Qué es Estandarte | Sugerencias | Política de privacidad | Nos recomiendan | Boletín gratuito
  LEER
 · Poesía
 · Relato
 · Novela
 · Ensayo
 · Teatro
 · Tesis
 
  CRÍTICA
  CONCURSOS
 · Regalos y sorteos
 · Certámenes
 · Nuestro patrocinio
 
  PUBLICAR
 · Formulario
 · Tarifas
 
  RECURSOS
 · Enlaces
 · Guía de editores
 · Propiedad intelectual
 · Otros
 
  TIENDA LIBROS
  FOROS
  BOLETÍN
 · Altas y bajas
 · Últimos boletines
 
  PARA EDITORES
  PUBLICIDAD
 · Tarifas y ofertas
 · Intercambio de banners

 

  LEER Relato  

Antonio Arévalo Cruz



Capítulo V

            Me levanté tarde, muy tarde, la casa estaba sola, mi padre estaría en el trabajo, mi hermano jugando en la calle, pero ¿mi madre?, era extraño que no estuviera, era domingo y no podía estar haciendo la compra, en la cocina había un cazo con café con leche y al lado un papel con una nota, "Pedri, caliéntate el café, ahora vengo, estoy en misa, mama", ¿en misa?, mi madre no iba nunca a misa, en mi casa nadie iba misa, todos estabamos bautizados y habíamos hecho la Primera Comunión, pero lo de los domingos era otra cosa, a misa solo se iba por necesidad, una boda, un bautizo, un funeral , no entendía que pasaba.

            A la una llego mi madre, el gesto serio, con prisa.

- Hola Pedri, ¿has desayunado? - pregunto mientras se metía en la cocina.

- Si, ¿que ha pasado?.

- ¿Que ha pasado?, ¿por que?

- Si, que ¿por que has ido a misa?.

- ¿No puede ir una a misa?, pues he ido a misa y ya esta.

- Ya, pero...

- Pero nada, vete sacando el mantel y lo pones en la mesa.

- Vale.

            Decidí no insistir, después de lo de anoche, convenía que todo se calmara un poco.

- Esto, ¡Pedri!

- Si, mama.

- No le digas nada a tu padre.

- Descuida.                                

            Dejé pasar el Domingo, era necesario recobrar la calma perdida, si mi madre estaba seria, mi padre lo estaba mas,  Bea no había llamado, aun le debía durar el enfado, así que pasé el día en casa sin hacer nada.

            El Lunes, las caras habían cambiado un poco, mi padre no trabajaba y el día transcurría con normalidad.

- Pedri, ¿que hora es?

- Las siete y media, mama.

- ¿Por que no vas al mercado antes de que cierren, y me traes unos limones?.

- Vale.

            El mercado de Usera esta cerca de casa, son dos minutos andando; cuando estaba llegando vi la figura inconfundible de Don Gregorio, párroco del barrio y profesor de Religión de  Jaci en el colegio, venia por la acera con la vista puesta en mi, normalmente ni nos habríamos saludado, pero esta vez la sonrisa de su boca presagiaba lo contrario.

- ¡Hombre Pedri!, que sorpresa, casi no te conocía canalla; debe ser que te sientas en los últimos bancos de la Iglesia, y por eso no te veo, ¿eh?.

- Hola D. Gregorio.

            Este hombre nunca me había saludado así, desde que me dio la Primera Comunión no había vuelto a hablar con él. Era de la vieja escuela, regordete, sotana negra hasta los pies y edad indefinida.

- ¡Bueno hombre, bueno!, y ¿que?, que tal va esa vida ¿eh?.

- Bien, pero llevo un poco de prisa voy al mercado a comprar.

- ¡Bueno hombre!, pues te acompaño, no siempre se tiene la oportunidad de charlar un poco con los amigos.

            Esto era de locos, ¿que querría este tío?, ¿que hacia yo por la calle paseando con D. Gregorio?.

- ¡Bueno hombre, bueno¡, y ¿que pasa por esa cabecita?, ¿eh?, ¿no tienes nada que decirme?.

- Pues hombre, yo...

- Mira, te voy a ser sincero, tu madre ha estado hablando conmigo y lo se todo.

- ¡Mi madre!, pero ¿que ha dicho mi madre?.

- Calla, calla, no te precipites, esto es un asunto serio, las prisas no son buenas para nada, no voy a quitarte la idea como ella pretende, yo no soy nadie para interponerme en los designios Divinos, solo quiero hacerte reflexionar.

- Pero, mi madre no...

- ¡Calla!, te digo, no te voy a dejar hablar, el que va a hablar soy yo, no quiero que esa boca diga nada de lo que luego se tenga que arrepentir. Mira Pedri, la vocación es algo muy serio, que no surge de la noche a la mañana; Dios nos llama, pero no nos pega una voz para que saltemos de inmediato, es una llamada mas serena que se va instalando en nuestro corazón y que poco a poco nos dice hacia donde tenemos que ir.

- Pero si yo no...

- ¡Calla!, te digo, ciertamente los caminos del Señor son inescrutables, pero son caminos Pedri, no lo olvides, caminos que se andan no saltos en el vacío. Tu espíritu juvenil lo quiere todo, es lo normal, pero la Misión es el mas duro de los caminos, es muy loable tu deseo hijo, demuestra una generosidad de espíritu digna de admiración, pero para llegar a la Misión es preciso recorrer antes la primera parte del camino. Se que has tenido dificultades en el trabajo, todo influye y por eso es necesario que antes de tomar una decisión firme, te serenes, la oración te ayudara y si la llamada de Cristo continua, entonces y solo entonces será el momento de plantearse ingresar en el Seminario, la Misión vendrá después; estoy a tu disposición para hablar contigo las veces que sea preciso y escuchar tus inquietudes, mientras tanto reza, reza todo lo que puedas y que el Espíritu Santo te ilumine; toma.

            Me dio una estampita del Sagrado Corazón y a continuación su bendición junto al puesto de la frutería, después se dio media vuelta y se marcho; la frutera, el carnicero y tres clientas de la carnicería nos miraban.

- Me da un kilo de limones.

            Como podía mi madre haber liado las cosas así, esto era una encerrona  sin pies ni cabeza, estaba claro que debía salir cuanto antes, nadie entendía cual era mi verdadera idea.

            Cuando entré en casa, mi madre salió de la cocina con una amplia sonrisa, mi padre en el salón veía la televisión.

- ¿Que tal Pedri?

-¡Mama!..., nada, bien, toma los limones.

            La veía animada y no me apetecía estropear la cena una noche mas.

            El martes se inició a las doce de la mañana, también me levante tarde y mientras desayunaba sonó el teléfono.

- ¿Diga?..., ah si Bea, vale.

            Había colgado, solo había  dicho "¡baja inmediatamente, estoy en la cabina!" y había colgado, algo pasaba, esto no presagiaba nada bueno, algo malo le había sucedido. Me vestí rápidamente y baje la escalera a trompicones.

            Allí estaba Bea, al lado de la cabina, comiendo pipas aceleradamente.

- Hola Be....

- ¡Pedri!..., ¡Pedri!, esto no te lo consiento, no te lo consiento Pedri - extrañamente, paraba para respirar entre frase y frase, estaba nerviosa - ahora mismo me vas a explicar, que es eso de que te vas a meter a Cura, Pedri, vale que estés raro por lo del trabajo y todo eso bastante vergüenza estoy pasando pero ¡a Cura! meterte a ¡Cura! - iba recuperando su ritmo habitual - ser el hazmerreír de todo el mundo porque mi novio se ha metido ¡A CURA!.

- ¿Pero quien te a dicho?...

- Que quien me ha dicho que quien me ha dicho ¡si lo sabe todo el barrio! mi vecinita del tercero que es compañera de Jaci me ha dicho que si yo también me voy a meter a ¡monja! la cotilla de la Dalia la del quinto le ha dicho a mi madre que ayer te vio con D. Gregorio y que te daba la bendición en el mercado ¡que bochorno! ¡que bochorno! Dios mío la novia de un cura pero que van a decir...

            Esta era la puntilla, mañana mismo sacaría el billete y me iría, esto ya se estaba desmadrando. Bea lloraba, comía pipas y hablaba, sobre todo hablaba, nunca comprendí como lo podía hacer.

-...para vestir Santos ser la novia de un Cura y quedar para vestir Santos se puede pedir algo peor para una mujer Dios mío por que me tiene que pasar esto a mi no si ya decía yo que estabas raro y que no hablabas ¡rezando! seguro que te dedicabas a rezar el Rosario en lugar de escucharme así ni contestabas ni nada pero que tonta como no me ...



 

 



  Obras de este autor

Crónica de una ilusión

· Capítulo I
· Capítulo II

· Capítulo III
· Capítulo IV
· Capítulo V
· Capítulo VI
· Capítulo VII

· Capítulo VIII
· Capítulo IX
· Capítulo X

· Capítulo XI
· Capítulo XII

· Capítulo XIII
· Capítulo XIV
· Capítulo XV
· Capítulo XVI
· Capítulo XVII

· Capítulo XVIII
· Capítulo XIX
· Capítulo XX
· Capítulo XXI
· Capítulo XXII

· Epílogo


· Critica esta obra
· Lee otras críticas


  Autores

· Arévalo Cruz, Antonio
·
Eusse López, Luz Elena
·
León Burgos, Miguel
·
Loshuertos Caldentey, Luis

 

 

 


© Estandarte.com