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Epílogo
El día era radiante, ni una nube enturbiaba el
azul intenso del cielo, no hacía calor, era temprano y aún
el Sol no había alcanzado todo su poder, aquello parecía desierto,
estaba como siempre, pero extrañamente silencioso, avancé
con decisión, tragué saliva y llamé a la puerta. Esta se abrió
despacio y...
- ¡Yaaaaa!
- ¡Pero qué carájo pasa ahora Malinda!, ¡Salvaje escandalosa!,
¿Pero...?, ¡CHICO!, ¿Qué pasó?, ¿Cómo que viniste?, ¡Gua!,
¡Esto si que es bueno!.
Nos fundimos en un abrazo, y debo reconocer que
me emocioné.
- Pensabas que te ibas a librar de mí ¿eh Tex?, Pues aquí
me tienes.
- ¡Gua!, Qué bien luces, deja que te vea, pareces un señor,
¿qué pasó?, Cómo que viniste.
- Aquello no es lo mío, escribí mi historia, la vendí a una
editorial por el dinero del billete y aquí estoy de nuevo,
porque ¿Te queda trabajo para mí, no?
- ¡Por supuesto hermano!, Aquí no falta el trabajo.
Fue un reencuentro emocionante, hablamos y hablamos
durante toda la mañana, Malinda preparó uno de sus mejores
caldos, comimos, tomamos café y después me senté en la sombra
del porche a leer un libro que saqué de la maleta. Al poco
rato Tex apareció por la puerta con la botella de ron , dos
copas y se acerco a mí.
- ¡Qué bueno verte por aquí!, ¡Qué carájo!, Toma una copa,
¿qué estas leyendo?.
- Oh, nada, un libro sobre la Antártida, ¿sabes dónde está?.
- (...)
¿ F I N ?
Cualquier parecido de personajes o situaciones con la realidad
presente o pasada son pura coincidencia, las citas de hechos
históricos están acomodadas al mejor discurrir de la trama
de la novela, y no pueden ser tomados como referencia cierta.
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