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Capítulo
III
El Viernes nos dieron el finiquito, a mi me correspondieron
126.000 pts. mas 42.000 pts del sueldo del mes y la paga de
Julio y 15000 pts. de gratificación de la empresa por los
servicios prestados, en total 183.000 pts., una pequeña fortuna
que nunca había estado en mis manos. Luisa nos puso unos papeles
para firmar y después nos dio un sobre con el cheque, no hubo
muchas palabras, ninguno sabíamos muy bien lo que decir, buenos
deseos, nos seguiremos viendo, nos llamaremos, etc. todas
esas cosas que siempre se dicen y casi nunca se cumplen. No
estaba triste, mi mente estaba en otro sitio y en cuanto pude
zafarme de las cortesías de rigor me fui. La mañana radiante
de Julio me llenaba de fuerzas, casi diría que era como si
me hubiera quitado un peso de encima, las diez y media y todo
el día por delante..., me acerque a una cabina y marque el
098.
- Información general, dígame.
- Por favor, ¿me podría decir el domicilio de la Embajada
de Venezuela?.
Pasé el resto del día en el Retiro, sentado en
un banco ojeando una y otra vez los folletos que me habían
dado en la embajada, era mas de lo mismo, playas blanquisimas,
cataratas de agua en la selva, imágenes que se iban apoderando
de mi y me transportaban, estaba agusto no tenia hambre, no
pasaba el tiempo; hasta que me caí, no caí al suelo, me caí
de la nube cuando vi en el reloj que eran las diez menos cuarto.
Acelere el paso hacia Cibeles con la intención de coger el
27, todas mis ilusiones se derrumbaron estrepitosamente, como
podía ser tan ingenuo, estaba perdiendo el tiempo en un sueño
irrealizable, imaginando cosas imposibles, lo que tenia que
hacer era centrarme un poco, con los pies en la tierra, podría
dedicar el verano a estudiar maquina y así tendría la oportunidad,
de encontrar un trabajo mas agradable que el anterior, quizás
mi padre tuviera razón, honradez y trabajo; honrado siempre
lo he sido, pero quizás en el trabajo me había relajado bastante,
la monotonía del mismo casi lo imponía, en fin, lo único importante
ahora, era las caras que iba a encontrar en casa cuando llegara;
cogí los folletos y los tire a una papelera, era la hora de
poner los pies en el suelo.
Las diez y veinte, tampoco me había retrasado
tanto, abrí la puerta con cuidado, casi con sigilo.
- ¡Hijo!, Pedri, que te ha pasado -mi madre me abrazaba y
me miraba con cara bastante afectada.- ¿donde has estado todo
el día?, estabamos muy preocupados, ¿que te ha pasado?.
- Nada, no me ha pasado nada, me entretuve un poco viendo
escaparates y nada mas, tampoco he tardado tanto.
- ¿Que no has tardado?, te ha llamado Bea que no sabia nada
de ti, tu padre ha llamado a la empresa y le han dicho que
te fuiste esta mañana- se oyó el ruido de la cisterna del
water- ¿a ti te parece normal?.
- No exageres, estas haciendo una montaña de nada, me he
retrasado un poco y ya esta.
- ¡Pedri!- mi padre apareció abrochándose la bragueta- ¿¡se
puede saber donde cojones te has metido!?
- Me entretuve.
- ¡Me entretuve!, a ti te arreglo yo, saliste a las diez
y media de la empresa y son las diez y media de la noche,
¿donde te has metido?, pero ¡¿donde te has metido?!
- En ningún...
- A tu madre la tienes al borde del colapso, tu novia o lo
que sea no para de llamar, nadie sabe nada de ti, ¿tu crees
que esto es normal?.
- Pero...
- Ni pero ni nada, que esto no puede ser, ¿y el dinero?.
- ¿Que dinero?.
- ¡La leche!, ¡Antonia, que le arreo!.
- ¡Paco, por favor!
- ¿Pero que has hecho con el dinero?, ¿no te lo habrás gastado?.
- ¡Ah! el dinero -saque del bolsillo del pantalón un sobre
arrugado- toma.
Mi padre abrió el sobre y saco el cheque.
- ¿Tu crees que se puede estar todo el día perdido por ahí,
con casi doscientas mil pesetas en el bolsillo?, este chico
me mata, Antonia que me mata, ¿pero no vas a madurar nunca?.
- Yo...
- ¡Joder!, que no hay manera, pero es que no se le va a pasar
nunca la edad del pavo, ¡Antonia pon la cena!.
Cenamos en silencio, mi padre casi no comió,
a mi se me había despertado el hambre de todo el día y me
comí lo mío y lo que no se había comido él.
Esa noche me volví a dormir con el Atlas de mi
hermano, navegando en la piragua.
- No, Bea..., si.., si..., si pero..., es que...,Bea...,
si..., que si pero..., Bea..., si Bea..., ¡Beea!, ¡Joder,
déjame hablar!.
- ¡Pedri! no digas palabrotas -mi madre se asomo por la puerta
de la cocina.
- ¡Que no me apetece ver una película de Alfredo Landa!...,
¡no te chillo!..., si..., si..., bueno..., vale..., vale...,
a las seis..., vale..., adiós..., si..., si..., adiós...,
adiós Bea..., adiós.
Colgué el teléfono y me dispuse a desayunar,
me había levantado tarde, mi hermano estaba en la calle jugando
y mi padre en el trabajo, trabaja en el diario PUEBLO, es
el conserje y libra los Domingos, mi madre me trajo el café
y unas Madalenas, siempre me ponía el desayuno.
- Pedri..., hijo, tienes que madurar un poco, tu padre esta
muy disgustado, y el quiere lo mejor para ti, igual que yo...
Mi madre nunca hablaba así, la madalena se me
atraganto, se había sentado a mi lado y me pillo tan de sorpresa
que no sabia que responder, toda la vida la había oído hablar
de lo caro que esta el aceite, el pescado, y el tiempo que
hace que no llueve, pero esta vez era distinto, podría ser
mi oportunidad para hablar, quizás podría contarle lo que
sentía, al fin y al cabo era mi madre; sentada a mi lado me
miraba en silencio.
- Si mama, lo intentare, -me levante de la silla- me voy
a la calle a dar una vuelta, a las dos estoy aquí para comer.
Bea apareció por boca del metro de Bilbao a las
seis y media, extrañamente no venia comiendo pipas, y en cuanto
me vio se acerco a mi.
- Hola Bea.
- Hola Pedri, vengo negra no sabes lo que me a pasado sabes
porque estaba en el anden de Atocha esperando el metro y comiendo
unas pipas cuando un niño que estaba por allí jugando a tropezado
me ha empujado y se me han caído todas las pipas y encima
la gilipollas de la madre...
Íbamos caminando hacia el cine Bilbao, una multitud
hacia cola mientras el rostro sonriente de Alfredo Landa,
nos miraba a todos desde la cartelera.
- Y no solo eso, porque el señor me daba la razón a mi y
el jefe de estación también estaba de acuerdo pero la histérica
de la madre dale que te pego y digo yo si no los saben educar...
- Bea, con esta cola no vamos a encontrar asiento.
- Y entonces el policía muy serio me dijo que me callara
el tío insolente se creen que por que tienen uniforme pueden
hacer lo que les de la gana y digo yo si el niño hubiera estado
con su madre como tenia que estar no habría...
Enfrente otra cartelera anunciaba la película
"Hermano Sol Hermana Luna", apenas diez personas
hacían cola en la taquilla.
- Bea, mira, vamos a ver esa otra película, aquí no vamos
a pillar nada.
- Me quería denunciar, tu te crees que me quería denunciar
la tía gilipollas pero si el niño estaba llorando porque era
un consentido malcriado eso es lo que pasaba tampoco le había
dado tan fuerte además la otra señora no se por que se tubo
que meter por que a ella ni le iba ni le venia pero claro
es muy fácil...
- Dos de entreplanta.
- Son cien pesetas
- Gracias.
- Y el tío empeñado en que el tren no podía estar mas tiempo
parado como si yo fuera la que...
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