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Antonio Arévalo Cruz



Capítulo III

            El Viernes nos dieron el finiquito, a mi me correspondieron 126.000 pts. mas 42.000 pts del sueldo del mes y la paga de Julio y 15000 pts. de gratificación de la empresa por los servicios prestados, en total 183.000 pts., una pequeña fortuna que nunca había estado en mis manos. Luisa nos puso unos papeles para firmar y después nos dio un sobre con el cheque, no hubo muchas palabras, ninguno sabíamos muy bien lo que decir, buenos deseos, nos seguiremos viendo, nos llamaremos, etc. todas esas cosas que siempre se dicen y casi nunca se cumplen. No estaba triste, mi mente estaba en otro sitio y en cuanto pude zafarme de las cortesías de rigor me fui. La mañana radiante de Julio me llenaba de fuerzas, casi diría que era como si me hubiera quitado un peso de encima, las diez y media y todo el día por delante..., me acerque a una cabina y marque el 098.

- Información general, dígame.

- Por favor, ¿me podría decir el domicilio de la Embajada de Venezuela?.

            Pasé el resto del día en el Retiro, sentado en un banco ojeando una y otra vez los folletos que me habían dado en la embajada, era mas de lo mismo, playas blanquisimas, cataratas de agua en la selva, imágenes que se iban apoderando de mi y me transportaban, estaba agusto no tenia hambre, no pasaba el tiempo; hasta que me caí, no caí al suelo, me caí de la nube cuando vi en el reloj que eran las diez menos cuarto. Acelere el paso hacia Cibeles con la intención de coger el 27, todas mis ilusiones se derrumbaron estrepitosamente, como podía ser tan ingenuo, estaba perdiendo el tiempo en un sueño irrealizable, imaginando cosas imposibles, lo que tenia que hacer era centrarme un poco, con los pies en la tierra, podría dedicar el verano a estudiar maquina y así tendría la oportunidad, de encontrar un trabajo mas agradable que el anterior, quizás mi padre tuviera razón, honradez y trabajo; honrado siempre lo he sido, pero quizás en el trabajo me había relajado bastante, la monotonía del mismo casi lo imponía, en fin, lo único importante ahora, era las caras que iba a encontrar en casa cuando llegara; cogí los folletos y los tire a una papelera, era la hora de poner los pies en el suelo.

            Las diez y veinte, tampoco me había retrasado tanto, abrí la puerta con cuidado, casi con sigilo.

- ¡Hijo!, Pedri, que te ha pasado -mi madre me abrazaba y me miraba con cara bastante afectada.- ¿donde has estado todo el día?, estabamos muy preocupados, ¿que te ha pasado?.

- Nada, no me ha pasado nada, me entretuve un poco viendo escaparates y nada mas, tampoco he tardado tanto.

- ¿Que no has tardado?, te ha llamado Bea que no sabia nada de ti, tu padre ha llamado a la empresa y le han dicho que te fuiste esta mañana- se oyó el ruido de la cisterna del water- ¿a ti te parece normal?.

- No exageres, estas haciendo una montaña de nada, me he retrasado un poco y ya esta.

- ¡Pedri!- mi padre apareció abrochándose la bragueta- ¿¡se puede saber donde cojones te has metido!?

- Me entretuve.

- ¡Me entretuve!, a ti te arreglo yo, saliste a las diez y media de la empresa y son las diez y media de la noche, ¿donde te has metido?, pero ¡¿donde te has metido?!

- En ningún...

- A tu madre la tienes al borde del colapso, tu novia o lo que sea no para de llamar, nadie sabe nada de ti, ¿tu crees que esto es normal?.

- Pero...

- Ni pero ni nada, que esto no puede ser, ¿y el dinero?.

- ¿Que dinero?.

- ¡La leche!, ¡Antonia, que le arreo!.

- ¡Paco, por favor!

- ¿Pero que has hecho con el dinero?, ¿no te lo habrás gastado?.

- ¡Ah! el dinero -saque del bolsillo del pantalón un sobre arrugado- toma.

            Mi padre abrió el sobre y saco el cheque.

- ¿Tu crees que se puede estar todo el día perdido por ahí, con casi doscientas mil pesetas en el bolsillo?, este chico me mata, Antonia que me mata, ¿pero no vas a madurar nunca?.

- Yo...

- ¡Joder!, que no hay manera, pero es que no se le va a pasar nunca la edad del pavo, ¡Antonia pon la cena!.

            Cenamos en silencio, mi padre casi no comió, a mi se me había despertado el hambre de todo el día y me comí lo mío y lo que no se había comido él.

            Esa noche me volví a dormir con el Atlas de mi hermano, navegando en la piragua.

- No, Bea..., si.., si..., si pero..., es que...,Bea..., si..., que si pero..., Bea..., si Bea..., ¡Beea!, ¡Joder, déjame hablar!.

- ¡Pedri! no digas palabrotas -mi madre se asomo por la puerta de la cocina.

- ¡Que no me apetece ver una película de Alfredo Landa!..., ¡no te chillo!..., si..., si..., bueno..., vale..., vale..., a las seis..., vale..., adiós..., si..., si..., adiós..., adiós Bea..., adiós.

            Colgué el teléfono y me dispuse a desayunar, me había levantado tarde, mi hermano estaba en la calle jugando y mi padre en el trabajo, trabaja en el diario PUEBLO, es el conserje y libra los Domingos, mi madre me trajo el café y unas Madalenas, siempre me ponía el desayuno.

- Pedri..., hijo, tienes que madurar un poco, tu padre esta muy disgustado, y el quiere lo mejor para ti, igual que yo...

            Mi madre nunca hablaba así, la madalena se me atraganto, se había sentado a mi lado y me pillo tan de sorpresa que no sabia que responder, toda la vida la había oído hablar de lo caro que esta el aceite, el pescado, y el tiempo que hace que no llueve, pero esta vez era distinto, podría ser mi oportunidad para hablar, quizás podría contarle lo que sentía, al fin y al cabo era mi madre; sentada a mi lado me miraba en silencio.

- Si mama, lo intentare, -me levante de la silla- me voy a la calle a dar una vuelta, a las dos estoy aquí para comer.

            Bea apareció por boca del metro de Bilbao a las seis y media, extrañamente no venia comiendo pipas, y en cuanto me vio se acerco a mi.

- Hola Bea.

- Hola Pedri, vengo negra no sabes lo que me a pasado sabes porque estaba en el anden de Atocha esperando el metro y comiendo unas pipas cuando un niño que estaba por allí jugando a tropezado me ha empujado y se me han caído todas las pipas y encima la gilipollas de la madre...

            Íbamos caminando hacia el cine Bilbao, una multitud hacia cola mientras el rostro sonriente de Alfredo Landa, nos miraba a todos desde la cartelera.

- Y no solo eso, porque el señor me daba la razón a mi y el jefe de estación también estaba de acuerdo pero la histérica de la madre dale que te pego y digo yo si no los saben educar...

- Bea, con esta cola no vamos a encontrar asiento.

- Y entonces el policía muy serio me dijo que me callara el tío insolente se creen que por que tienen uniforme pueden hacer lo que les de la gana y digo yo si el niño hubiera estado con su madre como tenia que estar no habría...

            Enfrente otra cartelera anunciaba la película "Hermano Sol Hermana Luna", apenas diez personas hacían cola en la taquilla.

- Bea, mira, vamos a ver esa otra película, aquí no vamos a pillar nada.

- Me quería denunciar, tu te crees que me quería denunciar la tía gilipollas pero si el niño estaba llorando porque era un consentido malcriado eso es lo que pasaba tampoco le había dado tan fuerte además la otra señora no se por que se tubo que meter por que a ella ni le iba ni le venia pero claro es muy fácil...

- Dos de entreplanta.

- Son cien pesetas

- Gracias.

- Y el tío empeñado en que el tren no podía estar mas tiempo parado como si yo fuera la que...



 

 



  Obras de este autor

Crónica de una ilusión

· Capítulo I
· Capítulo II

· Capítulo III
· Capítulo IV
· Capítulo V
· Capítulo VI
· Capítulo VII

· Capítulo VIII
· Capítulo IX
· Capítulo X

· Capítulo XI
· Capítulo XII

· Capítulo XIII
· Capítulo XIV
· Capítulo XV
· Capítulo XVI
· Capítulo XVII

· Capítulo XVIII
· Capítulo XIX
· Capítulo XX
· Capítulo XXI
· Capítulo XXII

· Epílogo


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  Autores

· Arévalo Cruz, Antonio
·
Eusse López, Luz Elena
·
León Burgos, Miguel
·
Loshuertos Caldentey, Luis

 

 

 


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