En una de las múltiples caletas que conforman
toda la costa de “Es Provençals” Klaus Litmann,
que progresaba muy lentamente, hacía las prácticas de pesca
procurando seguir las sabias instrucciones del catalán.
Éste le dejó con sus ejercicios e invitó a su joven esposa
a que le acompañara ya que tenía que hablar con ella de
un asunto de vital importancia para ambos.
Erika no se hizo rogar y subió al coche...
Momentos después Erika y Prubí se hallaban
sentados en la terraza del bar Sa Sinia(La Noria), frente
a la bonita playa de la Font de Sa Cala. Estaban
los dos solos pues aún era temprano, a esas horas, los extranjeros
solían estar en la playa soleándose en las doradas arenas,
o bañándose en las diáfanas aguas. Bajo las escalas que
comunicaban a la terraza, y a través de la balaustrada,
podía verse un pequeño jardín, o huerto, con media docena
de higueras y otros árboles frutales, unas cuantas mesas,
vacías a esas horas, y una arcaica noria sobre un pozo sin
agua cuya misión era, ahora, servir de adorno, dar nombre
al local, y cierto ambiente rústico al lugar. También había
una barbacoa en la que se asaban carnes y embutidos,
aunque era por las noches, y a la luz de múltiples
bombillas de colores, cuando la gente ocupaba las mesas
para cenar al aire libre. En aquella soleada mañana, frente
a ellos, se veía la cercana playa animada por una multitud
de bañistas con el vistoso colorido de
sus bañadores, toallas, parasoles, casetas, y sombrillas.
Prubí había visto merodear, por allí cerca,
a don Mario, el maestro.
Estaba seguro que a aquel elemento discordante,
al tener más tiempo libre en el verano, se le había asignado,
por los de su Círculo, la muy fea misión de
espiarle...
¡Nada menos que el maldito entrometido del
maestro, el más odiado de todos ellos! ¡Sí, maldita la gracia
que aquello le hacía al catalán! Pero don Jorge,
que era bastante listo, y de mente rápida, enseguida vio
la ocasión de aprovechar ésa, la que consideró, una providencial
circunstancia que redundaría a favor de sus planes. Ya,
sentados en el bar la joven y él, dijo:
- Escucha, guapa: yo no os voy a cobrar nada
por enseñar a Klaus a coger meros grandes, y very much
pescaditos, como dices tú. Sólo cuento con que seas
very good conmigo como me prometiste, pero además
deseo pedirte un favor muy especial, preciosa. Quiero que
pesques para mí un magíster de más de setenta kilos...-
Erika se lo miró asombrada.
- ¿Y ser magíster a good fish?
¿Tú enseñar cómo pescar y yo manejarr arpón,
cómo tuyo? -
- Tú, encanto, no necesitar arpón, tú
tienes armas mucho más sutiles y más poderosas para pescar
un magíster. Ya tendrás tiempo de sobra para manejar
un arpón como el mío.- Dijo Prubí lanzándole una lasciva
mirada a la curva de sus pechos.
- ¿Éstas servirrr...? - Erika, alzándose
hasta el cuello su ajustado polo, le mostró un par
de buenas razones para pescar un magíster que, según
Prubí, presumía de puritano dándole a él lecciones
de moral, ¡el muy hipócrita!, tratando de ridiculizarle,
y poniéndole en evidencia ante los demás. El catalán, alarmado
por el descaro de la joven y por el qué dirán, miró
hacia los costados y hacia atrás. Desearía que nadie hubiera
captado aquella formidable exhibición de poder de la hermosa
nibelunga.
- Sí, preciosa, éstas sirven, ¡ya lo creo que
sirven...! pero bájate ya la ropa que me vas a poner
peor de lo que estoy..., y en un serio compromiso.-
Y añadió:
- Si te ven los camareros pronto sabrá todo
el pueblo el calibre, y la clase de armas, que usas tú...
Son verdaderamente letales...-
- Si tú gustarrr, a pez magister gustarrr...¿decir
bien?-
Quedó asombrado de las dotes de comprensión
que tenía la formidable criatura que tenía delante. Era
lista...En cuanto a hacérsela suya debería esperar un poco
más. Había ido a visitar a un médico de Manacor que le había
recetado unas cápsulas para la hinchazón de sus partes pudendas,
y que ya, al parecer, iban en franco receso. Era, pues,
cuestión de seguir el tratamiento y no echarlo todo a rodar.
Cada cosa a su tiempo.
Fue al día siguiente cuando vio al maestro
don Mario Gayá sentado en el interior de la pizzería
del Complejo del Camping. Estaba ante una humeante
taza de café con leche... Acababa de desplegar el periódico
y tenía por costumbre leérselo de cabo a rabo. Pensó Prubí
que aún dispondría de una hora de tiempo como mínimo...
A instancias de Erika el sitio preferido por
ella para que Klaus tomara las clases de pesca, que les
daba el catalán, era por lo general frente al varadero
d’en Juan Creus.
Allí le era más cómodo tomar sus baños de sol
ya que podía alternar la exposición de sus rayos con la
acogedora sombra que unos grandes pinos proyectaban sobre
el liso techo de cemento del varadero. Era un lugar tranquilo
y a don Jorge Prubí no le iba mal. Estaba cerca de su
cueva a la que iba a inspeccionar de vez en cuando y
que, en esos días, al terminar de dar sus clases de pesca,
aprovechaba para ello. Asimismo, y debido a la paz que en
aquel lugar reinaba, hasta allí no solía venir casi nadie,
y le daba opción a la muchacha para desnudarse del todo
y broncearse, a placer. Y no era porque le importara un
bledo que alguien la mirara desnuda sino porque se sentiría
muy incómoda al sentirse espiada. Sería como toda una violación
a su intimidad.
Así estaba Erika, recibiendo el sol como una
caricia, cuando notó que la fuerte luz, que casi atravesaba
sus párpados, se ensombrecía. ¿Una nube de verano?...Al
intentar abrirlos, a la cegadora claridad de la estival
mañana, entrevió una confusa figura a contraluz, y frente
a ella. La joven Erika, instintivamente, cruzó sus soberbios
muslos y trató de cubrirse los pechos con las manos. Cuando
le pasó el deslumbramiento, pudo comprobar quién era el
que se había interpolado entre el sol y ella. Ver al catalán
le tranquilizó y, al separar las manos de sus senos, se
fijó que Prubí tenía los ojos mucho más saltones que nunca.
Éste, conteniendo sus libidinosos impulsos, le dijo:
- No vengo, preciosa, y muy a mi pesar, a recordar
tu promesa; aún no. Ahora lo que debes hacer es vestirte
a toda prisa. El magíster anda por aquí y no quisiera,
por nada del mundo, que se nos escapase. ¡Anda, vístete
rápido...! - apremió de nuevo. Trató de no mirársela con
demasiado detenimiento, pero no tardó la joven en vestirse
pues tan sólo tuvo que poner, sobre su desnudo, y descomunal
cuerpo, un short y una ajustada camiseta de rayas
transversales, y esta vez tan verdes como su tentadora figura...-
¡Vamos, vamos, date prisa, que hoy te toca pescar a ti!
Eso sí, ponte guapa aunque no lo necesitas. ¡Ya te
pasarás el peine por el camino! ¡Ahora despídete de Klaus!
- Prubí estaba impaciente.
- ¡Desde aquí...! - Añadió al ver que Erika
se iba hacia la orilla.
- ¡Chiao...¡ - gritó la joven agitando las manos. -
- Ya...,ya,...ya... - Klaus Litmann,
junto a sus bártulos de pesca y al final de las guías del
varadero, sentado sobre una roca, agitaba las suyas.
Cuando don Mario, el maestro, levantó sus ojos
del periódico, se llevó una sorpresa mayúscula al ver, de
pie y ante él, a Prubí y a su hermosa acompañante...
- ¿Sorprendido, don Mario...? -
- ¡Hombre! No le esperaba a Ud., don Jorge,
por aquí, la verdad sea dicha, y menos en tan buena compañía...
- Repuso don Mario Gayá que, de paso, lanzó a la joven una
significativa mirada, en la que había mucho de incontenida
admiración...
- Voy a presentarles: Erika, este señor es
don Mario, el maestro del pueblo, y de quién ya te hablé;
y esta joven -añadió dirigiéndose a don Mario- es la profesora
Erika de Litmann, esposa de mi pupilo Klaus von Litmann.
Ambos veranean en Sa Font de sa Cala y se hospedan
aquí, en el mismo Camping. - El maestro plegó el
diario, se levantó y, tomando la mano de Erika, se la besó
galantemente.
- Encantado de conocerla en persona aunque
ya tuve el gusto verla el otro día en la plaza del pueblo...
- Es Ud. -prosiguió- de las personas difíciles
de olvidar, una vez vistas... Pero siéntense, por favor,
y pidan algo que tendré sumo gusto en invitarles... - Erika
parecía estar orgullosa, y sonrió el cumplido. Después de
sentarse junto a Prubí, y frente a don Mario, dijo:
- Mi also contenta conocer
a Ud., herr proffesorr. You ser very
cortés y mi tener very interés de conocer very
much, ¿cómo decir: very much a fondo? ¿Decir
good?-
- Entiendo bien lo que quiere decir, habla
Ud. un fluido castellano, casi perfecto, más que pluscuamperfecto,
yo diría que infinitivamente perfecto.¡Ya me conformaría
yo, señora mía, - con poder expresarme así, pero en alemán!
¡Créame! En ese aspecto estoy pez... -
- ¿Pez magíster...? -
- Ahora sí que no la he entendido, joven, perdón,
quise decir, señora - dijo don Mario llamando a uno de los
camareros. - ¿Qué ha querido insinuar Ud. con eso de pez
magíster...? - Prubí, que no esperaba aquella pregunta
por parte de Erika, trató de arreglar la cosa.
- Ha querido decir, o preguntar, qué es lo
que significa la palabra pez. Ella llama a todo pescado,
o pescadito.- La presencia del camarero evitó al
maestro aclarar, de momento, la pregunta de la joven...
- Ponga a los señores lo que deseen...-
Erika pidió un zumo de frutas y Prubí, por
su parte, se excusó, diciendo que tenía que arrojarse
al mar, y que no le convenía tomar nada. Y, también, con
esa misma excusa se fue dejando solos, y con toda intención,
al maestro y a la joven. Pensó, y pensó bien, que ésta se
desenvolvería muchísimo mejor sin él...
El ambiente, de la pizzería, era bastante agradable.
Una de las puertas, la de entrada, daba a una gran terraza sobre la carretera, y la otra
a una enorme piscina descubierta, y que también pertenecía
al Camping. Las mesas del interior, al estilo de
muchas cafeterías tradicionales, o de pasadas épocas, eran
de mármol con base de hierro forjado.
El bar era espacioso y el personal correcto.
Además de pizzas
se servían bebidas, desayunos, y podían elegirse, entre
un gran surtido, las tartas, o pasteles que se exhibían
en giratorias vitrinas. Mas la estancia, en aquel lugar,
perdía tranquilidad a partir de la una de la tarde ya que,
sobre esa hora, extranjeros, foráneos o insulares, invadían
el local para comer. Y fue, precisamente, y cómo ya
supuso el catalán, que la joven, al quedarse sola con el
maestro se sintió mucho más cómoda, más a sus anchas. Erika
se cruzó de brazos, apoyándolos sobre el mármol de la mesa,
y estiró el busto haciendo resaltar, aún más, la forma y
el volumen de sus bonitos senos. Luego avanzando su pícara
carita le dijo, comenzando ya a tutear, a don Mario:
- Mi querrer que herr proffessor
ser maestro de mí y enseñar palabras
en spanish... ¿Tú querrer...? - ¡Cualquiera
le niega nada, pensó el maestro, a este
pedazo de bombón! Además el saber no ocupa lugar
y aquella beldad estaba dispuesta a enseñarle muchas cosas,
y a cuál más interesantes. Él no esperaba otra cosa que
aquella joven tan sexi se le destapara con toda la
sabiduría de la que parecía ser portadora... Aunque su pronunciación
era defectuosa ésta quedaba paliada por la graciosa forma
que tenía de exponerla. Así, pues, don Mario se fue animando
poco a poco, y empezó a usar un léxico más coloquial y atrevido,
e incluso imitando, en ocasiones, la misma manera incorrecta,
aunque encantadora, que tenía la joven al expresarse.
- Con mil amores, herr profesora. Y,
a cambio, ¿tú qué enseñar a mí? - Respondió
y preguntó, a un tiempo, don Mario, correspondiendo al tuteo
que ya había iniciado la bella alemana... A ésta le pareció,
también, como si el maestro se sintiera mucho más distendido,
y como si la mirase con más descaro, y con más deseos, que
cuando Prubí estaba presente. Don Mario no tenía ni la más
remota idea del resbaladizo terreno en que se metía, y que
ya estaba pisando...
- Mi enseñar todo... -
- ¿Todo...? -
- Todo lo que mi poder enseñar... -
- Y que, por lo que se adivina, muñeca, no
es poco... Y, ¿qué gustar saber...? -
- Pez magíster...
- Ante todo hemos de especificar la diferencia...
- Tú hablar claro a mí. Mi no
comprender. Especificar ser palabra
very rara for mí. - La joven quería
que don Mario se explicara con mucha más claridad pues su
español era bastante limitado.
- Te lo diré de otra manera, encanto...
- ¿Qué ser encanto...?
- Ya te lo explicaré más adelante. Ahora debes
saber la diferencia que haber entre pez y pescado.
- ¿No ser mismo? -¡Vaya con la niña!¡Si
no se lo digo de corrido no se entera de nada! Pensó don
Mario.
- No lo mismo, pequeña: un pez es un animal
vivo y un pescado es un animal capturado, o muerto... -
- ¿Y pez magíster que ser...?
- Magíster es una palabra latina que
significar maestro y de ella se deriva la palabra
magistral que puede interpretarse como una obra maestra,
muy grande, enorme...-
- Así pues tú ser very vivo, o big,
gran maestro...
- Algo así, nena, o las dos cosas. Y tú ser
magistral.- Don Mario Gayá consideró que las lecciones ya
se iban alargando demasiado y que, aquella magistral
alumna, lo estaba poniendo en demasiados aprietos. No
sabía el buen maestro de lo que aún era capaz de apretar
aquella procaz criaturita. Don Jorge Prubí y Camps sí que
se lo imaginó pues ya lo había probado en sus propias carnes...
- Nena, tú llamar nena, mi gustar
que tú llamar nena - y mientras, Erika, que se había
quitado una de sus rojas sandalias, le frotaba la pierna
al maestro con uno de sus diminutos pies. Éste, que no se
esperaba aquella imprevista y atrevida caricia por parte
de la joven, aunque ya había perdido buena parte del control
de sus sentidos, dio un respingo y se puso rojo como la
grana...
Cargado de naturales prejuicios, era casado,
deseaba que ninguno de los camareros, que eran del pueblo
de Artá, o del mismo Capdepera, se hubieran fijado en ello.
Pero Prubí, que no se había ido lejos de allí, no se perdía
detalle. Complacido, les espiaba asomando sus ojos por encima
de un periódico y desde una mesa cercana situada junto a
la piscina... La cosa iba viento en popa.
La sagaz y formidable Erika ya había apresado
entre sus redes al incauto, y odiado, pez magíster.