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Antonio Arévalo Cruz



Capítulo IV

            El sol se estaba poniendo cuando salimos, la calle Fuencarral estaba llena de gente con aspecto despreocupado, que paseaba, entraban o salían de los bares, o hacían cola para la siguiente sesión de los cines.

- ¡Pedri!, estoy harta de que siempre haya que hacer lo que tu dices no se por que hemos tenido que entrar a ver este bodrio con lo bonita que dicen que es esa película del Landa valla dinero tirado pero claro como...

            Me había deslumbrado, la película había encendido en mi una luz, que había terminado por deslumbrarme; como había estado tan ciego, como la humanidad estaba tan ciega, el secreto estaba ahí, en una película, en una frase: "Hermano Sol, Hermana Luna"; abandonarlo todo y fundirte con la naturaleza, hermano Lobo, hermana espiga, hermano pájaro.

-...los tíos amariconaos las tías unas cursis la música para dormir ovejas yo no se como he podido aguantar tanto pero claro si el niño dice que aquí pues tiene que...

            Esas praderas llenas de flores, esa música envolvente, ese abandono de todo lo material; San Francisco de Asís o el Capitán Trueno, me daba igual quien fuera el protagonista de la película, el secreto estaba en la unión con la naturaleza, vivir con ella y ella te lo da todo.

-...no me digas que no, porque yo voy al cine para pasar el rato y distraerme que para eso pago no para que te pongan cuatro chorradas y al final salir como estabas y para una vez a la semana que sale una lo que apetece es...

            Si, esa era la forma, hermano pájaro, hermana mosca, hermana hierba, la naturaleza es mi hermana, yo soy la naturaleza, vivíamos artificialmente, engañados, todo era mas sencillo, si tienes hambre la hermana espiga te dará de comer, el hermano caballo te ayudara a sembrar en la hermana tierra, si, estaba muy claro.

-...bien buenas que son, me acuerdo de una que la Gracita Morales y el López Vázquez estaban, que venias tú no te acuerdas que fue cuando el día ese que llovía mucho y el paraguas te lo habías dejado en...

            Estaba decidido, mi sitio no estaba aquí, había tardado en darme cuenta pero al final lo había entendido, todos estos que se pudran, no iba a buscar a Dios como San Francisco, simplemente iba a vivir, a vivir con mayúsculas, en la naturaleza, en el único sitio virgen del planeta, con el hermano loro, la hermana mariposa, el hermano coco, la hermana indígena.

-...me meaba, te lo juro Pedri que me meaba lo que me reí ese día además como pone esa cara como si no le pasara nada porque es un actorazo que si que te lo digo yo que es un actorazo  y porque es español y nos tienen...

            Además lo iba a hacer bien, sin estridencias, calladamente, desapareceré de aquí y ya esta, no tengo que explicar nada a nadie, nadie lo entendería, quizás mi madre..., si, quizás ella si lo entendería, esa mañana había visto algo en su mirada, además, sería la que mas sufriera si desaparezco, a ella si.

-...o no tengo razón, son mucho peores pero como les dan publicidad pues los tienes hasta en la sopa pero te digo yo que, ¿donde he puesto yo

el pañuelo?, ah, ya, pues eso que si hicieran... ¿Pedri?... ¿Pedri?... ¿donde te has metido?, ¡Peeedri!.

            Aprovechando que pasábamos junto a la boca del metro de Bilbao, me escabullí entre la gente escalera abajo, estaba exultante, feliz, no podía esperar un minuto mas, y tampoco podía esperar a explicarle al "loro" ese, algo que nunca podría entender.

            En el metro iba perfilando los detalles, hablaría con mi madre, le dolería pero me comprendería, la semana que viene haría los preparativos, pasaporte, billete, equipaje, y luego desaparecería, una nueva vida empezaría para mi, el hermano Amazonas me esperaba.

            En la bodeguilla estaba mi padre tomando el chato, mi hermano correteaba con los amigos, mi madre estaría sola en casa, todo perfecto.

-Hola mama.

-Hola Pedri, que pronto has venido, - mi madre estaba sentada en la cocina pelando patatas- vete cambiando si quieres y te pones comodo.

- ¡Mama!, me voy - estaba exultante.

-¿A donde vas a ir ahora?, si dentro de un rato subiran tu padre y tu hermano para cenar.

-No mama, ahora no, dentro de unos días, ¡me voy a America!.

-¡Tu estas tonto!, que se te ha perdido a ti en América, ¿es que piensas que no vas a encontrar trabajo nunca aquí?, tu padre ya esta hablando por ahí y pronto saldrá algo.

- Que no mama, que no es el trabajo, que me voy a América a vivir, a vivir una nueva vida, una vida plena.

            Mi madre había soltado el cuchillo, y su cara había palidecido sensiblemente.

- ¡Pero hijo!, si no sabes hacerte ni la cama, donde vas a ir tu.

- Donde voy no necesito cama, mama..., ¡voy a la selva!.

-¡Hay mi Pedriii! - mi madre sollozaba - pero hijo, ¡tu estas loco!, ¿a la selva?, ¡pero si no sabes ni freírte un huevo!, ¡hay mi hijo!, pero ¿que te pasa?.

            Mi madre ya lloraba copiosamente y sacaba un pañuelo del bolsillo del delantal.

- Pero, no te preocupes, no llores.

- ¡Mi Pedri!, ¡en la selva!, ¿pero quien te va a poner el desayuno?.

- No llores mama, la naturaleza lo da todo, los indígenas llevan...

-¡Y encima con los negros!, ¡hay mi Pedriii!, ¡mi hijo!, en la selva, con los negros, para que te pase cualquier cosa.

- Pero mama...

            Aquello no había quien lo parara, sentada en la banqueta de la cocina lloraba sin escuchar, limpiándose una y otra vez la nariz.

            Se oyó el ruido de la cerradura de la puerta.

- El puñetero ascensor otra vez estropeado, ¡esto ya clama al cielo!.

            Mi padre y mi hermano entraban por la puerta.

- Pero ¿que pasa aquí?, Antonia ¿que te pasa?.

            Los sollozos se mezclaban con las palabras.

- ¡Hay Paco!, este Pedri me mata de un disgusto.         

- ¡Pero que coño pasa ahora!, ¿que le has hecho a tu madre?.

- ¡Hay Paco!, ¡que dice que se va de Misionero!.

- ¡¿De Misionero?!, pero bueno, ¡ya te has vuelto loco del todo!.

- Con los negros Paco, con los negros...

- ¿Voy a tener un hermano Cura?.

- ¡¡Jacinto!!, ¡fuera de la cocina!.

            Mi madre no paraba de llorar.

- Papa, yo no he dicho...

- ¡Pedri cállate, que todavía te arreo!, en esta casa siempre se ha respetado a Dios, pero las sabandijas de los curas, ¡Ni son honrados, ni han trabajado en su puta vida!.

- ¡Paco, no blasfemes!.

            El llanto de mi madre se acrecentaba por momentos.

- Mi niño en la selva, solo, con los negros...

- Pero es que yo...

- ¡Y no voy a permitir, que mi familia quede manchada porque a ti...¡, ¡te quieres callar Antonia!.

- Sin cama, mi niño, con los negros...

- Si yo no he...

- ¡Porque a ti te salga de los cojones!, ¡Antonia, pon la cena!. 

            Casi no cenamos ninguno, el ambiente se había caldeado mucho y la tensión se palpaba. En cuanto mi madre recogió la mesa me fui a la habitación, tumbado en la cama mi cabeza daba vueltas, bueno, solo había sido un tropiezo, pero mi idea seguía firme y continuaría hasta el final, no sacaría mas a relucir el tema y con discreción iniciaría los preparativos.

            Jaci, entro en la habitación y comenzó a ponerse el pijama.

- Pedri.

- Que

- ¿Te pondrás sotana?



 

 



  Obras de este autor

Crónica de una ilusión

· Capítulo I
· Capítulo II

· Capítulo III
· Capítulo IV
· Capítulo V
· Capítulo VI
· Capítulo VII

· Capítulo VIII
· Capítulo IX
· Capítulo X

· Capítulo XI
· Capítulo XII

· Capítulo XIII
· Capítulo XIV
· Capítulo XV
· Capítulo XVI
· Capítulo XVII

· Capítulo XVIII
· Capítulo XIX
· Capítulo XX
· Capítulo XXI
· Capítulo XXII

· Epílogo


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  Autores

· Arévalo Cruz, Antonio
·
Eusse López, Luz Elena
·
León Burgos, Miguel
·
Loshuertos Caldentey, Luis

 

 

 


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