues tú ser very vivo, o big, gran maestro...

- Algo así, nena, o las dos cosas. Y tú ser magistral.- Don Mario Gayá consideró que las lecciones ya se iban alargando demasiado y que, aquella magistral alumna, lo estaba poniendo en demasiados aprietos. No sabía el buen maestro de lo que aún era capaz de apretar aquella procaz criaturita. Don Jorge Prubí y Camps sí que se lo imaginó pues ya lo había probado en sus propias carnes...

- Nena, tú llamar nena, mi gustar que tú llamar nena - y mientras, Erika, que se había quitado una de sus rojas sandalias, le frotaba la pierna al maestro con uno de sus diminutos pies. Éste, que no se esperaba aquella imprevista y atrevida caricia por parte de la joven, aunque ya había perdido buena parte del control de sus sentidos, dio un respingo y se puso rojo como la grana...

Cargado de naturales prejuicios, era casado, deseaba que ninguno de los camareros, que eran del pueblo de Artá, o del mismo Capdepera, se hubieran fijado en ello. Pero Prubí, que no se había ido lejos de allí, no se perdía detalle. Complacido, les espiaba asomando sus ojos por encima de un periódico y desde una mesa cercana situada junto a la piscina... La cosa iba viento en popa.

La sagaz y formidable Erika ya había apresado entre sus redes al incauto, y odiado, pez magíster.



 

 



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