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Capítulo
XXII
Fue maravilloso sentir de nuevo las manos libres,
desde la espesura una voz me gritó.
- ¡Apártate de él muchacho!, Ven aquí corriendo.
Obedecí, y me aparte del Comandante, ¿o debo
decir Sargento?, Bueno lo mismo da; a los pocos minutos la
situación estaba totalmente controlada, los soldados habían
agrupado en la explanada a los guerrilleros y los tenían vigilados
y sentados en el suelo, a Jarapo lo tenían en una camilla
y le habían hecho un vendaje en la pierna y en cuanto a mí,
pues me tenían sentado en una de las chozas a la espera de
que me viera el Capitán, el cual llegó al poco tiempo.
- ¿Así que usted es Pedro?, ¿Pedro Beneitez?.
- Sí señor.
- ¡Virgen Santa de Coromoto!, ¡Valla aspecto!.
- Ya, perdone, han sido las circunstancias, con la tormenta
y el barro...
- Bueeno, ya tendrá tiempo de arreglarse, no puedo facilitarle
nada de ropa, tendrá que seguir así hasta que lleguemos a
la base, lo importante es que se encuentra bien, su amigo
se pondrá muy contento de verle y ya he dado ordenes por radio
para que notifiquen a la embajada su aparición.
- ¿A la embajada?, ¿Qué pinta la embajada en todo esto?.
- Usted sabrá, lo cierto es que tengo orden de ponerlo a
disposición de un funcionario de la embajada española que
se desplazará a Puerto Ayacucho a recogerlo.
- Y ¿cómo me han encontrado?.
- No ha sido muy difícil, su amigo supuso acertadamente que
usted no se alejaría del río, así que nos desplazamos a la
zona y en cuanto pudo despegar, pues ya ve, los encontró;
lo que ya no sabíamos es que íbamos a tener de propina al
Sargento Majuela y su banda, bueeno ha sido un paseo provechoso.
- Pero, ¿No es Comandante Evenencio...?
- Sí, se llama Evenencio, pero de Comandante nada, Sargento,
para la tropa Sargento Majuela ¿sabe usted?, Lo expulsaron
del ejercito hará tres años por un asuntillo ... , bueno es
igual, lo expulsaron y desde entonces anda por aquí haciendo
su revolución, pero no es peligroso, sólo molesta un poco
a los indígenas pero en el fondo es buena gente. Y ahora si
le parece, vamos a ponernos en marcha, dormiremos en nuestro
campamento y mañana regresaremos a la base.
Fuimos caminando río arriba y llegamos pronto
al campamento, éste estaba montado en el claro de bosque donde
había caído con el paracaídas, eran varias tiendas de campaña
bastante grandes y comparado con el poblado aquello era como
un hotel de lujo, yo estaba realmente agotado, había sido
un día muy intenso y sólo quería dormir, me instalaron en
una de las tiendas y ante los curiosos soldados, que no paraban
de mirarme, me tumbé en el suelo y me quede profundamente
dormido.
Al día siguiente nos levantamos muy temprano, se deshizo
el campamento e iniciamos la marcha río arriba, el camino
era relativamente sencillo, las aguas habían bajado bastante
y, además estos soldados iban considerablemente más preparados
que los otros, al medio día paramos para comer algo, en concreto
yo comí una lata de Magro de Cerdo, la civilización no debía
de estar muy lejos. Después seguimos caminando hasta que a
media tarde y tras subir una ligera pendiente se abrió ante
mi un insospechado espectáculo; una inmensa llanura se extendía
ante nosotros, sólo pasto y algunos árboles dispersos hasta
las lejanas montañas del horizonte, y a unos doscientos metros
un enorme campamento militar, con muchas tiendas de campaña,
camiones, jeeps y... la avioneta de Tex aparcada en una esquina.
Cuando llegamos a las primeras tiendas, reconocí
la inconfundible figura de Tex corriendo hacia nosotros, me
alegré de volverlo a ver; cuando llegó a nuestra altura se
paró y se quedó mirándome de arriba abajo.
- ¡Gua!, ¡¿Pero chico?!, ¿De qué te disfrazaste?, ¿Que para
vivir en la selva hace falta ponerse así?.
Todos nos reímos y Tex y yo nos fundimos en un
abrazo; a continuación me llevaron ante un médico que me reconoció,
luego me dieron un uniforme y me mandaron a asearme y cambiarme,
por primera vez desde que empezó esta historia me veía en
un espejo limpio, ciertamente mi imagen había cambiado, no
sé a quién me parecía más, si a Jesucristo o a John Lenon,
pero desde luego no era el Pedri que salió de Madrid.
Después de cenar fui conducido ante el Comandante
del campamento, éste se encontraba en el interior de una amplia
tienda sentado ante una mesa con restos de haber comido la
cena, a su lado estaba sentado Tex y ambos tenían una copa
en sus manos.
- Adelante muchacho, pasa y siéntate a tomar una copa, aquí
Don Tex, ya me contó tu historia cuando solicitó nuestra ayuda,
un tanto insólita, pero en fin, lo importante es que al fin
estás sano y salvo.
- Gracias, no me esperaba este recibimiento, y sobre todo
lo que no me esperaba es que el lugar más despoblado del planeta
estuviese tan lleno de gente, cómo se ha podido organizar
todo este jaleo.
- Bueeno, aquí Don Tex tiene mucho que decir, él dio la voz
de alarma y él es el más indicado para contarlo.
- No hay mucho que contar, cuando te perdí, regresé con la
idea de pedir ayuda, yo sólo no te podría encontrar, así que
recurrí a D. Oswaldo, éste no me hizo mucho caso, pero coincidió
con el recibo de una nota de la prefectura interesándose por
el paradero de un individuo reclamado por la embajada de España,
un tal Pedro Benéitez, y bueeeno, con eso y un poco de café
fue suficiente para que D. Oswaldo se decidiera a ayudarme,
llamó al destacamento de San Juan de Manapiare y casualmente
tenían a parte de la tropa haciendo maniobras por aquí, así
que el resto fue sencillo, me vine para acá, aterricé y al
día siguiente de la tormenta empezamos a buscar, con la impagable
colaboración del Comandante Matías.
- No es para tanto D. Tex, por cierto, me han llegado noticias
de que tiene usted un café que es algo especial...
- ¡Bueno, bueno, perdonen los dos!, Pero aquí hay cosas que
no me cuadran, vamos a ver Tex, no quedamos en que aquí no
había nada, que no se podía aterrizar, ¿qué pasa aquí?, Esto
esta lleno de gente y tienes el avión aparcado en la puerta.
- Bueeeno..., quizás no estés bien ubicado.
- ¡¿Bien ubicado?!, ¿Qué quieres decir?
- ¿Quieres una copa?, El ron del Comandante es algo especial...
- ¡Pero contéstame!, Qué es eso de "bien ubicado".
- Esto..., verás chico.
-¡Me llamo Pedro!, No me llames chico.
El Comandante intervino en tono conciliador, mientras Tex
se rellenaba su copa y me llenaba otra a mí.
- No se me sofoquen por favor, cálmese D. Pedro, creo que
ha habido un malentendido.
- ¡¿Dónde estoy?, ¿Me puede decir alguien dónde estoy?.
- Pues D. Pedro, esta usted en la rivera del Ventuari.
- ¿Del Ventuari?, ¿Ese río no es el Caura?.
- No D. Pedro, el Caura esta a muchos kilómetros de aquí
hacia el oeste en la Guayana.
- Pero..., ¿y los indios?, No sabían nada de español, no
habían tenido contacto nunca con el hombre blanco.
- ¡Va!, D. Pedro, no se fíe, son muy suyos, aunque puede
ser verdad que no conocieran la civilización, todos son nómadas
y quizás esos que vio usted, era la primera vez que se acercaban
tanto a sitios habitados.
- ¡Sitios habitados!, Pero... ¿hay sitios habitados por aquí?.
- Bueeeno, están El Oso, Cacuri, Uasaraña, Rajuña, Castaña
...
- ¡Es suficiente!, ¡Buenas Noches Señores!.
Me levanté y me fui hacia la salida.
- ¡Hey Chico!, No seas huevón, lo hice por tu bien.
- ¡D. Pedro, no se me sofoque!, Venga aquí.
No hice caso a nadie, me sentía engañado, engañado
y estafado, me dirigí a la tienda y me acosté.
Al día siguiente, cuando desperté, el sol ya
lucía en toda su plenitud, desayuné y después me mandó llamar
el comandante; era para comunicarme que esa misma mañana vendría
un helicóptero del ejercito que me evacuaría hasta Puerto
Ayacucho, me pareció muy bien, estaba deseando salir de allí,
me sentía ridículo con aquel uniforme, mi melena y mi barba,
siendo el blanco de todas las miradas del campamento, mi equipaje
estaba hecho y sólo quedaba esperar al helicóptero, mientras
tanto fui a sentarme al sol al lado de una tienda, fue entonces
cuando me di cuenta de que faltaba la avioneta de Tex, no
estaba, se debió de ir muy temprano, ¡pues bueno!, Me daba
lo mismo, en el fondo era un farsante del que te podías esperar
cualquier cosa.
Pronto vino el helicóptero, el Comandante se
despidió muy efusivamente de mí y partimos hacia Puerto Ayacucho,
en hora y media completamos el trayecto, con Tex el viaje
había durado dos horas al doble de velocidad, ¡cómo me había
engañado!.
Cuando aterrizamos, varias personas estaban esperando
en la pista, un fotógrafo no paraba de hacerme fotos y un
individuo se empeñaba en preguntarme, si era verdad que me
había convertido en un Rey de los indios, todo entre empujones
de los militares y mientras caminábamos hacia la terminal.
El resto es largo y duro de contar, montones
de preguntas y entrega al funcionario de la Embajada de España,
de ahí a Caracas y muchas más preguntas, en la policía, en
la Embajada..., todo el mundo hacía preguntas, ¿qué había
pasado?, ¿Cómo eran los indios?, ¿Cómo llegué?, ¿Quién era
el Comandante Evenencio?..., Y por fin después de mucho tiempo,
cuando tuve al embajador delante pude preguntar yo.
- ¿Por qué tanto interés conmigo?, Soy un ciudadano libre,
y estoy aquí por decisión propia, que yo sepa no he hecho
nada malo.
- Tranquilo Pedro, no pasa nada, dentro de poco estarás otra
vez en tu casa, y todo volverá a la normalidad, no te preocupes
de nada.
- Pero..., y si no quiero volver, ¿estoy detenido?.
- No por favor Pedro, no digas tonterías, no estás detenido,
pero tengo orden de mandarte para tu casa, así que tranquilo,
no pasa nada.
Iba a contestar pero me callé, ¿para qué?, En
realidad estaba vencido, no tenía ni un duro, iba vestido
con la ropa que me habían proporcionado en la embajada y mi
moral estaba muy resentida, sí, mejor sería volver.
El viaje fue monótono, no me dormía, estaba intranquilo,
no sabía lo que me esperaba en Barajas cuando aterrizáramos,
¿qué cara pondría mi padre?, ¿Me daría una bofetada directamente?,
¿Estaría llorando mi madre?, ¿Se reiría mi hermano?, No sé,
estaba confuso, fui al servicio del avión y me miré en el
espejo, no sé si me reconocerían, me habían proporcionado
un traje elegante, incluso llevaba corbata, me habían cortado
el pelo, dejándome una media melena y mi barba arreglada
daba un toque de seriedad a mi rostro curtido por el Sol.
Por fin aterrizamos y la voz del piloto sonó
por la megafonía interior del aparato.
- Sres. Pasajeros, les rogamos que permanezcan en sus asientos
hasta nuevo aviso, por favor no se levanten ni entorpezcan
el pasillo, disculpen las molestias.
El avión se detuvo, se abrió la puerta y entró un señor con
gabardina, el reloj de la cabina marcaba las seis de la mañana
del día ocho de Enero. El señor fue caminando por el pasillo
y al llegar a mi altura me miró y preguntó.
- ¿Pedro Benéitez?.
- Sí, yo soy.
- Acompáñeme, por favor.
Cuando me levanté del asiento me temblaban las piernas y
el resto de los pasajeros nos miraban con curiosidad; era
de noche y hacia frío, bajamos la escalerilla y nos metimos
en un coche que estaba en la pista, nos dirigimos a la terminal,
bajamos del coche y entramos por una puerta amplia al hall.
Aquello fue deslumbrante, en todos los sentidos de la palabra,
montones de flashes comenzaron a dispararse sobre mí, y un
numeroso grupo de personas hacían un pasillo a través del
que nos íbamos desplazando, de un lado y otro me iban llamando,
unos Pedro, otros Pedri, estaba confuso, aquello era desproporcionado;
de pronto, una figura se abalanzó sobre mí, era mi madre,
llorando se abrazó a mí mientras los flashes arreciaron en
intensidad, al lado mi padre nos observaba con gesto severo
mientras una lagrima se escapaba por su mejilla.
Fue apoteósico, nunca hubiera pensado que mi persona despertara
tanto interés, la situación me sobrepasaba y simplemente me
dejé llevar.
Y me llevaron, ese día y los siguientes me llevaron a montones
de sitios, a mi casa, a T.V.E., al diario Pueblo donde mi
padre posó orgulloso con su hijo, "El joven español perdido
en la selva", a la Embajada de Venezuela, a la Conferencia
Episcopal...,no descansábamos ni un momento.
- ¿Pero Papá?, ¿Cómo has montado todo este jaleo?.
- Hijo, los amigos están para algo, y a mí todavía me quedan
algunos muy influyentes, ¿te acuerdas de Pelaez?, Que hizo
la mili conmigo, sí hombre, que está de subalterno en el Ministerio
de Asuntos Exteriores...
La primera semana fue terrible, el poco tiempo
que pasaba en casa, no paraban de venir vecinos, sin embargo,
había alguien que no había dado señales de vida, hasta un
día que llamaron a la puerta...
- ¡BEA!.
- Hola Pedri, ya que tu no te dignas a pasar a buscarme pues
he tenido que venir yo ya he visto por los periódicos que
estás muy bien aunque a mí eso de la barba no creas que me
acaba de gustar ¿sabes? Pero bueno supongo que no vas ha
quedarte así toda la vida lo mal que nos lo has hecho pasar
Pedri sobre todo a mí que he estado con el corazón en un puño
todo este tiempo sabes ni al cine he ido y eso que Pepi no
paraba de llamarme porque también estaba preocupada la muchacha
y Juan que majo es Juan también el chico preguntaba porque
sabes casi seguro que para el año que viene ya empiezan a
construir los pisos...
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