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Capítulo
VI
Había que actuar rápido, al día siguiente me
levante temprano y tras desayunar me fui a la calle y me senté
en un banco, me tenia que centrar, una cosa estaba clara y
decidida, ¡me iba!, pero para irme necesitaría algunas cosas,
primero elegir el destino, eso estaba claro, a Venezuela,
en Brasil podía tener problemas con el idioma y desde Venezuela
tendría fácil acceso al medio-alto Amazonas.
En segundo lugar estaba el viaje, lo haría en
avión, mi padre había ingresado el dinero del despido en el
banco, pero podría sacarlo sin dificultad ya que mi padre,
muy previsor, me había incluido en la cuenta por si le ocurría
una desgracia, y al fin y al cabo el dinero era mío. Luego
estaba el tema del Pasaporte, tendría que solicitarlo esta
misma mañana para tenerlo cuanto antes. ¿Que mas?, si iba
a la selva necesitaría unas mínimas nociones de como desenvolverse
en el campo, me compraría un Manual de Supervivencia, mi experiencia
en el campo se reducía a unas cuantas excursiones con el colegio,
pero entre el Manual y la ayuda de la Madre Naturaleza podría
solucionar cualquier contratiempo. En cuanto a equipaje, no
podía prepara nada, en casa se darían cuenta, lo que llevara
puesto y si acaso unas botas, las necesitaría mientras me
adaptaba al terreno, una vez en Caracas compraría un machete
y un mechero, creo que ya estaba todo.
Me dirigí a solicitar el Pasaporte, me hundieron
la moral, tardarían una semana en dármelo, a continuación
me dirigí a las oficinas de IBERIA en la Pl. de Neptuno.
- Por favor, ¿me informa de los vuelos para Venezuela?
-¿ A Caracas?.
- Si, a Caracas.
- Hay un vuelo directo semanal, sale los Viernes a las ocho
treinta, los regresos son los Domingos con hora de regreso
en la madrugada del Lunes a las cinco cuarenta.
- ¿Y el precio?.
- 52.500 pts. ida y vuelta.
- No solo quiero ida.
- Entonces son 31.600 pts.
- Bien, y el billete cuando lo pudo sacar.
- Cuando quiera, en cualquier oficina de IBERIA, y hasta
una hora antes de la salida en el mostrador de la compañía
en Barajas.
- Muchas gracias.
Bueno, la cosa se iba aclarando, el miércoles
de la semana que viene recogería el Pasaporte, el Viernes
por la mañana a ultima hora sacaría el dinero del banco,
por la tarde comprar el billete y ¡A VOLAR!.
La una y cuarto, ya no me daba tiempo a comprar
el Manual de Supervivencia, me fui a casa a comer. En casa
comenzaba a reinar la tranquilidad, parecía que el tema se
había olvidado, o por lo menos no se sacaba la conversación,
comimos y me entretuve viendo la televisión hasta las cinco.
- Mama, me voy a dar una vuelta.
- ¿Donde vas con tanta vuelta?, llevas todo el día fuera
de casa y además hace mucho calor.
- Bueno... veras...,
Mi madre empezó a palidecer.
- ¿Que?
- No, que estoy mirando a ver si encuentro una academia,
que este bien y no sea cara para aprender a escribir a maquina,
siempre puede venir bien.
- ¡Ah!
Mi madre relajo la expresión y me dio un beso.
Tenia entendido que había una tienda por la zona
de Cuatro Caminos, que se dedicaba a la venta de planos y
libros de montañismo, así que hasta allí me dirigí, pregunte
en la plaza y me dijeron donde estaba la tienda y la calle
Maudes, pasado el castillo abandonado y frente a unas casas
bajas estaba la tienda, una señora de unos treinta años me
atendió con voz pausada y empalagosa como si fuera una anciana.
- Dime hijo, ¿que te pongo?.
- Quería un Manual de Supervivencia.
- ¿De que tipo?.
- No se, algo que te enseñe lo básico para ir al campo.
- Mira hijo, yo te saco lo que tengo y tu eliges.
Se metió en la trastienda y al poco salió con
cinco o seis libros que desplegó sobre el mostrador.
- Mira a ver cual te sirve, hijo.
Me deponía a mirarlos cuando:
- ¡Coño Pedri!, que haces aquí.
Me volví y en la puerta de entrada estaba el
enorme corpachón de Juanjo; precipitadamente cogí el libro
que parecía mas pequeño y manejable y se lo di a la señora.
- Este mismo, y me lo envuelve para regalo.
- ¿Para regalo?.
- Hola Juanjo, que pasa, ¿que tal?; si para regalo.
- Hijo, aquí no tenemos papel de regalo.
- ¿Que estas comprando, Pedri?.
- Oh nada, un encargo de mi padre, para un compañero; pues
envuélvalo en cualquier cosa.
Juanjo cogió uno de los libros que quedaban en
el mostrador "Supervivencia en Zonas Desérticas".
- ¡Coño!, que es el amigo de tu padre ¿explorador?.
- No se, ya sabes, mi padre, los periodistas, bueno, pues
eso.
-¿Te vale así, hijo?
- Si, así vale.
Cogí el librito envuelto y lo metí en el bolsillo
trasero del pantalón.
- Son 95 pts. hijo.
- Tome; ¿y tu?, ¿que te trae por aquí?.
- Voy a comprar un libro de senderos por la sierra, si esperas
nos vamos juntos para el barrio.
- Vale.
Caminamos juntos hacia la Castellana para coger
el autobús, Juanjo me miraba con esa eterna sonrisa que le
caracterizaba.
- Bueno tío, y donde te metes, hace ya unos días que no se
te ve el pelo.
- Ya, he estado un poco liado.
- Ah...; ¿Y el trabajo?, ¿Que tal te va?.
- Bueno ahora estoy de vacaciones, pero estoy planteándome
cambiar de empresa, a lo mejor no me incorporo a la misma.
- Ya...; cambiar de empresa, a algo mas... elevado.
- Bueno no se si mas elevado, supongo que algo distinto,
no se, no lo tengo claro.
- Ya...; pero en todo caso a cambiar.
- No lo se, ¿a que viene tanta pregunta?.
- No nada, por nada.
Montamos en el autobús y quedamos sentados frente
a frente, Juanjo me miraba fijamente con su sonrisa, yo no
sabia bien donde mirar, la situación me estaba resultando
violenta, la mirada de Juanjo seguía fija en mi y su sonrisa
se ampliaba por momentos, se estaba poniendo colorado, y en
un momento dado se tapo la boca.
- Pfffffffff, ja, ja ja, ja ja.
- Juanjo ¿que te pasa?
- Ja, ja ja, ja ja.
A Juanjo se le saltaban las lagrimas, y mientras
buscaba un pañuelo, no dejaba de reírse estrepitosamente;
la gente en el autobús nos miraba sorprendida.
- ¡Hay Dios mío!, ja, ja ja, ja ja. - se limpiaba las lagrimas
- ¡hayy!, ji, ji ji, ji ji, hay, perdona JA, JA JA, JA JA.
La situación era de lo mas violenta, no sabia
como atajarla.
- Pero ¿que te pasa tío?.
- Hay perdona - se limpiaba las lagrimas con el pañuelo -
pero es que no te veo, ji, ji ji, ji ji.
- Límpiate mejor.
- No, no es eso, ji, ji ji, ¡que no te veo con sotana!, jaa,
ja ja, ja ja, perdóname, pero desde que me lo dijeron, no
te veo, tío que no te veo.
Llegamos a nuestra parada, a esas alturas medio
autobús se iba riendo de una manera descontrolada, la risa
de Juanjo es especialmente contagiosa. Espere a que se calmara
y empece a hablar.
- Escucha Juanjo, a ver si me entiendes, porque aquí parece
que nadie me quiere entender, todo esto a sido un malentendido,
ni yo me voy a meter a cura, ni nada por el estilo, todo ha
sido un malentendido que mi hermano y una vecina chismosa
se han encargado de propagar.
- Entonces... ¿ya no vas a cantar misa?.
- No, ¡joder!, ¡no!
- Dices tacos, debe ser verdad, si ya decía yo que no te
veía, ¡venga!, te invito a una caña.
Entramos en el Bar López y pedimos unas cañas,
al poco entraron Pepe y Luis, dos amigos de Carabanchel que
por suerte no se habían enterado de mi "vocación",
la charla se fue animando sobre temas intranscendentes, la
situación parecía definitivamente reconducida, cuando en la
puerta del bar apareció Jaci, acompañado de un muchacho desconocido,
desde la puerta Jaci me señalo y el desconocido se acercó
a nosotros.
- ¡Buenas tardes!, perdonad, tu eres Pedro.
- Si yo soy.
Me tendió la mano, mientras Juanjo y los demás
bebían un trago de cerveza.
- Me llamo Oscar Hernández, soy Catequista de la Legión de
María, el Padre Gregorio me ha dicho, que estabas interesado
en contactar con nosotros.
-¡Pffffffffff.........!
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